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  • Tras la primera confusión, la posibilidad de saber; tras el asesinato del pueblo, surge la férrea voluntad de conocer quién fue y porqué; luego de las primeras mentiras, la provocación y la falsedad, la mano del pueblo nos conduce a la verdad.
    Todo esto es lo que contiene este informe especial que con huellas de dolor, presenta nuestra revista. Este 20 de junio jamás será negociado.

  • TESTIMONIO 1
  • “A LOS DEL BRAZALETE VERDE NO LOS REVISEN.”
    Horacio, acompañado de su esposa María del Carmen, nos presentamos ante miembros del Consejo Superior de la Juventud Perónista a efectos de dar testimonio fehaciente de hechos y procederes de lo cual fueron testigos durante las horas que permanecieron en el lugar planeado para celebrar la recepción del líder del justicialismo, el Tte. Graf. Perón en ocasión de su retorno a la patria.
    Por la capacidad de María del Carmen, que realizó estudios de auxiliar de enfermería, nos presentamos en el Ministerio de Bienestar Social para incribirnos como voluntarios. Fuimos aceptados de inmediato y remitidos al puesto sanitario instalado en Sto. Mayor Luche y Ricchieri.
    Llegados al lugar, el día 19 en las últimas horas de la tarde, y al no encontrar el puesto sanitario, las averiguaciones nos orientaron hacia un puesto montado por SMATA, a la derecha del palco, donde existia una ambulancia de ese gremio, desprovista de elementos de atención.
    Un enfermero, de apellido Gentiie nos relacionó con el jefe del grupo sindical, un tal Cardozo, quien aceptó nuestra colaboración, puesta de inmediato en práctica al atender a un herido en un pie, con elementos que levábamos para nuestra atención personal.
    Pronto nos pusimos en contacto con otros miembros del grupo que nos recomendaron no cruzar las “barreras” (cables y alambres que cercaban sectores del predio) con carteles identificadores de los gremios que los ocupaban con “exclusividad” (Carne, SMATA y UOM). Uno de los dirigentes nos indicó que estaban armados para defenderse e impedir la infiltración de otros sectores, y que los emponchados que cercaban el acceso al puente eran gente de ellos que estaban armados con metralletas para “recibir a los que se quieren infiltrar… a los zurdos que gritan «patria socialista»”.
    La gala que hacían de armas y un espíritu que no anunciaba nada bueno nos decidió apartarnos de ese grupo y tuvimos contacto con un encargado de una ambulancia de los Municipales ubicada debajo del palco. Con este personaje conversamos y cuando preguntó de qué gremio veníamos, mi esposa le señaló que era “gráfica”, lo cual motivó una expresión despectiva y el Juicio: “allí está la cueva de los troscos”.
    Al propio tiempo, tenía expresiones de disgusto contra la gente del interior que llegaba a las que manifestaba su desprecio y señalando que el problema que crean al venir a Buenos Aires es que no quieren irse y después hay que despacharlos en los vagones jaulas para ganado a sus pagos de origen…”.
    Por cierto que tampoco allí parecía haber espíritu de servicio para atender las necesidades del pueblo, lo cual nos obligó a buscar mejores compañeros.
    Ya cerca de las 22 horas nos conectamos con un grupo de médicos y enfermeros del Ministerio de Bienestar Social correspondientes a las obras sociales de Alimentación y UOCRA. Nos recibieron con buen espíritu y aceptaron la colaboración. Allí quedamos. Recordamos que une de los médicos, el doctor Avalos, fue quien ordenó inscribirnos en un registro que llevaban para sus informes posteriores. Durante toda la noche estuvimos colaborando en aquello que nos solicitaban: María del Carmen con las enfermeras y yo en la custodia del predio que se había asignado el grupo sanitario. Sobre esta hora, por radio se solicitó la presencia del teniente coronel Osinde o la “compañera” Norma Kennedy y casi de inmediato apareció un señor Iglesias (entendemos que secretario del primero de ios, nombrados) que se dirigió directamente hacia la loma de la derecha del palco y conversó con los “emponchados”. Poco tiempo después, el grupo de la guardia fue reforzado por más gente armada.
    En el sector de la izquierda del puente apareció otro grupo que se autodenomina-ba “Halcones” e iban armados con escopetas de doble caño recortadas. Informaban que estaban allí para evitar que alguien pudiera poner explosivos en el palco. Los comandaba un tal “Cacho”.
