Aceptando la interdependencia de los procesos sociales y su necesaria e indudable unidad a los fines de una mayor claridad de los temas que se van a exponer, vamos a distinguir en:
A) Lo económico
B) Lo socio-político.
a) Lo Económico
1) Destrucción de lo que fue una gran riqueza potencial: Como se ha visto en la primera parte de este informe, la Cuña Boscosa Santafesina, era una zona con una riqueza potencial muy importante, y que fue explotada con una visión inmediatista, bajo la forma de explotación “minera”, es decir de tipo “extractivo”, se tomó al monte y se lo desvastó sin la menor preocupación de dejar tierra en condiciones, ya sea por un sistema de reforestación para nuevas y futuras tareas extractivas, ya para una transformación en explotación productiva.
Se “desmontó”, pero no se “destroncó” y tal operación cuesta hoy aproximadamente m$n. 20.000 por hectárea.
Tenemos que de una zona con una gran riqueza se ha pasado a una región empobrecida al extremo, donde existe un fuerte condicionamiento natural a todo proceso económico por la situación en que se encuentran las tierras afectadas por la explotación forestal.
Ello ocurrió dado que en el proceso de acumulación económica no se tuvo en cuenta la necesidad de la capitalización del lugar y por el contrario se exportaron todas las ganancias producidas, así en la cuña se ha terminado el tanino como industria económicamente rentable y en la actualidad nos encontramos con que la actividad principal de la explotación del monte se reduce a sacar postes (cada vez en proporción menor) y sobre todo leña para ser utilizada para la combustión
directa (siendo el principal consumidor EFEA) o bien leña, para la elaboración de carbón.
Pero hay en todo esto un punto central que caracteriza el actual momento y es el descendente valor económico del producto extraído, en esto se puede resumir la actual situación económica de la zona.
Este proceso asimismo se manifiesta en un estrechamiento del margen de ganancia, lo que por principio repercute sobre el sector más amplio y que tiene una dependencia directa del trabajo que realiza el hachero, quien no tiene sobre quién hacer recaer la responsabilidad de la situación imperante, transformándose en la expresión viviente y objetiva de la “marginación” general en que se encuentra la zona.
2) Disminución de las fuentes de trabajo: Aquí no nos referimos al cierre de las plantas industriales que se produjeron hace varios años, sino a las actividades restantes: pequeños aserraderos, carbonerías y principalmente, obrajes.
Con respecto a los pequeños aserraderos, estos tuvieron alguna vigencia al cerrarse las grandes obras de “La Forestal”, pero ahora ellos también sufren la decadencia de la zona y entran en una etapa de desaparición por falta de posibilidades de ubicar sus trabajos, dado que internamente no hay consumo, por emigración y por falta de efectivo y la lejanía de los centros poblados les impide ubicar su producción en otros mercados.
En cuanto a las carbonerías, su situación se hace muy difícil por problemas de mercado y por el costo que tiene el carbón elaborado. A la fecha el costo de la tonelada de carbón, incluyendo las leyes sociales y el pago del salario familiar, oscila entre los m$n. 3.600 y 3.900 la tonelada y se comercializa entre los m$n. 3.500 y 3.900, de donde tenemos que las posibilidades de ganancias son muy pequeñas, frente a lo cual los dueños de la carbonería disminuyen su costo eludiendo el pago de leyes sociales, accidentes y salario familiar, con lo que el ingreso de por sí, magro, del trabajador queda sensiblemente reducido.
A su vez las perspectivas del mercado, en lo que hace al carbón de leña no son nada promisorias, de allí que a esta actividad no se le puede augurar un gran futuro y podemos afirmar sin temor a equivocarnos que su subsistencia es posible solamente como paliativo a la desocupación, donde los obreros, ante la imposibilidad material de exigir sus derechos, “negocian” los mismos en atención a la necesidad de poder subsistir.
Llegamos así al caso más dramático, no sólo por ser el más extremo, sino también por su extensión e importancia que es el caso del obraje. Sistemáticamente se va produciendo el cierre de los obrajes, en la zona de la cuña boscosa santafesina, la razón fundamental es que se van agotando las posibilidades de explotación económica de los montes con un índice de rentabilidad acorde con las ganancias que tiene el capital invertido en otros sectores de la actividad empresaria, de allí que los que tienen capital prefieren aplicarlo a un tipo de explotación con menos “problemas” y que sea más retributiva. Cuando hablamos de los “problemas” estamos hablando de la presión a que se ven sometidos los patrones para el cumplimiento de las leyes sociales, frente a lo cual manifiestan que se van a retirar —y lo hacen— a zonas “más tranquilas” y así los vemos instalar sus obrajes en la Provincia de Formosa, cuyas condiciones de trabajo no conocemos pero que podemos imaginar.
