El inefable Golbery señala que: “El hemisferio en que vivimos no puede escapar a la sombra de la gran Nación hermana del Norte, que hace del Mar de las Antillas un gran lago norteamericano y cuya expansión decidida por el Sur, tanto alarmó en épocas pasadas a la conciencia latina en estas playas de América… Ahora por su gigantismo económico y por sus compromisos militares, Estados Unidos siguiendo las ideas de Spykman sobre los espacios periféricos se ha proyectado ultraocéano en Asia y Europa abandonando definitivamente las tesis aislacionistas”.
Y como interpretando a Golbery, Walter Lippman en palabras que cita Machicote, afirma: “En el Atlántico Sur, es esencial el mantenimiento de bases militares y aéreas en la proyección oriental del Brasil. Estas bases no pueden ser mantenidas exclusivamente por Brasil porque este país no es un arsenal. Los brasileños tienen que ser apoyados por los Estados Unidos… Brasil es indispensable en la estrategia norteamericana”.
Y volviendo a Golbery, lo encontramos despotricando contra la tercera posición, en términos bien categóricos: “Cuando entre nuestros vecinos hispanoamericanos recrudece una indisimulable oposición a los Estados Unidos que se disfraza de ‘tercera posición’ o que tenga otro rótulo, aprovechándose de aquel enfoque hacia el Atlántico y hacia el Pacífico de los intereses primarios de los norteamericanos, el Brasil parece estar en condiciones por su economía no competitiva, por su larga y probada tradición de amistad, y sobre todo por los recursos de que dispone, para una “barganha”, negociando una alianza bilateral pero significa, (que no sólo nos asegure los recursos necesarios para contribuir sustancial mente a la seguridad del Atlántico Sur y defender, si se da el caso, aquellas áreas brasileñas tan expuestas a las amenazas extracontinentales, contra un ataque envolvente al territorio norteamericano, vía Dakar, Brasil, Antillas, sino una alianza que, por otro lado, traduzca el real reconocimiento de la estatura de Brasil en esta parte del Océano Atlántico, poniendo un punto final a cualquier política bifrontal y acomodaticia en relación a nuestro país y a la Argentina”.
Claro como el agua. Condena a la tercera posición por ser antiyanqui, solicitud de “real reconocimiento” de la “estatura” del Brasil y nada de tratos similares con Argentina. Y antes de hablar del precio, indica Golbery que “el derecho de utilización de nuestro territorio (se refiere al Brasil), sea para lo que fuere, es un derecho exclusivo de nuestra soberanía, que no debemos ceder en forma alguna, por un plato de lentejas”.
Asi, entonces, la “barganha leal”, el “canje leal”, el “apoyo mutuo”, entre Brasil y USA, no tiene por precio un plato de lentejas, sino dos.

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