LA Juventud Perónista que actualmente moviliza en todo el país a centenares de miles de activistas era una pequeña organización que agrupaba nucleamientos de influencia zonal o regional hacia mediados de 1971, cuando se aproximaba la defenestración de Jorge Daniel Paladino como delegado personal del general Perón en Argentina.
En ese momento, Puerta de Hierro tenía ya resuelto promover a Rodolfo Galimberti y Francisco Julián Ligastro como delegados juveniles ante el Consejo Superior del Movimiento, una maniobra que estaría llamada a provocar enorme influencia en la marcha posterior de los acontecimientos.
En octubre de ese año se concreta la liquidación de Paladino, un político profesional que había canjeado su rol de funcionario de Perón por el de emisario de la dictadura militar, que —en aquel entonces— procuraba con la conducción de Alejandro Lanusse darse una “salida” política electoral.
El nombramiento de Héctor José Cámpora como delegado de Perón cancela el ciclo de Paladino que entendió la táctica de “La Hora del Pueblo” (alianza con el radicalismo de Ricardo Balbín) como una”alvearización”del peronismo. Creyó que se trataba de armar un peronismo educado, bienpensante y prolijo, habituado a las prácticas parlamentarias y académicas, sin bombo ni marchita. Se equivocó, según habrían de demostrarlo posteriormente los sucesos internos en el Movimiento.

  • LA JP DE LOS CAUDILLISMOS
  • Al momento de asumir Galimberti y Licastro, Juventud Perónista era un conglomerado de pequeños reductos combativos e intransigentes unidos más en torno a lealtades personales que en función de prácticas organizativas. Así, compañeros como Gustavo Rearte, Envar El Kadre, Carlos Caride, Dardo Cabo o Jorge Rulli nucleaban en torno suyo a diversos encuadramientos de activistas con reducida inserción en la base.
    Las formidables consecuencias del Cordobazo y las primeras grandes batallas ganadas por las organizaciones político-militares del Movimiento en aquel momento (Montoneros y FAP) en la detención y ajusticiamiento de Pedro Eugenio Aramburu provocaron un gran desconcierto al no poder ser capitalizadas de inmediato por la militancia. La rica coyuntura que se abría no podía ser abarcada desde JP con una política precisa y el lanzamiento —en marzo de 1971— de la estrategia lanu-ssiana del autodenominado “Gran Acuerdo Nacional” era visualizado como algo importante de parte del enemigo, aunque de modo muy impreciso.
    Dos tendencias se perfilan en ese momento, particularizando una de ellas en el fenómeno electoral desgajado del todo el proceso de la guerra integral encabezado por Perón, mientras que la otra acentúa su solidaridad política y material con las “formaciones especiales”. Otra polémica que agita a parte de la militancia es la que se da entre el vasto sector del activismo que reivindica la consigna “Perón presidente” y los grupos que plantean una alternativa independiente, encarnados primordiaimente por las FAP y el Peronismo de Base. Esa propuesta de nominar a Perón como único e innegociable candidato del Movimiento a la presidencia de la nación significa —precisamente— el primer acercamiento al fenómeno electoral por parte de JP. Sin embargo, cuando se da comienzo al proceso de afiliación masiva al Partido Justicia-lista, el brazo electoral que utiliza el Movimiento en la legalidad del régimen, todos los sectores que comenzaban a aceptar la complejidad del proceso no se hallan en condiciones de aceptar el desafío y encarar las tareas partidarias adecuadamente. En este caso habrá de privar el escepticismo por los años de persecución, ilegalidad y proscripciones. Esto habrá de prevalecer por encima de la puesta en práctica de una línea política correcta.
    Rodolfo Galimberti se constituye en la expresión superestructura! de ese rico fenómeno del crecimiento político y organizativo de la JP. También Licastro había sido designado por el General Perón como consejero juvenil, pero el ex oficial no se hace cargo de ese aspecto.

