El desarrollo y desenlace de los hechos acaecidos en la Facultad de Ingeniería Química de Santa Fe el día 22 de abril de este año, suscitados a raíz del llamado a concursos para proveer cargos docentes en la misma, llevaron a la más variada gama de comentarios: mientras las autoridades y los grupos reformistas (UREL, adherido al Movimiento de Orientación Reformista) “repudiaron” los “actos de vandalismo” y el Decano de esa Facultad trataba de usar su última arma para salvar su prestigio cerrándola por tiempo indeterminado, en las filas del Movimiento Estudiantil se hacía carne lo que ya era un hecho consumado: El Movimiento Estudiantil había triunfado. No sólo por haber logrado, aplicando sus propios métodos, frenar los concursos mediante la destrucción de los expedientes sino porque en las discusiones previas a este desenlace, los estudiantes habían llegado al nudo de la cuestión, que no pasaba por concursos más o menos limpios sino por un cuestionamiento a la nueva ofensiva desatada por el gobierno en la Universidad a partir de mayo del 69: el participacionismo. Es nuestra intención hacer llegar una crónica de los hechos y la posición que asumió ante ellos el Movimiento Ateneísta, a través de distintas publicaciones.

  • Cronología de los hechos
  • 1969. En los últimos meses del año se produce el llamado a Concursos.
    1970. Desde marzo de este año gran tarea de discusión en todos los cursos de la Facultad.
    14/IV. Asamblea masiva en la FIQ y posterior marcha al Rectorado, para exigir la derogación del llamado a Concursos. Respuesta: un despacho vacío.
    17/IV. Reunión de claustro convocada por el Decano. Muere la ofensiva de los profesores “rebeldes”.
    20/IV. Prácticamente no se dictan clases en la FIQ. Constantes discusiones y asambleas por curso.
    21/IV. Asamblea en la FIQ con posterior marcha a la Facultad de Derecho, que más tarde es tomada por aproximadamente 600 estudiantes.
    22/IV. 500 estudiantes de la FIQ participan en la toma de la Facultad. Se destruye toda la documentación referente a los concursos.
    24/IV. El Decano anuncia el cierre por tiempo indeterminado de la FIQ.
    4/V. Comienzan las Clases Paralelas.
    “Cuenta la historia que cuando los bárbaros invadían poblaciones no dejaban ladrillo en pie y mataban hombres y niños, violaban a las mujeres, quemaban casas. Fundaron en esta forma un imperio sobre el miedo, pero al no lograr el apoyo de los pueblos dominados, tuvieron en ellos siempre a un enemigo dispuesto a darles batalla. Cuenta también la historia que los árabes fueron más astutos. Cuando invadieron España tomaban los pueblos sin reprimir ni destruir nada, al contrario, erigieron monumentales Alcázares y Alhambras y no sólo eso, buscaron dentro de la misma población nativa, entre los más oportunistas a los jefes de las zonas conquistadas. Total, eran ellos quienes realmente mandaban a esos «jefes». Así consiguieron sus propósitos de dominación durante casi 800 años”. “Parece que después de mayo de 1969, Onganía, Pérez Ghillou y Cía. se pusieron a leer historia y decidieron dejar de ser «bárbaros» para pasar a ser «árabes». Nació así la política del participacionismo”. (Volante del 20/V/70.)
    Y así fue en realidad, ya que el Cordobazo fue quien demostró al Gobierno que debía cambiar los métodos. La política de “mano dura” abrió paso
    a otra más sutil, el participacionismo. En el Movimiento Obrero esta política se aplicó a través de los dirigentes sindicales amarillos y colaboracionistas con la formación de la Comisión Normalizadora de la C.G.T. En el caso concreto de nuestra Facultad, como en toda la Universidad, esa nueva política pasa fundamentalmente por la creación de los Consejos Académicos, futuros órganos de gobierno de la Universidad.
