En una sociedad dividida en clases, cada grupo de intereses que la integran desarrolla una posición propia frente a los problemas del conjunto social. Esa posición es producto directo de la necesidad de una clase, la resultante de sus anhelos y su voluntad. El papel que debería jugar la CGT, como factor aglutinante de las diversas corrientes obreras, tendría que estar de acuerdo en este caso, con el pensamiento de rebeldía que poseen por antonomacia los trabajadores argentinos.
Pero a esta altura de los acontecimientos, y más después de haber asistido a esa suerte de espectáculo circense que significó la tan cacareada normalización de la CGT oficialista, no pueden caber ya dudas sobre el profundo divorcio que existe entre la conducción burócrata y traidora de Azopardo y las bases obreras.
Es que en un país donde ya se han agotado todos los medios pacíficos de lucha, donde el régimen apela a la violencia y la tortura para frenar el impulso liberador que ejerce con justicia nuestro pueblo, la parodia protagonizada por los terratenientes Azopardistas, tiene como fin representar uno de los últimos actos del proceso de descomposición del gremialismo pactista.
Por eso, ese día estaban todos presentes: los elegantes Alonso y Coria, repudiados por las bases de sus respectivos gremios, al igual que sus pares de la Nueva Corriente de Opinión, los “no alineados” y los increíblemente blandos de las 62. Estos últimos, regenteados por el tornero fracasado Lorenzo Miguel, trataron de orquestar desde el primer momento —y al fin lo consiguieron— un aparato gremial domesticado, encuadrado dentro de la pasiva expectativa prooficialista.
Sin entrar en el análisis de este evento acartonado, podemos sintetizar su desarrollo con un elocuente ejemplo: ninguno de los presentes olvidará la imagen colegial de Gerónimo Izzeta izando con tartufa solemnidad la bandera argentina en un mástil de utilería, mientras un coro —no precisamente de ángeles— entonaba Aurora. En su rostro había emoción y solemnidad, como si en realidad estuviera en un Congreso de bases y no en un conclave de traidores y energúmenos.
Esta fue la apertura, lo que vendría luego era lo esperado. De un cuarto intermedio se pasó a otro y así sucesivamente hasta que la paciencia de los congresales del interior se fue agotando. En esos largos paréntesis que se produjeron logramos escuchar a un delegado: “Yo no sé para que nos trajeron, porque hasta el momento lo único que hicimos fue comer”. Mientras otro más indignado afirmaba: “Si aquí estuviera Ongaro arrasa con el Congreso, porque esta bronca no la frenan así nomás”.
Realmente el clima estaba enrarecido, ya que todos sabían que los “elefantes blancos” tenían un congreso paralelo en Azopardo, donde según ellos discutían la unidad del Movimiento obrero. Allí los metalúrgicos reclamaban imperativamente 10 cargos para las “62”, pedido que quedó reducido a 4, todo esto gracias a la “patriótica” resignación de los “no alineados” que en la voz ahogada por el llanto de Juan Rachini comunicaron que renunciaban a la secretaría general. Lo increíble es que el gaseoso Rachini intentó convencer a sus camaradas de ruta, que las lágrimas por él derramadas, se debían a la emoción que sentía “por colaborar con la unificación”. No se dan cuenta que la unidad no es una panacea en sí misma, sino cuando se gesta desde abajo y está orientada hacia la lucha y no hacia la conciliación. Los trabajadores de El Chocóh y de SMATA se han encargado paralelamente de desmentir en los hechos la vieja afirmación con que la burocracia justificaba sus retrocesos, trasladando su debilidad a las bases, a las que acusa de falta de combatividad.
Volviendo al “Normalizador”, hay que destacar la actitud de más de 140 delegados encabezados por Navales, ATE, Frigoríficos, FOETRA, SUPE, Jaboneros, Gas del Estado, Calzado y otros, que decidieron retirarse y no convalidar esta nueva estafa a la clase trabajadora. Estos gremios —algunos de cuyos dirigentes dejan mucho que desear por sus marchas y contramarchas—, concurrieron a la convocatoria de los participacionistas, basándose en el principio de que no es necesario marginarse para “dar la batalla contra los entregadores”. Sobre esta táctica no vamos a entrar en discusiones estériles, ya que los hechos hablan por sí solos. La trenza era demasiado
grande, y los denominados delegados “duros” debieron retirarse “sin entrar en combate”, aunque para hacer honor a la verdad, tuvieron el buen tino de no integrarse a la farsa.
La nulidad del proceso que erigió al nuevo staff cegetista que encabeza José Rucci, la rubrican los propios trabajadores al ignorar totalmente la convocatoria hecha por la Comisión Normalizadora.
Es que las bases obreras sabían que no iba a cambiar nada, que no existe ninguna diferencia entre los dirigentes que conformaban la Comisión de los 25 y las nuevas autoridades. Porque en última instancia todos sirven a los intereses patronales y por ende a la política oficial. Porque en definitiva todos ellos son participacionistas, aunque quieran cubrirse con un manto de aparente dureza. Prueba de ello es la declaración emitida al finalizar las sesiones; documento presentado por “Chocón” Coria, y que fue aprobado por todos los sectores, demostrando que no existe ninguna clase de diferencias.
Como conclusión, podemos afirmar que la estrategia gremial sólo puede pasar en estos momentos por extender la organización de la línea revolucionaria a todos los sindicatos como ya se está haciendo en el interior. Para ello, el arma principal es la labor de definición ideológica y política que debe ser el eje en torno del cual se nuclean los elementos más combativos en todos los niveles.
Sólo así, armada de su propia ideología y sólidamente organizada, podrá la clase trabajadora acometer con éxito, el cumplimiento, ya inminente, de su misión histórica.

