• Porque somos peronistas
  • Muchas veces, por militando, uno ha debido explicar lo que es el peronismo. Para los de adentro, los de afuera y hasta para quienes han venido a “estudiarlo”. A fuerza de eso uno fue pensando y armando una explicación que sirviera para pintarnos a nosotros como peronistas, a explicarnos.
    El peronismo, nacido de las entrañas del pueblo, es el marco político donde los argentinos que sienten la liberación han decidido dar su lucha. Nacimos antiimperialistas (“Braden o Perón” fue nuestra primer consigna) y antioligárquicos. Levantamos nada más que las banderas del pueblo; luchamos por la dignidad, por la justicia, por la soberanía de la patria. Y el pueblo eligió un conductor que lo expresara. Y hubo lealtad porque el pueblo correspondió a la lealtad de Perón. En la lucha fuimos armando nuestro propio camino. Y también enfrentándonos en fatigosas luchas intestinas; porque el peronismo lleva en su seno la revolución y la contrarrevolución. “El peronismo, decía Evita, será revolucionario o no será” y ella sabía de esa lucha. Por eso decía “será”, porque el resultado de esa lucha no existía cuando ella se fue. Ni tampoco existe ahora. Hasta que esa lucha no se defina, nuestro Movimiento —aunque lo queramos—, no podrá llamarse de liberación, porque aún en su seno alberga a los traidores de esa liberación.
    Los traidores son los que no se sienten pueblo. Son los que esperaron —mientras los otros luchaban— la vuelta de Perón para usufructuar el triunfo. Con el cuento de la pacificación resulta que los que pelearon son ahora infiltrados, ya no sirven. Ahora es la hora de los logreros, los que pelearon pasan a ser peligrosos. Los traidores ocupan la primera fila, Eleuterio Cardozo, por ejemplo. ¿Se acuerdan, compañeros, cuando Perón lo echó del Movimiento por traidor junto con Gomiz y Corullas? Cómo nos vamos a olvidar si rodo este tiempo Perón nos lo marcó como el ejemplo de los peronistas que se pasan al proyecto del enemigo. Porque ellos se integraron, fueron los primeros integracionistas. Bueno, ahora Cardozo saca comunicados en Mendoza diciendo quienes son los leales y quienes no. El Movimiento se ha convertido en el cambalache, y en esa vidriera se juntan todos y están en la compraventa. Por supuesto, venden liberación y dan patentes de lealtad.
    Que Movimiento éste que genera sus propios traidores porque en el peronismo no se necesita infiltrar a nadie. Sólo basta con comprar, una buena oferta es mejor que un agente.
    En el Movimiento, también hay dos fuerzas que luchan por darle el contenido. La burocracia sindical, que todos sabemos ha estado por conveniencia ligada al imperialismo y la juventud que dio sus muertos y su esfuerzo durante los últimos siete años de estos dieciocho. Estas dos fuerzas son incompatibles y además, son las que se debilitan o fortalecen por cualquier enfrentamiento interno, o se juega para una o se juega para la otra. Esta juventud es la heredera de las luchas y las banderas del movimiento. Y si no veamos cómo surgió y de donde. La Resistencia Perónista es su origen, de la experiencia del pueblo puro, que encaró la resistencia para que volviera Perón, esta juventud es la continuación. Aprendimos en la Resistencia, mejoramos luego. Y nadie ordenó esto. Nadie nos dijo cómo había que hacer las viejas bombas que, armadas en la cocina del barrio, sirvieron para enfrentar a los que voltearon a Perón. A bombazos los hicimos retroceder. Esta Resistencia fue inventada y encarada por el pueblo solo, principalmente por lo mejor que tiene el pueblo, que son los trabajadores. Y fue consecuencia lógica del ataque que se hizo a los peronistas cuando se volteó a Perón. Espontáneamente se transformó aquel aparato de las ramas, que había servido para la obsecuencia y el privilegio en los últimos años del gobierno y se lo convirtió en una organización de luchadores, ahí se recreó el Movimiento Perónista. Luego de la Resistencia los trabajadores se plegaron masivamente con los planes de lucha traicionados al final por los dirigentes^ Luego vinieron, también como consecuencia de los nuevos ataques del régimen proimperialista, las organizaciones armadas. Su lucha encabezó la lucha por la vuelta de Perón. Fue una lucha más organizada, más cruenta es cierto, pero ya estábamos acostumbrados. La Resistencia, las luchas de los trabajadores, las organizaciones armadas surgen del propio desarrollo del Movimiento Perónista.
    Surgen elementos nuevos, otros se desechan, y Perón aunque no organizó la Resistencia ni creó las organizaciones armadas, las encuadró en la lucha y las condujo. Entre Perón y su pueblo, siempre se da este fenómeno de realimentación: la masa crea, Perón encuadra, Perón crea, la masa recrea y así avanza el Movimiento; esta relación, este vínculo —que cuando fue quebrado trajo retrasos en la lucha— es el sistema de crecimiento del peronismo.
    Lo mismo ocurrió con la doctrina peronista. Perón propone y el pueblo recoge y recrea esa propuesta. Y Perón finalmente la sintetiza y además la pone en práctica. Recordemos esos diálogos fenomenales entre Perón y el Pueblo reunido, allí el Presidente escuchaba lo que el pueblo quería.
    Durante el exilio el enemigo trató de interrumpir ese vínculo. Perón, lo saltó continuando con las propuestas doctrinarias. Fue él quien marcó el camino del socialismo nacional para los peronistas. Allí están los libros, las cartas, la película donde él lanza esa propuesta.
    Pero, por recogerla, ahora somos infiltrados. Por luchar somos infiltrados. Por decir que el pueblo tiene que participar más para conseguir lo que esperaba del gobierno popular, somos “la oposición mala”. Por querer que el Movimiento acompañe al gobierno de Perón con una sólida organización que posibilite tomar todo el poder, somos señalados como carne de cañón de los grupos parapoliciales. Y aún si por ahí nos animamos a decir que los grupos parapoliciales son los responsables de los atentados, nos mandan a la justicia como procesados. Ayer éramos “los muchachos” y éramos saludados por el Jefe del Movimiento con emoción por nuestra lucha, se honraban nuestros muertos y ahora, por ser como Perón dijo que tenían que ser los peronistas, por advertir que la lucha aún no ha terminado, que no tenemos todo el poder, que hay que trabajar para conseguirlo, que hay que organizarse y no ceder, por eso ahora nos señalan que hay otros partidos “socialistas” donde podemos ir si queremos. ¿Por qué no nos dijeron antes, cuando peleábamos, que nos pasáramos a otro partido? ¿Dónde estaban estos que nos tirotean y que preparan los atentados para eliminarnos cuando habla que pelear contra Lanusse?
    De aquí nadie tiene derecho a echarnos, ya ahora no nos despide nadie. Porque nosotros somos los hijos legítimos de esta lucha, por que llevamos la carga más pesada durante todo este tiempo. Y esto lo sabemos todos los peronistas, que ya no entienden cómo, si ayer éramos quienes merecíamos el saludo más afectuoso —porque peleábamos— ahora vamos a ser —a la hora del triunfo—, los arrojados. No nos interesan ni los honores ni los puestos. Nos interesa el destino de esta lucha. Nosotros no nos rebelamos ante Perón cuando estaba vencido o exilado, como han hecho muchos de los leales de hoy. Si hoy discutimos algunas medidas que toma o deja de tomar el gobierno popular, no se puede señalar allí que somos oportunistas porque hoy es muy fácil estar con Perón, nosotros estuvimos con Perón cuando decirlo era un delito. Nosotros somos leales a las banderas por las que hemos peleado. Y vamos a seguir siéndolo hasta la muerte. Nuestra bandera es la de la clase trabajadora y el pueblo peronista, que significa que este gobierno, que no es de nadie sino que es de todos los que peleamos por él, debe reflejar las banderas por las que el pueblo ha luchado. Y no se luchó para que nos sigan tratando de manejar los sindicatos cuatro traidores, sino para que los trabajadores fueran dueños de sus organizaciones; no se luchó para que nos siguieran metiendo leyes represivas; ni para que cuando vamos a discutir con el patrón las condiciones de trabajo nos diga que el pacto está firmado y que nada puede cambiarse. Tampoco para negociar la dependencia con el imperialismo. No luchamos para que los monopolios nos desabastezcan y la conducción económica diga que es la gente la que acapara. Qué milonga es ésta que Perón dice que el precio de la carne está a tanto y tenemos que comprarla al doble, y éso no sale en ninguna estadística. Qué pasa que no recuperamos todo lo perdido —por lo menos— durante estos dieciocho oiios. Nosotros vamos a seguir siendo leales a estas banderas, que por otra parte son las que nos mostró Perón para que lo siguiéramos. Y vamos entonces a seguir siendo peronistas porque nadie nos miró pelo ni marca cuando nos incorporamos a pelear.
    Y creemos que tenemos derecho a decir lo que pensamos. Que eso no puede estar prohibido en el peronismo; ése no es el peronismo que se construyó durante dieciocho años de lucha.
    Vamos a seguir en la reconstrucción nacional para alcanzar la liberación. Y esa reconstrucción no puede ser sólo moral, se trata de la cosa concreta, de supervivencia. La moral no basta si no hay vivienda, si no hay salud, comida, trabajo y educación.
    Y si durante todo este tiempo en que no estuvo Perón estas cosas le faltaron al pueblo, los monopolios deben soltar lo amarrocado. No se puede separar reconstrucción de liberación, porque la reconstrucción se hace en la liberación, si no reconstruimos la dependencia.
    Y para esto el pueblo debe estar organizado. No sólo el gobierno, sino el pueblo. Nosotros sostenemos que nuestro Movimiento Perónista tal como está estructurado en lo formal, nos ha servido para pelear y recuperar el gobierno. El gobierno, que es tan sólo una parte del poder. Y que para tomar el poder hay que recrear el Movimiento, hay que darle nuevas formas organizativas que aseguren que cada peronista participe en la liberación y en la reconstrucción. Y esto no es sólo pensar en pelear con las armas en la mano. Como se quiere hacer aparecer; la lucha, como ha dicho Perón reiteradas veces es integral, de mil formas y maneras. No dejemos de pelear porque Perón no tiene el poder, sólo tiene algunos resortes del Estado. Para esto la calidad de los dirigentes debe depender de la representatividad que otorga el pueblo. Porque son los gorilas los que nos dijeron, desde que cayó Perón, que por ser más no quería decir que tuviéramos razón. Que ese Perón —nos decían— por más que represente y lo sigan muchos no puede gobernar el país. Eso, nos los decían los oligarcas.
    Nosotros no queremos tirar tiros por tirar. Queremos liberarnos, que es la única manera de reconstruir —y damos prueba de ello diariamente—; para nosotros pelear es en este momento que se distribuya mejor lo que hay; significa atacar los monopolios, descubrir y denunciar la injusticia y avanzar, avanzar el pueblo en su organización. Porque si nos quedamos como un gobierno cualquiera, si reducimos el movimiento dentro del partido nos convertiremos en un gobierno más del régimen y en un partido más del régimen. En el Movimiento, como ha dicho Perón muchas veces, el partido es sólo un instrumento electoral. La institucionalización o es institucionalizar la participación de las masas en el Estado, o es vaciar al Movimiento de las masas.
    Para nosotros la lucha continúa. En las condiciones actuales es organizar al pueblo para disponerlo a defender a su gobierno, para que participe en él. Queremos que las estructuras obreras se llenen de dirigentes leales a los obreros. Que se organice el Movimiento para armar el Frente de Liberación en serio, que sea la fuerza más poderosa donde se sustente el gobierno. Porque creer que las Fuerzas Armadas van a defender este gobierno es un suicidio, como lo fue en el 55.
    Por esto peleamos. Y por pelear por esto somos peronistas. No hay decretos ni leyes ni expulsiones que nos modifiquen. Nos podrán sacar todo; echar gobernadores, expulsar diputados; fulminarnos en la función pública; volarnos las unidades básicas; rompernos la ficha, pero vamos a seguir siendo peronistas. Porque peronistas hemos aprendido a serlo en la lucha y esto lo tenemos adentro y lo que se tiene en el corazón y en la cabeza, eso no se puede quitar. Como decía Evita, descamisado, es todo aquel que siente al pueblo.

    DARDO CABO

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