Antonio José Deleroni. Nélida Arana. Perónistas asesinados por los traidores del Movimiento

EL martes 27 fueron asesinados en el andén de la estación San Miguel dos militantes del Peronismo de Base. Ellos son, Antonio José Deleroni, abogado peronista de 31 años y su compañera Nélida Florentina Arana dé 26, empleada de la sección pediatría del Hospital San Miguel. El hecho fue atribuido a Julio Ricardo Villanueva, abogado porteño de 27 años, militante del Comando de Organización. Resulta por demás sugestivo que Villanueva fuera hasta hace 3 meses integrante de la custodia del Ministerio de Bienestar Social y que haya dado como domicilio Medrarlo 70, en Capital Federal, lugar donde actualmente funciona la Escuela Superior de Conducción Política del Movimiento Nacional Justicialista. Entonces, es absurdo que todavía nos preguntemos quiénes son las cabezas que dirigen los agravios como éste, cuando queda claro que sus intenciones son aniquilar a un pueblo peronista que no está dispuesto a renunciar
a su destino de crecer en organización.

  • QUIENES ERAN TITO Y CHICHE DELERONI
  • La trayectoria militante de Tito Deleroni, comienza en el Movimiento Revolucionario Perónista (MRP), luego pasa a la Juventud Revolucionaria Perónista (JRP), donde demuestra un gran compromiso con la causa que defenderla hasta las últimas consecuencias. También participó activamente en la toma del frigorífico Lisandro de la Torre, para destacarse luego como abogado de la CGT de los Argentinos.
    Raimundo Ongaro, presente en el velorio, definió sentidamente la personalidad política de Tito Deleroni: “Era uno de esos militantes que despliegan su actividad en todas las formas posibles. El lo hacía desde su profesión en la defensa desinteresada a los presos políticos y desde la tarea del barrio a través de la Unidad Básica 17
    de Octubre. Cuando le preguntamos que iba a hacer en ese local nos respondió: La Básica va a ser una verdadera casa peronista donde los compañeros del barrio puedan reunirse a discutir, a decir lo que realmente piensan. Esa es la única forma posible de llevar adelante la organización, desde abajo, sin claudicaciones, hasta la victoria final”.
    Cuando los compañeros del barrio hablan de su compañera, la recuerdan y reivindican como una verdadera mujer peronista, luchando junto a Tito y asumiendo la actitud crítica de todo militante preocupado por la realidad política del país.

  • EL ASESINATO
  • La actividad desplegada por Deleroni era algo que sacaba de quicio a sus enemigos. A esa capacidad militante se deben los sucesivos ataques y amenazas, en los que se vieron involucrados: Leandro Salatto, oficial retirado
    actualmente a las órdenes de Osinde; Toledo, secretario de la UOM de San Miguel y Roberto Salvetti, cabeza visible del Comando de Organización en la zona.
    Estos hechos culminaron el martes cuando Tito y Chiche salían de comer del restaurant “La Positiva” y se dirigían a la estación. En esos momentos detuvo su marcha un Fiat 128, color rojo, ocupado por cinco individuos; dos descendieron exhibiendo armas cortas de grueso calibre. Uno de los agresores —Villanueva—, efectuó siete disparos contra Deleroni, que se desplomó herido de muerte. Chiche intentó cubrirlo con el cuerpo, en lo que iba a ser su último acto de arrojo, jugándose la vida por su compañero. Villanueva, intentó separarla golpeándola con una cachiporra, pero al no conseguirlo le efectuó tres balazos a quemarropa.
    En esos momentos hacía su entrada a la estación un tren con destino a la Capital. Del mismo descendió un policía vestido de civil, que luego de una rápida persecución consiguió reducir a Villanueva. El otro individuo se dio a la fuga con el resto de los ocupantes del automóvil. Mientras tanto, rodeados de curiosos, Tito y Chiche Deleroni se desangraban en el andén.
    Chiche que todavía se aferraba a su vida combatiente, fue trasladada hasta el Hospital de San Miguel. En su agonfa repetía casi incansablemente: “eran del C. de O … eran del C. de O …”. Luego de sufrir el segundo paro cardiaco, segura de la muerte de su compañero, suplicaba: “Déjenme morir, por favor, déjenme morir… sin el negro no vale la pena”.

  • EL PUEBLO DE GENERAL SARMIENTO
  • El desfile de companeros, familiares y vecinos por la Unidad Básica 17 de Octubre, lugar donde se velaron sus restos, fue casi incesante. El repudio al asesinato fue manifestado por todos los sectores políticos de la zona. El señor Lombardo, intendente de San Miguel, ofreció el servicio fúnebre de la Municipalidad; también dieron cuenta de su repudio, el Partido Radical, el Partido Comunista, la Alianza Popular Revolucionaria, el Partido Justicialista, a través del compañero Tribulato, secretario general del Consejo de Partido. También se hicieron presentes el Movimiento Revolucionario “17 de Octubre”, el Partido Socialista de los Trabajadores, el sindicato de municipales de Gral. Sarmiento, la Asociación de Educadores Bonaerenses, la Juventud Perónista Regional 1, las Fuerzas Armadas Perónistas 17 de Octubre (FAP 17), la organización Montoneros y la adhesión de 32 barrios de Gral. Sarmiento.
    En las últimas horas de la tarde un grueso de 2.000 personas acompañó, a lo largo de 60 cuadras, la marcha de los féretros hasta el cementerio de San Miguel.
    Mientras se encaminaba la marcha hacia el cementerio, acompañada por consignas como: “Tito, te vamos a vengar / si no es un Montonero será alguno de la FAP”, “Vea, vea, vea, que cosa más bonita / Tito dio la vida por la Patria Socialista”, otra consigna de la compañera Evita latía en el frente de la Unidad Básica donde Tito y Chiche trabajaron por la organización del pueblo peronista: “A la frueza brutal de la antipatria, opondremos la fuerza popular organizada”. La marcha continuaba, la rabia se reflejaba en los gestos de todos, pero hay algo que también se lela en esa multitud despidiendo a los compañeros caldos: que Tito y Chiche seguirán presentes y se continuarán en cada uno de nosotros, que la lucha continúa, que estamos en guerra y que ¡aquí no llora nadie, carajo!

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