CUANDO faltaban quince minutos para que fuesen las 8 de la mañana del 26 de octubre de 1971, un vasto dispositivo policial rodea las gigantescas instalaciones del complejo industrial Fiat en Córdoba, cercando las plantas de Concord y Materfer. El apoyo del Tercer Cuerpo de Ejército (dirigido por Alcides López Aufranc) es inapelable. Para los obreros del segundo turno de la fábrica resultaba evidente que las denominadas “fuerzas de seguridad” habían ocupado la fábrica para evitar la reacción de los trabajadores. Y la reacción que esperaban, la respuesta que la dictadura militar de Alejandro Lanusse temía, era la consecuencia que desataría la ¡legalización de los dos sindicatos de fábrica en los cuales se agrupaban los obreros de Fiat. Esa misma mañana el régimen militar quitaba su personería jurídica al Sindicato de Trabajadores de Concord (SITRAC) y al Sindicato de Trabajadores de Materfer (SITRAM), conocidos en esos años y queridos por el pueblo como SITRAC-SíTRAM.
Los dias posteriores significan el desarrollo de esa ofensiva policial y militar contra los trabajadores, encarnada en la agresión a las organizaciones que en ese momento simbolizan los más altos niveles de lucha y combatividad contra la dictadura. Allanamientos, detenciones, torturas. Son los dias en que López Aufranc afirma “nosotros somos los que usamos los uniformes verdes pare melar a los comunistas”.
Las organizaciones revolucionarias del pueblo se plantean una respuesta al ataque contra los sindicatos. El clima que se vive en Córdoba es de persecución y terror. Se necesita esa respuesta más que nunca. La empresa Fiat, fortalecida por el explícito apoyo que le brinda el Tercer Cuerpo de Ejército, desata una ola de despidos. Todo el cuerpo de delegados, activistas y trabajadores más representativos de sus bases: en total 248 despidos, mis la amenaza de seguir echando gente.

  • LA RESPUESTA DE LOS PERONISTAS
  • Es ante esta situación que se plantean una respuesta conjunta las organizaciones armadas peronistas que en esos momentos operan en Córdoba; Fuerzas Armadas Revolucionarias (FAR), Montoneros y Fuerzas Armadas Perónistas (FAP).
    Para el peronismo revolucionario no era sencilla la situación que se vivía en Córdoba, una provincia en la cual la relación de la clase trabajadora con las organizaciones combativas era desde el “cordobazo” muy elevada. Además, la presencia de la izquierda en los sindicatos era innegable, aunque muy a menudo fuesen dirigentes izquierdistas (Agustín Tosco, Carlos Massera, José Páez, Reno Salamanca) los que expresasen bases identificadas con el peronismo. Las organizaciones politico-milita-res del peronismo afrontan esta situación, en un momento en que Montoneros se repone lentamente de la tremenda perdida que significó la caida de José Sabino Navarro en esa provincia. Tenían antecedentes de operativos conjuntos; fueron FAR, FAP y Montoneros quienes ajusticiaron al torturador Julio Sanmartíno ese mismo año de 1971.
    Ahora era más necesario que nunca producir un hecho político desde el peronismo, creando un referente decisivo. Esta convicción determina realizar un operativo contra la FIAT, deteniendo a uno de sus más altos ejecutivos para canjear luego su libertad a cambio de la reposición en su trabajo de todos los despedidos, así como la cesación de la ola de represión dentro de la fábrica.
    Y acá comienza esta historia, cuando a las 6 de la mañana del 3 de noviembre de ese año se inicia el operativo que habrá de culminar en lo que la historia ya recoge como “el combate de Fiat”.