  • ENSENADA MARCA EL COMIENZO
  • En febrero de 1972 se organiza en Ensenada el primer acto público unitario de masas convocado por la Juventud Perónista. Bajo un signo inequívocamente antiburocrático (el nutrido público corea insistentemente consignas antivandoris-tas) y acentuando la solidaridad juvenil con las formaciones especiales, se concreta este primer hecho político expresivo de la creciente capacidad de convocatoria de la JP. Oradores centrales son Alberto Brito Lima y Galimberti, pero también habla Miguel Garaycochea, del Movimiento Revolucionario Perónista (MRP) y un comunicado de las FAR marca la aprobación que esta organización político-militar peronista da al proceso electoral en ciernes. Haciendo referencia a dirigentes sindicales burocratizados, Galimberti anuncia que “¡Los vamos a pisar como cucarachas!”. Días después contraataca la Unión Obrera Metalúrgica, que se siente aludida.
    Prosiguiendo ese proceso de organización y movilización de las bases, el 1º de mayo se moviliza en Merlo el activismo de JP en un acto en el cual se verifica nuevamente la capacidad de convocatoria ya insinuada anteriormente. Caminando por las calles de esa ciudad, unos 2.000 activistas se convierten en 10.000 manifestantes, los cuales son —como era habitual en esa época— reprimidos por las fuerzas represivas. El saldo de Merlo es que era necesario darse un principio de organicidad, manteniendo coordinadores regionales y creando instancias organizativas superiores. Ese será el embrión del actual estado organizativo de JP.
    El 9 de junio se realiza en el estadio de la Federación Argentina de Box (Castro Barros 75) un acto unitario convocado por el delegado Galimberti y del cual toman parte los principales nucleamientos de JP, incluyendo el Movimiento de Bases Perónistas (Roberto Gra-bois), la Mesa del Trasvasamiento Generacional (Alejandro Alvarez), la Agrupación Perónista de Bases 17 de octubre (APEBA 17, Dardo Cabo), el Encuadramíento de la Juventud (Demetrios, Néstor Ortíz) y el Movimiento Revolucionario Perónista (MRP, Garaycochea). Cierra el acto Galimberti y finalmente se dirige a la militancia reunida el delegado personal de Perón, compañero Cámpora. Un mensaje del jefe del Movimiento leído como conclusión del acto acentúa las grandes lineas de Unidad, Organización y Solidaridad. Caracterizan a la jornada la expresiva solidaridad con los militantes y combatientes de las formaciones especiales y —en general— con los activistas de la guerra revolucionaria, presidido esto por la memoria de Evita y la insistencia de proclamar a Perón como único candidato a presidente. La fecha era propicia, en la medida que recordar el martirologio de Juan José Valle y los caídos en José León Suárez propiciaba expresar esa línea.
    Un mes después, el 9 de julio, se pone en práctica en todo el país el nuevo esquema organizativo regional de JP con la constitución de las nuevas autoridades juveniles por regional.

  • LA DEMOSTRACIÓN DEL CRECIMIENTO
  • El gran acto realizado en la cancha de Nueva Chicago luego de que Lanusse pretende humillar torpemente a Perón al afirmar que “no le da el cuero”, demuestra el crecimiento incesante de JP. Más de 15.000 jóvenes escuchan a diversos oradores, incluyendo a Rodolfo Ortega Peña, Mario Hernández, Horacio Farmache, Norma Kennedy y Rodolfo Galimberti. Acá también cierra el acto Cámpora, en lo que se constituye una respuesta global del Movimiento a la provocación de la dictadura y una exaltación más del recuerdo de Evita.
    No han pasado 30 días cuando, el 22 de agosto, la Marina de Guerra asesina a 16 combatientes revolucionarios, en el más salvaje de los crímenes políticos conocidos en los últimos años de historia argentina. El homicidio de la base aeronaval Almirante Zar de Trelew sacuden al país y al mundo, conmoviendo a JP hasta sus cimientos.
    Será precisamente la militancia juvenil del peronismo la que asegurará el velatorio de los restos de muchos de esos guerrilleros asesinados en las sedes del Partido Justicialista, pese a la profanación de los cadáveres, perpetrada por tropas del Ejército y la Policía. Los funerales se convierten así, en razón de la presencia de la JP en las calles, en un hecho de masas, pese a la represión intensa perpetrada por los uniformados. Afirma así la JP su solidaridad militante con los combatientes, a la par que evita su aislamiento del conjunto del pueblo.
    Días antes de Trelew había sido muerto el montonero Carlos Capuano Martínez, que es velado en la Unidad Básica Juan José Valle de la circunscripción 14 de la Capital, lo cual permite también que JP se convierta en herramienta indispensable en la reivindicación popular de los mártires.

