Los acontecimientos del primer cuatrimestre de este año en la Facultad de Filosofía y Letras posiblemente lleven al asombro a cualquier observador acostumbrado a la eterna esterilidad de las luchas en la Universidad porteña, a diferencia de las que se han venido dando en las Universidades del resto del país. Una capacidad de movilización que hacía muchos años que no se lograba no es la menor de estas sorpresas: asambleas con más de dos mil estudiantes, a pesar de la amenaza de represión por parte de la policía, manifestaciones clandestinas, que perfectamente organizadas llevan a las calles a miles de compañeros, un interés político que se patentiza en la participación masiva de las bases en las discusiones, práctico por práctico, materia por materia. Pero la auténtica novedad es el vuelco político-organizativo que permitió y garantizó este proceso.
A comienzos del año la intervención intenta un doble juego: la división de la Facultad, formando una nueva con las carreras de Sociología, Psicología, Ciencias de la Educación y Antropología y la reforma de los planes de estudios de estas carreras. La respuesta estudiantil se canalizó en un tipo de organización, el Cuerpo de Delegados, que si bien había sido intentado varias veces en los años anteriores, jamás había pasado de ser un embrión burocrático. Esta vez no ocurrió lo mismo, en un par de semanas más de trescientos prácticos no sólo eligieron representantes sino que se organizaron alrededor del cuerpo que se iba formando. Pero ya el origen del conflicto no era el motivador principal de esta agitación, éste pronto estuvo, si no resuelto, al menos frenado por el retroceso de las autoridades, y lo que comienza a darse es algo muy nuevo, el cuestionamiento global al hecho mismo universitario. No es ya una perspectiva reformista-profesionalista la que enmarca el movimiento, no es ya el propósito de mejorar la Universidad el que lo guía. Las viejas consignas que reclamaban un mejor nivel académico, cientificidad y racionalidad quedan atrás, nace la sospecha de que «cientificidad» y «racionalidad» también pueden ser un arma del régimen. Es ya la institución misma la que se pone en tela de juicio, juicio que si bien desde hacía mucho tiempo se venía dando teóricamente, recién ahora asume su madurez práctica. Esta crítica práctica recién ha comenzado, el «doble poder», la «independencia organizativa y pedagógica», los «juicios políticos a los profesores» son sólo los primeros pasos en un terreno que recién ahora comienza a dejar de ser virgen.

No es de extrañar que sea Filosofía y Letras la que vanguardice este proceso que también en otras facultades, Económicas, Derecho, ha tenido eco. La situación misma del estudiante de «humanidades», su inmersión, en un universo de estudio que ningún malabarismo ideológico puede negar como político, desde ya lo diferencia del de otras disciplinas. La crisis que de alguna manera termina de desencadenar la intervención del 66 hace tambalear la noción misma de un trabajo intelectual, de un trabajo teórico separado o independiente de las luchas del pueblo. La tarea intelectual pierde cada vez más su sentido como un hecho autónomo, pero tampoco queda el refugio, la esperanza de una profesión bien paga; el régimen ni ideológico ni materialmente puede dar una alternativa, lo que resta es entonces la destrucción del régimen. Los estudiantes de Filosofía y Letras no pretenden ya luchar por ningún privilegio de estamento, comienzan a encontrar su lugar en el pueblo. Publicamos aquí un reportaje a un compañero de la agrupación CENAP (adherida a la UNE).

¿Cuál es el origen del Cuerpo de Delegados?
