• ¿QUE PASA CON EL PACTO SOCIAL?
  • La semana que pasó los diputados peronistas estuvieron muy ocupados. Gran parte de ellos -particularmente los sindicalistas- intentaron armar una rosca para ir a apretarlo al General.
    La idea era simple y hasta «peronista»: pedirle la cabeza del Ministro Gelbard porque no quería autorizar aumentos de salarios.
    Pero no tuvieron suerte. Es que era difícil tragarse ese hueso. Por más hambre que se tuviera. Desde cuándo estos «luchadores» defienden desinteresadamente los intereses de los trabajadores. La verdad -como se apiolaron los diputados de la Juventud Perónista y por eso no les dieron bola- era muy diferente: los «diputados obreros» pretendían sacar a Gelbard para poner en su lugar a un equipo claramente proimperialista, que atacara la alianza de clases y defendiera a los monopolios.
    Y para eso tenían su candidato: Antonio Cafiero.
    Un personaje interesante. Que el año pasado mantuvo una entrevista secreta -aunque no tanto porque finalmente todo se sabe- con un digno representante del imperialismo yanqui: el señor Rockefeller que estuvo de visita por su colonia argentina.
    Y no se acaba allí la historia de Cafiero. Casi se convierte en candidato a presidente de la República. Resulta que en el Congreso del 15 de diciembre de 1972 -como todos sabemos- Coria y otros buenos muchachos insistieron muy ortodoxamente en que el candidato a presidente debía ser el General Perón. Claro que Perón ya había dicho que no aceptaba y que el candidato debía ser el Tío. Pero para estos ortodoxos de toda la vida eso no era impedimento. Insistieron hasta cansarse. Es que con esa excusa querían entrevistarlo a Perón para apretarlo. La idea era fácil: a Cámpora era muy probable que la dictadura lo proscribiera, en cambio a Cafierito no. Después de todo, Cafiero le había redactado a Lanusse el estatuto de inversiones extranjeras -que no defendía, precisamente, al interés nacional-que finalmente éste aprobó por ley.
    -con Lorenzo Miguel y Ricardo Otero a la cabeza- pretende instalar una política claramente proimperialista en el Ministerio de Economía. Y no parecía tan difícil. Después de todo, Cafierito es un peronista de toda la vida.
    ¿Qué tiene que ver todo esto con tk discurso pronunciado por el General Perón el jueves pasado en la CGT?
    Perón produjo cinco hechos políticos con su discurso; cuatro fueron explícitados verbalmente y el quinto quedó como consecuencia.
    El General sostuvo:
    1º) que no habrá aumentos de salarios;
    2°) que los dirigentes sindicales son leales y honestos;
    3º) que los que los acusamos de burócratas traidores somos tontos y aventureros;
    4º) que el Pacto Social y la política económica llevada adelante hasta el momento cuentan y seguirán contando con su aval explícito.
    El quinto, que no aparece verbalmente, es el que más opera políticamente sobre el momento actual: frenar la maniobra vandorista para colocar a Cafiero en Economía.
    Como vimos, el vandorismo se monta en el reclamo salarial -que es necesario, ya que desde el 25 de mayo no se ha mejorado la situación de ingresos de los trabajadores- para deshancar a Gelbard y poner a Cafiero.
    Al defender al Ministro de Economía y a su política, Perón para esta maniobra de la burocracia vandorista. Para defender la alianza de clases del frente de liberación. Pero esto es por chora, ya que -nadie lo dude- van a volver a la carga. Porque los intereses que ellos defienden no son precisamente los de la Patria ni los de los trabajadores, sino los del imperialismo, quien los usa para atacar el proceso de liberación.
    Separados de la que debería ser su base legítima de poder, los trabajadores, los burócratas se apuntalan aliándose con el imperialismo.
    No es una amistad nueva la existente entre el vandorismo y Cafiero. Hace ya tiempo que hacen buenos negocios juntos, negocios políticos y de los otros.
    Y la de ahora era una buena oportunidad para cazar la conducción económica. Montándose en el justo reclamo popular de un aumento de salarios, el vandorismo
    Y acá lo que está en juego es muy gordo: es el Frente Liberación Nacional. Porque el Pacto Social no es mas que la expresión superestructural de la alianza de clases entre los trabajadores y los pequeños y medianos empresarios nacionales. Estas clases son, precisamente, la base social del Frente de Liberación Nacional.