  • UNA LARGA ESPERA
  • A esa hora, las 6 de la mañana, comienza el operativo conjunto de las tres organizaciones peronistas. FAR y FAP están encargadas de la detención de un alto ejecutivo de FIAT (¿tal vez el jefe de relaciones públicas?), mientras que Montoneros habrá de guardarlo al rehén en una cárcel del pueblo.
    Dos vehículos (un Ford Falcon y una pick-up) aguardan el paso del Fiat que conduce al ejecutivo de la empresa homónima, que viaja desde el centro de Córdoba a la fábrica por la ruta nueve. Otro tercer vehículo seguirá al auto del empresario hasta el momento en que será detenido. El operativo consiste en que se simulará una “pinza” policial, cuyo uso en Córdoba por los efectivos represivos está sumamente extendido en esos momentos. Combatientes con uniforme de oficiales de policía concretarán el operativo. Los dos vehículos interceptores aguardan a su objetivo en una estación de servicio Esso, frente a una plazoleta en forma de “rond-point”.
    El “chequeo” previo a la operación ha sido intenso. Se sabe con precisión que el hombre buscado sale a las 6.30 rumbo a la fábrica desde el centro. Ese dia todo debía desarrollarse normalmente; al llegar a la Esso, el ejecutivo sería subido al Falcon en poder de los combatientes. El chofer del empresario, que manejaba un Fiat, seguiría unos kilómetros acompañado y luego seria dejado. No habría tiros ni violencia: se pensaba en un operativo “limpio” para poder garantizar el consiguiente triunfo político, representado por la vuelta al trabajo de los 246 despedidos, por el cese de la ola de despidos, por el retiro de la ocupación militar en la fábrica.
    Ocupando el Ford Falcon se hallan el jefe del operativo, Carlos Enrique Olmedo, miembro del Ejecutivo Nacional de las FAR, conocido por su nombre de guerra como Jóse (con acento en la o) o Germán o El Rubio. Junto a él en dicho vehículo se halla Agustín Villagra, tucumano, apodado Tin Villagra maneja una escopeta recortada calibre 12 y una Browning calibre 38, mientras que Olmedo sólo tenia arma corta, igual a la de Vi Magra. Los dos visten uniforme de la Policía Federal, pero sobre él se han puesto sacos civiles. En esos dias la tensión entre la Federal y la Provincial era enorme, luego que el comisario inspector Alberto Villar (destacado torturador y hombre fuerte del aparato represivo durante la dictadura militar) ataca un puesto de la policía cordobesa y castiga severamente a sus ocupantes. Un uniforme de la Federal podría irritar a los provinciales.
    A pocos metros del Ford Falcon, a pie y junto a los surtidores de nafta de la Esso, se hallan otros dos combatientes. Uno de ellos es “el negro” Juan Carlos Baffi, armado con una pistola 45, expropiada por las FAR al Ejército en el famoso operativo de Pilar, en el cual pierde inútilmente la vida el Teniente Azúa. Cuentan los compañeros que Baffi cuidaba con celo increíble a su 45, como sólo pueden apreciar un arma de guerra aquellos que la han conquistado —precisamente— haciendo esa guerra.
    Cruzando la ruta se hallan otros dos combatientes, siendo Raúl Juan Peressini uno de ellos, armado solamente con una 38. En la pick-up se halla otro combatiente. Como resulta evidente, el grupo de intercepción y captura del ejecutivo no dispone de un armamento a la altura del operativo. En el automóvil encargado de perseguir al Fiat, y que nunca llegará, vienen en cambio un fusil automático liviano (FAL) y una ametralladora.