    Claro que para poder realizar esto era necesario legalizar antes todos los profesores que durante más de tres años el Decano Arturo De las Casas había nombrado “a dedo” y q¡ue constituían el gran número de obsecuentes que apoyaban, no sólo a él. sino a toda la política universitaria.
    Para ello era necesario llamar a Concursos y además asegurarse que iban a ser esos profesores quienes los ganaran. El Decano, en uso de atribuciones de Consejo Académico es quien nombra los Jurados para dichos concursos. Al conocerse los antecedentes de los aspirantes y jurados, una ola de repudio comienza a levantarse en toda la Facultad. En aquel tiempo decíamos: “El art. 29, inc. c) de la Ley Universitaria dice: «La capacidad docente y científica, la integridad moral, la rectitud universitaria y la observancia de las leyes fundamentales de la Nación, como únicas exigencias para el desempeño de las cátedras universitarias», del cual De las Casas hace propias interpretaciones en cuanto a la capacidad de los concursantes (ya que los profesores allegados a él, como todos sabemos, no son los más capacitados docente y científicamente. De la ética profesional, ni hablar). Lo que sí cumplen es con la observancia fiel del Estatuto de la Revolución Argentina, condición ésta que increíblemente hace que el señor Decano sea el único en el país con permanencia récord desde la intervención a las Universidades en el año 1966”. (Noviembre de 1969.) Dentro de esta ola de repudio se oye también la voz de grupos profesorales progresistas cuyos cuestionamientos no pasaron más allá de los marcos académicos.
    Por el contrario, el análisis que nuestra Agrupación hacía, se encaminaba a un cuestionamicnto a fondo, a través del problema de los concursos, de la política del participacionismo en la Universidad. La discusión fue profundizando cada vez más las implicancias que tenía esta maniobra, y la respuesta fue unánime: el Movimiento Estudiantil no estaba dispuesto a permitirlo.
    Todas las instancias legales se fueron agotando, el Decano no aceptaba el diálogo con el Movimiento Estudiantil (en realidad, las pocas veces que en más de tres años se dirigió a los estudiantes, fue para comunicarles en total la aplicación de 13 suspensiones) . El Rector Alvarez se negó a entrevistar al Movimiento Estudiantil, los profesores “rebeldes” eran embarcados en Comisiones que no tenían ninguna capacidad resolutiva, siendo así hábilmente anulados por el Decano.
    — es en este camino que el Movimiento Estudiantil vuelve a redescubrir en la lucha su única arma válida: más allá de irreales alianzas con inexistentes profesores revolucionarios: más allá de los marcos legales que le impone la estructura universitaria. Es en la movilización donde halla la mejor herramienta para lograr sus objetivos”. (Volante del 28/IV/70.)
    Y es en medio de ese clima de cada vez mayor profundización y agitación que se llega al 22 de abril, en que los estudiantes luego de tomar la Facultad deciden terminar ellos mismos con la farsa de los concursos destruyendo los expedientes que contenían los antecedentes de Jurados y Aspirantes. Dijimos en aquel momento:
    — se toma la Facultad: se destruye la documentación. Los concursos han sido frenados. El Movimiento Estudiantil ha logrado uno de sus objetivos”.
    Y es en este momento cuando vuelven a aparecer los adalides de la “no violencia”. Los mismos que escucharon al Movimiento Estudiantil afirmar su decisión de lucha, se hallan “azorados” porque se ha hecho uso de la violencia.
    Cabría preguntarnos y preguntarles si no es violencia :
    — el haber hecho de la digitación una norma común y corriente de manejo universitario;
    — el implantar como condición necesaria y suficiente para la tarea docente la obsecuencia para con las autoridades y los postulados de la “Revolución Argentina”.
    Que es acaso sino violencia:
    — el pretender instrumentar la universidad con el fin de alejar a los estudiantes del camino del pueblo. Pretender que los estudiantes a cambio de un título que da status, olviden que pocos metros más allá de las puertas de su Facultad está el pueblo explotado:
    — que la absoluta mayoría de los que con su trabajo crean las riquezas de nuestro país, y permiten la existencia de la Universidad, son precisamente los que no tienen acceso a la cultura.