El factor lega1º de Mayor presión es la exigencia del cumplimiento de las leyes sobre el pago obligatorio del Subsidio Familiar, frente a lo cual muchos optan por cerrar el obraje.
Otro de los problemas que inciden directamente en el cierre de los obrajes es la dificultad de ubicar la producción, por las dificultades de la comercialización, a los que no consiguen contratos con EFEA les resulta muy difícil colocar la leña que han producido, y el consumo local, particularmente el de los ingenios de la zona (Villa Ocampo, Las Toscas y Tacuarendí) es cada vez menor, no sólo por el problema de la industria azucarera, sino también por la transformación de sus maquinarias para ser alimentadas con combustibles líquidos en lugar de la leña, que tradicionalmente usaban.
3) Explotación agropecuaria: Recientemente y a instancia de una tentativa de desarrollo localizado, se está promoviendo la explotación agropecuaria, con exhacheros y fleteros de “La Forestal”. Este proceso hasta la fecha no ha trascendido del nivel de “experimento”. Una ampliación de este tema lo haremos al considerar las perspectivas futuras, pues entendemos que la explotación agropecuaria es más parte de una visión para el futuro, que de una realidad actual.
4) Estimación del ingreso del hachero: El ingreso medio de los hacheros por mes, oscila alrededor de los m$n. 6.000, pagando de acuerdo a lo que establecen (y a veces un poco más) la Resolución N9 6/96 (vigente desde el 19 de abril de 1966) de la Comisión Nacional de Trabajo Rural —Comisión? 5—; en este sueldo promedio no se incluye el salario familiar pero éste a la fecha no se percibe en casi ningún obraje y su reclamo es motivo de separación y de inclusión en el comentario de “…ese denunció al patrón”, resabio de las “listas negras”, lo que supone serias dificultades para conseguir trabajo. Este promedio de alrededor mSn. 6.000 es el que surge de distintas averiguaciones efectuadas e informes publicados (recientemente los sacerdotes y Obispos de la Diócesis de Reconquista, hicieron pública una declaración en la que denuncian sueldos mensuales de m$n. 4.000 y 5.000).
Tal vez surja la pregunta acerca de cual es la razón por la que una resolución oficial tenga fijada una asignación tan exigua. La explicación se encuentra en el hecho que el sueldo se determina por el trabajo realizado y el cálculo de la ecuación valor-trabajo se estableció de acuerdo a pautas de producción en momentos en que había abundancia de producción forestal, pero sin tener en cuenta las condiciones especiales en que se desarrolla esta actividad en los presentes días.
Se pueden citar como causas que influyen en el trabajo del hachero en los actuales momentos y lo tornan ineficaz en la ecuación tiempo-trabajo:
1 — Ausencia casi total de postes y vigas de algarrobo, escasa leña de algarrobo y vigas de quebracho, que son los productos cuyo elaboración rinde más al hachero.
2 — Demora en buscar el corte y preparar la madera para entregar y ayudar a cargar, todo lo cual supone pérdida de tiempo no contemplada.
3 — Pérdida de tiempo para hacer la “provista” (abastecerse de mercaderías) lo cual supone un día por semana y a veces más.
4 — El trabajo en el monte no es posible los días que llueve.
De todo esto surge como consecuencia que los días que se pueden computar como laborales, de promedio, en las actuales circunstancias no pasan de los 15 días mensuales.
