• ¿Los yanquis nos financian la liberación?
  • Siempre con lo coro de Gelbard por delante uno se viene enterando de cosas. En el terreno económico, claro está, que viene a ser uno de los meollos de la cuestión. Hace un tiempito charlando de aves -porque estaba en un congreso avícola- este ministro consideró que la circunstancia era lo suficientemente importante como para anunciarnos, nada más y nada menos, que el país ya está liberado. Y entonces pasa como decía un compañero: «uno se para en medio de la calle, se mira los bolsillos vados, mira la casita, contás la cantidad de horas que hay que laburar, ves los pibes haciendo changas y pensás: ¿esto entiende por liberación el fulano?».
    Entonces qué hace Gelbard vendiéndonos la liberación. Aparece con una sonrisa que no le entraba en la cara para anunciarnos que el Banco Interamericano de Desarrollo nos concede un crédito de 700 millones de dólares. El BID son los yanquis. Eso está claro hace mucho tiempo ya. Por eso nos sale la pregunta de la tapa. También la respuesta: los yanquis no financian nuestra liberación ni la de nadie. Es otra cosa que tenemos dará. Lo contrario sería creer que de pronto se volvieron buenos o que decidieron suicidarse y rifar sus intereses. Sería creer en la magia. Como nada de eso pasa, no hay más remedio que pensar otra cosa. Por ejemplo, de que aquí algo ha fallado. Desde el punto de vista de la economía las cosas no están caminando como se había previsto.
    ¿A qué venía eso que nadie puede creer? Porque que nosotros sepamos la magia no existe y menos en estas cuestiones del poder donde todo es bien concreto. El imperialismo -que no es un fantasma- sigue allí, rodeándonos, tratando de meterse por donde pueda, siguiendo adentro en aspectos vitales. Lo vital para ellos es la guita, hablando mal y pronto. Nosotros Jes ganamos la lucha política por el momento. La lucha tampoco fue un fantasma: las cárceles todavía pueden hablar, las picanas aún están calientes, el hambre sigue apretando cinturones, muchos territorios siguen vedados para el pueblo, las manchas de sangre aún no se han borrado … Desde el punto de vista de la guita el imperialismo sigue ganando. Allí estamos peleando, «negociando» como se dice diplomáticamente. Cada uno está moviendo sus fichas: nosotros y ellos a partir de las zonas conquistadas por cada uno. A nivel internacional el imperio se movió rápido: golpeó en Uruguay, masacró en Chile, fortalece Brasil, le impidió a Banzer hacer acuerdos con Perón. En lo interno logra que personeros suyos ocupen puestos importantes; como en YPF, que quiere decir petróleo, como en la Corporación de Empresas del Estado, también logra filtrar artículos en alguna ley para garantizar la seguridad de sus capitales…
    Porque primero se habló de los capitales europeos. No vinieron. Después de los árabes. No llegó ni un peso. Estaba la posibilidad de los chinos. No vimos nada. Dejando de lado los capitales árabes y chinos, que muchos no tienen, veamos los otros. La buena voluntad aquí no corre sino que lo único que cuentan son intereses. Por eso, antes de invertir en cualquier lugar los capitales, sean europeos o no, buscan asegurarse por lo menos tres elementos: 1) buenas tasas de ganancias, 2) un mercado que ofrezca la posibilidad de buenas ventas en el futuro y 3) estabilidad política que garantice las ganancias con el correr del tiempo, sin ninguna sombra de posibles expropiaciones ni interrupciones en el ciclo económico. Los capitales europeos «piensan» así antes de invertir.
    Nada de esto llegó. Sino que ruidosamente llegan los capitales de la dominación, los dólares de nuestros principales enemigos. Porque aquí ocurre que no nos hemos liberado, sino que aún padecemos la dependencia. Se nos presenta el crédito poniéndole una pantalla grande por delante: con él lograremos comenzar nuestro despegue económico. Mientras escuchamos el canto de la sirena los yanquis deben refregarse las manos pensando en que una vez más han hecho un negocio a su medida. Aquí hay que explicar.
    El crédito en cuestión contiene un elemento central que es la promoción de las exportaciones, lo que significa apoyar económicamente a aquellas empresas que estén en condiciones de aumentar su producción para vender a otros países. Pero observando la realidad económica de las fábricas que existen en el país resulta que las únicas con capacidad para responder eficazmente a este «incentivo» son las grandes empresas y entre ellas las dedicadas a la industria automotriz. Es decir: Ford, General Motors, Chrysler, Peugeot, Fiat, IKA-Renault.
    En definitiva, este dinero que nos ponen en la mano reúne las siguientes características: como todo préstamo, tiene un interés, lo que significa que nosotros tendremos que pagar tanto la cantidad prestada como los intereses; las empresas que más se beneficiarán serán precisamente las imperialistas. Una vez más los yanquis se prestan el dinero a ellos mismos y nosotros les pagamos el «esfuerzo». Claro, hay un aparente beneficio en el sentido de que esto producirá mayor ocupación, pero sin lugar a dudas de que en el intercambio salimos perdiendo.
    Junto a esto circula otra cuestión que ronda en forma sospechosa. Los yanquis están sufriendo las consecuencias de la crisis del petróleo, derivada de la guerra de Medio Oriente. Esa crisis, en última instancia ha deteriorado el mercado consumidor de automotores, porque una de sus consecuencias inmediatas es la escasez de combustible. A tal punto que en EE.UU. han tenido que prohibir que los camiones circulen a una velocidad mayor de 80 kilómetros por hora para gastar menos nafta. Aquí, vimos que es precisamente la industria automotriz la que se beneficia directamente con el crédito; y esto, aunque no está del todo claro, huele a que los yanquis nos han pasado el paquete.
    Pero volvamos al proyecto económico y lo que está fallando. El tema es que los capitales extranjeros deben ser el complemento de un proyecto de liberación pero no su piedra fundamental. Fracasado esto la otra pata que queda en pie para asentarse es la que más correctamente permite caminar hacia la liberación; es el ahorro interno. Esto supone aumentar la producción para poder exportar más, restringiendo paralelamente el consumo interno, con lo que se logra vender más de lo que se compra y que en el país vayan creciendo sus reservas económicas. En este momento el comercio exterior se está desarrollando con muchas naciones y en particular el general Perón ha tendido los lazos hacia los países socialistas. Pero con respecto a la restricción del consumo interno, sólo puede desarrollarse a partir de la justicia social; sin ella el pueblo no acepta ningún sacrificio.
    Dentro de todo esto hay un punto que es inalterable, una ley: sin el poder no hay liberación. Y el poder se construye sobre tres patas: lo económico, lo militar y un proyecto político que exprese los intereses de las masas, y que esté conducido por la representación orgánica de los trabajadores.

    EL DESCAMISADO

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