    Que ridicula paradoja: los mismos que ayer armaron los brazos que asesinaron a Pampillón, Cabral,
    Bello, Mena y a tantos otros compañeros obreros y estudiantes: los mismos que diariamente someten a nuestro pueblo a la violencia del hambre, la enfermedad y la explotación, son los que hoy se consternan ante la violencia del Movimiento Estudiantil. Es por esto que suenan sus palabras vacías y sólo alcanzan a trasmitir su impotencia ante lo que ha sido una victoria del Movimiento Estudiantil” (28/ IV/70).
    Y fue esa impotencia que se tradujo en el castigo que el Decano pretendió darnos, no sólo amenazando con expulsiones y suspensiones, sino con el cierre de la Facultad. Pero no contó con que los estudiantes teníamos otra arma que era la organización que se tradujo en el dictado de las clases paralelas que anularon la medida del cierre y obligaron a la reapertura de la Facultad. En resumen, como saldo más valioso de este conflicto, merece destacarse:
    — la metodologia de trabajo: la discusión con todos los estudiantes, en amplitud y profundidad, en base a una información seria y documentada que se fue publicando desde noviembre de 1969 hasta su culminación en mayo de 1970.
    — el haber demostrado en la práctica la necesidad de la independencia del Movimiento Estudiantil frente a grupos profesorales que hacían cuestionamientos limitados a la maniobra del Decano. Esta posición fue impulsada por nuestra Agrupación derrotando en los hechos posturas que proponían alianzas “revolucionarias” estudiantil-docente.
    — a medida que se avanzó en el conocimiento del problema y que el grueso de los estudiantes tomaba conciencia de la necesidad de oponerse a los concursos, se pasa a medidas concretas de lucha, que al demostrarse la inutilidad de los “medios legales”, desemboca en lo que entendemos como justa aplicación de la violencia en la Universidad.
    — la comprensión de cómo la “Revolución Argentina” instrumenta la Universidad, dentro de la instrumentación general de la cultura que hace el régimen como un arma más de alienación y dominación, para obtener profesionales y técnicos integrados al sistema que sean instrumentos aptos para la mayor explotación de nuestro pueblo.

  • Para muestra sobra un botón
  • (antecedentes de algunos de los aspirantes y jurados) ASPIRANTES:
    Analista Benet: Se presentó a Concurso en el año 1968 teniendo como jurado a los profesores Schoemnker y De la Puente. Es descalificado, pero el Decano en atribuciones de Consejo Académico deja sin efecto el dictamen del Jurado y lo confirma en la Cátedra de Química General. Rafael Pérez del Viso: (no posee título universitario). Aspirante a la Cátedra de Historia de la Ciencia y de la Técnica. Sus antecedentes más valiosos son tres certificados del Colegio Santa Juana de Arco de Córdoba que atestiguan:
    1) Que pronunció un discurso en oportunidad de realizarse un acto conmemorativo del 25 de mayo.
    2) Que pronunció un discurso en oportunidad de realizarse un acto conmemorando el 1º de mayo.
    3) Que durante más de diez años que dictó clases en dicho establecimiento se caracterizó por su puntualidad.
    JURADOS:
    Ing. Cruellas: Nunca como docente de la Universidad Nac. del Litoral ejerció a nivel de profesor titular, adjunto o asociado ninguna de las materias en las que fue nombrado jurado. Nunca tuvo, a nivel de profesor, un cargo gañido por concurso público. Su último trabajo de investigación data de 1945.
    Ing. Laura de Aguirre: Hace seis años que no se dedica a la docencia. A fines del 63 pierde un concurso en la Universidad Tecnológica Nacional. Su último trabajo de investigación del que se tenga noticia corresponde a 1948. Era jurado en cinco materias.

    Tags: