• Compañeros
  • La política tradicional tiene sus límites, marcados por el poder real que tenga cada una de las partes enfrentadas. Permite plantear las diferencias y la puja hasta determinado punto, después es ineficaz para resolver la situación planteada. Entonces se pasa al uso de las armas; viene la guerra, que es la política por otros medios.
    Esto sirve en lo internacional y sabemos que frente al imperialismo desarrollamos una guerra concebida en términos político-militares. Pero sirve también para el análisis de la política interna. Desde este punto de vista el Teniente Coronel Navarro, ¡efe de la policía de Córdoba, era la retaguardia militar de una ofensiva articulada por todos ios medios contra el gobierno popular de esa provincia.
    A esta altura, las palabras que no coinciden con los hechos son totalmente inservibles, porque los hechos hablan por sí solos. ¿Quién se traga que el golpe es producto del desborde de un jefe de policía? Si así fuera tendríamos que pensar que Navarro es suicida. Pero no. Navarro sabía que ese día llegaban Otero y quizás Lorenzo Miguel para presidir un plenario gremial «normalizador»; también sabía el secretario general de la CGT, Adelino Romero, que desde Cuba hizo declaraciones apoyándolo; también estaban los grupos listos para copar las radios y los «expertos» enviados desde Buenos Aires meses atrás para preparar el caldo. Navarro es la pieza de una maniobra amplia y se la puso en movimiento cuando con las otras no se alcanzaba el triunfo. Mario Agodino, el «gobernador interino», es sólo un personaje secundario, un Guido de provincia que pretende ser neutral cuando sólo hay espacio para incluirse en alguno de los bandos. Córdoba es una ciudad ocupada y se combate mientras escribimos esta nota. El avance de los sectores más reaccionarios del Movimiento y el Gobierno han decidido llegar a este punto. Son los de la «patria vandorista», los Miguel, Otero, Calabró y su séquito de burócratas sindicales; es la burocracia política vestida de Consejo Superior pretendiendo vender patentes de peronistas. Hace tiempo ya —quizás desde el 20 de junio, como fecha trascendente—, que estos señores se apoyan en sus intereses de círculo para combatir al pueblo y hacerle el juego al imperialismo. Porque estas cosas le sirven de ensayo al imperialismo. Se vienen dedicando, sistemáticamente, a serrucharle el piso a los gobiernos provinciales leales a la voluntad popular. Una tras otra en esas provincias fueron generándose conflictos de todo tipo: Mendoza, San Luis, Santa Cruz, Salta, Buenos Aires y Córdoba.
    En Buenos Aires ya ganaron y el «tano» Calabró —hombre de la UOM— es ahora el dueño del circo.
    En Córdoba se combate.
    Pero esto supera el marco provincial para constituirse en lo que puede ser un boomerang contra el gobierno nacional. Inevitablemente lo deteriora, resulta demasiado grande el costo del triunfo, y como no pensar que si está permitido que un jefe de policía secuestra al gobernador y vice elegidos por el pueblo, pueda hacerse lo mismo con un Presidente elegido por el pueblo. Y se desgasta también cuando ante un hecho que supera lo grotesco, demora tanto en producir una definición; como si pudiese aceptarse un golpe de Estado dentro del Estado. Lo de Córdoba es un golpe como cualquier otro, sólo que esta vez en lugar de milicos hubo policías. ¿Ahora la policía puede definir situaciones y nadie dice nada? ¿Es que ahora se decide violar a tiros la voluntad popular y esa situación se convalida? Pasa que —como decimos arriba— el puchero es mucho más grande y se lo cocina desde hace tiempo.
    Fue una semana particular esta. Aunque últimamente todas las semanas resultan particulares y cada vez nos asombramos menos. En medio de la conmoción cordobesa y la represión en Buenos Aires, diarios, radios y canales de TV informaban profusamente de la misión a Cuba encabezada por Gelbard. ¿Qué tiene que ver esto? Vamos por parte, y hagamos un breve paréntesis.
    Resulta que algunos andan diciendo que nosotros no vemos nada bueno; de esas cosas buenas como el Pacto Social o la política internacional. Del Pacto ya hemos hablado bastante en ediciones anteriores; no hay nada nuevo y basta con releerlas.