  • LUCHE Y VUELVE
  • Luego de Nueva Chicago se lanza a nivel nacional la campaña de “Luche y Vuelve”, mientras Cámpora recorre las provincias en un esfuerzo combinado de agitación y movilización. Una vez más se revela el espíritu de convocatoria que anima a JP, mientras van cristalizando formas organizativas nuevas.
    El retorno a la patria de Perón es —de este modo— la única estrategia correcta para evitar las mil trampas tendidas por la sinuosa corruptela del lanussismo al pueblo peronista. Mientras Lanusse y su camarilla se regodean creyendo que a Perón ‘no le dio el cuero”, JP y los sectores revolucionarios y leales del Movimiento afirman a todo trapo “Perón vuelve”. Y el 17 de noviembre, en medio de las balas, los gases lacrimógenos, la lluvia y los tanques, Perón reafirma su condición de Líder, único, in-discutido.
    Para JP no hay otra corrección de su línea que movilizar y organizar. Es que esa movilización destinada a garantizar la unión entre la masa y su Líder es un hecho revolucionario en si, como se ha demostrado desde el 17 de octubre. Hecho temido por los sectores conciliadores y reformistas del Movimiento, como lo demuestra sangrientamente el 20 de junio en Ezeiza.
    En Gaspar Campos, roto por Perón y la movilización popular el cerco intimidatorio y represivo tendido por las fuerzas gorilas, la juventud peronista da rienda suelta a su alegría. El Líder está en casa y allí se trazan los grandes planes para la batalla del 11 de marzo.

  • LA BATALLA ELECTORAL
  • La nominación de Cámpora también debe ser peleada en el Movimiento, puesto que no faltan los traidores que se oponen a esa candidatura, alegando un presunto ultra-peronismo, que no es otra cosa que neoperonismo, o sea antiperonismo. Serán precisamente Norma Kennedy y Rogelio Coria, entre otros, quienes hacen frente a Cámpora, mientras que JP expresa su solidaridad total con la lealtad de Cámpora al Líder. Será la gran consigna “Cámpora al gobierno, Perón al poder” el grito de guerra que —recuperado por el propio Perón— moviliza en todo el país a cientos de miles de activistas de la JP en una triunfal campaña electoral que lleva al triunfo del 11 de marzo. La batalla también significa que JP deba pelear por efectivizar el 25 % que le corresponde en las listas electorales, porcentaje que en muchos distritos na se cumplen por la presión de los sectores conciliadores y —también— por imprevisión o ingenuidad de los compañeros. Pero JP ya está consolidada como rama del Movimiento, y lo que es más importante, como su brazo movilizador y organizador por excelencia. Además, JP aporta algo decisivo al Movimiento al explicitar la diferenciación entre poder y gobierno. Las elecciones del 11 de marzo —dice JP— son una batalla, la batalla por el gobierno, pero en el marco de una guerra larga e integral, la guerra por el poder.
    Es JP quien bautiza “tío” a Cámpora, porque Perón es el “viejo”, caudillo indiscutido que dirige las operaciones estratégicas de la juventud.
    Luego del “ballotage” del 15 de abril se produce el relevo de Galimberti, a quien el conductor responsabiliza por una serie de errores políticos cometidos en la dirección de JP, fundamentalmente apresuramiento, infantilismo y cierto elitismo en el modo de implementar una política que —en cambio —no es cuestionada. La elección de los personajes que asisten al dramático relevo de Galimberti (viejos tránsfugas del Movimiento como Alberto Campos, Manuel Damiano, Pascual Breglia, Norma Kennedy, Jorge Osinde) revela que Perón ha utilizado a la escoria —una vez más— para impedir que ésta se capitalice con una decisión que él considera necesaria.

  • EL DESAFIO DEL GOBIERNO
  • El imponente 25 de mayo vuelve a ratificar el poder movilizador de la JP, que organiza a los contingentes populares frente a la Casa Rosada, asegura el orden y dirige el inolvidable “devotazo”, cuando se concreta la ansiada libertad d los combatientes.
    Precisamente al descartarse de liberadamente la participación d JP en la faz organizativa del reto no definitivo de Perón el 30 de junio, las bandas mercenarias alquiladas por Osinde en el Ministerio de Bienestar Social masacran una cantidad todavía no determinda de compañeros, demostrando terror pánico que inspira en I sectores encarnados por Osinde poder movilizador de JP.
    Pero ese mismo día 20 se d muestra, a través de las densas nutridas columnas de la Juventud Trabajadora Perónista (JTP) y de la Juventud Universitaria Perónista (JUP), la inserción enorme que a logrado esa política en el seno del pueblo. Desde barrios y ciudades avanzan los muchachos de JP, organizando y protegiendo a compañeros que van a ver a Perón.
    El camino recorrido en estos últimos 20 meses es enorme y significativo, por cuanto se han registrado avances cualitativos y cuantitativos notables, a medida que JP es visualizada por la vanguardia de masas de un proceso de guerra integral particularmente acrecentado por la llegada de un Gobierno Popular y la presencia de Perón en el país.

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