Es una casa sumamente humilde, una mas en un barrio alejado de Montevideo. Estamos en Las Piedras y la calma de la tarde sabatina solo es quebrada por los ladridos de perros vagabundos y el deambular despreocupado de los chiquitines que Juegan en la calle Hemos ido buscando lentamente la dirección a bordo de un taxi. Llegamos a Teniente Rinaldi y Cuchilla Grande y allí es, esa es la casita donde vivia hasta hace muy pocos días Walter Medina.
Unos 100 metros antes nos detuvimos y el fotógrafo trató de grabar en su cámara un muro que aparentemente nada dice al forastero. En la pared, desdibujado por la acción de una «limpieza» deliberada, aun puede leerse consulta popular», rastros de pintada que quedó anónima y que sin embargo termino hecha sangre.
Una noche de hace dos semanas cuando Uruguay todavía no salía de su asombro ante el cuartelazo que había disuelto el Parlamento y desatado una formidable ola de represión, un muchacho de apenas 16 años, militante del Partido Socialista, trabajador, hijo de una familia de trabajadores, salió de su casa para a un amigo que vive a la vuelta de su domicilio. Pocos metros pues sacó un tizón de su bolsillo y comenzaba a escribir una consigna de su partido, reclamando la consulta del pueblo para liquidar at golpe, cuando una bala lo atravesó desde la espalda hacia adelante. Había sido el agente José Ricardo Cisne ros Romero, un elemento de la Guardia Republicana, que —hablando el lenguaje utilizado ya sin artilugios por el actual régimen oriental—
asesinó al muchacho.
Charlamos con Hugo Walter Medina y Elsa Delgado de Medina los padres del militante asesinado. Medina padre es un trabajador de toda la vida, canillita, militante comunista. Sus ojos trasuntan un dolor infinito y tanto él como su compañera, la madre de Walter, agradecen algo que no debieran: el hecho que unos periodistas argentinos se hayan interesado por saber la verdad sobre el asesinato.
Estudiante y obrero desde muy pequeño para ganarse el pan
y ayudar a su familia. Walter Medina se constituyó junto con Ramón Roberto Peré Bardier (también asesinado por la policía uruguaya, el 6 de julio) en uno de los primeros mártires, precio que pagan los uruguayos por la nueva dictadura militar encabezada por la figura de Bordaberry.
Nos cuenta la familia de Walter que el hermano menor del muchacho asesinado, Hugo Daniel, de 15 años, militante de la Juventud Comunista, es requerido por la policía.
Y mientras nos cuentan rápidamente la vida de Walter, sus viajes por la Argentina como «mochilero», su preocupada lectura de textos políticos y literarios, su apasionado y firme amor por su patria avasallada, nos entregan uno de los poemas que acostumbraba escribir en su pequeño cuarto construido por sus propias manos, en donde el retrato del Libertador José Gervasio de Artigas se une al del fundador del primer estado socialista del mundo. Lenín. Algunos versos de ese poema de Walter Medina, por la soldadesca de Bordaberry, dicen:

«En este país,
de niños descalzos
puños sangrantes
y dientes apretados
yo estoy de pie,
luchando».
Había sido escrito en mayo de 1971. Hoy es mártir y de «los orientales honestos» que combaten por su liberación.

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