    Queda la política internacional y allí sí conviene que refresquemos algunas cosas. Porque nos pareció positivo y nos alegramos cuando el 25 de mayo el presidente cubano Dorticós y el extinto Allende estuvieron presentes para acompañar a Campera y el pueblo peronista. También nos pareció positiva la participación de nuestro país en la Conferencia de Países no Alineados, celebrada meses atrás en Argel…
    Pero después comenzaron a notarse cosas negativas, hechos producidos más allá de las declaraciones; vimos el trato que recibieron los refugiados chilenos que arribaban al país huyendo de la Junta Militar que asesinó a Allende y masacró al pueblo. Aquí se hizo todo lo posible por echarlos. También observamos la falta de pronunciamiento oficial ante el conflicto árabe-israelí o la indiferencia en el recibimiento al presidente de Panamá, general Omar Torrijos.
    Ultimamente hay dos relaciones muy publícitadas: con Libia y con Cuba. Una misión encabezada por López Rega viajó a Libia, un país que está enfrentado con los más progresistas del mundo árabe —concretamente con Argelia y Siria— y que no presta ningún apoyo a la lucha revolucionaria palestina. Allí concreta un convenio petrolero que nos lo presentan como brillante por lo beneficioso, cuando en realidad compramos al mismo precio que en el mercado internacional y se da el caso de que hasta el gobierno gorila de Uruguay —país para el que corresponde una partida de ese petróleo— se niega a comprarlo por considerar que la producción libia es mala y cara.
    La «tanga» parece que viene mezclada con un supuesto préstamo de 2.400 millones de dólares que nos darían los libios, pero que hasta el momento parecería condicionado a ciertos trámites: de allí la frasecita de López Rega cuando informó que las negociaciones fueron dificultadas por la presencia de judíos en el gobierno argentino. Es decir, José Gelbard; qué según esto debería ser reemplazado.
    Gelbard viaja a Cuba y obtiene éxitos. Esto es un rédito político también, porque está claro que los economistas no sobreviven por su capacidad técnica solamente, sino también por su habilidad política. En el caso Cuba por supuesto que es positiva la ruptura formal del bloqueo, pero es necesario recordar que ese bloqueo ya está prácticamente desmoronado. También es bueno para el pueblo cubano este último contacto y el préstamo que meses atrás le dio la Argentina; pero el propio general Perón se encargó de dar una explicación del mismo en estrictos términos comerciales y además sabemos que Cuba va a usar esos dólares para comprar automóviles que las empresas norteamericanas fabrican en nuestro país. Igual es positivo para ios cubanos, aunque en lo que a nosotros respecta hay que observar que aún no tenemos embajada en aquel país ni existen vuelos regulares.
    ¿Qué tiene que ver esto con Córdoba y la represión del viernes? Resulta que mientras Gelbard está allá y Fidel Castro nos habla por TV, la reacción avanza. Resulta que esto evidencia una política hacia afuera bien distinta a la política hacia adentro. Hacia afuera se cantan loas a la ruptura de las fronteras ideológicas; hacia adentro esas fronteras se construyen minuciosamente y la mano derecha levanta un garrote verdadero, se llena de macartismo e instaura la persecución disfrazada de pureza doctrinaria. Entonces es necesario precisarlo, porque si no confunde. Lo de afuera no sirve si no es coherente con lo de adentro, porque sino puede parecerse mucho a un disfraz.
    ¿Qué se puede pensar después de lo del viernes? Se reprimió sin asco. Hacía tiempo que no se metía tanta gente presa. Desde la época de la dictadura. Hacía tiempo que no se cantaba la marcha peronista con policías corriéndonos. Hacía tiempo que no pasaban muchas cosas. Está contado en otras páginas de esta edición. Se podría decir de todo porque se siente de todo ante una situación como esta. Pero hay algo importante: esto también debilita al gobierno, porque básicamente es una expresión de debilidad política tener que recurrir a la represión popular. Máxime cuando esa movilización no era contra el gobierno, sino para buscar la libertad de compañeros que están presos mientras que los verdaderos subversivos, ios imperialistas y sus complices, siguen paseándose por las calles. Se reprimió a compañeros peronistas y a integrantes de otros nucleamientos políticos que buscan volver al gobierno al cauce original del que se salió por errores de la conducción del proceso al apañar a los sectores que enfrentan la voluntad popular. Por eso la movilización era en defensa del gobierno popular, en defensa del gobierno que la clase trabajadora y el pueblo peronista quisieron tener cuando votaron el 11 de marzo del año pasado. Cuando la disyuntiva sigue siendo Liberación o Dependencia, a un año de ese triunfo hay cosas perdidas, otras no cumplidas y algunas por perderse. La única garantía es la presencia masiva de los trabajadores y el pueblo participando de este proceso.

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