Un análisis nacional interpretado por la visión de Medellín
1. Presupuestos. La situación del país descripta en el documento es una situación «temporal»; lo que está en juego en esta situación son diversas áreas de realidades «temporales», económica, social, cultural, política.
Ahora bien: de acuerdo a la visión de los documentos de Medellín esta realidad temporal, es teológicamente interpretable. Es decir, ella no es explicable sólo ni suficientemente a partir de los fines, leyes y categorías de cada una de esas áreas (económica, política, cultural),
ni tampoco solamente desde fines y categorías globalmente humanistas, esto es, cuya medida y criterio está dada, en último término, «por el hombre) (p. ej. la categoría de «progreso»); sino que esa realidad temporal es explicable, puede y requiere ser explicada a partir de los fines y del plan que Dios trazó sobro la historia humana (desde el «misterio» o plan de Dios), y por consiguiente desde las categorías de la fe o de la teología.
Esta interpretación es «profética», e implica que los acontecimientos y situaciones históricas se dan como signos o no-signos de que el plan de Dios se va cumpliendo, de que la historia responde o no al «logos» (a la idea) que Dios tiene del mundo, a su «palabra» y a su «ágape» (a los intereses del amor con el que Dios puso en marcha este mundo e historia).
En este presupuesto teórico, teológico, el que lleva a una lectura cristiana de los signos de los tiempos, de los diversos tiempos y de las diversas regiones. Detrás de ello hay evidentemente una determinada concepción teológica de la realidad temporal; y brevemente puede resumirse esa concepción de esta forma: la realidad temporal (la historia y lo que el hombre hace en esta historia, como construcción del mundo) no es «indiferente» sino que está en relación con respecto al destino escatológico del hombre y su realización (destino último, religioso); que esa relación no es siempre y sólo negativa (la realidad temporal como nula, inválida y contradictoria con los valores escatológicos)
tampoco que esa realidad temporal es siempre y automáticamente positiva con respecto a la dimensión escatológico-cristiana del hombre; sino que es ambigua, válida o inválida, positiva o negativa y por consiguiente ha de operarse, sobre esa realidad y situación temporal, en cada tiempo y lugar, un «discernimiento»: discernir el tiempo, sus signos, implica dar un juicio sobre la situación temporal desde la visión de la fe.
2. Reflexión teológica. El punto de partida de esta reflexión es la descripción de la situación argentina, desarrollada en el informe. Aquí no discutimos esa descripción, sino que la tomamos como hipótesis de trabajo para esquematizar una interpretación teológica. Desde luego que, en función de las modificaciones que se hagan de esa descripción de la situación argentina, podrá variar más o menos o totalmente, según el grado
de modificaciones que se hagan, la interpretación teológica.
2.1 Situación del país.
Factores negativos 2.1.1 A través de la lectura del documento obtengo esta visión general de la situación del país:
— Argentina ofrece aspectos de a) subdesarrollo, esto es, de un cierto nivel de indigencia, desposesión o pobreza, lo cual b) configura una situación de desigualdad,
c) y de injusticia, pues es fruto de una situación de dependencia impuesta.
Estas características generales —subdesarrollo, desigualdad, dependencia— se dan en dos dimensiones: externa, en la relación del país con otros (neocolonialismo, imperialismo, satelismo) y en la dimensión interna, de las relaciones entre los grupos intranacionales (regiones, clases).
Finalmente estas características —subdesarrollo, desigualdad, dependencia— se verifican en todas las áreas de la vida nacional —económica, social, política, cultural— y por consiguiente en el país considerado como una unidad.
— Analizando brevemente cada una de esas características encontramos:
a) Sub-desarrollo:
— en el plano económico: un país que no posee: o porque no llega a poseer o porque es despojado de sus bienes; o posee en préstamo, ayuda. Dentro de él grupos desposeídos.
— en el plano político: un país que no es dueño de sus decisiones. Dentro de él grupos que no pueden expresar sus opiniones ni participar en las decisiones de la vida nacional.
— en el plano cultural: país que no puede acceder a una cultura propia; cultura pobre vacía, sin contenidos válidos. Dentro del país se produce también la aparición de grupos que no tienen acceso a la cultura por ser ésta elitista.
