El director de EL DESCAMISADO estuvo en Cubo durante el mes pasado y asistió el dos de enero a los festejos del quince aniversario de la toma del poder por los revolucionarios. Con esta carta comparte el viaje con los compañeros.

  • COMPANEROS
  • Y llegamos a un país socialista. Un país donde se practica el socialismo nacional, ese que nosotros cantamos en nuestras consignas, el que tanta polvareda ha levantado en el Movimiento Perónista desde que Perón habló de él. El mismo que combaten «los nacionales» que defienden la propiedad privada cubriéndose en una supuesta campaña antimarxista.
    Lo que hoy es Cuba, era hace quince años —por obra de los yanquis— un país de lujo y de miseria. La patria de Martí hecha bolsa por el dólar. Las drogas, la trata de blancas, el juego era lo que daba vida a las grandes ciudades. En el campo la caña y el tabaco reventaban a la gente de trabajo. En los bancos se acumulaban siempre en tránsito millonarias cuentas en monedas de todos los países. Si se hacía algo, si se construía era para que los yanquis chuparan mejor o tuvieran mejores carreteras para sus veloces automóviles; se cuidaba el paisaje para ellos, se levantaban espléndidos hoteles para ellos. Se gobernaba para ellos y quien gobernaba robaba para él. Decían que era la perla del Caribe. Cuba era la rumbera y el ron. Por eso un día de borrachera los marineros de franco se divirtieron orinando la estatua de Martí.
    Debajo un pueblo sufría y crecía, se preparaba. Juntaba bronca y se iba en un puñado de hombres rumbo a la sierra. Un día volvieron barbudos y construyeron la justicia. Parece un cuento.
    Hace quince años. Ya no están los barbudos. Hoy son ministros, directores de áreas, se los puede encontrar por ejemplo, como directores de un plan de ganadería, construyendo escuelas o dirigiendo inmensas presas de riego y energía. Detrás de un casco de trabajo uno puede encontrarse con un combatiente que hace quince años bajó de la sierra con un sombrero aludo de guajiro. Para ellos el cuento se hizo realidad.
    «Veníamos con un gastado fusil en la mano y un sueño acá —y se señala el corazón— pero no sabíamos que podríamos construir esto». Y hace un gesto grande, abarcando a toda Cuba.
    Esa Cuba compañeros en donde vimos la revolución hecha realidad. Donde pudimos comprobar cómo construye el fusil. Es impresionante para un militante, es lindo, pero se nota palpable cuánto nos faltaba a nosotros para llegar a esa patria nuestra que también soñamos. Una cosa es hablar de socialismo nacional, otra cosa es verlo en construcción, en concreto.
    Y en Cuba uno se rodea de socialismo, está en todas partes. De pronto uno se encuentra con que el teléfono público es gratis. Que en el microómnibus —la guagua le dicen allá— no hay guarda porque cada cual echa la pequeña moneda que cuesta el viaje en una latita y nadie se controla. Claro, si no se echa la moneda, o si se la trata de reemplazar por otra cosa cualquiera, se corre un riesgo grave para los cubanos. Un buen día se aparece el propio Fidel por la televisión reprochando esa falta de conciencia que ha hecho que un cubano estafe a todos los demás no pagando el viaje como corresponde. Pero no se ponen guardas, ni se aplican multas, simplemente se recuerda que Cuba es de todos los cubanos y que todos deben cuidarla. Y eso basta, porque ese pueblo ha luchado por ser lo que hoy es y la conciencia del pueblo, su participación total en los destinos de su país es el secreto para explicar el milagro de una Cuba justa, libre y soberana.
    No hay ricos. Exactamente, no hay ricos, ni privilegiados ni gente que tiene mucho más que los otros. En Cuba no hay propietarios. El dinero está pasando a ser un objeto inútil, porque lo que hay se reparte entre todos. En Cuba, el interés no es la medida de las acciones. La gente se mueve por otras razones, se pelea, se trabaja, se estudia por otra cosa que va más allá de llenar el bolsillo. Se busca la abundancia, se busca tener más escuelas, más hospitales, mejores viviendas, más televisores, más radios y heladeras. Igual que nosotros, igual que EE.UU. o Francia, con una diferencia: que nadie logra esto con el trabajo de los demás, sino con el esfuerzo común. Nadie es instrumento de la ambición de nadie sino artífice del destino común. Porque ellos, como Soñaba Evita, han arrojado de la faz de su tierra a la raza explotadora de los oligarcas. No hay explotados ni explotadores. Y no imaginan compañeros lo que eso significa. Y cómo se choca permanentemente con ese cambio. No hay publicidad, ni carteles luminosos ni campañas de ventas porque no se necesita que una fábrica venda más que la otra. Todas tienen un mismo dueño que es el pueblo de Cuba. Y lo mejor se supera cada día, con otra meta que no es vender más, sino producir mejor y más porque así habrá más y mejor para todos, la calidad la cuidan los que trabajan, que son los que consumen.