    Durante nuestra estada en ese sector debieron atenderse heridos de bala (uno de ellos presumiblemente muerto con dos balazos en la espalda y la cabeza destrozada). Este caso ocurrió alrededor de las 3 de la mañana y ocasionó una de las tantas avalanchas de gente sobre el cordón de seguridad del puesto sanitario. Un disparo de escopeta de uno de los “Halcones”, ubicado en la torre de los altoparlantes desató una grita y pedrea de la gente que luego parecía identificar al puesto sanitario con los sectores de la Juventud Sindical. Un estandarte clavado dentro del predio reservado al grupo sanitario perteneciente a ese sector juvenil “institucionalizó” esa presunción. Por otro lado, el jefe de la custodia, un tai Vázquez, vestido con guardapolvo de médico, dio órdenes que a la gente con “brazalete verde” no se la palpara de armas “porque es la gente que colabora”. En cambio esa actitud no se tenía con los que venían a solicitar atención médica.
    Con la llegada de los ómnibus que traían a los “lisiados peronistas” se originó uno de los hechos de violencia que produjo numerosos heridos de bala y contunsiones. Paralelamente con estos hechos era notoria la presencia dé grupos de jóvenes y adolescentes en estado de total ebriedad que al ser atendidos en el puesto sanitario expresaban que habían venido para “defender al General de los enemigos… y que los vamos a matar”.
    El citado “Cacho”, jefe de los Halcones informa que traerá un grupo de “su gente proveniente de Quilmes para reemplazar la custodia del puesto sanitario, ingresando al mismo alrededor de 50 adolescentes. ..
    Sobre las primeras horas de la mañana en una recorrida realizada en los alrededores del puesto, encontramos que los accesos laterales al puente estaban custodiados y no se permitía el acceso sino bajando a la rotonda de la ruta 205.
    Durante todo el tiempo, la guardia armada en el sector del puente estuvo comandada por un tal “Juan”, que disponía de centenares de elementos armados que eran organizados por tandas con relevos cada 2 ó 3 horas.
    Este testimonio es informado a efectos de demostrar que la Juventud Sindical estuvo elaborando y preparando su acción durante las horas previas al día 20: impedir el acceso de los sectores juveniles peronistas (a los que calificaban repetidamente de “zurdos”) al lugar.

  • TESTIMONIO 2
  • INFORME DE LA COLUMNA SUR DE LA JUVENTUD PERONISTA.
    La columna Sur de Juventud Perónista se concentra en la rotonda de Ltavailol (Antártida Argentina y Camino de Cintura) a las 10 hs. integrada en este orden por: Juventud Perónista de Berísso, La Plata, Mar del Plata y de Zona Sur (Lanús, Lomas, Fcio. Várela, Esteban Echeverría, Cañuelas, Avellaneda, Quilmes y Berazategui) totalizando alrededor de 60.000 compañeros que avanzan encolumnados y en perfecto orden por Antártida Argentina do-blando por ruta 205 que empalma al barrio N? 1 en el sector de atrás del palco encaramado sobre el puente.
    Una pauta del orden de la columna la da el hecho de haber dejado librado en todo su recorrido (7,5 Km) el tránsito sobre la banquina izquierda para el paso de ambulancias y coches oficiales.
    La columna Siego a Sa zona del puente aproximadamente a las 12 horas y comienza a acceder a la gran olla en perfecto orden, debido a la intensidad de la columna, ésta se concentra en las inmediaciones y se divide en dos; en ese momento, aproximadamente a las 14 horas, se comienza a disparar desde el puente con armas largas (carabinas, escopetas y ametralladoras) sobre la columna, integrada por Juventud Perónista, mu ¡eres, niños y ancianos.
    Esto provoca un primer desbande general hacia las lomas cercanas, visualizando a hombres armados que se deslizan desde el puente y el palco y comienzan a perseguir a tiros a los compañeros en desbande.
    Por otra parte desde coches estacionados en 3, también se dispara sobre los manifestantes. Los que agredían portaban brazaletes argentinos con signos C.D.O. (JP – Comando de Organización) y brazaletes verdes, de comité de vigilancia.
    Finalizado este primer tiroteo se levantan en las ambulancias y puestos sanitarios gran cantidad de compañeros heridos, luego de esto, alrededor de las 16 horas, se produce el segundo tiroteo cuando por los parlantes se anuncia que había gente en los árboles y se les intima a que en cuatro minutos debían bajar de los mismos.