— en el plano social: falta de comunicación y participación.
b) El subdesarrollo es un concepto relativo: indica una situación que no está a nivel de otros, a saber de una situación de desarrollo y realización que pudiera o debiera tener el país o sus grupos internos. Este nivel de desarrollo, conforme al cual se mensura la actual situación de subdesarrollo, no es puramente ideal, teórico, hipotético; sino real, ya que se dan otros países desarrollados. Por consiguiente hay un mal reparto de bienes, de falta de participación en la toma de decisiones, de impedimento en el acceso a la cultura, etc. Se implanta pues concretamente el subdesarrollo como una situación de desigualdad, desequilibrio entre los pueblos, y entre los grupos internos del país, que es fuente de tensiones, conflictos, frustraciones. El desequilibrio puede ser traducido en el concepto general de marginación. Constituye, objetivamente una situación injusta.
c) El estado de subdesarrollo y desigualdad cae, en gran parte al menos, bajo la responsabilidad de países desarrollados, que mantienen a otros en la dependencia; o bien, internamente, bajo la responsabilidad de grupos sociales. La situación es por consiguiente en gran parte inducida por el propio hombre: es, en alguna forma culpable.
De suerte que el origen, las causas, de la situación están en el mismo hombre, en ciertos grupos; de aquí pasa a estar en las estructuras y sistemas (jurídico, económico, educacional, etc.). Mentalidad personal, y estructuras objetivas son las causas de la situación (esto es de la actual historia de opresión de un país por otro, de un grupo social por otros).
2.1.2 Ateniéndonos a los criterios de Medellín la situación argentina, así descrita, ha de ser interpretada, teológicamente, como situación de pecado. «Es evidente que en la realidad latinoamericana hay una situación de pecado» (Mons. E. Pironio, Ponencia de Medellín. Introducción n. 4). Refiriéndose a América Latina el Documento de Medellín indica que en el (Continente hay «realidades que expresan una situación de pecado» (Paz, 1.1).
No se trata de decir que en Argentina todo es pecado, sino de reducir a categorías teológicas los factores hasta ahora indicados (2.1.1). Por otra parte esta categoría no deja de tener serios inconvenientes, ya que el vocablo, tiene, en nuestra sensibilidad, una resonancia profundamente deformada y el modo como es vivido y entendido el pecado, modo prevalentemente individualista, dualista, centrado en lo sexual y sobre todo paternalista y legalista (que supone una imagen deformada de Dios) no lo hacen apto como para describir la situación colectiva de un país. Lo cual indica que habría que hacer una revisión de nuestra concepción del pecado.
Para comprender qué se quiere decir cuando se describir la situación latinoamericana o, en el caso, Argentina, como situación de pecado, hay que tener presente sobre todo estos tres elementos:
a) Una situación de pecado es una situación inducida por el hombre, causaría y mantenida por la libertad humana. Es, por consiguiente, una situación culpable. Se detecta de esta forma el origen de la situación: ese origen está en el egoísmo de diversos grupos humanos (países, clases), en la ausencia de actitudes de justicia y de amor. Esto último es importante: la descripción teológica de la situación, como situación de pecado quiere indicar que el pecado está en la ausencia de amor. Ello equivale a denunciar que la situación del país o del mundo no es «evangélica»: está divorciada de la esencia del evangelio que puede ser resumida en frases como estas: «amar al prójimo», «amar hasta dar la vida por el amigo»; «amar al enemigo», «amar coco amó Cristo que dio su vida por sus hermanos».
Esto explica el llamado enfatuado de Medellín a una conversión (Justicia, 2.1; Justicia .1.2 etc.) personal.
Pero el pecado, que es una actitud subjetiva de ausencia de amor, se objetiva en sistemas y estructuras. De allí la denuncia que recae sobre estas: sobre ellas también recae la denominación de «pecado».
b) Una situación de pecado implica además un conjunto de factores (actitudes personales, estructuras y sistemas, acontecimientos) agresivos, destructores del hombre. El pecado es una realidad lesiva del hombre, y es por eso que es pecado. Esto lleva, evidentemente, a ir hacia una concepción en alguna forma antropocéntrica del pecado; el criterio para que una situación (acción, estructura, ate.) sea pecaminosa está en su carácter destructor del hombre. El hombre se torna, en alguna forma, medida de lo ético; es bueno lo que ayuda a realizarse al hombre, malo aquello que lo destruye. Esto es verdad y esta perspectiva será completada más abajo.
