Ex-dirigente del PCB, Joaquín Cámara Ferreira se rebela contra la línea política de Prestes y abandona el partido para fundar luego, acompañando a Carlos Marighela, la Alianza Libertadora Nacional. A la muerte de Marighela, a fines del año último, asume la jefatura del Movimiento, responsabilidad que ejerce hasta el 23 de octubre último, fecha en que muere asesinado por la policía política de San Pablo (DOPS). Esta reciente entrevista que publicamos será, pues, la última efectuada a este destacado dirigente revolucionario.

Hace un año murió asesinado Carlos Marighela, desde entonces cayó sensiblemente el nivel de la guerrilla urbana en Brasil y no tuvo comienzo la guerrilla rural que ellos anunciaron para el año 1969. ¿Esto significa que son menores hoy las posibilidades de la revolución en Brasil? Absolutamente, y eso por dos razones: las causas que determinaron el surgimiento de la conciencia de la necesidad de la lucha armada en el Brasil, se presentan hoy todavía de manera más evidente.
Vivimos bajo una dictadura militar fascista, cada vez más dictadura, cada vez más fascista. Si desde 1964 dejó de haber cualquier tipo de libertad, ahora ella se institucionalizó de una vez por todas.
Solo hay un poder, el de un pequeño grupo de generales que, por su mismo mandato, hace el juego de los grandes capitalistas y señores de la tierra como así también de los imperialistas y particularmente del imperialismo norteamericano.
Como consecuencia de esto, el pueblo sufre cada vez más la dictadura. Se han acentuado enormemente los trazos negativos tradicionales del estado brasileño. Vea un aspecto que, por ejemplo, interesa a los trabajadores: los salarios en nuestro país siempre fueron muy bajos, absolutamente insuficientes para que el trabajador tuviese una vida digna como determinaba la Constitución, mientras tanto, a través de huelgas y manifestaciones los trabajadores obtenían cada cuatro, seis o doce meses, reajustes salariales razonables que equilibraban el salario real.
Desde 1964, mientras tanto, con la prohibición rigurosa de huelgas y manifestaciones obreras, la intervención en los sindicatos, etc., se tornó imposible cualquier tipo de resistencia válida al llamado «arrocho» (contención) salarial del gobierno. Y el resultado es que el poder de compra del salario medio del trabajador disminuyó en cerca del 35 por ciento en estos seis años.
Es evidente que esto determina un enorme descontento en la clase obrera y dada la imposibilidad material de hacer huelgas que cuando ocurren son siempre reprimidas con terrible violencia, como pasó en Osasco, en el Estado de Sao Paulo y en los arrabales de Belo Horizonte —Minas Gerais— en 1968, los trabajadores se convencen fácilmente de que sólo con el derrocamiento de la dictadura podrán conquistar mejores condiciones de vida y un número cada vez mayor va comprendiendo que solo a través de la lucha armada eso será posible. Lo mismo sucede con los estudiantes, con los intelectuales, con muchos elementos de las capas medias. Por otro lado, la situación en el campo es trágica; los asalariados agrícolas de las regiones más desarrolladas reciben salarios por debajo del mínimo legal, si quieren trabajar; no tienen asistencia alguna ni ningún derecho, viven amontonados en la periferia de las ciudades del interior y son contratados en verdaderos mercados de carne humana, en las madrugadas, de la misma manera que en los antiguos mercados de esclavos: son escogidos primero los que presentan mejor aspecto físico, garantía de rendimiento en la estancia. En el nordeste la sequía lleva a millones a la desesperación y para evitar los saqueos de trenes y almacenes, saqueos que, a pesar de todo, prosiguen, el gobierno creó los frentes de trabajo que son verdaderos campos de concentración; nadie puede entrar allí sin orden del comando militar, el salario es de dos cruceiros por día, menos de medio dólar. Todo esto genera una profunda revuelta en las grandes masas de la ciudad y del campo, revuelta que no se traduce todavía en acción porque no hay un elemento de aglutinación y orientación; y por eso decía que las condiciones subjetivas para la violencia revolucionaria permanecen actuales en nuestro país.

