• ATENTAN CONTRA LA ORGANIZACION DEL PUEBLO
  • El lº de enero es sólo un punto de referencia. Que a veces lo convertimos en importante dedicándonos a pensar en lo que pasó y lo que puede pasar. O si no, como en esta nota, para hablar de algunos hechos importantes con los que se despidió el año anterior y ciertas «cositas» de este 1974. Pero por lo demás, nada se fragmenta en fechas. Mucho menos la vida política de nuestro país, que sigue con ese ritmo acelerado que adquirió a partir del 11 de marzo del 73. Un año sin tregua. De asombros, de golpes terribles, de marchas y contramarchas. Un año de lucha donde nadie descansó: el pueblo avanzó y el imperialismo no tardó en reacomodarse para seguir golpeando. Eso sigue intacto, con ferocidad quizás.
    En diciembre ocurrieron cosas duras, de fondo, como medidas contradictorias con nuestro camino hacia la liberación. Inevitablemente recordamos a la dictadura militar, pensamos en ella, repasamos sus gestos característicos. No era muy difícil, porque hasta se nos pusieron enfrente caras y nombres de aquellos tiempos. Allí aparecieron, entre otros los generales de brigada Alberto Cáceres y Haroldo Pomar. Lo leímos dos veces para ver si detrás cabía alguna sutileza. Pero no. Cáceres fue designado director de la Gendarmería Nacional y Pomar Jefe II del Estado Mayor Conjunto. El mismo Cáceres que en la época de Levingston fue director de ese organismo terrible que se llamaba Coordinación Federal; el mismo que fue nombrado por Lanusse jefe de la Policía Federal, la policía torturadora; el mismo que había sido puesto bajo disponibilidad por el presidente Cámpora. Ese Cáceres está al frente ahora de una institución que entre otras cosas actúa como policía de fronteras y que recientemente recibió la misión de custodiar a importantes ejecutivos extranjeros y sus fábricas. Las fábricas donde trabajan obreros argentinos.
    Y Pomar. Ese general que a pesar del intento de fabricarse una imagen popular nunca dejó de ser una de las cabezas del lanussismo. Fue Pomar el que estaba a la cabeza de ese impresionante despliegue militar con el que nos impidieron llegar hasta el general Perón aquel 17 de noviembre. A pesar de que él se quiso hacer el bueno y decir que el único malo era Sánchez de Bustamante, otro general de la dictadura. Pero él daba las órdenes, él movió los tanques contra la gente, de él salieron los gases lacrimógenos y las balas. Ahora lo tenemos nuevamente en primera linea, como factor importantísimo para el destino de las Fuerzas Armadas.
    En la jerga política que aprendimos durante el año que pasó, esto se llama continuismo descarado. Continuismo sin disimulo. Como una bofetada pero también una amenaza sobre el pueblo y nuestro camino hacia la liberación. Estas no son hipótesis o posibilidades. Sino la realidad. Porque estos generales tuvieron papeles bien precisos en las tareas de explotar a los argentinos para engordar a los monopolios. Y como la magia no existe, para todos nosotros, públicamente, estos siguen siendo hombres del imperialismo, militantes de la reacción. Esto es así, además, porque las Fuerzas Armadas aún no han dado muestras suficientes como para creer que se hayan convertido en instituciones al servicio de la liberación. A lo sumo, es el intento de alguna línea que se debate en su seno, pero eso no quita que como conjunto sigan siendo los fusiles del imperialismo, dispuestos a disparar sobre un pueblo al que todavía no han dejado de apuntar.
    Por eso, tampoco son ciertas las palabras del actual comandante en jefe del Ejército, general Leandro Anaya, cuando días atrás habló del carácter profesional de la institución. Hace tiempo ya que esto no es cierto. Exactamente desde el primer golpe militar, desde el momento en que empezaron a actuar como poder detrás del trono, como muchas veces lo denunció nuestro conductor. Hasta que dejaron de lado toda careta y en 1966, con Onganía a la cabeza, dejaron las sombras para asumir directamente la dirección político-militar del proceso argentino. No hay muchas vueltas para darle. Las armas son el asiento último del poder y se convierten en el resorte principal cuando los enfrentamientos y las tensiones crecen. Ellos las usaron al servicio de los enemigos del pueblo. Sin timideces, aunque el pueblo también respondió sin dudas, hasta ganarles una batalla de esta larga guerra; arrancarles un gobierno popular concretando la reivindicación más importante desde el 55: Perón con nosotros.
    Pero con estos nombramientos y estas caras repudiadas no paró la cosa. Se anunciaron las leyes represivas, las modificaciones al código penal. Es innecesario recordarlas aquí, todos las leímos en los diarios y todos inevitablemente pensamos nuevamente en la dictadura militar. Resultan peores. Son más duras, hay más penas. ¿Por qué? ¿Por qué las leyes que el gobierno popular había derogado apenas inició su mandato son revitalizadas por el mismo gobierno? Alguna explicación hay. Una punta del asunto apareció en la información filtrada a principios del 74: el ministro de Economía, José Gelbard viajaría a las Antillas para mantener una reunión con funcionarios del Banco interamericano de Desarrollo (BID, el mismo que otorgará el crédito de 700 millones de dólares). La noticia se confirmó y Gelbard ya viajó hacia Puerto España, capital de Trinidad-Tobago. El lugar tiene sus particularidades desde el punto de vista de las finanzas; en las Antillas tienen su asiento importantes empresas multinacionales, entre ellas DELTEC, por la simple razón que desde allí eluden las cargas impositivas vigentes en otros países.
