• Los yanquis no se van de Vietnam, se vienen para acá
  • Bueno, ya está listo. El cerco se ha cerrado para nosotros. Desde la caída del pueblo chileno, desde la muerte del compañero Allende, empieza nuestro turno. Ya todas las fronteras de nuestro pais están en manos de enemigos: Chile, Paraguay, Bolivia, Uruguay con centro en la comisaría brasileña son puntos de penetración imperialista hacia la Argentina. Ha sido una excelente maniobra de cerco. Aunque no es nueva. Los yanquis no se retiraron de Vietnam, lo que ocurre es que se vinieron para acá.
    Es sugestivo, cada vez que un conflicto internacional armado, preocupa a los imperialismos, se debilita su control sobre las colonias y esto posibilita el resurgir de los movimientos de liberación nacional. Así, la primera guerra mundial y la distención que crea en la Argentina, coloca a Yrigoyen en la presidencia. La segunda, facilita el ascenso de Perón al gobierno.
    Pero también el contraataque contra Perón empieza inmediatamente de concluida la guerra de Corea. Ahora, a fines de la guerra de Vietnam, viene el ajuste de cuentas en Latinoamérica. Así caen los gobiernos populares de Bolivia, viene el zarpazo en Uruguay y el sangriento golpe de Chile. Es que los yanquis volvieron para este lado.
    Pero los yanquis no tienen gran imaginación, usan el poder y de pronto parecen medio brutos. A Chile le han hecho lo mismo que nos hicieron a nosotros en 1955 y lo mismo que nos preparan ahora.
    Ellos, los chilenos, tuvieron -como nosotros en 1955-también una clase media con su partido político dispuesta a servir de base de sustentación social al golpe militar. Es el papel que han cumplido los demócratas cristianos en Chile. Esa clase media con muy bajo nivel de comprensión de la liberación nacional y alto grado de apego a la comodidad y seguridad, entró por el aro. Cuando el imperialismo entró a hacer faltar alimentos, crear inseguridad y desabastecimiento general, los burgueses se irritaron. Nada de sacarle la silla porque su irritación les viene
    por una incomodidad dorsal. No es nada muy serio que maten a dieciséis jóvenes en Trelew, pero, ojo, que no les falte durante el invierno para las estufas del living porque son capaces de ir a golpear las puertas de los cuarteles. Nuestra clase media puede seguir el mismo camino que la chilena. Aquello fue bien utilizada, la nuestra, está siendo preparada. Incluso ya se perfilan varios líderes al estilo de Frei. Manrique, que se ofrece como garantía de seguridad y orden por la derecha; el flaco De la Rúa con sus impecables trajes desde la derecha radical a la vez que Alfonsín por izquierda dan para todo. Unidos a un grupo de milicos pueden llegar a ser la base estratégica del golpe en la Argentina.
    Porque ya tenemos -seguro- en nuestro país preparándose la traición de algún general. Es que muchos militares están dispuestos a tolerar e incluso coquetar con un tibio populismo, pero no aguantan al pueblo. En cuanto lo tienen cerca les agarra el miedo y disparan asustados. Su camino va derechito a la conspiración imperialista.
    También están los otros, los milicos del zonzaje víctimas de todos los golpes con el asunto de la obediencia y el escalafón. Están contra el golpe, pero a la hora de decidirse aplican un falso criterio de academia sobre la j verticalidad, la obediencia y -sobre todo- preservación de’ la institución. Es la mistificación, aceptada o no de la subordinación y valor. Falta que entiendan que para estos casos de golpe, la consigna debe ser «insubordinación y gran valor para estar con la Patria y con el pueblo» para defender el gobierno popular.
    También jugaron en Chile los apresurados, que durante todo el gobierno de Allende crearon varias veces inútiles contradicciones en el campo del pueblo desde la ultra izquierda. Con todo, el MIR es con seguridad quien está en mejores condiciones de iniciar y organizar la resistencia chilena.
    También jugaron su papel los que la van de centristas, los que (como acá) dicen que hay que estar «en el centro del dispositivo». Son retardatarios vergonzantes, reformistas -que como los radicales chilenos- juegan al centro con tiralíneas y compás en sesudas cartas de situaciones donde el pueblo no existe.