Si partimos de este supuesto —que «pecado» es aquella realidad destructora del hombre— se comprende por qué calificamos la situación argentina de situación de pecado.
En efecto, los factores indicados son, en su conjunto, factores inhumanos (no impulsan un proceso dé hominización) o despersonalizantes (no contribuyen sino que inhiben la realización del grupo nacional argentino como «personas»); esto es, no permiten que este grupo nacional, y dentro de él, grupos particulares, cumplan con su «vocación» a realizarse como personas.
Pecado es lo que destruye al hombre como persona, lo que impide realizarse en su vocación personal, nacional. A partir de estas categorías generales (que ron las empleadas por Gaudium ot Spes en la Parte l de la Const.) habría que ir verificando y analizando concretamente cómo y por qué los diversos aspectos de la situación argentina impiden una u otra de las dimensiones de realización personal y nacional, y haría que ir acompañando esta verificación con una teología (ética teológica) que ayudara a interpretar cada una de las dimensiones concretas de no-realización, por ejemplo aspectos de sub-desarrollo; económico, cultural, político, etc.
c) Una situación de pecado implica además un estado que es contrarío a Dios. Esto es lo que califica clásicamente al «pecado» (acto contra Dios).
Es una situación agresiva contra la Divinidad, lesiva o destructora de Dios. Interpretar la situación Argentina como situación de pecado equivale pues a interpretarla como situación contradictoria y destructiva de Dios. Y esto es lo que la torna una situación teológicamente interpretable, interpretable a nivel de la fe y del cristianismo; situación —negativamente— religiosa.
Todo esto que venimos diciendo puede suscitar muchas dudas y preguntas. En realidad habría que exponer toda una teología del pecado. Solamente hacemos algunas observaciones:
— ¿Por qué la actitud de pecado es destructora de Dios? Bien: porque es destructora del hombre. Es pecado aquello que tiende a destruir a Dios, destruyendo, agrediendo su obra, el hombre, la historia, la realización histórico-escatológica del hombre. La voluntad a el plan de Dios sobre el hombre.
— El pecado no es agresión contra Dios simplemente por el hecho de que Dios «manda» que el hombre no sea destruido. El pecado no es contra Dios simplemente porque sea contra la «ley» de Dios. Esto es verdad, pero es más profundo de lo que se refleja a primera vista en esas palabras. El pecado, que es destrucción del hombre, es contra Dios, porque con él se destruye aquello que es el objeto de «amor» de Dios. Se ofende al empeño y al amor que Dios tiene al Hombre. Que destruyan aquello que amamos, equivale a destruirnos a nosotros mismos. En el fondo de todo esto está el toma de la profunda identificación de Dios con su obra, el hombre, del compromiso de Dios en su creación. Teológicamente esto se expresa de múltiples formas, p. ej. se destruye a Dios (se peca contra él) destruyendo al hombre que es su «imagen», o su «hijo». Dios se siente identificado con el hombre y tocado, alcanzado en él. Lo que destruye al hombre destruye en alguna forma a Dios. Destruye la «creatividad» de Dios, la «historia humana» como creación divina, y por consiguiente una cierta realización de Dios en su creatura, en la historia.

Este punto habría que desarrollarlo mas extensa y claramente; al menos, queremos hacer notar la importancia, de insistir en él. Esto pondría de manifiesto un aspecto de lo que quiere expresar Pablo VI cuando dice que «la religión de Dios es la religión del hombre»; que al volverse hacia el hombre, el Concilio no se ha desviado de Dios, sino por el contrario, que se ha vuelto hacia Dios, consciente de que «para conocer a Dios hay que conocer al hombre» (Cf. Medellín, Introducción, 1). Esta coincidencia entro Dios y el Hombre (amar a Dios es amar al hombre, y viceversa) es importante subrayarla para obviar el dilema que ciertas formas de humanismo y el marxismo, y en muchos casos encuentra en el sentimiento popular, poniendo un dilema y una contradicción entro Dios y el hombre, y por consiguiente entro fe y temporalidad, cristianismo y compromiso social. E6te es uno de los puntos más importantes que están en el fondo de la teología de Medellín: la tentativa de superar el dilema Dios-Hombre y el ataque de que la religión es una forma de evasión y alienación.
