Con el único y honroso titulo de militantes y sin otra pretensión que ocupar un lugar de lucha en la batalla por la consolidación del Gobierno Popular para asegurar la grandeza de la Nación y el bienestar del Pueblo, cumplimos con el deber de manifestar nuestras preocupaciones y nuestros anhelos.
Nos impulsa la larga nómina de perseguidos y torturados, el recuerdo de nuestros muertos y el convencimiento que cuando el Movimiento se juega su destino, no puede haber indiferentes ya sea por comodidad, por cobardía o especulación.
Afirmamos que no estamos contra nadie como no sea contra los entregadores del país. Que no tomamos partido más que por la causa de nuestras grandes banderas y que así como estamos dispuestos a cualquier sacrificio para alcanzar el triunfo no lo estamos para fomentar sectores sin contenidos o enfrentamientos personales.
Estamos, nadie lo dude, con Perón.
Nosotros queremos definir qué es, a nuestro juicio, estar con Perón. Estar con Perón no es recitar la cartilla de la obsecuencia y la liturgia de la obediencia. Estamos con Perón porque significa estar con lo que estuvo, con lo que representó y representa Perón; es estar incondicionalmente al lado del Pueblo y de la Nación. Recitar como algunos la apología de la subordinación, y la verticalidad, cuando se acercan elecciones en el pais, o cuando ocupan cargos públicos, políticos o partidarios, pero que callaron durante 18 años ante el sometimiento del pais al imperialismo, negociaron con los gobiernos de turno, y siguen callando ante el avance de las fuerzas reaccionarias y antinacionales, instrumentando algunos, y consintiendo, otros, con su silencio cómplice la escalada de agresiones y atentados, alteración del orden institucional en las provincias los actos sediciosos y la represión indiscriminada, venimos a sostener y proclamar desde esta tribuna que levantarán la amistad y comunes inquietudes la necesidad de mantener bien en alto las antiguas banderas.
Venimos a ratificar aquella sentencia definitoria y definitiva de Eva Perón de que el peronismo es revolucionario o no es nada. Que el peronismo no negocia ni mendiga ni capitula frente a sus enemigos. Nuestro objetivo es el pueblo y la patria liberada y dignificada.
Sabemos bien quienes somos y que queremos: una patria libre, justa y soberana, con independencia económica, soberanía política y justicia social y sabemos que a esos objetivos no se los alcanza sino mediante la lucha más intransigente e irreductible. Que a esos objetivos sólo se llegará mediante grandes movilizaciones de masas nacionales que impondrán el triunfo de la patria y el pueblo sobre sus enemigos.
Pero esto no quiere decir que la revolución llegará sola, o únicamente por tumultos callejeros, tiros en la noche, gritos histéricos o acciones descolgadas. Las revoluciones son obras de los pueblos y como toda obra, implican una larga y tenaz tarea de preparación y de consumación. Eso es lo que debemos hacer. Largo, dilatado y duro es .nuestro camino, pero es nuestro camino y es el único para la salvación de nuestra patria y nuestro pueblo.
Es evidente el pensamiento revolucionario y patriótico de Perón y por eso no podemos tener dudas sobre el futuro.
Es necesario comprender que cuando Perón dice que la revolución se hará en su medida y armoniosamente, está remarcando su posición revolucionaria y liberadora. No quiere decir que no se hará o que se ha detenido. Significa que marcha de acuerdo con las posibilidades, y se irá acrecentando en la medida que se logren los resortes del poder real. El criterio de oportunidad del líder es lo que demuestra sus excepcionales condiciones de conductor, su equilibrio, habilidad y certeza.
Perón es un conductor cuyos actos de gobierno responden a razones eminentemente tácticas.
Si analizamos la política externa, vemos claramente marcada la linea del enfrentamiento con el imperialismo dominante.
Quizás este allí la base de solidez que se necesita para impulsar los grandes cambios y que la urgencia de resolver el problema económico financiero, obligue al marginamiento provisorio de los sectores más combativos y revolucionarios, para evitar que su accionar sea utlizado como excusa por las fuerzas antinacionales y oligárquicas todavia enquistadas en el poder real, y generar un golpe de estado derechista que haga fracasar el proyecto revolucionario.
Los «viejos», esos viejos que no saben de aflojes con el pueblo saludan a Mario Firmenich. Ellos también son «infiltrados».
Hasta ahi podríamos entender aunque no compartiéramos las razones. Pero una cosa es ajustar el proceso revolucionario a la realidad y otra muy distinta es la pretensión de la reacción de que la contrarevolución sustituya a la revolución.
Lo primero lo aceptamos como una acción táctica de Perón. Lo segundo lo enfrentaremos, porque es la distorsión de esa táctica, por parte de los verdaderos infiltrados, aprovechando las circunstancias señaladas, pretenden copar posiciones claves en el gobierno y en la conducción, para convertir el peronismo, que es un movimiento social y revolucionario, en un partido político más, dentro de los esquemas del régimen liberal-colonialista, que el pueblo sepultó definitivamente el 11 de marzo y el 23 de setiembre y que ellos pretenden desenterrar, burlando la voluntad popular y traicionando sus esperanzas.
En el año 1972 Perón dijo «el poder económico presiona para que la institucionalización sea lo suficientemente condicionada como para evitar que antes o después del comicio se produzcan cambios que puedan afectar sus intereses. Los aspectos formales del proceso no le preocupan».
Esa afirmación está vigente y juntamente con otras influencias provenientes de diversos sectores, intimamente comprometidos con el sistema hacen peligrar, no hay duda, la estrategia de Perón.
Aquí es donde entran a jugar las verdaderas fuerzas peronistas, para neutralizar las influencias perniciosas y las desviaciones que observamos y que, evidentemente, Perón no ha podido evitar.
Durante la lucha contra la dictadura, el enemigo nos ayudó a mantener la unidad, ahora con Perón en el gobierno la unidad debe apoyarse en la profundización ideológica revolucionaria y organizativa.
Vamos también a definir nuestro concepto de la lealtad y la disciplina. Debemos ser leales con nuestra masa tanto como con nuestros dirigentes. La lealtad para con la masa engendra lealtad al dirigente que la practica. Pocos piensan en la lealtad hacia la masa, olvidando que sin esta la masa no apoyará a sus dirigentes, y que sin dicho apoyo ningún dirigente puede tener éxito.
Si a veces nos permitimos disentir no es para enfrentar a Perón, que por otra parte tiene sobradas pruebas de nuestra conducta revolucionaria, sino que somos concientes de que en el orden interno se han utilizado procedimientos incorrectos, arbitrarios, carentes de lealtad y sinceridad, lo que ha posibilitado el acceso a los organismos de conducción nacional, de aquellos que nunca practicaron lealtad, y se burlaron de la disciplina.
Lealtad que no es obsecuencia. Porque así como de la lealtad al heroísmo hay un sólo paso, de la obsecuencia a la traición la distancia es menor que el grueso de un cabello.
Convencido de ello, reclamamos la reorganización total de las estructuras del movimiento, asegurando el acceso a su conducción de los compañeros más capaces, leales y representativos.
Dante Viel

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