• Prohibido leer «El Descamisado»
  • Los decretazos del Consejo Provisorio de Martiare-na, no sabíamos si tomarlo en ¡oda o en serio. Evidentemente -aunque parezca un saínete eso de los leguleyos negando el peronismo de los leales- la cosa es en serio pues se trata de una vieja lucha que arranca cuando el Movimiento nació como tal.
    En 1945 también estaban los que veían a ese coronel como un reformista audaz que venía para otorgar algunas prevendas a los sectores sociales más explotados y calmar la tormenta que había en la Argentina por aquel entonces. La cosa era cambiar un poco, pero no mucho. Del otro lado, con Evita estaban los trabajadores quá sabían que Perón era su bandera revolucionaria, su conductor hacia la liberación. Estos dos componentes son los que nutren la lucha interna del Movimiento.
    Lo que ocurre ahora es la agudización de esa lucha. La cosa estalla, porque lo que se juega ahora es el contenido que tendrá este proceso. Otra vez los reaccionarios pretenden que Perón sea el reformista que ellos esperan y que el peronismo, en vez de liberar venga sólo a establecer las condiciones de la dependencia.
    Así, estos que hoy pretenden expulsar del Movimiento a los que han luchado efectivamente para que el peronismo y Perón recuperaran el gobierno, tienen sus orígenes y antecedentes -cuando no han sido ellos mismos- en los conocidos negociadores y traidores del Movimiento conocidos tristemente en especial durante estos 18 años de lucha. Son los que caído Perón corrieron a hablar con los libertadores, los que negociaron la resistencia peronista y trabaron trato de inmediato con Onganía cuando les puso cara seria y los llamó a darles instrucciones. Son los que impidieron la huelga en 1955 y entregaron la CGT a Aramburu; los que se escondieron debajo de la cama desde entonces y sólo salieron para sabotear los planes de Perón y confundir al Movimiento.
    Porque, ¿quién los conoce? son resucitados a los que ni siquiera se les puede inventar una historia porque no la tfenen en la lucha del peronismo. Lo que ocurre es que son los nuevos instrumentos del enemigo.
    Hasta el once de marzo, el enemigo -la oligarquía, el imperialismo- enfrentó al peronismo desde afuera y los traidores eran utilizados de vez en cuando. Pero ahora, la cosa ha cambiado. Han entendido que penetrando al peronismo quiebran la posibilidad de Liberación en la Argentina, pues el peronismo es el único instrumento conque el pueblo cuenta para liberarse. Así el enemigo ha pasado a luchar desde adentro del Movimiento Perónista y los traidores infiltrados se han convertido en el principal frente de ataque de la oligarquía y el imperialismo. Si no veamos los editoriales de «La Nación», que esta contentísima con don Martiare-na, con Camus y doña Silvana Rota, Los aplauden desde la oligarquía, muy bien no deben andar.
    El método de estos traidores infiltrados es el de-cretazo y los tiros. Los decretos Martiarena, los tiros, los matones que se creen cruzados salvadores aceitando sus fierros y buscando granadas para continuar con sus atentados.
    Pretender conducir con decreto y tiros es un tanto imbécil. Han leido poco a Perón estos depuradores. De conducción no saben nada porque han atacado a tantos juntos que si sigue así se van a quedar solos y son tan brutos que son capaces de expulsar hasta Perón, porque el General también mandó un telegrama al acto del 17 en Córdoba.
    Su ataque es desesperado. La exasperación los lleva a cometer errores tan gruesos como cuestionar el peronismo de el delegado personal de Perón y con quien el General produce su regreso a la Argentina; un presidente que renunció pora posibilitar el ingreso del General a la casa de Gobierno y para quién el pueblo peronista tiene el cariño que se les otorga a los leales a Perón. Echar al tío del peronismo es un intento ridículo. A la vez atacan a un gobernador apoyado por toda la provincia cordobesa. Prohiben la lectura de revistas, que como la nuestra no vale por los que aquí militamos, sino porque los peronistas nos siguen. No imprimimos más porque no nos dan más papel. Señor Martiarena se equivocó: a quién hay que expulsar no es a nosotros sino a los miles de lectores que nos prefieren a «Las Bases» órgano oficial de su Consejo Provisorio.
    Estos del Consejo son como los dueños de la pelota. Cierran el partido, clausuran locales, apañan ametra-¡lamientos y desmanes; clausuran la rama femenina, niegan el peronismo a quien lo tiene reconocido por su lucha; pretenden decirles a los peronistas que no tienen qué leer. Todo porque si van a juego limpio ellos pierden. En lo sindical pretenden perpetuarse con la ley de Asociaciones profesionales; con la excusa de fortalecer los sindicatos -que está muy bien- quieren perpetuarse en los sillones.
    Porque si hay juego limpio, ellos pierden. Por eso se hacen los enojados y se van con la pelota.
    Tienen miedo. Miedo de que la gente los pase por encima. Que se les termine el queso de la dependencia. Pelean por el interés de un círculo y le hacen corte de manga a las verdades peronistas.
    Nosotros estamos con la unidad del Movimiento. Pero que esta sea producto de la decisión de las bases. Porque aquí no hay unidad si no participamos todos los peronistas en construirla. Que se terminen los burócratas, eso queremos. Por eso nuestro proyecto de organización se choca con el de ellos: queremos más locales, más afiliaciones; más agrupaciones de activistas que dinamicen al peronismo. Queremos dirigentes
    representativos porque así lo necesita Perón. Queremos a Perón conductor de la Liberación y no que traten de usar a Perón como pantalla para sus propíos intereses.
    Se acabó la época de los logreros, ellos lo saben por eso se desesperan: decretan, prohiben; expulsan y alientan matones para tirotear y matar. Pero ya no hay mucho que hacer para ellos. Saben que pierden igual. A los decretos se le opone la organización y movilización peronista. A los tiros también se le opondrán los tiros si ellos insisten en provocarlos. Pero no crean que quienes han impulsado esto han de quedar olvidados entre tanta solicitada, comunicados y balazos. Recorran la historia de la lucha interna del Movimiento y verán que las autodefensas siempre han actuado contra los que generaron los enfrentamientos.
    Que historia esta, la nuestra compañeros. Ahora resulta que un grupo de logreros pretende montarse sobre la lucha de años de todo un pueblo. No sólo eso sino que quieren expulsar a quienes han posibilitado con su militando que ellos estén usufructuando en su provecho el triunfo peronista. Pretenden lo imposible porque los locales no se cierran; el tío Cámpora sigue en el corazón de los peronistas y los peronistas seguirán leyendo a esta revista.
    En cada local abierto, en cada muestra de afecto y solidaridad para con los atacados, en cada peronista leyendo «El Descamisado» ellos tienen el resultado de sus decretazos. Sus órdenes no se cumplen, las tomamos a risa y hacemos a la inversa. Si algo les queda de vergüenza Señor Martiarena, usted que fue el primer neoperonista, y que en 1965 impugnó la personería del Partido Justicialista alegando que «dependía» de Perón que estaba en el exterior, tiene que renunciar.
    DARDO CABO

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