1.2. La situación del país. Factores positivos
2.2.1 Una interpretación teológica de los factores positivos debería partir, como de su criterio general, de los n. 5 y 6 de la Introducción de Medellín. Esto es: debería descubrir si en los factores positivos que señale una descripción económica, social, cultural, política; descubre «signos salvíficos», «gérmenes de salvación o liberación», elementos que anuncien un paso de condiciones inhumanas —de pecado— a condiciones humanas (salvíficas).
Ello indica —como lo manifiestan los nn. 5 y 6 de Medellín (además otros, p. ej. Justicia 2.1., etc.), que esos factores serían teológicamente interpretados como proceso y signos de salvación.
Con ocasión de ello habría que revisar evidentemente nuestra concepción de la «salvación» o «liberación» en cuanto categoría religiosa-cristiana (bíblica).
3. En los puntos anteriores se parte del análisis de los factores más objetivos y extremos de la situación argentina: situación económica, cultural, política, social.
Pero juzgamos de mucha importancia pasar a un análisis de los factores más subjetivos e internos que ponen al pueblo argentino en una determinada situación histórica. Factores subjetivos: es decir, la forma psicológica, subjetiva como el pueblo argentino reacciona ante su situación económica, política, cultural, social. Todo esto es una tarea de psicología social y tiende a captar fundamentalmente el grado de CONCIENCIA del pueblo, sus expectativas y anhelos, su voluntad de cambio y transformación.
3.1 Los factores negativos, anteriormente señalados (2.1.1) pueden tornarse positivos. Dependen del grado de conciencia que se tonga de ellos y de la reacción que susciten en el pueblo.
Pueden llevar al fatalismo, a la apatía, a la desesperación, a la evasión individual; entonces no se tornan positivos, e imponen su negatividad al sujeto, a la conciencia y voluntad de un pueblo, o de un grupo.
Pero pueden hacer surgir una reacción positiva, una voluntad de superación, de liberación, de expulsión de las formas despersonalizantes. Entonces, por una especie de dialéctica interna, desembocan en un estado de esperanza. Así ocurre normalmente, en la narración bíblica, con Israel, el Pueblo de Dios. Es la experiencia del mal, de las situaciones inhumanas, de esclavitud y opresión (p. ej. Egipto, etc.) aquello que se torna «didáctico» diríamos, hoy día, «concientizante»; el hombro toma conciencia de su situación de mal y salta, por la esperanza, al anhelo del bien. Emerge, de esa forma un «dinamismo» humano, interior al hombre, que es liberador, salvífico. Aún cuando las formas externas, las situaciones objetivas, las condiciones de la sociedad lo retengan en forma de opresión (económica, cultural, política) no obstante ese hombre interna y profundamente «se libera» (esperanza como factor de liberación profunda, interna; la fe como actitud no-fatalista o apática). Estos serían en realidad los «signos profundos de salvación», cuando el hombre, desde sí mismo, anhela y busca salir al encuentro da su situación salvífica, (n. 4 de Introducción de Medellín).
A partir de esta perspectiva habría que revisar la situación del pueblo argentino, su reacción subjetiva, y entonces calcular e interpretar si, de hecho, está en un «momento Salvífico» (ver Cons. Pironio, Conferencia de Medellín, Introducción), en su «día de salvación».
3.2 Viceverza. Aquellos factores externos, objetivos, que son, en una instancia inmediata, positivos (p. ej. relativo bienestar, relativa instrucción, factores que no facilitan la intervención colonialista, etc.) pueden convertirse, subjetivamente en factores negativos.
Es decir pueden impedir una toma de conciencia; anular el surgimiento de expectativas maduras y profundas. Pueden servir de estupefacientes.
Habría que revisar esto concretamente con respecto a nuestro país.
3.3 De ser así, la responsabilidad por la situación propia, racional o grupal, estaría no solamente en otros (imperialismos, clases opresoras) sino también en nosotros. Se tornaría una condición inconsciente de la situación de pecado o que consiente en tal situación. Y aquí habría entonces que hacer un llamado a la «conversión» también a aquellos que están oprimidos (y no sólo a los opresores).

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