    Y el tiro está dirigido allí. Con la excusa del aumento de salarios, el vandorismo pretende romper la alianza y el Frente de Liberación. Una maniobra inteligente: adelantarse por la izquierda para avanzar por la derecha, o sea, hacerle el juego al imperialismo.
    Claro que no todo es lo mismo. Una cosa es la alianza de clases, base social del Frente de Liberación Nacional, expresada a través del Pacto Social. Y otra, bastante diferente, es como se está llevando adelante este Pacto Social. Y cuál es el contenido de este Pacto Social.
    Resulta que tanto la clase trabajadora como la pequeña burguesía no han sido beneficiadas por este Pacto Social. Cuando es que tal Pacto debía beneficiarlas directamente en detrimento del imperialismo y de sus sectores aliados: la alta burguesía industrial, financiera, agropecuaria y comercial.
    En el caso de los pequeños y medianos empresarios lo que enfrentan son las contradicciones propias de su sector. Porque aunque la Confederación General Económica (CGE) es la estructura que los agrupa y representa, José Gelbard no pertenece a su sector, ya que es un gran empresario.
    ¿Y qué ocurre entonces? Pues que al primer encontronazo con el imperialismo, o con sus aliados nativos, esta cúpula negocia con ellos sacrificando lo más débil: los pequeños y medianos empresarios, y por supuesto, más aún, a los trabajadores.
    Ejemplos al canto: durante toda la época de la dictadura el sector más directamente beneficiado por la política proimperialista de los militares fue el financiero. Cuando se enunció el Pacto Social y se conocieron algunas de ias medidas, se supo que iba a modificar totalmente la política crediticia.
    Y esta modificación pasaba por dos puntos: rebajar las tasas de interés y permitir el acceso al crédito de los pequeños y medianos empresarios, particularmente los del interior del país.
    Sin embargo no fue así. La implementación del Pacto no responde a su espíritu. Es que el sector financiero -donde se concentró el mayor poder imperialista durante la época de la dictadura- no quería lola. Y Gelbard aflojó. ¿Cómo? Negociando con Gómez Morales y Cafiero, que son representantes del sector financiero. La consecuencia fue clara: deja de golpear al capital financiero y ataca la intermediación.
    Y lo mismo ha ocurrido con todos los demás problemas. Porque los culpables del problema de las carnes -por ejemplo-, no son los carniceros, como es obvio. Sin embargo, en cambio de ir a expropiar las vacas a las estancias -como Gelbard mismo dijo que se iba a hacer- la conducción económica se dedica a cerrar carnicerías. Seguramente con motivos fundados, pero con eso sólo no vamos a ningún lado.
    Y con los trabajadores la cosa es peor. Porque no sólo el Pacto Social no resuelve el problema de la redistribución de ingresos, que hace 18 años que perjudica a los trabajadores -y todavía sigue sin favorecerlos- sino que éstos no están representados en ese pacto.
    No están representados porque los firmantes del Pacto Social no son otros que los dirigentes sindicales que los han traicionado y vendido durante toda su vida. Tanto a las patronales como a las dictaduras de turno. Y, por supuesto, al imperialismo.
    Entonces resulta que la única clase que podría concederle continuidad y consecuencia a un frente antimperialista -la trabajadora- no está orgánicamente representada , ya que sólo la representa el Gral. Perón en el Frente. Por lo tanto, el Pacto Social es lo que es y el Frente de Liberación Nacional propuesto por Perón corre serios riesgos de no llegar a consolidarse nunca.
    Y esto es así porque la clase trabajadora debería expresarse en ese Frente a través del Movimiento Perónista, columna vertebral del Frente. Pero, mientras no se reorganice democráticamente el Movimiento, la clase trabajadora va a seguir sin representantes.
    Porque cualquiera sabe que si la relación de fuerzas no nos favorece no es posible plantearse políticas liberadoras desde el gobierno. Pero entonces lo que debe hacerse es fortalecer las fuerzas propias. Es decir: conceder dirigentes representativos al Movimiento Perónista.
    Y los reclamos de los trabajadores son absolutamente justos. Porque desde el 25 de mayo en adelante no se ha mejorado la situación de ingresos. Con el relativo congelamiento de precios logrado, se evitó que los salarios siguieran deteriorándose al mismo ritmo que lo venían haciendo. Pero, de todos modos, la situación no mejoró. Se deteriora más despacio.
    Pero guarda, que con argumentos similares, la burocracia ataca al Pacto Social para en realidad destruir la alianza de clases y favorecer al imperialismo.

    EL DESCAMISADO

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