Ubicado a la orilla del camino que uno Carlos Paz con la ciudad de Córdoba, el enorme complejo industrial de IME y Área Material Córdoba parecería ser un testimonio directo del largo y sistemático saqueo que los monopolios extranjeros infligieron, durante 18 años, a la industria de nuestro país.
En la década del 50, la planta de IAME —levantada durante la gobernación del Brigadier José Ignacio San Martin— no sólo representaba la industria aérea más importante de toda América Latina sino que significó también el primer paso en la producción de automotores en la Argentina. Creada al amparo del proceso de industrialización que impulsó el gobierno peronista, la decadencia de IAME —a la que la «libertadora» rebautizó con el nombre de DINFIA— se inició tan pronto los monopolios automotrices pusieron sus pies en estas tierras. Asi, en 1962, desapareció el tractor Pampa, para dejar lugar a los producidos por la Fiat. También con esta empresa italiana, se relacionó la historia del sedán Graciela, el primer automóvil argentino, cuya producción se realizaba, además, con tecnología propia. En los primeros .años de la década del 60, el Graciela fue sustituido por el Auto Unión, fabricado por Automotores Santa Fe con ucencia de la DKW alemana. Presidente de aquella firma era el Comodoro Huerta, que había sido también director del IAME. Por último, Automotores Santa Fe fue absorbida por la Fiat, y años después, durante la dictadura de la «Revolución Argentina», Huerta pasaba a ocupar nada menos que la gobernación de Córdoba. Una suerte similar a la del Graciela corrió la motocicleta Puma, desaparecida poco tiempo antes de que surgiera, en el mismo ramo, y la firma Lujan Hnos., proveedora del IAME durante la época del Brigadier San Martín.
Los cordobeses recuerdan también como al poco tiempo de que se instalara en la Argentina la firma Kaiser, las maquinarias del antiguo IAME —algunas de ellas únicas en el mundo por su nivel tecnológico— eran trasladadas una a una a la planta de aquella empresa. Ese fue, precisamente, el «capital» que los militares directivos del IAME, y luego accionistas de Kaiser, aportaron a esta última industria.

  • ONGANIA HACE DE LAS SUYAS
  • Durante la dictadura de Onganía, en 1967, DINFIA fue dividida en la Fábrica Militar de Aviones y en Industrias Mecánicas del Estado (IME). A ésta —productora del conocido rastrojero— le correspondió no sólo el personal más desgastado por la edad y diversas enfermedades profesionales, sino también todas las máquinas envejecidas y casi inservibles. Al año siguiente, la dotación de la empresa —4.000 trabajadores en total— quedó reducida en una tercera parte, con el despido de 1.000 obreros. Según explican los habitantes de Córdoba, la decisión de Van Peborgh, entonces Ministro de Defensa, era cerrar la planta, y fue necesario que estallara el Cordobazo para que el plan resultara desbaratado.
    La ausencia de inversiones a partir de 1955 fue convirtiendo a IME en una empresa casi devastada, cuya rentabilidad se apoyaba exclusivamente en la capacitación y el enorme esfuerzo de su personal siempre codiciado por los monopolios automotrices.
    Pero la intención de arrasarla persistía, y se recurrió entonces a la maniobra de convertirla en una sociedad anónima ficticia. En
    el año 1971, una carta de intención firmada con la Volkswagen comprometía —aunque no formalmente— la participación de esta compañía en la constitución de la sociedad. Al cabo de unos meses, y como verdaderos buitres, todas las empresas automotrices extranjeras se mostraban «sumamente interesadas» en imitar a la firma alemana, pero se «borraban» poco tiempo después, al perder vigencia la planeada operación IME-Volkswagen.

  • «EL GORILA DE SUASNAVAR…»
  • Finalmente, fue Rafael Cáceres Monié —el Ministro de Defensa de Lanusse— el encargado de concretar el viejo sueño gorila de formar la sociedad anónima. Como único socio del Estado, apareció entonces FORJA ARGENTINA, una firma que sólo aportó un millón de pesos viejos y que carece de todo respaldo financiero. De esa manera, a partir de 1972, la empresa dejó de tener como ente fiscalizador al Tribunal de Cuentas de la Nación; el objetivo estaba cumplido: desde esa fecha había piedra libre para todo tipo de fraudes y, sobre todo, para continuar con el vaciamiento.
    Apenas unos meses después de constituida la sociedad anónima, la «operación» se completó con la destrucción —por parte del Subgerente financiero Seleme— de toda la documentación comprometedora. Ese mismo año, el balance de IME que, según los ejercicios mensuales, arrojaba una pérdida de 1.400 millones, pasó «misteriosamente» a tener una ganancia de 360 millones. Sin embargo, cada rastrojero producido actualmente por IME representa para esta una pérdida de alrededor de 300.000 pesos.
    Estos y otros fraudes —dirigidos a beneficiar a los monopolios o las concesionarias de la empresa— se ejecutaron bajo la dirección del Brigadier (RE) Cora Jansen y, desde marzo de este año, del también Brigadier retirado J. J. Suasnavar.

  • ALGUNOS PERSONAJES
  • Con Suasnavar, hicieron su aparición en la empresa varios supuestos «ingenieros», procedentes casi todos ellos de empresas multinacionales y cuyos sueldos —por matufias varias— pasan generosamente del medio millón. Estos apenas son algunos de sus nombres:
    Alcides Beistegui: es gerente de producción y viene de IKA-Renault y de Metalúrgica Tandil, una subsidiaria de aquélla, de donde procede también el Jefe de área de Ingeniería Industrial Manuel Jaime.
    Marco Antonio Montes: ocupa el cargo de Gerente Comercial y proviene de Philco (una empresa de la Ford).
    Antonio Terminiello: es jefe del área de services y viene también de la IKA-Renault.
    Manuel Luna: tiene el cargo de gerente administrativo y procede de Feigin Financiera, una subsidiaria de Ford. Se dice peronista y es uno de los que digitaron los despidos del personal (Ver nota).
    Estos y otros integrantes de la camarilla de Suasnavar —ex jefe de la General Motors y anterior funcionario de la Siemens— fueron «escogidos» por la empresa de selección de personal Planning Cónsul, una firma en manos de militares y cuyos honorarios ascienden a más de medio millón de pesos por empleado.

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