    El ingreso de capitales extranjeros a nuestro país para impulsar el desarrollo ha sido una de las batallas
    más duras librados desde el gobierno. Los capitales no vienen sí no ven que sus negocios estarán seguros; esa seguridad para ellos se asienta, entre otras cosas, en la estabilidad política, en la ausencia de tensiones sociales, nada de «subversión» como dicen. Eso ellos solo pueden lograrlo por una vía; al menos intentarlo. Allí aparecen los Cáceres, los Pomar, la legislación represiva, las protecciones a sus empresas y hombres de negocios. Estos parecen ser los términos de la negociación, que no terminan allí, claro está. Porque hay algo que va más allá: la posibilidad de mantener aparatos represivos ágiles y preparados para responder como sea necesario, a la vez que se intenta frenar el avance popular.
    representar. Se aventuraron incluso a embarcarla a Isabel en su proyecto. Y lo lograron. Entre Lorenzo Miguel y Otto Calace (responsable del departamento de la mujer trabajadora, dentro de la CGT), consiguieron el Luna Park para hacer un acto dedicado precisamente a la mujer. Y sólo lograron llevar 2.500 compañeras a un local que tiene capacidad para 20 mil. La vicepresidenta del gobierno elegido por el pueblo en forma abrumadora, diciendo un discurso hueco, sin propuestas políticas concretas, ante escasas 2.500 personas. Ridículo para ellos, deteriorante para nuestro gobierno.
    Todos aprendimos de Perón una cosa: la violencia principal es la de arriba; la del imperialismo y sus aliados, la de los monopolios, las grandes empresas. La de abajo es su consecuencia, es la respuesta del pueblo que no se deja avasallar. Por eso la violencia de abajo es justicia y sólo desaparecerá cuando se acabe la de arriba, que es injusta. Esta es la tarea del gobierno popular, la tarea que nos ha sido encomendada a los peronistas. La represión no sirve, porque no elimina la injusticia; podría incluso tratar de impedirse la manifestación de los conflictos que vivimos diariamente, pero los conflictos seguirán existiendo y los trabajadores lo expresarán de cualquier manera posible. Es porque con la dictadura no podían expresarse legalmente los problemas diarios que vive la clase trabajadora, que son los problemas del sistema que rige en la Argentina. Esto es parte de lo que hemos conquistado: el derecho a reclamar y ser escuchados, el derecho a pelear legalmente. Se podrá decir que la ley penal no es para eso, pero también se dijo que la ley de prescindibilidad era para ser aplicada a los funcionarios continuístas, y ya tenemos 200 trabajadoras de IME cesanteados. Por eso sospechamos que estas medidas le sirven a determinados sectores para desarmarnos, dificultar la organización popular, impedir la movilización creciente, porque cada una de esas cosas garantizan nuestra marcha hacia la liberación y afectan directamente al proyecto de dominación.
    Diciembre del 73 trajo también cosas nuevas en otras áreas, que continuaron desarrollándose en enero del 74. Son los pasos de los de la «patria vandorista», con Lorenzo Miguel a la cabeza, por supuesto; todos sus pasos en torno a sus pretensiones de copar al movimiento. Esta vez cometieron ciertas audacias, que les salieron mal porque a pesar de las evidencias no quieren reconocer que su «política» no tiene consenso popular. Se aventuraron a lograr una concentración masiva, cuando su terreno específico y en el cual tienen posibilidades de éxito son las trastiendas, la trenza, la negociación, el «manijeo», la traición a los intereses que tendrían que
    Después vino la disposición de «congelar» al Partido Justicialista. En nombre del Consejo Superior del Movimiento, el «delegado nprmalizador en la provincia de Buenos Aires», Arturo Ruiz Villanueva, anunció que sólo las unidades básicas fundadas antes del 11 de marzo del año pasado continuarán en sus funciones. Parece que las posteriores, que todo lo que viene después, no es peronista sino que si no es decididamente infiltrado entra en la categoría de sospechoso. También dio, por rama, los nombres de los nuevos dirigentes del Movimiento en la provincia. Y allí ya se llega a lo insólito: la juventud no existe. Nadie. No sólo los «malos» están ausentes, cosa que ya se viene practicando hace tiempo; tampoco están los que el Consejo considera «buenos». La JP no existe.
    En este terreno, significa dar un nuevo paso para no hacer lo que Perón dispuso expresamente: reorganizar el Movimiento, eliminar la política del dedo, que las bases estén presentes en la conducción, es decir, la clase trabajadora, columna vertebral del Movimiento. Hacia afuera, más allá de la disputa interna, esto acarrea una consecuencia importante: debilitar al Movimiento Peronista, que es el movimiento de liberación nacional; lo cual significa obstaculizar las tareas de reconstrucción y liberación. Pero también atenta contra una de las herramientas que Perón quiere construir: el Frente de Liberación. Ese frente no se puede crear si el Movimiento se debilita, porque el peronismo es el eje inevitable y hegemónico para todo intento en este sentido.
    Esto, más hombres de la dictadura que reaparecen conduciendo, armados con una rigurosa legislación represiva quiera decir, lisa y llanamente, atentar contra la organización de las fuerzas populares; y eso, en momentos en que el imperialismo ha logrado cercarnos, defendiendo áreas económicas vitales y nos envía un embajador cuyos antecedentes no dejan lugar a dudas sobra lo que intentará hacer aquí, sólo sirve para debilitarnos cada vez más.
    EL DESCAMISADO

    Tags: