Este hombre tranquilo que habla conmigo en algún lugar de un Montevideo erizado de bayonetas, es una presa altamente codiciada por los miles de policías, soldados y marinos que revuelven la ciudad, casa por casa, en su búsqueda. Presos Raúl Sendic y otros dirigentes de los Tupamaros, este hombre que se hace llamar Urbano ascendió con otros compañeros, al plano máximo de la dirección del Movimiento de Liberación Nacional de Uruguay.
Como aquel animal mitológico al que le cortaban una cabeza y le nacían siete, los Tupamaros tienen un asombroso poder de recuperación, la capacidad instantánea de llenar los puestos vacíos en la trinchera invisible de su lucha frontal contra el régimen.
Urbano es un hombre joven pero insólitamente maduro. Habla con la misma calma con que fuma sus “La paz suave” y se le va enfriando el mate que toma sorbo a sorbo, a medida que aumenta su interés y su concentración por lo que tiene que pensar y decir.
Su responsabilidad no es poca: Habla en nombre de un Movimiento que, con una cadena interminable de acciones, ha sacudido el sistema de un extremo al otro. Y si se trata precisamente de hablar de su movimiento, de su estrategia y de su táctica, de los hombres que lo componen y su actitud ante la lucha, del sentido del desenlace de los secuestros, de por qué ejecutaron a Mitrione y una vez y otra de su meta obsesiva de hacer la revolución uruguaya, está dispuesto a hablar toda la noche. Y eso fue, finalmente, lo que hicimos.

—¿Qué propósitos reales y aparentes busca el Movimiento con los secuestros de Mitrione, Días Gomide y Fly y cómo se procesa el enfrentamiento con el gobierno sobre este punto?
—Bueno, por un lado está la acción en sí y por otro la actitud o más bien las distintas actitudes que fue asumiendo el gobierno en el curso de la operación.
En un principio la situación era un simple canje como los que se produjeron en otros países de América latina: un grupo de guerrilleros retiene a diplomáticos extranjeros y propone un canje de revolucionarios presos por esos diplomáticos detenidos. A partir de ese momento empieza a sucederse una serie de hechos y el problema, que en un principio estaba planteado en esos términos, empieza a adquirir un vuelo distinto.

—¿Cuáles son esos hechos? ¿Cuál es el cambio que se produce en la situación?
—Primero se secuestra a Mitrione y a Días Gomide. La prisión de Gordon Jones se frustra cuando estaba ya en nuestro poder. De inmediato se producen presiones externas e internas, “sectores democráticos”, clero, capas medias, etc. El Director del Departamento de Política Exterior del Ministerio de Relaciones Exteriores, Giambruno, que muestra una actitud flexible, es desautorizado por el Ejecutivo. El Vicepresidente, Abdala habla de pacificación y amnistía. Hasta ese instante los Tupamaros no decimos una palabra, MLN no emite ningún comunicado.
Es a partir de este estado de crisis en el poder, de dos tendencias visibles en el gobierno: los partidarios del canje y los “duros”, que el Movimiento emitió un comunicado dando plazo. Esto para agudizar más las contradicciones en el gobierno que inclusive pueden llevar a la caída de Pacheco Areco. Simultáneamente reforzamos nuestras posiciones con un tercer secuestro: el de Fly.
Se llega así al punto más favorable para nosotros, en lo que respecta a las negociaciones: el canje o la amnistía de todos los compañeros parece próxima a consumarse. La crisis en el gobierno se acentúa, la caída de Pacheco parece inminente; es entonces que se produce la detención de un grupo importante de compañeros, lo que trae como consecuencia la afirmación de las posiciones de Pacheco: la caída de Sendic y los otros compañeros en la calle Almería, inclina la balanza al no canje.
La situación pasa a ser algo parecido a una partida de ajedrez donde la captura de una pieza origina un cambio de táctica de las partes. Es decir que, con el pretexto de los secuestros, los que pasan a enfrentarse abiertamente son dos centros de poder: por un lado la dictadura que refuerza sus posiciones y lanza la represión a la calle y por otro, el MLN que aguanta la represión, mantiene los secuestrados y nuevamente se plantea seguir la lucha en los términos en que estaba establecida antes de los secuestros, con la variante de que en este momento la lucha se desarrolla teniendo nosotros dos secuestrados en nuestro poder, respecto a uno de los cuales, que se encuentra bajo atención médica, hemos propuesto su liberación a cambio de que se dé a publicidad un comunicado del Movimiento.

—¿Es decir que ahora el problema de los secuestros queda marcado en la línea habitual del Movimiento, de lucha contra el régimen?
—Así es. La línea del Movimiento es la línea de hostigamiento sistemático al régimen. El MLN desarrolla acciones constantes contra el pilar de ese régimen que son las fuerzas represivas Esto no implica, necesariamente, que las acciones sean siempre directas contra las fuerzas represivas, sino que en determinado momento es conveniente procesar acciones de otra naturaleza que, de alguna manera, están golpeando también sobre ese soporte fundamental que tiene el sistema.
Nosotros vamos debilitando el potencial ofensivo-represivo del régimen, minando la moral de sus fuerzas represivas. Las desgastamos. Frente a la idea en que las tienen educadas de que cada golpe que nos dan a los Tupamaros significa la decapitación de nuestra organización y allí se terminan los problemas, el Movimiento renace, sigue viviendo, golpea y los saca del error.
Es, en definitiva, la aplicación de la ley fundamental de la guerrilla urbana —y de la rural, por supuesto—: la continuidad. En el marco de esa línea es posible procesar acciones que, de alguna manera, están organizando una escalada dialéctica contra el sistema. Es decir: a más golpes y a más represión de la dictadura, más acciones, más respuestas de las fuerzas revolucionarias organizadas.

—¿O sea que la propia concepción inicial de los secuestros ya estaba contenida en esa línea?
—Desde un principio. Porque en un marco así, en un marco de hostigamiento sistemático al régimen, es que se plantea el plan de los secuestros que tiene, sí, el objetivo real del canje por los compañeros detenidos pero que, al igual que todas las otras acciones que se procesan por el Movimiento,
está dirigida a roer el sistema, a desgastarlo, a derrumbarlo, si las fuerzas nos lo permiten. Con el caso de los secuestrados, algo de eso ocurre. Pacheco estableció en forma reiterada que no negociaría con el Movimiento de Liberación, que aquí no iban a producirse canjes entre secuestrados y revolucionarios presos; en el momento en que nosotros procesamos las acciones calculamos que eso podía ser posible, con Pacheco o sin Pacheco: o Pacheco se aviene a rectificar su tesis o Pacheco renuncia y la negociación se haría con quien lo sustituyera.
Son hipótesis que se manejan pero que no definen, de ninguna manera, ni una conducta ni una línea. Son variantes, posibilidades que pueden presentarse y frente a cada una de ellas, los Tupamaros, que debemos estar muy atentos a los cambios de la situación, nos manejamos dialécticamente en cada caso.

—¿Ustedes contaban con que cierta conjunción de fuerzas reforzara objetivamente la posición del Movimiento?
—Es cierto, nosotros contábamos en algún momento con el aislamiento de Pacheco, con la presión de las fuerzas afectadas por la política de Pacheco: intervención de la enseñanza, cierre de los liceos, suspensión de profesores, crisis en la Universidad, trabajadores con los salarios congelados, etc.
Por otro lado, sectores económicos que sienten que no pueden desarrollar sus objetivos dentro de un sistema que es bastante inestable y sectores políticos que, de alguna manera, se plantean llevar al país a cierta estabilización sobre la base de una negociación con el MLN.
Son elementos a considerarse pero, le insisto, en última instancia, elementos ajenos a los pasos y a los objetivos de los Tupamaros. En un determinado momento nos movemos con ellos. Todos esos elementos fueron considerados sin que ninguno de los mismos o el conjunto de esos elementos implicase rectificar en un ápice lo que es la línea o la metodología del Movimiento. Los tuvimos en cuenta y consideramos las cosas de tal manera que para cualquiera de las dos eventualidades estábamos preparados. Si se producía el canje, con Pacheco o sin Pacheco, teníamos nuestros planes para seguir desarrollando nuestro Movimiento hacia su objetivo final, que no es otro que llegar con el pueblo al poder. Si la situación se endurecía, si —como ocurrió— la embajada de Estados Unidos, sus acompañantes de la embajada de Brasil y el propio gobierno, decidían sacrificar a los secuestrados porque creyeron ver la posibilidad de decapitar al Movimiento, bien, también para esa posibilidad estaban hechos los cálculos y no ha sido más que otro paso en la escalada de antagonismo entre la dictadura y las fuerzas armadas del pueblo que están en el Movimiento de Liberación Nacional.

—¿Cuáles cree usted que fueron los factores que contribuyeron a definir la posición de intransigencia de Pacheco Areco y a mantenerla a capa y espada?
—Quisiera aclararle en primer lugar que la línea de Pacheco no fue tan intransigente como apareció a la luz pública: mientras Pacheco se jactaba de no negociar con nosotros, el Ministro Fleitas, que evidentemente no podía actuar sin su consentimiento, negociaba con nuestros dirigentes detenidos la liberación de los secuestrados a cambio de la libertad de los presos estudiantiles y de pasar a la justicia ordinaria a los últimos compañeros detenidos. Hubo otra negociación a través del juez Días Romeu, que solicitó a Sendic la ampliación en 72 horas del plazo de ejecución a Mitrione, que se frustró por la negativa del jefe de la policía, Coronel Rivero.
Pero daría la impresión que lo que afirma en definitiva a Pacheco en la oposición al canje (si entendemos que Pacheco no responde por sí, sino que responde por otros) es que la caída de una serie de compañeros hizo prevecr a Pacheco y a quienes lo manejan la posibilidad de desbaratar la organización. Pienso que la respuesta negativa al canje y el haber dictado de hecho sentencia sobre Mitrione (porque la sentencia sobre Mitrione, antes qus la dictáramos nosotros, la dictaron el gobierno y la embajada norteamericana) estaba dentro de un plan de acciones que tenía por objetivo poner al Movimiento en desbandada y hacerlo desaparecer. Lamentablemente para ellos, cayeron en un error de cálculo.

—En determinado momento, ya muerto Mitrione, se hace explícita la posición de Estados Unidos y se confirma que ellos sacrificaron a su agente. ¿Qué cree usted que explica esa posición de Estados Unidos?
—Se trata de un juego de inversiones. Le reitero que Estados Unidos en ese momento entiende que la muerte de Mitrione vale la posibilidad de que las fuerzas represivas se larguen a la calle considerando que los Tupamaros hemos quedado decapitados y que bien vale sacrificar a un Mitrione por un MLN desbaratado.

—¿Puede haber pesado también la consideración de que en ese momento debían respaldar a Pacheco para no conceder a los Tupamaros la victoria política de tumbar a un Presidente y también el alcance latinoamericano que inevitablemente tendría la forma en que se resolviera el problema de estos secuestros?
—Bueno, esas son cartas que juega el imperialismo. El imperialismo puede exprimir a Pacheco como a una naranja y después sustituirlo por otra naranja. Nosotros tenemos claro, y creo que respondo un poco al interés central de su pregunta, el alcance latinoamericano del asunto. Y dentro de ese mismo marco esto tiene otra derivación: creo que lo que nosotros logramos con todo esto es la imposición de un método, es decir, el método de la lucha armada para promover o para imponer un cambio revolucionario.

—Sobre la supervivencia del Movimiento hay otra pregunta que todavía creo válida. Algunos voceros del gobierno y órganos de prensa consideran que los Tupamaros han recibido, en esta oportunidad, lo que llaman un “golpe m,ortal” y pronostican su desaparición de la escena política. ¿Que hay de cierto en esto? ¿En qué medida exactamente el Movimiento ha sido golpeado?
—Aquí cabe recordar aquello de que “los muertos que vos matáis gozan de buena salud”. Todo movimiento revolucionario tiene entendido que los golpes pueden sobrevenir en cualquier momento y pueden afectarlo y sacudirlo como estos nos han afectado y sacudido a nosotros.
También Fidel desembarcó en el “Granma” con 82 hombres y quedó con una docena y el Che tampoco pudo llevar adelante en aquella instancia el proceso guerrillero en Bolivia y lo continuó Inti y ahora está el Chato por ahí. Hemos recibido un golpe, pero quiero decirle que la estructura de la organización y la relación organización-pueblo, a esta altura, es tan intensa, la raíz de la organización está
tan afianzada en el pueblo, que es prácticamente imposible un cerco a la organización; es decir: siempre tendremos la oportunidad de nutrirnos de la savia de ese pueblo que nos dará casas donde refugiarnos, cuadros para reponer y aún para aumentar el contingente de que disponemos.

—¿Esto es también válido a un nivel de dirección? Una serie de dirigentes importantes habían sido detenidos con anterioridad a los secuestros y ahora cayeron otros. ¿El Movimiento ha estado en capacidad de reponer estos elementos de dirección con un similar nivel de eficacia?
—Le voy a responder brevemente y con palabras que no son mías sino de Fidel: “El pueblo da muchos Camilos”.

—Uno de los aspectos que puede ser más interesante aclarar de la operación secuestros es el caso de Mitrione. ¿Qué razones deciden al Movimiento a sentenciar a muerte y a ejecutar a Mitrione?
—Aquí juegan elementos del Movimiento, elementos de Mitrione y elementos de aquellos con los que se quiso negociar. Mitrione, en primer lugar, significa la presencia de la CIA, la presencia del mecanismo de la Agencia Interamericana para el Desarrollo (AID) para hacer llegar a los países de América latina sus asesores para las fuerzas represivas. El es quien ha educado a la policía uruguaya en el arte de la represión de masas, en el arte de la tortura. Tiene antecedentes no muy distintos en el Brasil. Figura inclusive en un libro de “¿Quién es quién en la CÍA?”. Es decir, que Mitrione era, claramente, un agente de la represión de los Estados Unidos.
Como hombre a quien se le hace un juicio revolucionario tenía un diagnóstico suficientemente grave como para que pudiera pesar sobre él una sentencia de la magnitud de m que pesó. Pero no sólo eso jugó y yo diría que no fue fundamentalmente eso lo que jugó, porque de haber sido eso solamente no hubiéramos planteado el canje en torno a Mitrione. Estábamos dispuestos a negociarlo por la libertad de nuestros compañeros. La respuesta de la embajada norteamericana, que se hizo oír a través de Pacheco, fue la de sacrificar a Mitrione.
Les dimos plazo, dictamos sentencia y se advirtió que si en ese plazo no se liberaba a nuestros compañeros o no se daba respuesta a las negociaciones, Mitrione iba a ser ajusticiado.
Llegado a un extremo tal, una decisión tomada por un Movimiento revolucionario debe cumplirse, sobre todo mediando los antecedentes que mediaban. Esas son las razones que llevaron al ajusticiamiento de Mitrione.
La ejecución de la sentencia sobre Mitrione implica no sólo una responsabilidad del Movimiento frente a su pueblo; implica, además, una responsabilidad del Movimiento frente a los otros movimientos revolucionarios de América latina. A esto usted se refería hace un momento. El método secuestro-canje debía ser jugado hasta sus últimas consecuencias para salvarlo como mecanismo. Y eso también pesó.
Es decir, cuando nosotros tomamos una medida de esa naturaleza, no solamente estamos pensando en la situación que se nos da a nosotros en particular, sino también en lo que significa el secuestro como método para otros movimientos revolucionarios de América latina. Y esa carta también la conocía el imperialismo y también la juega cuando dice “no” al canje por Mitrione.

—Pienso que la medida que ustedes tomaron o se vieron, en cierta medida, forzados a tomar, les supuso pagar un precio inmediato de impopularidad. Es decir que el grado de politización de las masas uruguayas, combinado con una campaña lagrimosa y sentimental de todos los órganos de prensa, televisión, etc., condujo a esa reacción entre la gente. No sé si estoy equivocado en mi apreciación, pero pienso que, contrariamente a otras acciones de los Tupamaros que fueron recibidas con una comprensión muy rápida, con una captación muy rápida por el pueblo uruguayo, en este caso provocó, en lo inmediato por lo menos, una reacción mayoritariamente negativa. ¿En qué medida creen ustedes que esto es así?
—Yo tendría que polemizar primero con algunas afirmaciones que se hacen en su pregunta. No creo que el pueblo uruguayo esté tan politizado pero tampoco creo que esté tan despolitizado.

—Vamos a entendernos: Justamente yo me refería a un determinado nivel alcanzado por esa politización. No digo, ni mucho menos, que esa politización no exista. Y me pregunto hasta dónde ese nivel le permite comprender que un agente de la CIA, secuestrado o no, en un país que se pretenda soberano, merece la sentencia que ustedes le aplicaron.
—Sí, creo que en este país una acción que implique la muerte sigue pagándose cara. Estamos, yo diría, en los albores de una guerra revolucionaria.
Pero volviendo un poco al problema de la politización o semipolitización. No hay que confundir las voces que se oyen en un período posterior a la muerte de Mitrione, con las voces que no se oyen. Las voces que se oyen son las orientadas por el oficialismo: prensa, radio, etc. Pero hay muchos que en silencio entienden, pero no pueden expresarse. Valga el ejemplo de una encuesta Gallup que se hizo aquí en el Uruguay sobre la muerte de Mitrione y el porcentaje de gente que se manifestaba indiferente y el porcentaje que se manifestaba a favor eran tan equilibrados que no justificaba su difusión por el régimen ni el clima que estaba creando artificialmente la prensa.
Pero hay otra cosa que hay que señalar a propósito de otro aspecto de la pregunta. No todas las acciones que se realizan tienen carácter propagandístico. Nosotros entendemos por acciones de tipo propagandístico las acciones que tienden a mostrar la imagen popular del Movimiento. Una acción como la de denuncia de las Financieras, por ejemplo, de especulaciones, de acopio de dinero malhabido, etc. Este tipo de acciones son de propaganda, a las que si usted quiere puede sumarle todo lo que tiene que ver con proclamas, con tomas de radios y otras.
Pero hay acciones que importan mucho en un proceso revolucionario y no siempre son comprendidas en forma inmediata por el pueblo. El ajusticiamiento de un delator, por ejemplo, puede no ser comprendido por el pueblo en el momento en que se produce porque ese delator puede ser desconocido para el pueblo y la prensa puede encargarse muy bien de no difundir las razones del ajusticiamiento. Pero, en cambio, ese ajusticiamiento tiene un significado muy importante para la guerra que se desarrolla contra el régimen, es un llamado de alerta a aquellos que están en las filas de la delación para que sepan que hay una dualidad de poder en este país: la de la represión y la de los Tupamaros. La muerte de un policía que está defendiendo intereses que no son los suyos puede ser en alguna circunstancia considerada, por un sector del pueblo que no ha definido todavía
su posición entre el gobierno y el MLN, como un acto inexplicable. El correr de los días, el correr de los meses, le dan a ese sector indefinido una clara explicación del alcance de esa acción.

—Sobre Días Gomide y Fly. ¿Qué explica la proposición de canje de uno de los secuestrados?
—Se dice claro en nuestro último comunicado: Estamos dispuestos a dejar en libertad a uno de los secuestrados, que está bajo atención médica, a cambio de una difusión amplia de un documento que adjuntamos donde hacemos un diagnóstico del país y explicamos nuestro problema y el sentido de nuestra lucha.
—¿Y la proposición de tregua armada que hacen al gobierno?
—La hacemos sobre la base de seis puntos que son ampliamente reclamados por las masas uruguayas. Pacheco nos acusa de ser los responsables de la violencia en el país. Nosotros decimos que el responsable de la violencia es él, que la emplea en la defensa de un orden injusto. Si no acepta nuestra propuesta esto quedará todavía más claro. Pero por encima del canje y de las propuestas o contrapropuestas está entablada la lucha entre las fuerzas represivas de un régimen que se ha propuesto encontrar a los secuestrados sin negociar y nosotros, que nos hemos propuesto negociar sin que los encuentren. Por encima de todo se sigue dando la batalla entre el proyectil y la coraza. Ellos han lanzado una ofensiva sin precedentes, nosotros hemos demostrado que, aunque con bajas, la hemos podido soportar y en este momento la lucha se ha elevado a otro terreno.

—Bien, volviendo a la actualidad. ¿Cuáles son los próximos pasos que se propone dar el Movimiento?
—Veremos qué responde el gobierno a nuestra propuesta. Pero, sinceramente, confiamos muy poco en su aceptación. A raíz del planteo de la negociación por los detenidos la dictadura ha respondido con mayor represión. Ha lanzado a las fuerzas de la policía y del ejército a la calle, ha habido en muy pocos días veintinco mil allanamientos, hasta en hospitales e iglesias. Han caído compañeros. A compañeros caídos en el marco de la suspensión de las garantías constitucionales se les suministró inyecciones de Pentotal, se les ha maltratado y torturado con el objeto de arrancar confesiones y a pesar de los medios técnicos y de los medios prácticos empleados, se han mantenido.
A esa respuesta de la dictadura frente a nuestro planteo sobre los diplomáticos secuestrados, nosotros responderemos con más lucha armada.

-¿Cómo y con qué fines?
—Podemos encabezar este tema con lo que es la consigna de la campaña que emprendemos los Tupamaros en este momento: “Si no hay patria para todos, no hay patria para nadie”. En este momento las acciones que desarrolla la dictadura se hacen al servicio y en defensa de un orden. Ese orden significa cientos de trabajadores destituidos, cientos de profesores cesantes, la enseñanza intervenida, los liceos clausurados, una situación de miseria cada vez más aguda como consecuencia de la congelación drástica de los salarios y una congelación nada drástica de los precios de los artículos de primera necesidad.
Esta es una situación que se viene arrastrando desde hace mucho tiempo y que ahora se ha agravado más aún. La situación en el campo, la situación de los peones agrícolas, la situación de los “cantegriles”, el cinturón de miseria de la ciudad, los llamados “pueblos de raías” en el campo, de los asalariados rurales, etc. En defensa de ese orden el gobierno ha lanzado toda esa represión a la calle. Hay trabajadores presos en los cuarteles, hay decenas de presos políticos y revolucionarios en las cárceles de Montevideo y ese es el orden que defiende el régimen.
Ese mismo orden que permite devaluaciones que un grupo económico promueve, se entera con anticipación y eso le permite hacer millonadas y millonadas de un solo golpe. Es el emporio de las finanzas, el emporio de los latifundistas en el poder. En defensa de ese orden el gobierno lanza las fuerzas represivas a la calle para decapitar o desbaratar lo que es la vanguardia armada del pueblo. Contra ese orden nosotros respondemos. Frente a ese orden respaldado en las bayonetas de la dictadura respondemos con un lema, un objetivo inmediato enarbolado en la punta de nuestras armas clandestinas. Al pueblo uruguayo, en este momento, ni lo domina ni lo gobierna la dictadura. Esa es nuestra consigna. Lanzamos la lucha armada a todo nivel, a través de nuestros comandos regulares o lo que es la línea de masas de los Tupamaros: llevar la lucha armada a nivel de masas.

—El Movimiento entiende que esa es la única forma posible de expresión de las masas. Ahora, ¿cuál es el grado de comprensión por parte de las masas, hoy, de que ese es el camino?
—Las masas van comprendiendo que cualquier acción que emprendan que implique afectar al régimen, choca de una forma u otra con él; que la lucha por un salario se enfrenta a una ley congelatoria del régimen; que cualquier intento de manifestación o cualquier tentativa de asamblea que afecte los intereses del régimen o del orden que el régimen defiende, es coartada; que cualquier medio de expresión de ideas que diga algo que pueda afectar a ese orden defendido por las bayonetas es clausurado, como ocurre ahora con tantos diarios.
Esc pueblo, esos trabajadores están comprendiendo que cualquier acción que desarrollen termina inevitable, ineluctablemente enfrentada al régimen y que los métodos con que, de alguna manera, los está educando el MLN, los métodos de la acción directa, clandestina, son prácticamente la única manifestación y acción efectivas dentro del actual estado de cosas.

—¿Cuál es el programa inmediato que levanta el MLN?
—En este período levantamos seis puntos encabezados por la libertad de los compañeros detenidos a los que se suma la descongelación de salarios, a los que se agrega el levantamiento de todas las intervenciones gubernamentales en los organismos industriales y comerciales del Estado y —particularmente— la enseñanza; el levantamiento de las Medidas Prontas de Seguridad y de todas las leyes aplicadas en su marco, la restitución de todos los destituidos. Es enarbolando este programa que los Tupamaros convocamos hoy al pueblo a enfrentar el orden de la dictadura y a reclamar el derecho de todos a una misma patria, en momentos en que esta es una patria para unos pocos y negada para muchos.

—¿Los Tupamaros se plantean, aparte del significado político muchas veces implícito en algunas de sus acciones, un trabajo político de clarificación, de difusión de ideas y de su línea entre el pueblo uruguayo?
—Nosotros pensamos en estos momentos que la masa o los sectores que era previsible ganar, ya los hemos ganado. De la misma manera que la dictadura, en esta lucha, se ha hermanado más con sus parientes de clase. Queda entre ambos polos una masa a la que queremos ganar o, eventualmente, neutralizar.
Frente a esa masa está quedando cada vez más claro que en el país hay una dualidad de poderes. Esa dualidad de poderes durante mucho tiempo va a subsistir, pensamos que la lucha es larga. Pero hay un hecho claro, tangible, que se palpa en la calle, que hay una justicia de la dictadura que se expresa en los allanamientos, en el encarcelamiento y la tortura y que hay también una justicia revolucionaria que va desde el ajusticiamiento de los torturadores del régimen hasta el allanamiento de los domicilios de los hombres en los que en este momento se afirma la dictadura. Tomando un caso: el poder Judicial. Habíamos entendido que el Poder Judicial actuaba con mano dura frente a nuestros compañeros y actuaba con gran ligereza frente a los agentes de la dictadura en hechos tales como el acaecido en Cuchilla Alta donde cuatro compañeros nuestros fueron condenados por un homicidio que la justicia sabía que fue cometido por un integrante de la policía.
En otro caso un agente policial mató a un ciudadano luego de pedirle los documentos; a un ciudadano que además

no tenía nada que ver con nuestra organización, y ese policía fue liberado a las 48 horas de haber sido detenido. Pereira Manelli, el juez que había tomado parte en esos procedimientos, fue detenido por nosotros, interrogado y allí reconoció, como luego lo hizo público, que había efectivamente actuado con ligereza en algunos casos y con excesiva dureza en otros. Y lo más grave aun es que señala que el famoso expediente de las “infidencias”, la cuantiosa defraudación en la que está complicado el político oficialista Jorge Batlle, rebotó en su juzgado y esa partida se jugó por encima de su cabeza.
En todo este caso de Pereira Manelli, pues, el MLN actuó aplicando su propia justicia.
Si hemos llegado a esta altura con un panorama en que hay un casco básico de la población del país definidamente partidario del Movimiento de Liberación, es porque el trabajo que se ha realizado con esa gente no descansó simplemente en las acciones que el Movimiento fue desarrollando, sino que, junto a eso, aunque en sus albores, siempre relegado pero cada vez adquiriendo mayor importancia y mayor atención, hemos realizado un trabajo educativo, formativo, de discusión de materiales, de difusión, etc. Las limitaciones en este aspecto para un movimiento clandestino son muy evidentes. Durante un tiempo estuvimos sacando una emisión radial clandestina. Hace poco reapareció y seguramente en cualquier momento volverá al aire. La difusión de materiales impresos se está acentuando; su distribución, como usted supone, implica un riesgo particularmente serio. El hecho de tener un documento de nuestra organización ya significa un proceso por “asociación para delinquir” o “asistencia a la asociación para delinquir” de que se derivan muchos años de cárcel.

—¿Qué formas organizativas piensa dar el MLN a su influen cia en el pueblo?
—Aquí sí podemos hablar de una contradicción que tratamos de superar, sobre todo en un período en que se nos plantea la guerra a todos los niveles, la lucha armada a todos los niveles.
Existe una gran desproporción entre la influencia del MLN y el desarrollo de la organización de esa influencia por parte de nosotros. Hay mucha gente dispuesta a colaborar de muchas maneras a las que la organización no puede llegar por su propia estructura. A ellos en este momento se les está haciendo un llamado para la creación de lo que podría llamarse “Comité de Apoyo a los Tupamaros” (CAT), cuya estructura, cuya organización sería similar a la de las células compartimentadas del Movimiento: número reducido, funcionamiento clandestino y sus tareas centrales estarían dadas en particular por la difusión de materiales de la organización y, eventualmente, estudio de objetivos, hasta, en algunos casos en que esos comités tengan un grado suficiente de desarrollo combativo, procesar algunas acciones a nivel popular.

—Ya que estamos en esto: El Movimiento ha dado muestras de una gran eficacia, no sólo en sus acciones sino en la defensa de su propia organización. Creo que la prueba más evidente es esta ofensiva sin precedentes de las fuerzas gubernamentales contra el movimiento y los resultados desproporcionadamente pobres que obtuvieron con ella. Eso supone un nivel de organización alto del Movimiento, el que en cierta medida debe ser conocido por la policía. Por eso tal vez no sea excesiva indiscreción periodística pedirle que me hable de las normas organizativas internas del Movimiento que aseguran ese grado de eficacia.
—Sí, se pueden decir algunas generalidades básicas sobre esto.
Podríamos decir que la compartimentación, la discreción, son para el guerrillero urbano lo que la senda secreta en la selva es para el guerrillero rural. El no saber más de lo que se debe saber, el no comentar más de lo que se debe comentar, el no conocer más locales de los necesarios para sus movimientos; el no conocer más nombres, inclusive de sus propios compañeros de célula que los que tiene que conocer; la utilización de nombres supuestos y nunca de los verdaderos, son la garantía de que el Movimiento cuando es golpeado en alguno de sus cuadros, lo que caiga atrás sea siempre poco o nada. Digamos que es nuestra coraza. Además la compartimentación no se da solamente a nivel celular, sino también a nivel de columna, cada columna cuenta con sus propios grupos de acción, cada columna cuenta con su propio apoyo logístico, con su propia infraestructura, con su propia relación MLN-Pueblo, MLN-Gremios, MLN-Estudiantes, o, MLN-Ejército.
Esta estructura permite el funcionamiento simultáneo y autónomo de diversas columnas. Y cuando la represión afecta a una de ellas, puede significar que la afecta al punto de hacer decrecer su poder operativo, pero no decrece el poder operativo de las demás columnas. Inclusive, si el embate represivo es tan hábil como violento, puede llegar a afectar a más de una; pero mientras una sola de esas columnas exista, la organización sigue funcionando y expresándose. Es decir, el Movimiento con esta estructura, podríamos decir que es inextinguible. Aun en los casos en que la organización recibe un golpe particularmente fuerte, como el que recibió hace poco con la caída de un grupo importante de compañeros en medio de “razzias” nunca vistas en el país, esto no significa la desaparición del MLN, ni del accionar del movimiento en la calle, sino que en el mismo centro de esas “razzias” el Movimiento puede actuar y ha seguido actuando. Es decir, aquellas columnas que no han sido afectadas por la represión continúan con su capacidad operativa intacta y pueden mantener el peso de la acción, la imprescindible continuidad de la acción de los Tupamaros.

—Los Tupamaros han realizado diversos tipos de acciones: desde sonados secuestros hasta ocupaciones de pueblos; desde ajusticiamientos de torturadores hasta incautaciones de fondos. Desearía que me explicara un poco más ampliamente el propósito de cada uno de estos tipos de acciones.
—Hay acciones tácticas de pertechos, hay acciones de propaganda y hay acciones directas contra el régimen. Las acciones de pertrechos son más o menos constantes y en ellas podríamos incluir la búsqueda permanente de fondos y de una serie de elementos que tienen que ver con el apoyo logístico del movimiento: material plástico para documentos falsos, dinámica para las acciones, en fin, máquinas para recargar proyectiles; es decir, toda suerte de elementos que tienen que ver con la estructura logística del Movimiento. Las acciones de propaganda son aquellas que de por sí están definiendo los objetivos y la conducta del Movimiento, que fueron las que, fundamentalmente se desarrollaron en los primeros tiempos. Estando en el orden del día, constantemente, no son en este momento prioritarias. Ejemplos de estas acciones de propaganda que hemos hecho son la incautación de documentos de una Financiera para demostrar que hay ministros vinculados con grandes negociados o acciones de finanzas que a la vez tienen un carácter que define la conducta del Movimiento. Es decir, el Movimiento no expropia dinero que va a ser destinado al pago de salarios de los trabajadores, pero sí expropia el oro que durante años y años ha acumulado en libras esterlinas una familia tan poderosa económicamente como los Mailhos.
Entre las acciones contra el régimen son fundamentales aquellas que tienden a minar las bases del propio régimen como tal, en particular las acciones contra las fuerzas represivas. Es decir, que cuando nos planteamos hacer allanamientos en la casa de los agentes de la Policía Política, es una manera de mostrarle?. esos mismos agentes y al pueblo, que en la calle hay dos poderes en pugna; que nuestros domicilios pueden ser allanados pero que también pueden ser allanados los domicilios de los agentes de seguridad. El mismo carácter tienen las acciones de desarme a las fuerzas policiales.
No sólo tienen un alcance de búsqueda de pertrechos, sino que tienden sobre todo a minar la moral de una policía que está cumpliendo funciones en forma mercenaria y que, tarde o temprano, va a tener que preguntarse (aunque de alguna manera ya se lo preguntó y hay índices y consecuencias de esa pregunta) a quién diablos está defendiendo con su uniforme y con su arma, contra quiénes está combatiendo, qué orden es el que está defendiendo.

—La historia del Movimiento demuestra que los Tupamaros están en todas partes. Quisiera preguntarle: ¿De qué clases o sectores proceden fundamentalmente los militantes del Movimiento, qué buscan en él, qué encuentran en él?
—Buscan y encuentran un puesto de lucha. Esto sucede vengan de donde vengan. Encuentran una organización que tiene la lucha armada como método y sus objetivos claros. En cuanto a la extracción: Hay trabajadores, estudiantes, empleados de clase media. Se puede tomar como punto de referencia la extracción social de los últimos compañeros caídos: hay un buen porcentaje de obreros agrícolas, han caído metalúrgicos, textiles, tanto unos como otros, inclusive con responsabilidades de dirección en sus respectivos gremios; estudiantes, de los cuales el MLN se nutre en forma incesante, al igual que de otros sectores de la clase media radicalizada.

—¿Qué participación asigna el Movimiento a las diferentes clases sociales en el proceso revolucionario? ¿Cómo se maneja ante organizaciones de esas clases ya establecidas, como los sindicatos, por ejemplo?
—La ideología del Movimiento no está determinada por su composición social. Es decir, quien llega al Movimiento llega tras determinados objetivos, a conquistarlos con determinados métodos, proceda de la clase que proceda: de la clase obrera, del campesinado o de la clase media. En determinado período táctico la participación del estudiantado o de los gremios como tales, o del campesinado como tal, pasarán a ser fundamentales en la creación de una coyuntura revolucionaria. En ese sentido todo el proceso que realicen en la aplicación transitoria o persistente de una metodología de la lucha armada a nivel de masas, contribuirá a aceitar esos engranajes.
Sin embargo, la persistencia de estos métodos cuando uno concibe la lucha a plazos más o menos largos, hace que lo que lleve el peso prioritario en todo el proceso sea el aparato armado de la organización revolucionaria que se nutre precisamente de los cuadros que surgen del movimiento obrero, del campesinado, del estudiantado, del ejército. Es decir, en períodos de acción cotidiana y persistente, mientras se labora por crear una coyuntura revolucionaria, el papel del aparato armado es absolutamente prioritario y las clases mencionadas tienen la función de ir formándose en la escuela de la metodología de la lucha armada e ir nutriendo a la vanguardia armada con los cuadros que permitan su desarrollo.