    Podemos dejar expresa constancia que en toda esta zona y en los montes cercanas habían coches apostados con francotiradores que disparaban por airas sobre los manifestantes en desbandada.
    A continuación un grupo que se presume de seguridad con armas largas empuñadas matoneaba a compañeros protegidos tras los árboles, compañeros de JP con brazaletes identificatorios intentan persuadirlos y tranquilizarlos son ametrallados a mansalva, junto a columnas de la UES y de JP de Quilmes que estaban en las adyacencias, este tiroteo se prolonga durante 50 minutos, continuando la persecución sobre los bosques y montes cercanos.
    Los compañeros de JP Lanús vieron a un hombre armado con brazalete verde de Juventud Sindical Perónista, que en un shock nervioso les dijo que su delegado de fábrica, le entregó la noche anterior un revólver con la consigna de que a toda columna que se acerque de JP con carteles de Montoneros se disparase contra la misma.
    Cabe destacar que el Policlinico de Ezeiza, hospital base Nº 1, y la morgue de Ezeiza están desde hace días copados por el Comando de Organización y el Policlinico Evita de Lanús por un Comando
    Juventud Perónista y gente del Cdo. de Organización que no pertenecen a las estructuras orgánicas de JP y que no garantizan la seguridad de los compañeros heridos asistidos en esos hospitales.
    Extraofícialmente corrió la versión de que a compañeros de JP heridos, antes de llevarlos al hospital fueron rematados en los bosques cercanas, presumiblemente esta sería la situación del ero. Horacio Simona de la JP de Esteban Echeverría.
    Como agregado, desde el palco oficial se instaba a detener de cualquier manera a las columnas que alcanzaban hacia alli, solicitándose la presencia del conocido delincuente Giovenco, Alejandro.

  • TESTIMONIO 3
  • “MONTONERO, TE VAMOS A MATAR”
    Comenzaron los disparos desde la izquierda del palco y del lado derecho, de los dos extremos, cruzando el fuego. No se podía correr pero lo consegui hacer hacia los chalets, allí había gente que se refugiaba. En ese momento agarraron a un joven de unos 25 años, que estaba escondido, me imagino, por los disparos. Estaba con su madre y con su hermana, explicó que venta del interior, pero por poco lo linchan igual. Le reventaron la cara y le hicieron un taje de atrás hacia adelante en el cuello y sangraba mucho.
    Otras dos personas que estaban escondidas detrás de una cerca, quisieron linchar a uno de ellos, pero los jefes de los organizadores lo salvaron; le pegaban igual y le gritaban: “Montonero hijo de puta, te vamos a linchar”. No sé qué pasó después con él.
    Rompieron cámaras a rolete, a otros le sacaban rollos. Yo me salvé porque les dije que era de la Juventud Sindical. Más o menos me creyeron y me dijeron “que no sacara más fotos porque me iban a sacar la cámara”.

  • JORGE OSINDE
  • Viejo conspirador, se ha dado a la tarea de frenar a la Juventud Perónista y a todos los sectores del Movimiento leales a Perón. Sus permanentes contactos con los militares lo ubican como un hombre enlace entre el enemigo y el Movimiento. Representante cabal del reformismo dentro del peronismo jamás ha dejado de ser un agente de los servicios.
    En noviembre, cuando el segundo regreso del General, fue quién se preocupó per-manentemente de aislar al conductor de la gente. Le molestó este contacto. Llenó la casa de Gaspar Campos con agentes de Coordinación Federal; sus estrechos lazos con 1a policía en aquel entonces lo llevaron a concertar con ella la represión contra los manifestantes frente a la casa de Perón.
    Esta vez estuvo a cargo de la fuerza que, compuesta por hombres fuertemente armados, reprimió á las columnas que pretendían lógicamente ingresar al acto. Se encargó de reclufar a los “halcones”. Desde una seudo Secretaría de Deportes se encarga de armar grupos comandos destinados a participar en la lucha interna- del Movimiento Perónista, grupos para-policiales provistos de fuerte armamento e instrucción militar. Con él colaboran varios militares retirados, oficiales y suboficiales que le siguen como a un jefe indiscutido. Tiene negocios con agencias particulares de investigaciones y es amigo y camarada de hombres despreciados por el peronismo, (ver carta de Moorh Koenig).