b) Lo Socio – Político
1) Relaciones sociales a los efectos de la producción:
Las personas vinculadas a la explotación forestal establecen diversas formas de relacionarse entre sí, a los efectos del objetivo fundamental que es la producción, en este caso forestal. Veamos los tipos de relaciones que se dan en la actualidad en el monte:
a) Sistema de Contratista:
Es el sistema más divulgado, es la continuación natural del sistema aplicado por “La Forestal”. En este sistema hay una persona que ejerce la dirección del trabajo y se hace cargo de la explotación —es irrelevante que sea como propietario del monte— interesa sí, que lo tenga de cualquier modo bajo su mando para la explotación. Dependiendo de este contratista, se encuentran los hacheros, fleteros, etc. El personal del obraje se abastece casi siempre del almacén del mismo contratista, o si no hay almacén es este mismo contratista el que semanalmente les trae la “provista” que después distribuye. O bien tiene un almacén con el que está vinculado que acepta las órdenes por mercaderías que otorga este contratista. Lo cierto es que el fondo del sistema descansa en el hecho que el trabajo efectuado se compensa con la mercadería retirada y en ese sentido pueden pasar varios años de trabajo y casi siempre las cuentas son parejas e inclusive con algún saldo deudor en detrimento del trabajador, lo cual no es extraño si tenemos en cuenta su promedio de ingresos, que decíamos era de m$n. 6.000, y su promedio familiar, que es de cuatro hijos por familia aproximadamente. A todo esto hay que sumar que habitualmente, el contratista remarca con un buen porcentaje la mercadería que les entrega. Con estos elementos se explica que el trabajador siempre esté en deuda.
b) Sistema del Sub-contratista:
Viene a ser un residuo del sistema anterior, se da en los supuestos de contratista o propietarios importantes, con grandes extensiones, quienes crean esta institución del sub-contratista, a quien le pagan según lo que se produzca. j
Con esto se consigue un doble objetivo:
Por una parte se aplica otra de las enseñanzas de “La Forestal” de crear una barrera (el sub-contratista) sobre la que se descarguen los reclamos y en segundo lugar encierra una trampa a los efectos legales, pues el dueño, al mismo tiempo que tiene sus contratistas que no cumplen ningún tipo de leyes, tiene un pequeño núcleo de hacheros quienes aparecen en condición perfectamente legal y son la “cobertura” frente a cualquier intento de investigación.
Ciertamente que el hachero en este sistema está peor que en el del contratista, por cuanto la ganancia del intermediario está en proporción directa con la plusvalía que consiga retener del trabajo de sus hacheros.
c) Sistema de arrendamiento:
En este caso el dueño de la tierra entrega el monte para su explotación a un grupo de hacheros que trabajan cada cual por su cuenta, debiendo entregar la producción al dueño del campo, quien asimismo les provee de mercaderías. En definitiva, no pasa de ser una modalidad de los sistemas anteriores. El problema de este sistema, que en cierta medida, lo agrava con respecto a los demás, es que el dueño a quien debe entregar la leña le entrega mercaderías en la medida que comercializa la producción, no siendo extraño ver que el dueño espera situaciones ventajosas del mercado, no vendiendo la leña y por ende no entregando mercaderías a sus hacheros, obligando a éstos muchas veces, a perder el trabajo realizado y a partir en búsqueda de otros trabajos.
d) Sistema de la Cooperativa:
En este sistema que se aplica únicamente en la zona de influencia de un pueblo forestal —Fortín Olmos— se ha seguido como tendencia de trabajo el procedimiento de entregar lotes adquiridos a “La Forestal” a los hacheros, para que éstos los exploten. Es justamente en estos lotes donde han comenzado las experiencias agrícolas citadas, pero en lo que hace específicamente a la producción forestal, el socio de la Cooperativa, por sí o tomando hacheros a su servicio —si la adjudicación ha sido extensa— explota la parcela que le corresponde, debiendo entregar a la Cooperativa la producción, que es la que se encarga de comercializarla, liquidando en definitiva a sus socios de acuerdo al precio de comercialización con menos un descuento para los gastos de administración y un porcentaje en concepto de aforo a los fines de pagar los lotes. A pesar de las difíciles condiciones de la explotación forestal y a las dificultades de comercialización que afectan a toda la zona, se nota en este tipo de trabajo, una mejor situación del hachero siempre que explote el lote de su propiedad, por la sencilla razón que siempre el monto que retiene la Cooperativa por aforo —en definitiva capitalización— y por gastos de administración, es menor que la plus-valía que retiene su patrón en cualesquiera de los sistemas anteriores. Esta característica positiva de este sistema es válida, sea cual fuere la opinión que se tenga acerca de los resultados mediatos de este sistema, lo cual es otro problema.
2) Estratificación social:
Vamos a intentar hacer una clasificación de lo que podríamos llamar clases sociales en la zona hachera. Digamos como aclaración que hemos tomado como punto de partida las expresiones manifiestas de solidaridad que hemos descubierto y particularmente la posición de los distintos grupos frente a la producción, elemento éste que entendemos resulta fundamental para caracterizar un fenómeno de clases.
a) Clase Alta:
Integrada por antiguos contratistas de “La Forestal” a quienes la empresa al retirarse “premió” con tierras a muy bajo precio; participan asimismo de esta categoría los comerciantes “fuertes”, abastecedores de los contratistas actuales y de los almacenes minoristas. Las características generales de este grupo es que poseen independencia y recursos económicos, este es el grupo que mantiene sus relaciones con los grupos urbanos, siendo su tendencia emigrar a las ciudades. Sus hijos, en muchos casos, estudian en las grandes ciudades. Se explica fácilmente esta emigración a la ciudad de este núcleo, porque vivir en el monte —aunque se tengan 20.000 Ha— no da “prestigio” a la inversa de lo que ocurre en otras partes del país donde es “bien” ir al campo —aunque sólo sean 1.000 Ha—. Este es el sector que está en condiciones de mantener contactos con los centros de poder y es el grupo que ejerce mayor presión política, a través de los “altos funcionarios” con quienes mantienen vínculos familiares o de amistad. Vendrían a ser algo así como la herencia numerosa de la desaparecida “Forestal”.
b) Clase Media:
En este grupo político podríamos incorporar a los funcionarios (policiales, judiciales y ahora políticos), pequeños comerciantes, sub-contratistas. Su característica es ser intermediarios: de gestiones, mercancías o trabajo (según sea el caso, pero siempre intermediarios). De allí el carácter independiente que también los caracteriza en general. Ejercen o tienen poder, pero en nombre de otro de quien dependen. Su comportamiento no es uniforme. Así por ejemplo los sub-contratistas son totalmente solidarios con las clases superiores de las que dependen; los funcionarios a veces muestran rasgos de independencia, al igual aunque en menor grado, que los comerciantes, sobre todo los pequeños comerciantes de los “poblados”, no así los que se encuentran al servicio de un contratista. Este es el sector que comienza a mandar sus hijos para que hagan la enseñanza media en los centros urbanos locales (Reconquista-Vera) y constituyen de hecho el poder local, el que ejercen adecuándose a las exigencias de lo que llamamos “clase alta”.
Si comparamos su capacitación intelectual y su consumo “cultural”, podríamos equipararlo a los últimos peldaños de lo que sería la clase media baja en el ámbito urbano de las grandes ciudades.
c) Clase baja:
En ella podemos ubicar a todos los que sirven en situación de dependencia directa (hacheros, fleteros, carboneros, etc.). En los próximos tópicos analizaremos con mayor extensión su situación; por ahora digamos que constituyen aproximadamente el 80% de la población rural de la cuña boscosa.
d) Clase Media baja:
Dejamos para el final esta caracterización porque no responde a la generalidad de las situaciones de la zona sino que es parte del proceso atípico que se ha producido en Fortín Olmos, donde en torno a la Cooperativa —y ejerciendo en la actualidad su liderazgo—, ha surgido esta nueva clase que ha emergido de la antigua clase baja y que se está proyectando con objetivos propios. La integran ex-hacheros y ex-fleteros particularmente interesados en la explotación agropecuaria, aunque no sea ésta su actividad principal en las actuales circunstancias. Lo que sí importa destacar es que su situación económica en la actualidad no difiere de un modo apreciable de la situación de la clase baja, pero lo que sí difiere es en sus objetivos.
3) Condiciones de vida:
Se aclara que los análisis que siguen se han hecho sobre la situación de la clase baja y en los casos pertinentes lo que llamamos la clase media baja.
a) Alimentación:
La alimentación del hombre de monte es muy escasa en proteínas. Abunda en hidratos de carbono por el exceso de las comidas sobre la base de fideos, arroz, harina de trigo y maíz. La leche no es un alimento habitual. Come carne más o menos dos veces por semana. El alimento básico del hombre de monte es el “chipá” (torta frita) con mate. Todo lo referido a la alimentación se ve agravado por el hecho que la “provista” se hace en forma semanal.
b) Vivienda:
La vivienda en el monte adquiere una característica fundamental: está hecha para ser desarmada. En general son construcciones con techo de paja o palma, paredes de barro o simplemente algunas maderas cruzadas. En el monte encontramos un tipo de construcción que tiene un carácter de provisoriedad absoluta que son los “quinchos” o “benditos”, que es un simple techo de paja a dos aguas que se extiende hasta el suelo. Esta vivienda es utilizada por los hacheros particularmente por los que viven en los poblados, cuando van al monte a trabajar.
c) Agua:
En el monte es fortuna encontrar el agua, que sea apta para el consumo, no es extraño encontrar casos donde deben trasladarse de 1 a 5 km. para llegar a lugares donde conseguir agua potable. Muchas veces ei hombre de monte utiliza para su alimentación el agua de los charcos y cunetas.
d) Servicio Sanitario;
Solamente existe en los pueblos, en los obrajes no hay ningún tipo de atención. En todo lo que fue el dominio de “La Forestal” quedan en la actualidad cinco médicos, y todos ellos —a excepción de un médico residente en un poblado— radicados en lo que fueron los pueblos industriales. Es muy importante el porcentaje de leprosos y sobre todo de tuberculosos, pudiendo decirse que mucho más de la mitad de la población hachera está afectada por esta enfermedad.
4) Cultura hueliera:
Hasta que se produjo la decadencia de la explotación forestal la estructura social existente se caracterizaba por el mantenimiento de hábitos seminómades en la mayor parte de la población hachera con un alto grado de analfabetismo. El centro de la vida está constituido por el obraje, donde se manifiestan las profundas relaciones de dependencia a las que se ha hecho referencia a lo largo de este trabajo. El hecho asimismo de la ordenación de toda la infraestructura en orden a la explotación forestal explica claramente el porqué de la tendencia en el medio hachero —especialmente en las mujeres— de trasladarse a una villa miseria, tendencia que es contenida por la falta de dinero para movilizarse, por no saber cómo ir y por el temor que el hombre tiene a una vida nueva de la que tiene noticias y que es muy distinta a la que él lleva.
El objetivo fundamental del hachero en la actualidad es simplemente trabajar para comer y alimentar a su familia, “el hoy” adquiere un carácter absoluto, de allí que no se pueda hablar de una actitud pasiva del hachero frente a aquellas cuestiones que no tengan referencia a su problema del subsistir diario.
Se puede decir sin temor a la exageración que es un hombre sin libertad, con un horizonte marcado con su nacimiento. Lo encontramos ante un callejón sin salida; esto es probable que el hachero no se lo pueda explicar intelectualmente, pero lo siente anímicamente y entonces vemos encarnarse en él un sentimiento de frustración e inutilidad, por lo que más de una vez agota su existencia entre la inercia, la resignación y el alcoholismo; situaciones éstas que se pueden transformar en factores positivos si se consigue darle un sentido a su quehacer; pero para no caer en romanticismos inútiles, tengamos en cuenta que “su sentido” no es lo mismo que el del intelectual, él, cuando despierta a la realidad, lo que quiere como elemento fundamental es reunir los medios para eliminar esa inseguridad que lo ha rodeado toda su vida y eso supone encontrar el camino que le resuelva “su problema fundamental”: la subsistencia. Este es el punto central de su motivación actual: la lucha por la subsistencia física, como ser viviente. Si se consigue asegurarle ésto es probable que humanamente se le puedan proponer otras perspectivas, pero la posibilidad de responsabilidad personal y la autoexpresión están condicionadas al hecho cierto
de que este hombre consiga encontrar el medio de allanar el camino del hambre.
5) Capacidad de autoexpresión:
La situación actual se puede definir como frustrante para los sujetos sometidos a la condición de hacheros. Hay en la estructura en la que viven y en la formación histórica de su condición elementos que concurren a hacer de él un ser sin personalidad y totalmente dependiente sicológicamente de elementos externos bajo cuya égida siempre ha crecido. La experiencia, como intento de autoexpresión de la cultura hachera, ha demostrado que el hachero sólo se moviliza —y entendemos que legítimamente— en la medida que este proceso esté destinado a una reivindicación económica o al logro de una mayor seguridad o conquista del mismo orden. El problema de fondo es que la autoexpresión siempre se ha manifestado como algo insinuado, y a veces dirigido, por agentes externos, lo que se explica por las razones ya expuestas de la condición de dependencia arraigada como valor cultural del hachero, por lo que parece improbable que el hachero por sí mismo alcance a desarrollar sus objetivos, sin la presencia —al menos en las etapas iniciales— de agentes externos que le ayuden a descubrir y canalizar los mismos. Creemos que está aquí el gran peligro y la gran esperanza de la actual situación.

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