    Y la derecha. Los grupos «Patria y Libertad» y toda la milonga engolada de los conocidos comandos civiles, las formaciones especiales de la oligarquía; o de los «momios» como les dicen los chilenos.
    Estuvieron todos contra Allende. Todos, hasta los que por ser dueños de un camión ya creían que eran parte de la oligarquía y fueron nada más que forro de una sangrienta violación de la voluntad popular. O algunos mineros del cobre que pensaban,con la cabeza del patrón.
    Todo esto volteó a Allende: un plan gestado en el Pentágono que combina, malestar de los cómodos, miedo de generales sin pueblo, dirigentes políticos oportunistas, asalariados de cuello duro, más la histeria de las matronas que no encontraban alimentos en los negocios.
    Pero también los apresurados del campo propio. Esos que pretenden afectar duramente los intereses imperialistas, antes de tener el pueblo organizado para aguantar después la respuesta de los yanquis. Y los retardatarios centristas que la van de inteligentes y juegan a la reforma con altisonante verborragia revolucionaria.
    Los chilenos han comenzado ahora su Resistencia, igual que nosotros en el 55. Su experiencia nos sirve, como la de los pueblos boliviano y uruguayo. Nos sirve, porque ahora nos toca a nosotros. Ya estamos cercados, y luego del cerco viene el aniquilamiento.
    No basta que los militares argentinos aseguren que mientras esté tal o cual comandante en jefe no habrá golpe de estado. Lo que importa es que se prendan con nosotros en la defensa de la liberación nacional que conduce el comandante en jefe del pueblo, el General Perón. Que su subordinación y valor estén puestos al servicio de la Patria y del pueblo, independientemente de las órdenes que un jefe traidor pueda dar. La obediencia es a la Nación y a su liberación; no a un escalafón.
    Para esos partidos políticos que expresan el ochenta por ciento, la disyuntiva es la misma: o sirven al imperio como chirle representación social nativa o lo enfrentan expresando a la nación en su conjunto.
    Para esos empresarios permanentemente seducidos por la banca internacional, les falta comprender que la única fuente de capital es el trabajo. Y que los trabajadores deben estar conduciendo esta gran empresa de unidad
    nacional. Para el empresario nacional una mala elección por el imperialismo puede llevarlos a ser devorados por los monopolios y colgados por el pueblo.
    Para los peronistas, para nuestro Movimiento que es eje del frente de unidad nacional, la definición de la lucha interna es parte de la Liberación. Arrojar a los reformistas y traidores de la conducción y del aparato burocrático del peronismo. Ocupar esos diversos niveles de conducción con compañeros que expresen la esencia revolucionaria del proyecto estratégico del General Perón es también nuestra disyuntiva.
    Todo esto como paso imprescindible para concretar la organización popular que nos mantenga alertas, como quería Evita, y nos permita derrotar todo intento gorila.
    Que no caigamos nosotros por lo que no hagamos: que nos echen o que nos quedemos por lo que realicemos.
    A Allende lo cercaron por todos lados, desde adentro y desde afuera. También, como en 1955 estaba la Flota inglesa proveyendo de espoletas a la marina «argentina» para bombardear al pueblo desarmado. El tenía a la Flota del UNITAS. Todo igual.
    Allende tuvo una muerte heroica. Sus condiciones, sus perspectivas hacen que esa muerte sobrepase el gesto personal y adquiera un valor político sólo medible con el tiempo. El se ofreció como bandera. Más allá de quién disparó el balazo, la muerte lo encontró en el lugar en que lo habían puesto sus compañeros.
    A nuestro juicio, cayó más que por lo que hizo, que por lo que no se animó a hacer. Allende respetó demasiado a un sistema constitucional creado por el enemigo. No advirtió que en este respeto a la Ley pregonado por los liberales, está la trampa anturevolucionaria. Menos escrúpulos tuvieron los generales traidores. Pinochet se pasó por las charreteras la constitución que Allende estuvo respetando tanto. La oligarquía hace las leyes para regular la explotación, no para cumplirlas. La experiencia que queda de aquí es que una revolución no puede hacerse, ni evolucionar, en un marco legal establecido por quienes son enemigos de esa revolución. El pueblo no hace la revolución, gobernando sólo desde la representación que la constitución le ha establecido, sino incorporando su participación organizada y activa como elemento de defensa, control y apoyo del gobierno popular.

    Dardo Cabo

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