    El cañero sabe a cada golpe de machete, a cada arroba que va consiguiendo que así tendrá una escuela mejor para sus hijos habrá mejores posibilidades de estudios y tendrá mejores médicos, mejores técnicos, que incluso posibilitarán que él pueda desprenderse un día del yugo del machete cuando llegue la mecanización para la caña. Lo sabe a muerte, por eso trabaja más, corta más rápido y a ras, que todo sirva para Cuba. La corta por su sueldo y la corta gratis, a voluntad porque también cobrará algún día por ello. Lo hace junto al estudiante que deja la universidad y se viene para el surco a hacer voluntariamente su zafra; lo hace con sus hijos, sus vecinos y sus compañeros. Trabajan para ellos y no necesitan más estímulo. Los bienes que produce su trabajo no van para la casa veraniega del patrón, ni para los lujos de ninguna señora, ni para la fastuosidad de ningún empresario. Le vuelve a él, le vuelve en su vivienda que se mejora, le vuelve a sus hijos que comen más y se enferman menos, le vuelve en seguridad porque jamás se habrá de quedar sin trabajo, ni médicos, ni comidas y cuando sea viejo tendrá su jubilación en cuanto deje de trabajar, sin trámites ni papeleos. Simplemente porque él es dueño de Cuba, es un trabajador y tiene derechos. Y él elige su responsabde en el trabajo que hace. Y él discute los métodos y normas de producción. Nadie se las impone. El —que conoce su trabajo mejor que nadie—, opina y discute cómo debe lograrse y quién debe tomar tal cargo o tal otro en el centro de trabajo. No hay dirigentes burócratas ni patrones prepotentes porque allí, los dueños son los que trabajan.
    Vivir en medio de esta cosa distinta, saltar desde nuestro sistema donde la lucha por el dinero mata, enferma y hambrea es como una fantasía. Es como meterse en una novela y transitar
    en medio de la justicia. Es como un sueño a cinco mil kilómetros de la Argentina, a noventa millas de Miami donde los millonarios del dólar asolean su neurótica alegría de imperialistas en decadencia.
    Los de Miami ya no piensan demasiado en la invasión, casi toman el socialismo cubano como una fatalidad. Han fracasado demasiado como para insistir en el sabotaje, la invasión, los vuelos rasantes ametrallando centros de alfabetización o quemando cañaverales. Todo fue inútil, porque cada intentona fortalecía a los cubanos, los solidificaba como pueblo, como sociedad en lucha. Quizá ese hostigamiento permanente desde EE.UU., el bloqueo económico, el aislamiento fueron definitivos para el afirmarse de la revolución en Cuba. En medio de todo eso la gente fue adquiriendo una conciencia que le permitió levantar un país potente donde ayer flotaba una isla sin destino.
    Fuimos a Cuba cuando se cumplían quince años de la Revolución. Recorrimos el país de arriba a abajo, conversamos también mucho con quienes tienen responsabilidades de conducción y quienes trabajan desde el puesto más humilde en esta formidable empresa de creación. No hubo impedimentos de ningún tipo, hicimos y fuimos donde quisimos. Por otro lado somos zorros viejos en este asunto de la propaganda y se necesitaría algo más que una visita dirigida para engañar a un militante. Ni se intentó ni nos quedamos en el muestreo. Más que las estadísticas nos interesó hablar con la gente común. Pararla en la calle, meternos en su casa, participar en reuniones de barrios y allí encon-trqrmos los resultados más impresionantes de estos quince años. La revolución ha hecho de cada habitante de Cuba, un soldado que sabe manejar el fusil, que busca el mérito con la máquina de trabajo y que tiene absoluta conciencia de que defiende, trabaja y lucha por su propio bienestar. Esto, este sentimiento impulsa todo lo demás, así se explican los números estadísticos, las grandes cosechas, la industrialización en marcha y el ejército más poderoso de latinoamérica.
