Somos integrantes del Equipo Pastoral de Villas de emergencia y hemos recibido de nuestro Obispo la misión de estar junto a sus habitantes, sus problemas y sus luchas.
Como sacerdotes que viven muy de cerca la injusta y dolorosa situación de las «villas miseria» no podemos dejar de sacudir la conciencia humana y cristiana de nuestros conciudadanos acerca de este problema que so vuelve cada vez más extenso y agudo.
La propaganda oficial ha difundido la falsa imagen de un problema en vías de solucionarse. La realidad es muy otra.

  • EL PLAN DE ERRADICACIÓN
  • 1. El tan publicitado «plan de erradicación» hasta el presente sólo ha logrado realojar alrededor de 7.000 familias. Es decir, no cumplió las etapas fijadas, ni siquiera respecto al realojamiento transitorio.
    Respecto a las viviendas definitivas, que según lo enfáticamente anunciado, debían ser 8.000 por año, al año y medio de puesto en marcha el plan, se sabe que sólo 300 viviendas están en construcción. Por lo tanto, un plan que no ha proporcionado aún una sola vivienda definitiva y cuyos «realojamientos», de dudosas y discutibles ventajas, siguen siendo, en el mejor de los casos, precarios y provisorios, es, como ya lo habíamos previsto, un manifiesto fracaso.
    Lejos de aportar una eficaz solución al problema, en muchos casos, en virtud del artículo 4, sobre el congelamiento de las villas, la situación se ha vuelto para innumerables personas indigentes, mucho más penosa. A quienes, acosados por el hambre, se han visto precisados a abandonar su querido suelo natal y emigrar a las ciudades, la sociedad no les brindará ningún socorro, pero sí les impedirá ocupar un palmo de tierra donde levantar un mísero techo para su mujer y sus hijos.
    La tierra ancha que Dios ha dado para que todos los hombres tengan con qué sostenerse y dónde cobijarse, se ha vuelto ajena para los más, por la ambición y el egoísmo de unos pocos. Ninguna ley de los hombres que fije la propiedad exclusiva de la tierra, puede anular la ley de Dios, que impone que a ninguno de sus hijos le sea negado lo necesario para sobrevivir.

  • UN PROBLEMA SIEMPRE EN AUMENTO
  • 2. Pero aún cuando el plan hubiese cumplido sus etapas, la cantidad de personas sería ínfima en relación al número real de pobladores de villas. Las cifras oficiales hablan de 280.000 personas para Capital y el Gran Buenos Aires. Fuentes más dignas de crédito, por ser más desinteresadas, elevan la cifra a 800.000 y aún al millón. Población marginada que va en aumento creciente (en Rosario, por ejemplo, casi se ha duplicado) pues las causas de la migración hacia las ciudades, lejos de haber desaparecido se intensifican. Baste un ejemplo: el «Operativo Tucumán» desencadenó la afluencia en masa de tucumanos a las villas. ¿Dónde irán a
    vivir los 150.000 tucumanos que en busca de pan y trabajo debieron abandonar su castigada provincia?

  • UN PROBLEMA ESTRUCTURAL
  • 3. Como lo han afirmado cuantos técnicos se han ocupado del asunto, el problema es estructural: no se trata de una mera escasez de viviendas. El mismo Sr. Presidente de la Nación denunció públicamente que sólo en Buenos Aires hay más de 60.000 departamentos vacíos.
    Las villas miseria son consecuencia inevitable y síntoma manifiesto del inhumano sistema social imperante. Sistema que condena a grandes sectores de la población a bajísimos ingresos; que no planifica su producción de acuerdo a las necesidades de la sociedad, sino en razón del lucro de los grandes capitales; que, por lo mismo, concentra las industrias en las grandes ciudades, que no impide la injusta apropiación de grandes extensiones de tierra, mal aprovechadas, con lo que se provoca la desocupación y la miseria de la gente de campo.

  • SOLUCIONES
  • La solución plena de un problema estructural sólo puede alcanzarse con una acción profunda y revolucionaria. Afirmados en nuestras raíces, tenemos que crear una patria nueva en la que la economía está al servicio del hombre, no del dinero. Una patria nueva en la que nadie sea explotado por su hermano y en la que los bienes tengan el destino común que Dios les dio al crearlos. En una palabra, una sociedad en la que cada ciudadano sea dueño de su destino y pueda vivir de una manera creadora.

  • YA MISMO: «TRANSFORMAR LAS VILLAS MISERIA EN BARRIOS OBREROS»
  • Si bien, la solución integral del problema será inevitablemente a largo plazo, pues deben atacarse las causas y reestructurarse la sociedad, ya mismo debe lograrse una solución para quienes padecen las injusticias del sistema. Solución que en el justo sentir de los propios afectados y por razones objetivas de eficacia y justicia, se resume en esta exigencia: «Transformar las villa? miseria en barrios obreros».
    A ello tienen derecho:
    1. Porque son hijos de Dios, para quienes ha sido creada la tierra y sus riquezas.
    2. Porque son víctimas de un afligente desarraigo impuesto por la estructuración injusta de la sociedad.
    3. Porque son los obreros que construyen día a día la grandeza de la patria, desde las tareas más humildes, más pesadas y peor remuneradas.
    4. Porque son hombres que se superan día a día: sobre la incertidumbre e inseguridad que los rodea, construyen sus casas de material, mejoran los pasillos y calles, colocan con su esfuerzo y aporte personal, cañerías de agua, instalaciones eléctricas, dispensarios, escuelitas, locales de recreación, etc.
    Quienes tenemos la gracia de convivir con los «villeros», debemos testimoniar la inmensa riqueza de valores humanos y cristianos que se da en la mayoría de ellos. Nada más injusto e inexacto que la falsa imagen de indolencia y vicio conque los «del asfalto» pretenden cubrir la triste realidad de las villas para eludir su responsabilidad social respecto a las mismas.
    Por lo tanto, reclamamos de los poderes públicos: —Que en lugar del fracasado e ineficaz plan de erradicación, se planee con realismo y eficacia la construcción de viviendas obreras en los mismos terrenos de las villas asignándose los fondos necesarios y utilizando, en parte al menos, la mano de obra de los propios interesados. —Que se faciliten créditos para vivienda, realmente al alcance de los que ya con grandes sacrificios han adquirido un lote de terreno. —Que de inmediato se derogue el artículo 4 sobre el
    congelamiento de las Villas. —Que se preste eficaz apoyo a las iniciativas emprendidas por los interesados en pro del mejoramiento de las Villas y por lo tanto que: «Obras Sanitarias» multiplique los grifos de agua potable. En plena Capital, hay quienes deben caminar 500 metros para sacar agua, y colas de 20 ó 30 personas ante los grifos. Que SEGBA dé pronto curso a las innumerables gestiones hechas y provea de inmediato las conexiones y suficiente energía eléctrica. —Que la Municipalidad disponga de inmediato la reparación de calles y pasillos y asegure la recolección diaria de basura, foco temible de infecciones. Este llamado a la opinión pública y a las autoridades responde únicamente a nuestro propósito de ser fieles a la verdad y de cumplir nuestra misión sacerdotal de denunciar injusticias.
    Quiere además ser una modesta expresión del amor solidario a nuestros hermanos de las villas, de los que tanto recibimos y de cuya humildad y pobreza queremos participar para ser con ellos los privilegiados del Evangelio.
    EQUIPO PASTORAL DE VILLAS: Héctor Botan, Jorge Vernazza, Carlos Mugica, Manuel Pérez Villa, Rodolfo Ricciardelli, Jorge Goñi y José María Meisegeier.

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