  • EL LENGUAJE DE LAS BALAS
  • Una hora es mucho tiempo en esta madrugada cordobesa de noviembre del ’71. Han pasado 60 minutos y no llega el automóvil del ejecutivo cuya libertad habrá de canjearse por el derecho a trabajar de 246 trabajadores. El operativo se mantiene, pese al altísimo riesgo que implica la distribución
    de combate adoptada para la situación y las armas de guerra que se hallan comprendidas en la misma.
    Para Olmedo y sus compañeros prima otro elemento de juicio: la imperiosa necesidad política de concretar el operativo. Se violan así consagradas normas de seguridad, estirando el plazo normal para levantar la operación.
    Hasta que sucede lo previsible. Alertada por alguna delación (sin duda, la presencia del Falcon y la pick-up despertó sospechas en la estación de servicio) se hace presente la policía. Un patrullero viene por la ruta nueve y se estaciona junto al Falcon donde se hallan Olmedo y Villagra.
    Una vez más prima aqui el criterio de salvar el operativo a toda costa. Olmedo cree que podrá hacerse pasar con sus documentos falsificados. Lleva una credencial de periodista de Siete Oías. Lo importante es intentar hasta último momento conservar el operativo.
    El patrullero arriba con su tripulación completa, cuatro agentes. Un policía desciende y se ubica en posición de combate, mientras monta su FAL; otros dos se dirigen al Falcon a pedir documentos a Olmedo y Viliagra. Luego de chequear dichos documentos, piden los papeles del vehículo, los que —al parecer— no se hallaban en regla. Les ordenan a Olmedo y Vinagra ponerse en situación de ser cacheados de armas. Se termina la simulación. Olmedo intenta empuñar su pistola. Se traba en combate con los agentes, forcejeando. Desde los surtidores, Baffi intenta dar combate, pero en una rápida media vuelta refleja, el policía del FAL lo mata instantáneamente.
    Desde al otro lado de la ruta, Peressini viene corriendo con su 38 en le mano, se sube al techo de una vieja camioneta estacionada junto a la plazoleta y desde allí les grita a los policías: “Ríndanse, están rodeados…”. Se balancea para disparar una granada y en el momento en que está a punto de arrojarte, una certera ráfaga de FAL lo mata en el acto. Los restantes combatientes se repliegan.
    Cuando los sobrevivientes toman un taxi y mientras van viajando escuchan por un informativo radial que son dos los muertos en la estación de servicio. Pero luego serán cuatro. Tanto Olmedo como Viliagra han caldo heridos, pero serán alevosamente asesinados por la Policía cordobesa. Viliagra, por ejemplo, será acribillado a balazos, al igual que su compañero, algo que no podría haber sucedido en el forcejeo que mantuvieron con los dos agentes que se bajaron a pedir documentos, ambos desprovistos de ametralladoras.

  • COLETAZOS DE UN COMBATE
  • Luego del 3 de noviembre las fuerzas represivas lanzan un violento esfuerzo sobre toda la ciudad, allanando de dia y de noche, rastrillando, montando “pinzas” sin cesar. Al dia siguiente, por ejemplo, caerá detenida María Antonia Berger, combatiente de las FAR que sobrevivió el 22 de agosto de 1972 el fusilamiento de Trelew.
    El saldo militar del combate del 3 es terrible para las organizaciones armadas peronistas. Al dejar de pasar por el lugar previsto el ejecutivo cuyo secuestro estaba planeado, se ha ofrecido un blanco vulnerable a la policía. Han caldo cuatro valiosos combatientes, y entre ellos se halla nada menos que Carlos Enrique Olmedo, uno de los fundadores de las FAR, al cual no pocos de sus compañeros caracterizan hoy dia como uno de los más completos cuadros politico-militares de las organizaciones revolucionarias argentinas. Viliagra y Baffi, por su parte, caen en momentos en que están trabajando intensamente en la fuga de los prisioneros que colman la cárcel de Córdoba, algunos de cuyos nombres habrán de trascender luego. Kohon y Astudillo, del ERP, fusilados en Trelew, Marcos Osatinsky, de las FAR, fugado de Rawson el 15 de agosto del 72. Ambos, Villagra y Baffi, impulsaron con entusiasmo la ejecución del torturador Sanmartino, junto con Miguel Ángel Castilla otro hombre de las FAR asesinado seis días después del combate de FIAT.
    La muerte que batieron los cuatro combatientes peronistas de las FAR en el enfrentamiento del 3 de noviembre no era una eventualidad ajena al proyecto que de su propia vida habían hecho Olmedo, Baffi, Peressini y Viliagra. Los cuatro se habían forjado en le idea, expresada por el comandante Ernesto Che Guevara, de que “en una revolución verdadera, se triunfa o se muere”.
    Son recordados con veneración en las rilas de la organización Montoneros, en las multitudes que se agrupan en Juventud Perónista, en todo el pueblo peronista, para todos aquellos para los cuales el grito de guerra de “Ubres o muertos, jamás esclavos” no fue pronunciado en vano y alcanzó suprema decisión combativa en estos cuatro argentinos caídos armas en la mano.

    Tags: , , , , , , , ,