    Cuba tiene poco más de 114 kilómetros cuadrados (comparable a Jamaica). En 1959 unos seiscientos mil cubanos empezaron a abandonar la isla. Eran los que cubrían servicios del imperialismo yanqui. Los dueños de cabarets, los comerciantes de la producción agropecuaria, los grandes terratenientes, algunos dueños de industrias y parte de la vanguardia de la clase media oligarquizada que siguió a sus amos hasta Miami. En quince años la población creció en tres millones, hoy totalizan casi nueve millones. La gente está más segura y tiene más hijos. De 7 mil escuelas pasó a 60 mil; con planes de educación que incluyen a todos los habitantes de Cuba lanzados a una masiva campaña de capacitación; ya no hay analfabetos. De 800 mil estudiantes regulares hoy se pasan los tres millones y medio. En la salud, todo habitante de Cuba, ocurra lo que le ocurra tiene asistencia médica, hospitalización y medicamentos asegurados. Se arradicó la poliomielitis, la tuberculosis y otras pestes están en extinción. En energía han pasado de los 1.700 millones de kilowats a los seis mil millones. Producen diez veces más petróleo que en 1959. De 28 millones de m de agua en presas han saltado a 2.300 millones. Tienen una capacidad pesquera veinte veces superior. Su flota mercante se quintuplicó. De cuatro han pasado a 12 millones de cabezas de ganado. Y así, rubro por rubro el avance es quince veces, diez veces, veinte veces, más grande. Se vuelve agobiante. La ayuda soviética y el trabajo cubano han permitido esto. La ayuda, por solidaridad socialista enmarcada en la dignidad que los cubanos tienen para con el sentimiento nacional; el trabajo, porque la conciencia del pueblo está puesta para el servicio de la felicidad de ese pueblo y la grandeza de la nación.
    Empezaron peleando, vencieron a su enemigo con las armas, lo arrojaron cientos de veces en sus intentos de ataques a la isla, aprendieron a pelear y construir al mismo tiempo. Al grito de «Patria o muerte» iniciaron una de las historias más apasionantes de los pueblos de América Latina. Una sociedad nueva se está construyendo en Cuba. Se habla y siente distinto. Los ricos ya no están, el dinero desaparece poco a poco y un hombre nuevo empieza a crecer a los quince años de aquel día en que unos barbudos entraron en La Habana con armas gastadas y sueños nuevos. Comenzaban a vencer al interés, al privilegio y la explotación. Si ayer eran un grupo de hombres, hoy son un pueblo entero conquistando el porvenir. Un pueblo que no se permite olvidar el pasado. Que no quiere olvidarlo. Ni olvida a los yanquis meando sobre la estatua de Martí, ni olvida cómo logró este triunfo. Las armas que empuñaron están siempre a mano, activas y listas, tan listas como el machete para la caña y la cabeza fresca para el estudio. Porque ellos saben —y nosotros aprendimos— que el poder brota de la boca del fusil pero también de la boca del fusil brota la justicia y la grandeza para el pueblo.
    Cuando Fidel Castro, Camilo Cienfuegos y el Che, bajaban de la Sierra, los peronistas estábamos en plena resistencia contra la dictadura. Esa misma dictadura aplaudió con su bobo saludo de banderitas a los rebeldes cubanos. Nos decían, por Batista, «cayó otro tirano» y lo comparaban con Perón. Por eso, por quienes la defendían en la Argentina la Revolución cubana,
    fue sospechosa para los peronistas, pues la aplaudían nuestros enemigos. El tiempo les modificó su sonrisa que se convirtió en mueca de asombro y ceño de desaprobación cuando los revolucionarios dijeron que una era una revolución en serio y no la aventura de unos muchachos para devolverles el poder a los políticos liberales desechados por Batista. Y nosotros también comenzamos a cambiar. A mirar con más atención. Hasta hace tiempo un resquemor nos impedía el apoyo total. Las desviaciones a que nos somete el imperio con su propaganda nos señalaban la etiqueta que llevaba la revolución cubana. Pero compañeros yo vi a un pueblo feliz; una nación creciendo, no vi hambre ni explotación, vi el pueblo gobernando, organizado, libre y militante, patriota y fuerte.