¿Pero van a haber elecciones ahora?
Es verdad. El gobierno consintió (remarcado esto por Cámara Ferreira) en la realización de elecciones parlamentarias, pero sólo existen dos partidos, el partido del gobierno y el de una «oposición» por él permitida.
Es una «oposición» castrada, cuyos elementos más combativos fueron marginados, una «oposición» sui géneris que se encuadra en el régimen. El pueblo está desinteresado de esto, sabe que con el voto no conseguirá cambiar nada, por eso mismo, la mayoría absoluta de las fuerzas de izquierda está recomendando la anulación del voto.
El boicot es un arma difícil en la situación presente, porque mucha gente para recibir el salario tiene que presentar el título electoral firmado, pero estamos seguros que el alto porcentaje de votos anulados constituirá una seria advertencia al gobierno.

Pero, sin embargo, no basta la existencia de una situación objetivamente revolucionaria para que haya revolución. Nos hemos referido a la caída del nivel de las acciones urbanas, desde la muerte de Marighela, ¿qué tiene que decir con respecto a esto?
Esto es absolutamente cierto. La muerte de Marighela constituyó un impacto profundo, pero no únicamente para nuestra organización, pues no sólo ella sufrió los golpes. Como consecuencia el nivel de las acciones cayó sensiblemente, nosotros mismos perdimos mucha gente después de la muerte del «Pre-to», como Marighela era llamado cariñosamente por los combatientes.
Tenemos hoy más de doscientos compañeros de primera línea presos y existen tres o cuatro mil revolucionarios presos en todo Brasil. El número exacto es difícil de saber porque la policía no anuncia la prisión ni «comunica a la justicia», mientras tanto, también es verdad que muchos nuevos militantes van surgiendo. Por otro lado, la experiencia de todos nosotros es hoy mucho mayor. Hay mucha gente deseosa de empuñar el fusil que escapó de las manos del Che y del trabuco que Marighela usaba.

Han aparecido manifiestos en Brasil, firmados por distintas organizaciones. ¿Eso significa que ya existe un frente único entre las fuerzas revolucionarias?
Estas manifestaciones conjuntas reflejan el espíritu unitario de algunas organizaciones, VPR, MR Tiradentes, MR-8, Acción Libertadora Nacional. El asalto al carro de la «Brinks» fue una acción conjunta. Desde fines del año pasado venimos realizando toda una serie de acciones en conjunto y si no existe todavía formalmente un frente único revolucionario, estoy convencido de que marchamos en esa dirección. Y esto constituye un importante factor de fortalecimiento de la izquierda revolucionaria brasileña.

¿Esta unidad podrá extenderse también a acciones en el campo?
Nuestro deseo es ése y sabemos que ese también es el deseo de compañeros de otras organizaciones. El campo de entrenamiento instalado por la VPR, comandado por el compañero Lamarca en el Valle de Ribeira, por ejemplo, recibía elementos de distintas organizaciones, pero el trabajo en el campo es mucho más delicado que el de la ciudad, e incluso, pese a esto, creemos que es posible.

¿Qué piensa con respecto a la validez de la guerrilla rural? Mucha gente cree hoy que la guerrilla urbana debe ser la principal, particularmente en un país como Brasil en que cerca de la mitad de la población está concentrada en las ciudades. ¿El ejemplo de los Tupamaros no constituirá una demostración de la justeza de esa tesis?
En nuestro entender, y puedo admitir que es también un punto de vista de los compañeros de otras organizaciones, con los cuales venimos actuando conjuntamente, la lucha principal en el Brasil se desarrollará en el campo; podemos realizar grandes acciones en la ciudad y crear enormes dificultades a las clases dominantes y al gobierno, pero en ellas estaremos siempre en situación de inferioridad en relación con las Fuerzas Armadas del gobierno, en el campo será diferente. No es fácil crear un grupo guerrillero, aquí tenemos algunas experiencias concretas, el año pasado el gobierno movilizó cerca de tres mil hombres de las fuerzas armadas, ejército, marina, aeronáutica, policía militar, para cercar un grupo de revolucionarios que habían huido de la penitenciaría «Lemos de Brito» en Guanabara y que se encontraban en las inmediaciones de Angra dos Reis, en el estado de Río de Janeiro. Ellos se entremezclaron entre la selva y la represión sólo consiguió agarrar a uno que se accidentó. Una lección idéntica y mucho más completa y convincente es la del campo de entrenamiento del Valle de Ribeira, con apenas siete hombres pues dos habían, sido presos en el comienzo del cerco: el compañero Lamarca consiguió imponer dura derrota a los militares con sus millares de soldados destacados allí.