—En los inicios del Movimiento, ¿qué es lo que hace que éste se decida por la lucha armada y por qué ésta tiene un carácter casi exclusivamente urbano? Se pueden recordar, en este sentido, una serie de opiniones, derivadas de ex pe riendas anteriores, sobre las enormes dificultades que tiene que afrontar una guerrilla de tipo urbano. Evidentemente, esto también nos llevarla a hablar de la originalidad de la guerrilla urbana uruguaya, de sus aportes a este tipo de lucha. La pregunta que deseo hacerle tiene, entonces, varios aspectos: ¿Por qué los Tupamaros escogen la lucha armada? ¿Por qué ésta es urbana? ¿Cuáles son los elementos diferenciales de esta guerrilla que aseguran su funcionamiento exitoso?
—Recuerdo un comentario del Che, en cierta oportunidad, donde decía que en América latina existen las mismas condiciones objetivas que en todas partes. El problema del latifundio, el problema del imperialismo distorsionando nuestras economías. Como consecuencia de esto, el drama del hambre, de la miseria, la explotación, objetivamente comprobados en toda América latina. En algunos países estos rasgos aparecen más acentuados, en otros menos; la mano del imperialismo más embozada o menos embozada. Pero el Uruguay encuadra perfectamente en estas condiciones objetivas. Estas condiciones, en determinado período, no fueron tan
evidentes, sobre todo en el período de la segunda guerra mundial y los primeros años de las postguerra y también, en cierta medida durante la guerra de Corea. Los ejércitos son grandes consumidores de lana y Uruguay es, fundamentalmente, un productor de lana y aquellos fueron años de muchos ingresos, muchas divisas que rápidamente fueron dilapidadas, divisas que entraron al país, pero no para el pueblo, sino para la oligarquía del país. Esos recursos permitieron durante cierto período la sanción y aplicación de algunas leyes laborales más o menos avanzadas; la existencia de los “Consejos de Salarios” (comisiones paritarias de obreros y empleados y un representante del gobierno) que estudiaban los aumentos de sueldos de los trabajadores.
No se solucionó el problema de la desocupación, pero en cambio pudo desarrollarse alguna industria, sobre todo industrias livianas como la textil.
Pero todo ese proceso se fue rápidamente deteriorando. La producción ganadera actual, la cantidad de cabezas de ganado que Uruguay tiene en estos momentos, es la misma que tenía a principios de siglo. El desarrollo de la industria no sólo está estancado, sino en regresión. Aquella industria textil que tuvo su apogeo en la postguerra se viene reduciendo en forma sistemática.
Es decir, que esas condiciones objetivas que, en determinado momento podían considerarse distintas en el Uruguay respecto a América latina, el proceso de deterioro de su economía, previsible en un sistema dependiente como el nuestro, lo fue incluyendo naturalmente en el resto del panorama latinoamericano.
Por lo tanto, las condiciones objetivas del Uruguay ya no se diferencian de las del resto de América latina: hay mucha desocupación, hay escasez de vivienda, la tercera parte de las tierras laborales del país se hallan en manos de seiscientas familias; se desarrolla un tipo de ganadería extensiva. Existen grandes extensiones de tierra, grandes estancias con zonas abandonadas junto a ellas. Rancheríos miserables donde la muerte por inanición, por diarrea de la niñez, marca un alto porcentaje; falta la asistencia médica, en fin: el mismo panorama.
Esas eran las condiciones objetivas de América latina a que hacía referencia el Che. Y agregaba a continuación que en Cuba se habían dado condiciones subjetivas particulares. Y esas condiciones subjetivas eran la presencia de Fidel, del Movimiento “26 de Julio”. Es decir que en una América latina con un potencial explosivo muy grande sin estallar, se necesitaba la presencia de un detonante subjetivo para que comenzara a arder. Esas condiciones objetivas estaban dadas en el Uruguay, hacía falta crear ese detonante que encauzara una salida, un camino revolucionario que condujera a un cambio de estructuras.
Al elegir el camino de la lucha armada consideramos que era el único válido para desplazar del poder a aquellos que están dispuestos a mantenerse en él por la vía de las armas, cuando lo vean amenazado por las clases que están subyugando. Es decir, si el actual gobierno de Uruguay pudiera dar respuesta a las necesidades de los trabajadores no se crearía ningún conflicto innecesario. Pero como, simple” mente, no puede dar respuesta a eso, ni va a dar respuesta a eso, porque es un gobierno que responde a los intereses del grupo económico de banqueros de Peirano Fació, del grupo de latifundistas que mantienen en el ministerio de Ganadería y Agricultura al terrateniente Bondaberry, para que esos oligarcas puedan seguir obteniendo ganancias desmesuradas, todos pagando buenos dividendos al Fondo Monetario Internacional y a la presencia más o menos embozada, más o menos desembozada, del imperialismo, hay una contradicción que imposibilita, dentro de las estructuras actuales, dar respuesta a las necesidades del pueblo.
Ese pueblo comienza a enfrentar al régimen reclamando salarios, reclamando mejoras, reclamando leyes sociales, etc. Como esos aumentos y esas mejoras afectan los intereses de los sectores que el gobierno representa, el gobierno no está dispuesto a hacer concesiones. Como los trabajadores no se resignan, aparecen los paros, las huelgas, la lucha obrera por sus salarios, entonces, en ese momento, el gobierno tiene necesidad de utilizar sus fuerzas represivas y las utiliza. Si frente a la demanda de los trabajadores por un aumento de salarios o la demanda de los estudiantes por la autonomía de la universidad, el gobierno saca las tropas a la calle, la policía a la calle, con escopetas “Anti-Riot” y mata estudiantes y mata obreros y los destituye y llena con ellos los cuarteles ¿qué no estará dispuesto a hacer este gobierno, u otro gobierno similar, cuando esas mismas fuerzas, encabezadas por una vanguardia revolucionaria quieran, como en el poema de Guillen, poner el de arriba abajo y el de abajo arriba?
Es decir que el camino de la lucha armada se toma cuando se llega al convencimiento, cuando se tiene la firme convicción de que por la vía de la lucha armada es que se va a desalojar del poder a aquellos que se aferran a él porque ese poder les da sus ganancias, sus privilegios, sus placeres, a expensas del trabajo ajeno.

—A esta altura desearía reiterarle el segundo aspecto de mi pregunta sobre el carácter urbano de esa vía armada.
Quisiera empezar a decirle que la decisión de tomar el camino de la lucha armada no podía estar condicionada para nosotros a determinadas características geográficas que tiene nuestro país.
Es un problema de concepción. De lo contrario, aquellos países que no reúnen condiciones geográficas para un tipo de guerrilla rural, por ejemplo, tendrían que desahuciar el camino de la vía armada para procesar una revolución. Hubo un período en que se veía a la guerrilla urbana como guerrilla de apoyo logístico, comunicaciones, armas, dinero, etc., a lo que debía ser el foco central: la guerrilla rural. Esta concepción fue polemizada por el MLN, que se nutria no sólo del análisis de la situación nacional, donde las posibilidades de una guerrilla rural son prácticamente nulas, no existen grandes selvas, ni montañas— sino, además, de algunos antecedentes donde el desarrollo de la lucha en las ciudades daba un marco de acción sobre bases de leyes propias, muy interesante.
La resistencia francesa a la ocupación nazi; la lucha de los argelinos que, aunque se desarrolló fundamentalmente en las montañas, alcanzó un nivel propio en la ciudad; y un ejemplo que, por su metodología, por circunscribirse estrictamente a las ciudades fue útil como experiencia al Movimiento, fue la que libraron los judíos contra los ingleses y que, de alguna manera, está contenida en un librito que se llama “Rebelión en Tierra Santa”.
Con estos elementos se estimó posible, entonces, iniciar la experiencia en América latina de una guerrilla que estuviese focalizada precisamente en la ciudad y no en el campo.