    Vi que nadie vive del sudor de nadie, que lo que hay se reparte entre todos y entonces me cago en la etiqueta porque eso es lo que yo quiero para mi Argentina. Es lo que dijo Perón mil veces: la felicidad del pueblo y la grandeza de la Nación, que nadie sea instrumento de la ambición de nadie sino artífice del destino común; que no haya explotadores ni explotados. Esto es socialismo nacional. A nosotros nos falta, nos falta aún pelear y será mucho más duro que para los cubanos, porque ellos batallaron a un ejército desecho y aquí hay combatientes del imperialismo y militantes de la propiedad privada, escudados en un nacionalismo de forma y fórmulas sin contenido. Nosotros recién estamos definiendo el contenido revolucionario, porque según Evita el peronismo será revolucionario o no será, ella sabía de esta lucha interna y de su significado por eso trataba de alertar sobre los traidores a la causa del pueblo.
    Cuba oprime el corazón de cualquier militante. Porque aquello es una revolución ya haciéndose y crudamente nos marca lo que nos falta aún a nosotros. Sin saber cuando, nos consuela saber que el pueblo jamás será vencido y nuestro pueblo quiere ser el dueño de su destino. Por eso compañeros hoy más que nunca Patria o muerte porque sin patria no hay justicia.
    Y eso pueblo nuestro está en ese camino. Quiere una nación justa, sin ricos que vivan del pobre; económicamente libre, sin monopolios que la ahoguen; y políticamente soberana, sin imperios tutores. Y así se ha expresado todo este tiempo nuestro pueblo peronista que libertó a los presos y aplaudió su liberación; que aplaudió a Cámpora cuando daba paso a la participación popular; que vivó en Dorticós y Allende al socialismo; que como peronista levanta la bandera de la patria socialista. Sin apuros, pero firme, camina luchando hacia ese objetivo. Por eso, nosotros, aunque nos falte, Patria o muerte y adelante.

  • LA VIVIENDA
  • Se siguen dando duras batallas en esta isla. El frente más activo lo constituye la lucha contra la falta de viviendas. En cada centro de trabajo, se destaca una microbrigada destinada al trabajo voluntario de construcción de viviendas. Por asamblea se eligen a los mejores compañeros, a aquellos que tienen mejor actitud social, que son más revolucionarios y con más dedicación al trabajo. A ellos se les encomienda la construcción de viviendas para quienes les hace falta en ese lugar de trabajo. Estos compañeros dejan entonces, el trabajo que tienen y marchan a construir. No abandonan por eso, al plantel de su trabajo original. Sus tareas son cubiertas por el conjunto de compañeros que quedan fijos y que trabajarán por lo general, hora u hora y media más para que no baje la producción.
    Cuando el edificio está terminado (en Cuba se construye para arriba porque es un terrenito muy angosto), se hace una nueva asamblea para distribuir la viviendas. Viene allí una deliberación en base a las necesidades reales. Que aquel tiene varios hijos, que aquel otro vive lejos de la fábrica; aquel es un muy buen trabajador y que no tiene vivienda; y así van saliendo a juicio y por decisión de todos los que irán a ocupar las viviendas. Si hace falta la microbrigada se renueva y volverá a construir más viviendas, para el propio centro de trabajo o ya para otros. La lucha continúa hasta que todo cubano tenga una vivienda digna. Se han eliminado las que nosotros llamamos villas miserias, poco a poco también los solares que podríamos compararlos con nuestros inquilinatos o conventillos. El trabajador pone el trabajo, elige a quien ha de hacerlo, se organiza para ello y el Estado pone los materiales y algunos técnicos porque la mayoría también salen de las microbrigadas.
    El oficio de albañil se aprende rápido, aunque a veces, con algunos tropiezos y gastos de tiempo y material, pero es riesgo calculado en esta batalla donde se improvisan soldados y oficiales y que se está ganando día a día.

  • LA ORGANIZACIÓN
  • El partido es, sin duda, el órgano de orientación máximo de Cuba. Es la organización minoritaria en cuanto a número de componentes. Está descompuesto en áreas que atiende al gobierno, las fuerzas armadas revolucionarias, los frentes de masas y el exterior. Luego frentes de elaboración específicos en lo que hace a economía, educación, organización, ideología, políticas en general.