  • Congreso de los compañeros
  • En los primeros días del mes de julio, la C.G.T. de los Argentinos convocó, en la clandestinidad, a los compañeros de organizaciones gremiales, políticas y estudiantiles a reunirse en un Congreso de Bases a fin de coordinar la forma de proseguir la lucha emprendida. Sus conclusiones fundamentales son las siguientes:
    “Sostenemos que C.G.T. De Los Argentinos es la auténtica representación de los trabajadores, cuya legitimidad no depende del reconocimiento del régimen, del número de sindicatos ni de la permanencia de los dirigentes, sino de la vigencia de su Programa, la continuidad de la lucha y la voluntad de las bases del movimiento obrero argentino. Por lo tanto:
    Este Congreso de Bases desconoce a toda organización que pretenda usurpar la representación de los trabajadores argentinos, y en particular a la C.G.T. domesticada que pueda surgir de titulados “congresos normalizadores” digitados por una misma dictadura que sólo cambia nombres, a la que se han entregado para servir como funcionarios de todos los oficialismos y como repartición mutual del régimen.
    “La C.G.T. De Los Argentinos reafirma su decisión de encabezar las luchas concretas de los trabajadores en el marco más amplio de la liberación nacional, “La C.G.T. de los Argentinos reitera que no nos interesan los edificios de los sindicatos sino los trabajadores de cada gremio. No nos preocupan las personerías ni los cargos pues de ahora en adelante los grados los
    colocarán las bases. Desde la luz, las que todavía lo puedan, y ya preparándose para actuar o seguir actuando en la clandestinidad, las organizaciones de la CGT. de los Argentinos deberán superar las limitaciones del sindicalismo tradicional para así ser aptas contra las trabas del régimen y aportar su máximo potencial en la acción y solidaridad para la liberación.
    La C.G.T. de los Argentinos y sus organizaciones de base podrán concertar medidas de lucha con otros núcleos sindicales, para la unidad de acción, a condición de que tales coincidencias contribuyan al desarrollo real de las luchas. Pero no podrán integrarse orgánicamente con esos núcleos, porque no se pueden unir duraderamente el reformismo con la revolución, ni los fines permanentes de la clase trabajadora con las conveniencias transitorias de los dirigentes
    Las únicas alianzas permanentes de la C.G.T. de los Argentinos son con los sectores revolucionarios que luchan por la liberación del pueblo argentino realizada por argentinos. Porque la virtud y la capacidad de consagrarse al pueblo es sólo patrimonio de los revolucionarios, sea cual fuere el lugar y la forma en que se encuentren ofrendando la vida junto a los compañeros y los hermanos oprimidos.
    Con las banderas de la mayoría del pueblo estamos protagonizando y siendo al mismo tiempo una conciencia y una voluntad de liberación. Fe, compañeros, en el trabajo más duro está la única y más segura garantía de la victoria. Solo el pueblo salvará al pueblo”

    Jorge Rosales

    Tags: , ,