• La salud de Perón es la salud del Pueblo
  • Siempre fue gorila hablar de la enfermedad de Perón, pero, compañeros: ¡Qué susto! Nos corrió el frío por la espalda. Para peor, esos comunicados que no dicen nada, que a fuerza de no creerles durante todos estos años, terminamos por tomarlos como mentiras. Los comunicados oficiales para los peronistas son tiradas fallutas.
    Hasta que no lo vimos, guiñando el ojo diciendo sonriente «eh, algunos creen que estoy p’al gato», no se nos fue el julepe. Todavía estaba allí firme, el jefe. De pronto una indisposición del general, nos enfrentó con una realidad gravísima. Aunque no fuera cierto, las versiones nos pusieron al borde de la desaparición de Perón y todos nos preguntamos qué pasaba después. Todos nos dimos cuenta que estábamos al borde de una catástrofe, si es que eso que se decía era cierto.
    Porque como pelotas saltaron las versiones: desde los que decían que Perón no tenía nada que era el pueblo en su mayoría- hasta los que lo daban ya por muerto. De alguna manera eran expresiones de deseo. Pero hubo otros que decían lo que deseaban, que Perón se quedaba después del patatús, a medía máquina. Que el reemplazo era necesario. También estaban los que sabiendo que algo le pasaba, decían que no tenía nada y que tenía que seguir trabajando. Que es lo mismo que forzar la máquina para que se funda.
    Pero por encima de todo, del susto, de las versiones y los deseos medianamente ocultados, una cosa quedó crudamente expresada: el poder de Perón, la importancia de su vida y la locura de su muerte. El país siguió caminando por inercia, porque todos ya estábamos parados. Sentimos la soledad encima. Solos de
    Perón. Todo quedó desinflado y sin fuerza. No hubo ni gobierno, ni unidad nacional, ni movimiento.
    Veamos sí no. El gobierno hizo una reunión de gabinete formal informativa, donde nada se resolvió, el tema principal fue el análisis del verdadero estado de salud del Presidente. No había ánimo para resolver nada.
    La unidad nacional, quedó confirmado, sin Perón se va a la mierda. Porque Perón es hoy el único factor de unidad, los diferentes sectores son incapaces de ponerse de acuerdo entre sí, justamente porque nadie expresa al pueblo como el General.
    Martiarena, tuvo una salida infeliz. Se preocupó en seguida de marcar quiénes eran los peronistas y quiénes no. Así decretó que se consideran integrantes del Movimiento a todos los que se afiliaron antes del once de marzo. Así, de un plumazo decretaba también que hay seis millones y medio de infiltrados que vienen a ser los que votaron a Perón el 11 de marzo y el veintitrés de setiembre. Es genial este Martiarena que cree que el destino del Movimiento lo deben marcar las minorías burocráticas y los punteros de comité. Este formidable movimiento de masas que creó Perón es solo gobernable de dos maneras: con la conducción de su líder o con la organización del pueblo. Martiarena, a quien el peronismo le queda grande, no pasa de ser un neoperonista recalentado que ni siente ni entiende al peronismo. En el marco de una inestabilidad de la salud de Perón, él quiere sellar a unos pocos herederos. En lugar de unir, fractura. No sabe que el pueblo es el heredero y que la salud de Perón es la salud del pueblo. Que aquí, tal como estamos al Movimiento ni al país lo banca nadie.
    Después estuvieron también los logreros, como Gelbard, que se mandó en seguida una conferencia de prensa disfrazado no sólo de mediano empresario, que hace rato no lo es, sino también de peronista que nunca lo fue. Haciendo un largo autoeiogio se presentó como el frenador de la inflación, del costo de la vida y como campeón de la destrucción de las causas de la inflación. Todo mentira: porque los precios han sido compulsivamente frenados, pero el mercado negro es el que regula esos precios. Si no que se lo digan a usted, compañera, que para conseguir carne se debe olvidar de la lista. Por otro lado, no son los precios congelados los que frenan la inflación, sino el aumento de la producción. Antes, Krieger Vasena hacía a la inversa que Gelbard: congelaba los salarios. Ahora Gelbard congela precios y salarios sin aumentar la producción, pero se hace el burro frente al mercado negro donde los precios siguen aumentando. Porque el asunto sigue siendo la dependencia, la dependencia que tenemos de la inflación de los yanquis que la pagamos nosotros. Ahí Gelbard, no quiere tocar nada y para eso saca del bolsillo el famoso pacto social que con la política que él ha ido desarrollando ha sido desvirtuado de la idea primera del General Perón cuando lo impulsó.
    Bueno, en este asunto estuvieron todos. Cada cual tiró la línea en el charquíto propio. Porque los aspirantes a herederos son varios y ante un estornudo de Perón todos se aprontaron. Sólo el pueblo estuvo triste.
    Perón, lo ha manifestado muchas veces, quiere
    que su proyecto no termine con él, que se lleve a cabo esté o no esté él. Si no porqué habla del año dos mil, del continentalismo, del universalismo. Él mismo con sus ideas se supera a sí mismo como individuo. En el discurso a los gobernadores, para tomar uno cercano, hay párrafo para no olvidar.
    «Hay que recordar, señores, que mientras los movimientos gregarios mueren con su inventor, los movimientos institucionales siguen viviendo aún cuando desaparezcan todos los que lo han erigido. Porque el hombre no vence al tiempo; la organización es lo único que puede vencer.
    «Yo ya estoy viejo y el hecho de que se acerque mi final nos debe hacer pensar el que es necesario que este movimiento se institucionalice para que pueda continuar en el tiempo y en el espacio aún prescindiendo de mí. Y desde este momento debe comenzar a prescindir de mí para que sea manejado por los peronistas que los propios peronistas designen».
    Esto cae de maduro nada tiene que ver con los planes pequeños y excluyentes de todos los que especulan con una herencia que sólo le pertenece al pueblo. No entienden que lo que quiere asegurar Perón es algo más que la conducción real y representativa del Movimiento: quiere asegurar la Unidad Nacional liderada por ese movimiento; un gobierno nacional representativo y capaz de conducir el proceso de la liberación para que el año dos mil nos encuentre unidos y liberados. Así, Perón no se muere nunca.
    DARDO CABO

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