Bueno, para explicar el origen del Cuerpo de Delegados tenemos necesariamente que hacer un poco de historia del Movimiento Estudiantil de Filosofía y Letras. La toma de nuestra Facultad en 1969, como repudio a la llegada de Rockefeller, significa el fin de una etapa para nosotros. La represión descargada sobre los activistas, y el cierre de la facultad por el término de dos meses determinó el descabezamiento del movimiento estudiantil por la imposibilidad de reestructurar una respuesta adecuada a las nuevas condiciones que comenzaron a imperar en nuestra facultad con posterioridad a dicha toma. Los únicos estudiantes que mantienen un funcionamiento político son los activistas de las tendencias y sus reducidas periferias. Esta situación de aislamiento de los activistas con el resto de los estudiantes nos llevó a revisar críticamente el proceso que culmina con la toma. Nos quedó claro que a los personeros del régimen en la Universidad no se los podía derrotar en una sola batalla, por más combativa y audaz que ésta fuera, y que tampoco la derrota de nuestros enemigos en la Universidad podía entenderse como un proceso aislado de la gran guerra que nuestro pueblo viene librando desde el 55. Esta situación se mantiene a lo largo del 69 y sufre una pequeña variante a comienzos del 70, con el conflicto generado por los compañeros del curso de ingreso.
La combatividad y la decisión de lucha de los compañeros ingresantes contra el Ingreso limitativo, si bien no cuaja en una verdadera alternativa organizativa, sienta las bases de esta necesidad que posteriormente intentará ser resuelta, esta vez con éxito, con la formación de este cuerpo de delegados. Dicha formación de ninguna manera la entendemos como espontánea, si bien este Ingrediente también estuvo presente. Decimos esto, porque a fines del 70, cuando las agrupaciones reformistas (MOR-LVR, UAP y MAP) se lanzan a la tarea de resucitar el perimido Centro de Estudiantes se verifica la existencia de la polémica acerca de cuál es la forma organizativa más apta para el conjunto de los estudiantes. Existieron en ese entonces tres alternativas distintas: la de las agrupaciones reformistas con su tradicional centro de estudiantes, la de las agrupaciones neoreformistas con su llamado a la constitución de «centros combativos» mediante elecciones también llamadas «combativas», y por último la alternativa lanzada por algunas tendencias que proponíamos la búsqueda de nuevas formas organizativas en las cuales se rompiera el criterio verticalista y manijero que había caracterizado a lo9 centros. En definitiva, una organización construida desde las «»bases que signifique una participación consciente y activa del conjunto del estudiantado. Es decir, un Cuerpo de Delegados construido desde los prácticos, que garantice la incorporación masiva de los estudiantes a la lucha. Sintetizamos nuestra propuesta con la consigna: Organizamos desde abalo y combatiendo.

¿Por que no aclaras mejor, porque consideran ustedes perimidos a los centros de estudiantes?
No somos puristas cuando decimos que les centros de estudiantes están permitidos, sino que nos basamos en su ineficacia histórica para encabezar las luchas estudiantiles y su unificación con las del resto del pueblo. Antes del 66, los estudiantes y los centros de estudiantes ignorábamos la realidad de nuestro pueblo y navegábamos en otro mundo: el mundo «democrático» de la Universidad Reformista. En ella combatíamos, a veces, en defensa de nuestros intereses inmediatos, pero lo hacíamos marginados de la resistencia obrera, de la entrega de nuestra economía, de la proscripción de nuestro pueblo. Llegaban nítidas a las aulas las experiencias revolucionarias de otros países, pero éramos sordos a los estampidos fusiladores que destrozan la vida al Gral. Valle y sus compañeros, a los avasallamientos de las organizaciones obreras, a las persecuciones y torturas, a las huelgas revolucionarias de la resistencia peronista, al pisoteo de las conquistas nacionales y sociales del Peronismo que los estudiantes y sus centros habían caracterizado de «demagógicas» y «burguesas». Entonces, bajo los más variados matices ideológicos y hasta con lenguaje de «izquierda», jugábamos para el bando de la oligarquía y el imperialismo. En 1966, la intervención a las universidades, nos empujó a abrir nuestras conciencias a la realidad del país. Al ver que manos extrañas» a la universidad derrumbaban el aparato «democrático» fuimos comprendiendo que también los problemas por los que se luchaba: limitación, represión, etc., tenían también causas extrañas al marco universitario: dependían de la estructura socio-económica del país. Al comenzar a apuntar nuestras luchas en ese sentido verificamos la inoperancia de las formas tradicionales de organización estudiantil: los Centros y las Federaciones Estos organismos convertidos en meros sellos y arrastrando la concepción liberal que les diera origen fueron perdiendo por sí solos efectividad, quedando convertidos en utópicos organismos de masas manejados por el reformismo o neoreformismo liberal, según los casos.
