• Compañeros
  • La semana pasada nos quedamos mudos. Esta revista que ha ganado a los peronistas porque no se calló la boca desde que estuvo en la calle, perdió puntos frente a sus compañeros.
    Las ventas bajaron notablemente, los reproches nos llegaron por todos lados. Aún no sabemos sí hicimos bien o mal en callarnos. Pero la sorpresa nos enmudeció. Preferimos pensar, reflexionar junto al movimiento, participar también de su estupor. Y hoy íbamos a preguntar, a fijar nuestra posición frente a una candidatura que no entendimos ni entendemos. La tapa iba a ir como está. Esta carta tendría una serie de reflexiones que fijarían nuestro desacuerdo, pero también la confianza en el jefe y el acatamiento a cualquier resolución suya.
    La noticia de la confirmación de la fórmula Perón-Isabel nos agarró cuando nos sentamos a escribir.
    Estuvimos callados, fumando sin movernos mirando la pared un largo rato. Recorriendo todo este proceso, tomando etapa por etapa, tratando de entender a nuestro conductor en esta decisión de hoy. Como venía la cosa, desde que los milicos apretados por Perón debieron dar elecciones, el camino señalaba la unidad nacional junto al eje del Movimiento Perónista
    para la etapa de la recuperación del gobierno. Por eso La Hora del Pueblo, el Frente Justicialista, por eso comprendimos cuando dijo “con Balbín voy a cualquier lado”.
    Era Perón conduciendo la nación, borrando todo vestigio de oposición. Era Perón, nuestro general convocando a todos para la reconstrucción y la lucha contra los yanquis, que están enloquecidos desde el 11 de marzo cuando ganamos las elecciones. Allí estaba Balbín peleando con los “apresurados” de ellos y esperando que Perón lo llamara;
    también lo entendimos a él, tenía ganas “el Chino” de participar con nosotros en la cosa grande. Quedó esperando.
    Nos sonreímos cuando vimos el Congreso que eligió la fórmula, porque sabemos el valor que en nuestro movimiento tienen esos trámites burocráticos; porque sabemos que el Partido nunca dominó al movimiento. Eso era formal, era una maniobra de distracción. Más si teníamos en cuenta quién propuso a Isabel para la candidatura. Eran los logreros, los aspirantes a la herencia, los mismos que a falta de gente, solucionan todo con carteles, solicitadas y matones. Ese congreso no era el marco digno para proclamar la candidatura del general. Al general lo proclama su pueblo, en la calle y saludándolo; pero hasta ahora no ha sido posible. Por eso no creímos que esa fórmula anduviera; recordamos el renunciamiento de Evita y el fundamento que dio: “Renuncio a los honores, no al puesto de lucha”.
    Isabel, ha sido la compañera del general, le debemos el afecto por todos estos años que con cariño ha llenado la vida de nuestro Jefe. No es por ella, que no entendemos, es por una respuesta que todos estábamos previendo del general para este asunto de la candidatura.
    Nos habíamos dispuesto a revertir todo este impulso de lucha violenta contra las dictaduras de estos 18 años, en fuerza creadora para la reconstrucción nacional.
    La juventud peronista ha convocado en estos días a todos los sectores.
    Preparando el campo para cinchar juntos. Allanando el camino y aportando lo suyo para un gobierno de unidad nacional. Porque esta unidad nacional era la respuesta a la furia yanqui instrumentada con los brasileños para deshacer cualquier posibilidad de liberación. No nos iban a agarrar desunidos.
    Por eso, compañeros, nos quedamos mudos la semana pasada. Porque pensamos que la cosa iba a regresar a su cauce natural.
    Pero ahora, ahora ya no entendemos. Perón va a ganar nuevamente las elecciones sí las hay, de esto no hay duda. Porque nosotros vamos a obedecer aunque no estemos persuadidos de que esto sea lo mejor. Porque tenemos confianza en Perón, porque él nunca nos falló, porque ya otras veces tampoco entendendimos
    y después -como cuando ordenó votar a Frondizi- él tenía razón.
    Pero permítanos General, luego de dieciocho años de soldados, expresar nuestra confusión ante esta orden. Nosotros no participamos del congreso del partido que eligió esta fórmula, ni embadurnamos la ciudad con prolijos y millonarios carteles proponiendo las candidaturas.
    No tapamos el nombre de Evita con el de Isabel, ni nos esmeramos en ubicar los murales de aplauso por Isabel justamente en la ruta en que usted suele hacer sus paseos.
    Nosotros no estamos de acuerdo, pero callamos disciplinados, y confiados, y vamos a cumplir.
    Pero estamos disconformes, más allá de la compañera Isabel quien nos merece respeto y de quien sabemos que no pretende reemplazar a nadie, que ha manifestado su humildad y de quien sabemos es su soldado.
    Es un proyecto, una línea la que no entendemos y un proyecto de unidad nacional que vemos peligrar. Nosotros, que parecemos a veces apresurados, sectarios, ultraduros, comprendimos inmediatamente la necesidad de la alianza de todos en una gran frente con usted a la cabeza, para responder al ataque del imperialismo. Nos preparamos, tragamos un montón de pasado que nos lastimó a todos y nos unimos a todos los argentinos para un destino común. Eso debía concretarse formalmente en una fórmula, debía tener su expresión en el presidente y el vice. A todo esto que estaba ya listo, le contestamos con una fórmula partidista totalmente. ¿Se enojará el Chino Balbín, se retirarán los otros, serán en su descontento útiles a los yanquis para dividirnos? Son peligros que se corren con esta campaña. Nosotros no vemos el beneficio.
    General, de todos modos es la queja pequeña de nosotros pequeños ante usted.
    No son los gritos de los provocadores que vienen a romper jugando a beneficio del enemigo.
    Para nosotros, hoy más que nunca cumpliremos la premisa que nos dejó Evita, vamos a estar como nunca junto a nuestro general, no lo vamos a abandonar ni aunque vengan degollando y vamos a hacer lo que él mande. Tenga usted plena seguridad.

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