    Los miembros del partido, son los mejores en cada lugar de trabajo, en cada barrio, o escuela. Se proponen por asamblea. El conjunto de compañeros los eligen por sus valores sociales, políticos, laborales, dedicación al estudio, compromiso por la revolución y proponen al partido la incorporación de un determinado compañero. Se considera luego, en un más profundo análisis, y se produce entonces la incorporación. Esto asegura que los militantes del partido son la clara expresión de la voluntad popular expresada por el entorno social que rodea al futuro militante.
    El partido dirige varios frentes de masas. El de la mujer, organizado por la Federación de Mujeres Cubanas. El de los Jóvenes, que a su vez, encuadra a las milicias juveniles del trabajo (jóvenes bajo bandera), a las FEEM (Estudiantes medios o secundarios) y los universitarios. La unión de Jóvenes tiene una organización y selección de cuadros similar al partido: es decir, que allí están los mejores jóvenes elegidos por sus compañeros en cada lugar donde actúan o viven, y esta Unión de Jóvenes conduce los frentes de masas de los jóvenes. Otra organización de masas que conduce el partido es la ANAP (Asociación Nacional de Agricultores pequeños) que contiene a los propietarios de pequeñas parcelas de campo que no quieren estatizar sus tierras a más de que encuadran también a todos los trabajadores del campo. Respecto a los pequeños propietarios que quedaron de la época anterior a la revolución, no han sido violentados para estatizar sus tierras a diferencia del trato que recibieron los terratenientes. Con estos propietarios se entendió que eran trabajadores ya que ellos mismos trabajaban en su tierra y como tales debían ser respetados. Así se encuentra de pronto una gran extensión de tierra sobre la que se aplica un plan gubernamental que en el centro tiene un campesino con unas cuantas hectáreas y que no quiere ser estatizado. El plan le pasa entonces, en torno sin tocarlo, y se espera que por la persuación se incorporen a los planes revolucionarios. Si la fuerza se usó para los terratenientes, el respeto a la voluntad se usa para quien trabaja, aunque sea propietario.
    Quedaría como el más grande frente de masas los CDR, la organización territorial de los cubanos, que ya ha sido caracterizada en el recuadro destinado a la defensa. Por su importancia y valores en experiencias organizativas, hemos de destinar una nota especial a los CDR en el futuro.

  • LA DEFENSA
  • Existen tres formas orgánicas de defensa en la isla. Una es el ejército profesional, que son las FAR (Fuerzas Armadas Revolucionarias). Es el viejo ejército rebelde, aquellos antiguos guerrilleros hoy tecnificados y extendidos en la ciencia militar. En general, son militantes del partido que siguen la carrera militar. El servicio militar es obligatorio de tres años, pero se hace instrucción militar durante tres meses y luego se integran en las Milicias Juveniles del trabajo y cada conscripto va a trabajar en la producción durante el resto del tiempo de su servicios, aunque continúa bajo régimen militar, cobra el sueldo que le corresponde como obrero.
    Luego están las milicias que tienen a su cargo tareas militares en sus centros de trabajo. Allí están encuadrados los voluntarios hombres y mujeres que reciben instrucción técnica y disciplina militar fuera de sus tareas habituales.
    Luego están los legendarios CDR (Comités de Defensa de la Revolución), que comenzaron siendo un aparato de vigilancia y control territorial y hoy se extienden a infinidad de actividades de la vida de manzanas, barrios, regiones y provincias enteras. Aquí están encuadrados prácticamente todos los habitantes de Cuba. Existe un CDR por cuadra (cuatro por manzana) y en él está encuadrada toda la familia, aunque el joven esté en la juventud, la mujer en la Federación de Mujeres y el padre en el Sindicato. Atiende todo tipo de problemas, por ejemplo, se ocupa de que todos los chicos del barrio concurran a la escuela, si alguno anda fallando, se reúne el CDR y se trata de saber cuál es el problema y solucionarlo. La salud, el urbanismo la discusión política, el ahorro, la unidad y salud familiar, la relación entre padres e hijos suelen ser las problemáticas de las reuniones semanales de los CDR, cuidar de la unidad familiar es una prioridad. También el deporte y la cultura, el trabajo social, el consumo es tratado en esa especie de parlamento por cuadra. Esta es la organización más genuina de la Revolución Cubana y la que permite la participación activa de cada habitante en los destinos de Cuba, ya que desde allí se discuten, incluso, las grandes líneas de acción del gobierno y el partido.

    Dardo Cabo

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