—Comparativamente: ¿Qué ventajas y desventajas presenta para ustedes la guerrilla urbana respecto a la rural?
Creemos, efectivamente, que la lucha urbana tiene algunas ventajas sobre la rural y que la rural tiene, a su vez, ventajas sobre la urbana, pero lo importante a esta altura es la comprobación de que el foco puede producirse, sobrevivir y desarrollarse en la ciudad. Y haciéndolo con sus propias leyes. Es cierto que estamos trabajando en la boca del enemigo. Pero también es cierto que el enemigo nos tiene en la garganta. Tenemos el inconveniente de tener que llevar una vida dual, donde desarrollamos una actividad pública (cuando podemos) mientras en realidad somos otra cosa, pero también es cierto que tenemos la ventaja de disponer a mano de una serie de recursos indispensables que en una guerrilla rural dan lugar a una operación en sí: la de hacer llegar los pertrechos, los víveres, las armas, garantizar las comunicaciones. Con el medio sucede algo parecido: nuestra adaptación a él, es, podríamos decir, natural. Nosotros, guerrilleros urbanos, nos movemos en una ciudad que concemos íntimamente y en la que somos ¡guales y nos movemos con la misma naturalidad que el resto del millón de personas que también vive en ella.
En tanto, el ritmo de las caídas, en la experiencia montevideana, marca una sistematización particularmente grande. Semanal, quincenal, mensualmente, caen compañeros; la cifra aumenta. Si no se tiene una relación Tupamaros-pueblo muy fortalecida, eso puede implicar que la organización sea diezmada.
Pero la multiplicación del Movimiento es lo suficientemente grande como para que estas caídas sean fácilmente o rápidamente restañadas.
Las caídas son relativamente frecuentes en una ciudad: el caso de un clandestino identificado por la policía porque sus rasgos no fueron debidamente cambiados, el caso de una vivienda que es base o cantón de funcionamiento y que llama la atención, el caso de un clandestino que es detectado, entra en una casa y ésta cae con otros compañeros, el caso de un compañero que es detenido: con un documento de la organización o con un arma expropiada, etc. Es decir que hay una serie de mecanismos que dentro de una ciudad hacen que, a partir de una punta se llegue a recorrer algunos metros de la madeja. De ahí que las caídas sean una ley diríamos inevitable por más grandes que sean las medidas de seguridad que se adopten en la guerrilla urbana. De ahí que la reposición de los caídos, de ahí que el desarrollo técnico, el desarrollo político, la formación de cuadros militares, sea un problema que está a la orden del día. Es decir, la pérdida de cuadros y la pérdida de infraestructura es una ley terrible de la guerrilla urbana.
La reposición de esos cuadros, la reposición de la infraestructura es, le reitero, problema número uno.

—Quisiera preguntarle si ustedes, en las condiciones de Uruguay, no se han planteado invertir los términos y desarrollar un cierto tipo de guerrilla rural que sirva de apoyo o complemento a la acción guerrillera urbana.
—En el plan táctico que se plantea ahora la organización, se incluye la ampliación de la guerra al interior del país. Se han iniciado ya algunas acciones que se han procesado en estos días como interrupción de las comunicaciones (cortes de postes telefónicos, etc.).
Estas acciones se van a ir procesando en muchos casos también con características urbanas. Es decir que pueden desarrollarse en el campo pero no con la característica de la acción de la guerrilla rural típica, sino con las de un comando que sale, opera y vuelve, si es posible, a la vida normal.

—La guerrilla uruguaya se ha caracterizado por poner en fuego una serie de recursos de ingenio e imaginación que la particularizan bastante. ¿Quisieran referirse a la importancia que tienen esos recursos para la operatividad del movimiento y relatarnos algunos casos donde han sido particularmente útiles?
—Sí, creemos que la sagacidad y el ingenio juegan un papel muy importante en la guerrilla urbana. Como el guerrillero
urbano se mueve constantemente en terreno enemigo, como debe operar siempre en las proximidades de alguna base represiva, debe apelar a algunos recursos que, en esas circunstancias, adquieren una importancia capital. Por ejemplo: la utilización en una acción de los mismos métodos empleados por las fuerzas represivas. En el caso del Banco Francés e Italiano, por ejemplo, llega un “mensajero” nuestro y tras el mensajero, presuntos agentes de Inteligencia y Enlace de la policía, que entran cuando se le franquea el paso al mensajero que habitualmente llegaba a esa hora. Se entra, se informa que los Tupamaros han colocado una bomba en el local, se reúne a todo el personal y allí les explicamos quiénes somos y que nos proponemnos realizar una acción.
Esa es la primera parte del operativo. La segunda es lograr abrir la caja fuerte del banco. Hay una junta de tres personas que tiene una llave cada una, que en ese momento no se encuentran en las dependencias del banco. Allí surge otra coartada para llegar a ellos. Se va en busca de uno y se le explica que el gerente general se ha suicidado, presentándose una situación particularmente grave en su despacho por lo que le rogamos que nos acompañe. Se va a la casa del “suicida” y se le hace el mismo cuento respecto al otro. En esa oportunidad no fue posible ubicar al tercero. Quedaron en la caja trescientos ochenta millones, pero se llevó documentación que probó sus negocios fraudulentos del banco y, prácticamente, determinó su cierre.
A raíz de esa documentación se inició una investigación por parte del Fisco. Habíamos quedado con una amargura bastante grande por no haber llegado a los trescientos ochenta millones. Se intentó un segundo ingreso y esa vez íbamos a entrar como agentes del Fisco para “participar” en las tareas de investigación del banco.
Son mecanismos de ingenio, fundamentales en cualquier acción de tipo urbano. Algo parecido ocurrió con la toma del cuartel de la Marina.
Dos compañeros que aparentan ser agentes de Seguridad preguntan por un funcionario que se encuentra en el cuartel; mientras lo van a buscar para la aclaración de un incidente, una pareja viene caminando por la acera del cuartel y es interceptada por uno de los compañeros que se hace pasar por agente de investigaciones. Pide documentos y se produce un diálogo áspero entre la pareja y el compañero, tratando la pareja de justificar su presencia en el lugar por cuanto carecía de documentos. No necesito aclararle que la pareja era también de compañeros nuestros. Llegando el momento ellos entran en acción: se reduce a la guardia y allí comienzan a entrar los demás compañeros que harán el operativo. La entrada a la Jefatura de policía de Pando fue parecida: la hicieron dos compañeros que se presentaron como oficiales del ejército que traían detenidos a dos Tupamaros. Hace poco la acción en la supertienda “El Mago”, el mismo día en que el gobierno cerró todas las sucursales bancarias para evitar que el Movimiento se nutriese de fondos, tuvo características similares. Se ingresó al lugar simulando ser agentes de Seguridad en busca de un Tupamaro que formaba parte del personal. La dirección de la empresa colaboró muy eficazmente y nos reunió a todos los empleados para aclarar la situación.
Muchos allanamientos los hemos hecho en esa forma. Hubo un período en que nosotros nos abastecíamos de las armas de los coleccionistas. Entonces falsificábamos órdenes de allanamiento y un compañero con uniforme de policía se presentaba para que le franquearan la puerta. Hasta que el ministro del Interior puso fin a esa ola de expropiaciones de coleccionistas disponiendo que sólo con una orden firmada por él se requisaran las armas. Esto nos obligó a que hiciéramos nuevas órdenes con “su” firma y la requisa la hicimos nosotros.

