Compañeros:
En esta revista no se firman notas. Como responsable de lo que aquí se dice quiero publicar esta carta.
Soy un viejo militante del peronismo. Tengo conmigo muchos años de lucha en que la cárcel y la persecución fueron comunes en mi vida. Y estoy orgulloso, de que así sea. Y creo que la merecí muchas veces más de lo que la sufrí.
No tengo ningún puesto partidario ni soy funcionario del gobierno, ni he aspirado ni luchado un solo día para eso. Soy un militante más, uno entre los millones de peronistas que ha luchado por este ideal de patria y justicia que todos soñamos.
También soñé como todos con esa vuelta del General donde se concreta esa sentencia nuestra que mantuvimos durante 18 años: PERÓN VUELVE dijimos, mordimos, gritamos e insistimos con persistencia durante todos estos años, contra todo y contra todos. Soñé como todos con el regreso de Perón, con verlo levantar los brazos frente a nosotros y decirnos ¡Compañeros! me hubiera enloquecido después de esto como todos ustedes, hubiera gritado Perón durante una hora seguida y llorado frente a la vuelta de mi jefe frente a ese hombre que quiero tanto que ni ‘ puedo decirlo. Quería ser hermano en la alegría y el triunfo junto a los cuatro millones de compañeros que estábamos allí en Ezeiza.
Y me jodieron. Volví triste, amargado, sin saber qué pasaba. Vi a mis compañeros igual que yo, mirando el piso, sin fuerza para gritar ya, casi sin mirarnos; volver sin ver a Perón, sabiendo que él también estaría triste.
Por eso, compañeros, esta tristeza se me ha vuelto bronca y quiero ver a los culpables. Quiero que los veamos todos, y sepamos por qué no pudimos ver al General. Sí en este número de la revista hay parcialidades, las motiva la bronca peronista que comparto con ustedes. Pero lo que vimos todos: esos tipos tirando
con fusiles desde el palco donde debía hablar nuestro general nuestros compañeros muertos y la gente que era feliz hasta ese momento desbandada y triste, eso lo vimos y es cierto.
Por eso lo decimos. Porque queremos estar con nuestro jefe. Porque ellos son los infiltrados con sus fusiles y su salvajismo.
Nos quieren engrupir con el cuento de los infiltrados, cuando durante 28 años nos comimos cuantos infiltrados trataron de meterse con nosotros. Son ellos los infiltrados los que no quieren que el peronismo siga con la revolución que anunció el General en 1945. Porque quieren seguir con sus negocios, con el poder que les da ser jerarcas y el privilegio que pase a manos de ellos. Y nosotros queremos el poder para Perón y para nuestro pueblo. Ellos nos quieren frenar porque están trenzados con el enemigo. Por eso no quieren que nos encontremos con nuestro General, para no quedar en la evidencia de su debilidad. A ver si alguno de esos que el 20 tiraban contra nosotros es capaz de subirse a un palco y ser escuchado.
Aquí no se trata de gritar una consigna, porque veo hoy a muchos gritar, por la patria peronista, con 18 años de traición detrás. Aquí se trata de hacer una revolución la revolución peronista que empezó Perón, que quería Evita y que todos estamos forjando. Por eso vamos a seguir gritando desde aquí lo que sabemos. Aunque tengamos que andar con el “fierro” en la mano para defendernos de estos salvadores del peronismo.
Porque nuestro general no ha sonreído ni una sola vez desde que llegó.
Porque queríamos ver a Perón levantando los brazos diciéndonos ¡compañeros! y nos jodieron.

DARDO CABO

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