¿Esto significa que solamente es cuestión de comenzar la guerrilla en el campo?
No, no, no es así. O mejor, esto no es tan fácil. El comienzo de una guerrilla es una operación bastante delicada. La dictadura está muy convencida de la validez de la guerrilla rural y ha tomado sus precauciones. Solo para la zona selvática, la zona de cañaverales de Pernambuco, fueron enviados centenares de informantes de los servicios de inteligencia, cuya misién coasiste en vigilar de cerca las actividades de los trabajadores y denunciar cualquier cosa sospechosa. Las transferencias de tierra son rigurosamente controladas por esos mismos servicios de espionaje, por eso mismo creemos que la primera fase de la lucha en el campo debe ser de acciones guerrilleras, pequeños grupos deberán asaltar y quemar las oficinas cartográficas, donde estén registradas las pertenencias de tierra de los latifundistas, asaltar almacenes y depósitos de víveres distribuyéndolos entre la población, matar ganado y distribuirlo también entre los hambrientos y detener y en algunos casos ejecutar a los norteamericanos que son propietarios de tierra y expulsan a los brasileños de sus propias tierras.
Realizar acciones contra las autoridades más reaccionarias, contra los enemigos del pueblo trabajador en general. A esto es lo que llamamos llevar la subversión al campo, nuestro propósito es precisamente el de subvertir este orden de cosas injusto. Esas acciones despertarán la conciencia de la masa en el campo.
Por otro lado, esas acciones entrenan para la práctica a los guerrilleros y ellas atraerán para nuestras filas primero decenas, después centenares y al final millares de campesinos. El gran guerrillero en el campo es quien nace y vive toda su vida allí, de esta fase pasaremos a la fase de guerrila propiamente dicha, a la de crear un ejército de liberación nacional que ya podrá enfrentar y derrotar a unidades importantes de las fuerzas dictatoriales; todo eso tendrá que ser conjugado con la intensificación de la guerrilla urbana, con vistas —ahora— a crear dificultades a la clase dominante y paralelamente lanzar a acción comandos de sabotaje diseminados por todo el país.

¿Eso significa que a su entender los campesinos constituyen la principal fuerza de la revolución brasileña? Los campesinos son, por sus condiciones de vida, por su adaptabilidad a la guerrilla rural, una fuerza importantísima y numéricamente la más importante. Mientras tanto el proletariado tiene un papel principal, fueron representantes de la conciencia de clase del proletariado los que elaboraron la estrategia de nuestra lucha, partiendo de los intereses generales del proletariado que se confunden con los de todo el pueblo.
No importa que la gran mayoría de la clase obrera tenga dificultades inmensas para actuar hoy en las fábricas y en los centros urbanos, son sus intereses generales los que determinan la política general de los grupos revolucionarios. El proletariado de los grandes centros también será llamado a dar su palabra cuando el proceso revolucionario esté más avanzado y cuando esté a la orden del día la derrota de la dictadura. En ese instante, a través de huelgas y manifestaciones, conjuntamente con los estudiantes y las masas empobrecidas de las ciudades, el proletariado dará el golpe de muerte a la reacción.

El gobierno brasileño afirma en el extranjero que las noticias sobre torturas a presos políticos son falsas. ¿Qué tiene que decir con respecto a esto?
El gobierno brasileño institucionalizó la tortura y el asesinato de presos políticos a través de sus centrales represivas el CODI (Centro Operativo de Investigaciones) en Guanabara y la OBAN (Operación Bandeirantes) en Sao Paulo, creadas y controladas directamente por el comando del ejército. Desde 1964 hay torturas terribles que en un momento dado determinan la dimisión de uno de los responsables de la seguridad nacional, un general, que justamente en el momento en que su hijo fue detenido en Recife, pudo confirmar todo lo que se decía. Desde esa fecha los desmentidos son tanto más categóricos cuanto más violentas son las tortoras.

Tags: , ,