Por ello, y ante los intentos de varios sectores, de querer revivirlos, los peronistas rechazamos permanentemente la opción reformista porque:
1) Pretende una unidad que se quiere imponer por decreto, artificialmente, que se plantea en abstracto, sin explicitar la política oculta sobre la que se asienta; que busca incorporar a todos los compañeros sin discusión y acción previa, sin conocimiento de la política, que después del voto van a tener que tolerar; que sólo sirve para instrumentar a los estudiantes
2) Porque pretende una participación que sería casi nula, reducida al voto anual debiendo optar entre políticas que los estudiantes desconocen y programas que les estudiantes no han elaborado ni discutido: que sería pasiva porque se reduce a escuchar y «aprobar» lo que decide la dirección; que si impulsa algo es la indiferencia y el quietismo; que en realidad es participacionismo.
3) Porque plantea un programa que es exclusivamente gremialista fomentando, por su contenido y orientación, el aislamiento de los estudiantes en una isla «democrática o revolucionaria» según los casos, de espaldas al país y sus problemas un programa que es híbrido y mentiroso, en la medida que sólo presenta aspectos parciales de la política de quienes o sustentan.
4) Porque plantea una dirección burocrática y manijera por el esquema formal y liberal en que se asiento.
Por todo esto consideramos perimidos a los Centros y este cuerpo de delegados es la respuesta de los estudiantes. Romper con aquellas tradiciones reformistas significa para nosotros lograr:
1) Una unidad que sea para la lucha, con los que se inserten en el proceso nacional y popular desde abajo, desde cada curso hacia toda la facultad. Una unidad que supone el rechazo de la acción común con los conciliadores y traidores.
2) Una organización, el cuerpo de delegados, en la cual la participación sea conciente impulsando la acción y la discusión a través del análisis personal y de conjunto; una participación activa y permanente tanto en las movilizaciones populares como en las tareas cotidianas de la facultad.
3) Un programa que sea elaborado (no vetado) a través de la discusión desde abajo única forma de lograr que aquél sea asumido por todos y no sólo por la supuesta «dirección revolucionaria». Un programa elaborado y discutido paso a paso, ron el aporte de todas las tendencias eliminando las «trenzas». En suma, un programa que sea la síntesis de todo un proceso de lucha, un programa que sedimente el avance político del conjunto y que sea una herramienta de confluencia real de los estudiantes con el pueblo.

Entrando en otro tema que resulta importante aclarar, porque de la respuesta se desprenderá el futuro de la Universidad como institución apéndice del régimen. Cómo entienden ustedes el problema del «poder» en la Universidad, en ese sentido como estructuran el accionar político de la agrupación.
Para responderte con claridad debemos partir necesariamente del análisis político nacional que sustentamos. Según este análisis, los sectores oligárquicos que desde el 55 detentan el, poder por usurpación al pueblo constituyen lo que denominamos la «sociedad oficial» o lo que es lo mismo «el gobierno ilegal». Las clases dominantes de nuestro país, que como tales se plantean perpetuarse en el poder, estructuran el conjunto de instituciones de forma tal que garanticen su continuidad. Es así que las FF.AA. (fuerzas armadas), la justicia, los medios de comunicación de masas, el aparato productivo, el sindicalismo oficial, vienen a cumplir su papel de sostenedores del actual sistema capitalista dependiente Por otro lado, y entrelazada con aquella sociedad oficial del imperialismo, ubicamos al resto del pueblo constituyendo una suerte de «sociedad proscripta» o lo que es lo mismo «un gobierno legal del pueblo», desplazado en el 55 del poder por la fuerza de las armas, y que por esa misma fuerza habrá de reconquistarlo. Ese pueblo, nuestro pueblo, organizado como Movimiento Peronista, viene generando a partir de su estructuración revolucionaria sus propias instituciones. Es así que vemos nuestros batallones armados que constituirán las Fuerzas Armadas Populares, el ejercicio de la justicia popular ya expresado en el caso Aramburu, Sandoval, gerente del Swift, liberación de prisioneros revolucionarios: vemos circular nuestros propios medios de comunicación- vemos el desarrollo de agrupaciones de base revolucionarias, etcétera En el caso de la Universidad la cosa no aparece tan clara. Por un lado es sabido que el régimen tratará de seguir manteniendo a la Universidad a su servicio. En este caso nuestra actitud será la de combatir constantemente para impedir el usufructo de la Universidad y de su producto, los profesionales, por parte de los enemigos del pueblo. El problema se presenta cuando al decirles no a los intentos oligárquicos se intenta responder a la siguiente pregunta: ¿qué alternativa, distinta, por la positiva, presentamos? Y aquí es donde el terreno se pone barroso y corremos el riesgo de estar sin darnos cuenta, con los pies en la ciénaga del sistema. Asi como a nivel nacional, lapizan el «gran acuerdo» y llaman a la «participación», en cada lugar concreto intentarán el mismo tongo. En tanto nosotros nos quememos el bocho intentando construir otra alternativa, en tanto suspiremos por el tripartito, el cogobierno. la asamblea estudiantil docente soberana como órganos de poder y demás variantes, en tanto pensemos que conquistaremos «gradualmente» el poder en la Universidad, le estaremos haciendo el juego al régimen ¿Por qué? Porque en su terreno, en lo administrativo burocrático siempre nos vencerá.
Por ello nuestra propuesta, si bien compleja como complejo es el problema, apunta a un más largo plazo y creemos posee verdadero contenido revolucionario. Se trata de lo siguiente en rasgos generales: así como nuestro pueblo viene generando a todos los niveles las estructuras de combate y de reemplazo a las de este sistema, nosotros debemos proponernos generar en el mismo seno de la Universidad del régimen, nuestro funcionamiento independiente en lo didáctico y organizativo, superando la valla del formalismo institucional y académico Esto no significa la Universidad paralela ni otras desviaciones por el estilo ii creer que lograremos la Universidad que queremos en este sistema. La independencia didáctica es la contra partida de la «autonomía universitaria» propuesta liberal ya experimentada por e movimiento estudiantil como falso objetive propio. La autonomía universitaria es la independencia relativa de una institución del régimen respecto de su estructura central: el Estado. La independencia didáctica es en cambio la autonomía absoluta del Movimiento estudiantil popular, respecto de las instituciones del sistema en su conjunto, de sus contenidos y métodos. La independencia didáctica no es entonces sino la manifestación en el campo de la cultura y la educación de la autonomía del pueblo respecto a su enemigo. El estudiante tiene hoy dos únicas alternativas frente a la crisis: padecerla o agudizarla; ser víctima del sistema o victimario. La única forma de rechazar en los hechos el papel de víctima inconsciente de la crisis de la enseñanza es esgrimir una progresiva independencia didáctica y organizativa frente al aparato educativo del régimen en todas sus formas: democrático o restrictivo. La independencia didáctica implica el rechazo del liderazgo profesoral aun en el campo del estudio, sea cual fuere la integración —progresista o no— del cuerpo docente. Los profesores consientes de esta crisis y decididos a agudizarla deberán definir su conducta en función del movimiento estudiantil y no viceversa. La independencia didáctica sólo será, entonces, resultado de una real independencia política, ideológica y cultural de los estudiantes frente al régimen. Esa independencia política, ideológica y cultural es única, y es la asumida en nombre del único protagonista histórico de la lucha contra el régimen: el pueblo.
Asumir como propia la experiencia política, ideológica y cultural del pueblo es definirse como estudiante del pueblo, como hombre del pueblo. Definidos y asumidos como pueblo, como un pedazo del pueblo incrustado en la Universidad, nada de lo que hagamos carecerá de esa significación puesto que estará inscripto en un proceso histórico claro: el proceso objetivo e inexorable de la Liberación nacional y social.
Las necesidades del pueblo, y las nuestras en tanto asumimos esa pertenencia varían en cada etapa, siendo en la actualidad las tareas políticas las absolutamente prioritarias, en tanto la reconquista del poder es condición inexcusable para la resolución de todo tipo de necesidad popular. Todas las prácticas del pueblo en esta etapa -incluyendo las del estudiante del pueblo— están determinadas por la práctica fundamental, la práctica poli tica, y adopta por lo tanto carácter político. Hoy la tarea nuestra en el campo del estudio es —en concordancia con la tarea política— fundamentalmente destructiva, critica; no debemos caer en la elaboración de paliativos reformistas ni en vías de evasión utópicas proyectandonos al futuro socialismo
La tarea crítica se materializa en la investigación causal de los problemas del pueblo, la denuncia de sus responsables, el descubrimiento del tipo de acción necesaria en el campo específico y su lugar dentro del proceso de cambio revolucionario. Para materializar esta tarea es indispensable liberarse de las ataduras disciplinarias del régimen, pues la problemática popular no cabe ni se amolda ¿los compartimientos burocráticos de las disciplinas burguesas y el estudiante del pueblo no debe aceptar otros límites a la labor de su inteligencia que aquellas que su pueblo le imponga. Reemplazando las motivaciones, y objetivos de las ciencias sociales, en nuestro caso, se alteran el concepto mismo de las ciencias sociales y del científico social y se accede a una nueva forma de elaboración de nuevos productos. El nuevo productor asumido como hombre del pueblo, deja de ser un profesional «autónomo», creador aislado e individual para convertirse en un intérprete de la cultura de su pueblo; sus productos ya no son cultura del enemigo ni falsa cultura «en sí», sino artículos de la cultura popular. En el contexto de la problemática popular tal concepto de ciencia social pasa a ser sólo un aspecto secundario y parcial de una disciplina mayor, aún sin nombre, que se materializará con el pueblo en el poder. Nuestro pueblo no necesita hoy un proyecto de «integración» o de «control del conflicto», sino un proyecto de Patria Socialista; no precisa su asimilación al espacio prestado por el enemigo sino arrebatar todo el espacio al enemigo para construir una sociedad justa. El estudiante del pueblo debe ser hoy y comienza a serlo, como todo el pueblo, un planificador más de la liberación, es decir un abanderado más de la justicia social, la independencia económica y la soberanía política.
Todo esto implica no hacer el eje en lo formal, no pretender mejorar la Universidad del régimen ni suponer que nuestro objetivo es tomar el poder de la institución, sino que por el contrario, debemos funcionar en su propio seno imponiendo de hecho nuestros objetivos en los luna res básicos: los prácticos. En lo formal debemos cubrir tan sólo el mínimo de requisitos para mantener nuestra condición de estudiantes en las materias. Algo de esto comenzó a despuntar en el curso del proceso, cuando se impugnaban los programas oficiales y se incorporaban desde el Movimiento estudiantil materia les y bibliografía política e histórica sobre la lucha popular.