—Un poco al margen: ¿De las armas que ustedes se llevaron del cuartel de la Marina fueron recuperadas muchas en la última ola de allanamientos policiales?
—Una parte ínfima. Lo fundamental de las armas está en nuestro poder.

—El Movimiento ha pagado una cuota inevitable de mártires. Estos combatientes, aunque admirados, son poco conocidos. Yo quisiera que usted se refieriera a ellos, que diera a conocer alguna de las características de esos revolucionarios caídos, su modo de vida, su militancia, incluso la forma en que murieron y la vigencia y significación que tienen hoy para el Movimiento.
—Hay unos cuantos compañeros que han quedado en el camino. Los compañeros que cayeron en Pando: estudiantes como Ricardo Zabalza, Emilio Cultelli o Jorge Salerno, un muchacho que estudiaba agronomía, que componía canciones y con su guitarra cantaba en las ruedas de los compañeros. Soldados como Mario Robaina o el padre Olivera, que colgó los hábitos para ingresar en el Movimiento. Compañeros que elijieron el camino de la lucha dejando casas, dejando hijos, a veces, dejando familia, porque entendieron que el paso que daban los dignificaba a ellos, dignificaba a sus casas, dignificaba a sus hijos, dignificaba a sus familias, dignificaba a todo lo que más querían. Es un poco lo que decía el Che, que el más hermoso título que puede recibir un hombre es el de revolucionario. Algunos compañeros cayeron en combate, como Nelson Flores, que cubrió hasta el fin la retirada de sus compañeros. Otros, como en Pando, fueron asesinados cuando ya estaban en manos de la policía, luego de haber sido pateados y vejados. O como Fernán Pucurrill, baleado a sangre fría cuando estaba desarmado.
Todos compañeros que marcan con su caída esa eventualidad que está presente en cada acción, que está presente en cada allanamiento, que está presente en cada salida, en cada incursión, en cada contacto. Y que es una eventualidad que cuando se ingresa al Movimiento se tiene presente, pero que de alguna manera también ha sido marcada por el Che cuando dice que la muerte no importa siempre que algún oído receptivo oiga su grito luctuoso de guerra y de victoria y alguna mano empuñe el fusil caído.

—Hábleme del papel de la mujer en el Movimiento.
—Primero le diría que nunca es más igual un hombre a una mujer que detrás de una pistola cuarenta y cinco. Una de las acciones que se hizo con más alegría en el Movimiento fue la evasión de las compañeras de la Cárcel de Mujeres. En un local del MLN se pegaron después las fotografías de ellas aparecidas en los periódicos con una leyenda que decía: “Es verdad: no se puede hacer una revolución sin ellas”.

—Una pregunta que se formula mucha gente aquí y fuera de aquí: el ritmo de desarrollo del movimiento revolucionario del Uruguay parece mayor que el que se está produciendo en dos colosos reaccionarios que lo rodean: Brasil y Argentina. Puede llegar un punto en que el poder popular triunfe en Uruguay mientras estos otros movimientos están en una etapa todavía, digamos, más o menos lejana del poder. ¿Cómo ve el MLN la coyuntura que se crearía en esa situación?
—El terreno de las hipótesis es siempre un poco pantanoso. La ley más clara en todo esto es que lo que debe mantenerse
en forma constante es el vigor de la lucha armada. Si nosotros atacamos al imperialismo por distintos frentes, como a una bestia acosada a mordiscones por todos lados, no sabrá a quién enfrentar primero. Es un poco aquello de dos, tres, muchos Vietnam. Si el proceso en el Uruguay va más rápido que en los países vecinos y se crea una coyuntura revolucionaria que en algún momento nos instale en el poder, es cierto, una de las eventualidades que se puede manejar es la intervención de Estados Unidos, directamente o por intermedio de los ejércitos de los países limítrofes. En este caso la lucha tendría un carácter nacional contra un ejército invasor y serían las condiciones de hecho que se creen para que la propia dialéctica de esa lucha nos lleve a un nuevo Vietnam.

—De lo que usted me dice se deriva otra pregunta que deseaba hacerle: ¿Cómo ve el Movimiento el proceso de liberación en América latina? Hay sobre esto algún elemento muy concreto ya, como es el agradecimiento que Chato Peredo hizo llegar a ustedes por la ayuda que le prestaron, la que le permitió acelerar su ingreso a las selvas bolivianas. ¿Esto supone el principio de una estrategia internacional de la revolución latinoamericana propugnada por el MLN?
—Es evidente que existe un espíritu revolucionario internacionalista en América latina, que arranca de las luchas de liberación de nuestra primera Independencia. Hoy es un internacionalismo práctico, concreto, que se manifiesta en hechos tangibles. Nuestros enemigos son los mismos, nuestros fines son los mismos, nuestros caminos son iguales y nuestras armas también.

—¿Cómo interpreta el MLN uruguayo el triunfo de la unidad popular, de Salvador Allende, en las elecciones chilenas?
—Nosotros consideramos que el triunfo de Salvador Allende es un hecho sumamente positivo. Es un proceso que hay que mirar detenidamente, desde el punto de vista de los aportes que pueda hacer como un acontecimiento que se perfila como particularmente interesante en las vías de acceso al gobierno.
Pero, tanto o más importante que quedarse mirando, es la adopción de medidas inmediatas que inevitablemente van a ser necesarias cuando el gobierno se proponga llevar a la práctica sus objetivos que impliquen cambios de estructura en Chile y que van a motivar la reacción de la oligarquía y el imperialismo que aplicarán los métodos que históricamente aplicaron cuando sus intereses han sido afectados. Antes o después, la presencia del pueblo en armas, la vigilancia y la respuesta armada, la vigilia en armas, pasa a ser el elemento que va a garantizar el cumplimiento del programa que el pueblo de Chile lleva al gobierno con Allende. Y nos parece claro el pronunciamiento del MIR chileno en relación al triunfo de Allende: es el momento de poner hombres y armas a disposición del programa de gobierno de la izquierda chilena.

—Digamos por fin, que los Tupamaros están en el poder. ¿Qué se proponen hacer del Uruguay?
—El Movimiento no difiere en absoluto de los planteos programáticos de otros movimientos revolucionarios que están en el poder, como en Cuba, o que aspiran a él, como los diversos movimientos guerrilleros de los países latinoamericanos. Los centros a tocar son muy claros: El problema del latifundio, la nacionalización de la banca, la expulsión del imperialismo, mejorar la vida, eliminar la desocupación, impulsar la enseñanza, la salud, la vivienda, lograr la dignificación plena del hombre. Son aspectos que cualquier movimiento revolucionario se plantea para cuando, con el poder en las manos, pueda desarrollar un programa nacional que conduzca a esos objetivos.

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