    Asegura, para reclutar gente, que el General Perón le ha encomendado misiones como la de limpiar de “boiches” al peronismo.
    Es responsable directo de las muertes de compañeros y heridos el 20 de junio. Pero por sobre todo es el culpable de que el pueblo no se haya encontrado con su Jefe y conductor ese día. Con sólo ver el diagrama organizativo, los preparativos, las exclusiones que hizo Osinde se advierte en este plan de batalla cuáles eran sus intenciones: arruinar ese encuentro.
    El firmante de esta carta, el coronel Moori Koenig es uno de los responsables directos del secuestro y tráfico del cadáver de Evita. Aquí llama a Osinde “cama-rada y amigo” un tratamiento que ningún peronista por dignidad podría soportar siquiera. Pero también le pide “una mano”
    en un negocio de protección para la Empresa Nacional de Telecomunicaciones. La carta termina, de puño y letra del siniestro personaje, por augurar éxito a Osinde por sus nuevas responsabilidades. El bando de Moori Koenig y el de Osinde parece ser el mismo. Por lo menos nadie desea el éxito del enemigo cuando éste tiene responsabilidades en la guerra.

  • NORMA KENNEDY
  • El comunicado de Juventud Perónista la marca como una simuladora de ortodoxia combativa, que esconde en realidad una historia de vieja provocadora dentro del movimiento peronista. Su oportunismo la hizo caer en varias contradicciones. Cuando se jugaba la candidatura del Frente Justicialista llevó su combatividad a coincidir con Rogelio Coria en el Congreso del Partido Justicialista; esta ortodoxa combativa invitaba a movilizarse contra la candidatura del compañero Cámpora oponiéndole la aparente posición dura de “Perón Presidente” cuando ya el General había indicado cuál debía ser el candidato. Junto con Coria trataron de perturbar el Congreso poniéndose la camiseta de ser más peronista que Perón, un recurso viejo que ha encubierto siempre la traición al General.
    La va de apretadora, impresiona con una verborragia indetenible y confusa y siempre ha estado prendida en posiciones nada claras. Con todos sus desplantes de “mujer de fibra” ha engañado a más de uno. Sus alianzas con la burocracia partidaria y las trenzas de café son sin embargo su práctica cotidiana. Exhibe sus heridas de guerra permanentemente, mezclada con un lloriqueo que apela a su condición de señora cuando sus arremetidas son contestadas con virulencia.
    Esta vez se encargó, desde la Comisión de Organización, de impedir la entrada de la Juventud Perónista en esa comisión. Acaparó transportes, diagramó rutas, fijó puntos de concentración que tenían como único motivo el entorpecimiento de la movilización de Juventud Perónista. Es una de las responsables de los enfrentamientos del día 20 le junio. En alianza con Brito Lima demostró una permanente actitud sectaria y excluyente que no tiene justificación ante la tremenda importancia de la vuelta del General Perón donde toda competencia y enfrentamiento deben ser dejados de lado.

  • ALBERTO BRITO LIMA
  • Un eterno dirigente de Juventud Perónista, o mejor del Comando de Organización, una estructura que gira a su alrededor. Su cualidad mayor son los discursos frente a los muertos, especialmente aquellos caídos en la lucha interna. No ha dejado de enunciar un solo juramento de venganza sobre la tumba de sus compañeros. Jamás vengó a nadie por otra parte. Por el contrario. En la acción del 20 de junio compartió posiciones junto a Alejandro Giovenco, uno de los presuntos culpables de Emilio Castro, un compañero del Comando de Organización arrastrado por Bri-to a una acción suicida. También en su tumba juró la correspondiente venganza, para un año después ubicarse con Giovenco en la misma trinchera.
    Por el C. de 0. ha pasado gran parte de los actuales militantes del peronismo, muchos saben que Brito juega a la suya, personal, sectaria y totalmente excluyente. Su política es su persona, por lo tanto le da lo mismo un lado que otro.
    Las opiniones de los compañeros que han pasado por el C. de 0. confluyen en señalar el manipuleo que Brito hace de la gente. Por eso se diferencia a su persona del resto de esa organización donde militan compañeros de base de gran valor.
    Durante los días previos a la vuelta del General se dedicó sistemáticamente a trabar la posibilidad de que otros grupos consiguieran transportes para la movilización. Fijó puntos de concentración jugando a oponerlos a los de Juventud Perónista para desarticular la marcha de la J.P. Sus capitanes y otros compañeros sin experiencia junto con la CNU y la gente de Osinde iniciaron el tiroteo a la columna que venía del sur.

  • PROHIBIDO NOMBRAR A EVITA
  • —Nada de nombrar a Evita, sólo se enfoca a Perón, a Isabel y a López Rega, a nadie más. ¿Estamos? Ustedes se encargarán de la transmisión hasta Ezeiza, de ahí en adelante la manejo yo, ustedes no hablan más. Hasta ahí el gobierno, luego estamos nosotros, los de organización.
    Parecía un zar este Leonardo Favio apoltronado en un sillón de la confitería del Aeropuerto Internacional dando las órdenes a los muchachos del Canal 7 para la transmisión del acto del 20 de junio.
    —Vos sabes que yo estoy en esta cosa, en la organización con Norma (Kennedy) y el Tte. Coronel. Así que ya sabes, las órdenes sobre la transmisión las doy yo. ¿Quedamos así negro?, ¿en? Ustedes enfocan y nada más, ¿eh?
    Sin embargo esta petulancia se le fue al piso a Leonardo Favio 48 horas después del 20 de junio. Antes, los mismos que dieron orden de fuego contra los peronistas, los que torturaron, los que apalearon y remataron heridos o los dejaron desangrar, esos mismos fueron los jefes de Leonardo. De ellos recibió órdenes y una ametralladora que llevó para cubrirse cuando se fue hasta el aeropuerto de Ezeiza. De ellos también escuchó una frase que repetiría como loro: “La culpa la tiene el inconsciente de Righi…”
    Este Leonardo que luego quiso disculparse, fue el mismo que cuando el campo estaba sembrado de compañeros muertos y heridos él se preocupaba de que no le pisotearan el coche y se hacía el gracioso desde el micrófono.
    Sin embargo esa certeza para culpar y la gracia también se le esfumaron. En conferencia de prensa y una charla que pidió con Juventud Perónista, parecía un asustado y con la cola entre las piernas. Balbuceaba tratando de explicar que él no sabía nada, que le eran ajenos los sectores e intereses del Movimiento Perónista.
    Fue la primera vez que Favio tuvo alguna participación en la actividad peronista, si se descuenta alguna que otra aparición en los últimos tiempos para poner la cara y hacer alguna morisqueta de niño terrible por televisión. Y la hizo mal, porque entró por una puerta muy dudosa. Incluso, debe haber advertido que una cosa son
    los desplantes y las trompaditas histéricas por cosas del ambiente artístico, y otra cosa es meterse en algo muy serio como es la militancia peronista.
    Luego de ese exabrupto contra el ministro que él creyó por un momento que caía (así se lo dijeron por teléfono sus amigos el día 21) por sus declaraciones, recogió la línea y trató de ubicarse.
    Reconoció que “Los carteles de los Montoneros se confundían con ese pueblo que había hecho posible la vuelta de Perón”. Y para compensar descubrió que “esa gente (los montoneros) es emergente de ese pueblo mismo”. Estaban felices y cantaban y ninguno de los letreros que frente a mí estaban fueron perturbados por ningún tipo de lucha”.
    “El primer disparo ignoro de qué punto vino. Yo rogué por los micrófonos que la columna que venía se mantuviera en su lugar, pues su entusiasmo podía ser tomado como una agresión.”
    Ahí era el momento para Leonardo de darse cuenta entre la diferencia de esa alegría y esa fiesta con el gesto fruncido de sus jefes armados hasta los dientes.
    —La columna —continúa— que llegaba por la ruta 205 venia con sus cánticos felices. Ignoro desde qué punto llegaron los disparos…”
    —Que nadie utilice la imagen de Leonardo Favio para usarla a su favor. La Juventud Perónista en un comunicado ha dicho que yo llamé por los micrófonos a un personaje al que no conozco y que por los «informes que tengo es un personaje de triste fama (se refiere a Alejandro Giovenco). Yo me remitía a leer los papeles que me pasaban desde abajo. Es posible que yo haya nombrado a alguna persona indeseable. Leía lo que se me indicaba.
    Así es todo el tono de las declaraciones posteriores de Favio. Que ha de meditar ahora que para nada sirven las paradas de televisión y que en vez de maldecir como un histérico primero hay que fijarse de quién se recibe órdenes. Aunque él las cumplió, ni una vez nombró a Evita.

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