La independencia organizativa significa poder concretar lo antes planteado, sin depender organizativamente de la Universidad del régimen, ni tampoco de las opciones «por arriba» que en última Instancia significan lo mismo. Se trata de concretar la forma organizativa más eficaz para cumplir esos objetivos tomando como principio fundamental la de generarla en el proceso de confluencia estudiantil con las luchas del pueblo De esta manera cubrimos dos flancos: 1) lograr la subordinación de los demás sectores universitarios, en especial docente, a los intereses del Movimiento estudiantil y el pueblo. 2) Lograr la subordinación y el apuntalamiento honesto del Movimiento estudiantil a las luchas de la clase obrera, único centro de referencia de nuestro accionar, rompiendo la traición de la autonomía estudiantil, que no es más que la autonomía con respecto a nuestro propio pueblo. Por eso creemos que el problema del poder en la Universidad se resuelve con el problema del poder político en nuestro país y ahí debemos apuntar colaborando desde nuestro frente con militantes, movilizaciones, etc., o como mínimo con la inestabilidad, el caos y el resquebraja miento de la Universidad como institución del régimen.

¿Qué tarea se dan ustedes en cuanto peronistas?
Nuestra tarea como peronistas será la de incorporar para la discusión el significado de nuestro movimiento como columna vertebral del frente de liberación, los aglutinantes políticos de dicho frente, el
rol de nuestro Líder en todo este proceso, el papel de las organizaciones político-militares, la guerra popular prolongada como camino necesario a recorrer para llegar al poder, el papel que nos toca jugar en todo este proceso, con quien confluir, con qué política, etc. Nuestro trabajo seguirá signado por la consigna con que lo comenzamos: Organizarse desde abajo y combatiendo, y en lo interno basados en la proyección política que nos enseña el Gral. Perón cuando nos dice: Sólo la organización vence al tiempo.

Si abarcamos un plano más general, vemos que en Filosofía y Letras se dan dos divisiones paralelas. Por un lado, guerra prolongada vs. insurreccionalismo a un nivel, y a otro peronismo y no-peronismo CENAP forma parte de ambas divisiones En la primera digamos que ustedes forman parte de un bloque más o menos re conocido, con agrupaciones como TAR, Carta Abierta y algunos grupos independientes. La pregunta es la siguiente, ¿cómo se coordinan esos dos planos de división, cuál es el esencial para ustedes y como los relacionan?
La respuesta a este problema, o conjunto de problemas, requiere primero un ordenamiento y ubicación correcta de esos dos tipos de división que has planteado.
En primer lugar, la estrategia de la guerra revolucionaria ha significado un cambio en la metodología de trabajo en el movimiento estudiantil. Desde este punto de vista la metodología coherente con aquella concepción es un principio unificados En este nivel se da un margen de trabajo conjunto, fundamentalmente en la acción y en determinados planteos tácticos, con agrupaciones no peronistas. De ninguna manera significa esto que todo o que se busca es una unificación a nivel metodológico. Creemos que este tipo de unificación es importante pero pensamos que, a medida que el proceso se des arrolle, lo que prima es la concepción política con la cual se desarrolla esa metodología. De ahí que el trabajo conjunto con determinadas agrupaciones no peronistas hay que ir puliéndolo en forma permanente, discutiendo y ubicando aquellos ejes de identificación política común que permitan pasar de la unidad de acción a ciertos márgenes de unidad poli tica.
Con relación al trabajo con las demás agrupaciones peronistas, que sería el otro polo de la división que nos planteas (político, de confluencia entre las agrupaciones peronistas), también se da en forma particular. Con algunas de ellas no hay coincidencia metodológica y si hay elementos de coincidencia política Entonces, en cada uno de los casos hay que profundizar aquel elemento del que se carece. Con respecto a las agrupaciones no peronistas con las cuales coincidimos metodológicamente nuestra taren es profundizar aquellos elementos que apuntalen un creciente proceso de coincidencia política. Con las demás agrupaciones peronistas, con las que hay elementos políticos comunes, lo que nos otros planteamos es una profundización de los elementos metodológicos. De tal forma que de conjunto vayamos asumiendo en los hechos la política y la metodología que esta etapa de la Revolución nos plantea

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