A cuatro años de la muerte de Camilo Torres, el sacerdote español Domingo Lain Sanz toma el camino de la guerrilla como forma de lucha por la liberación del pueblo colombiano y se incorpora al Ejército de Liberación Nacional a fin de asumir su compromiso de amor hasta la últimas consecuencias. Integrante del grupo de curas rebeldes de “Golconda” había sido expulsado de Colombia en abril de 1969 por su acción valiente en defensa de los desposeídos. Para continuar su camino en el compromiso con los explotados de Colombia y el mundo regresa clandestinamente al país para ingresar al grupo guerrillero “Frente Camilo Torres” comandado por Favio Vázquez Castaño y Ricardo Lara Parada. Los motivos fundamentales de su determinación están expresados en su “Carta Abierta al Pueblo Colombiano” que dirige desde las montañas el día 15 de febrero último.
Siguiendo un imperativo moral, nacido de la conciencia de no pertenecerme a mí mismo como revolucionario, sino a las masas explotadas de Colombia y de todos los países oprimidos, a la vez que respondiendo al carácter público que en nuestra sociedad reviste todavía la función sacerdotal, cumplo con un deber de orientador del pueblo al incorporarme a las guerrillas del ELN, a su línea de acción y a sus programas político-sociales. Al hacer pública esta decisión, renuevo el compromiso irrevocable, aceptado al ser ordenado sacerdote, de consagración y fidelidad a los pobres y oprimidos, de solidaridad en su lucha por la liberación de toda esclavitud. Pienso que ahora comienza mi auténtica consagración sacerdotal, que exige el sacrificio total para que todos los hombres vivan, y vivan en plenitud. No es casual coincidencia, sino consecuencia lo uno de lo otro, el que este anuncio se haga el dia en que el pueblo colombiano celebra con redoblado espíritu de lucha y de fe en el triunfo de su causa, el cuarto aniversario de la muerte física del gran líder de nuestro pueblo. Camilo Torres Res-trepo. Su palabra y su ejemplo siguen siendo bandera de rendición, grito de esperanza para los explotados, consigna en el combate guerrillero, luz en el camino de todos los que buscan un compromiso total con la revolución.
Camilo no ha muerto. Vive en el corazón de las pobres oprimidos, en el interior de todo hombre que lucha por la justicia y la fraternidad humana.
Las oligarquías colombianas se equivocaron una vez más. cuando al ocultar el cadáver de Camilo pretendían sacarlo del pueblo: Camilo pertenece al pueblo, vivo o muerto, y nadie podrá arrebatárselo, ni reemplazarlo, ni siquiera cambiarlo de sitio. Se entregó a él en toda su dimensión humana y el pueblo lo aceptó como suyo para siempre. Profeta de nuestro tiempo, revolucionario íntegro, hombre nuevo de la sociedad futura en gestación. Camilo y su ejemplo marcan con sello especial el camino del compromiso de muchos revolucionarios. A su actitud y pensamiento debo la alegría del compromiso que comunico, la decisión expresa de mi entrega hasta la muerte por la liberación del pueblo colombiano.
Llegué a Colombia hace aproximadamente tres años. Venía con mi sacerdocio recién estrenado y con una sola decisión: la de compartir, solidariamente “y hasta el final, la vida, aspiración y frustraciones de las masas desposeídas a las que se le niega todo derecho hasta el más básico y fundamental: el derecho a la vida. Con este pensamiento entré a trabajar como obrero en las empresas de Bogotá primero, y de Cartagena después. Experimenté en carne propia la situación de explotación y miseria de la mayoría de la población y me uní a sus luchas: a la vez que hacía esto, ejercía mis funciones más tarde. El único delito que cometí y que debió ser causa de mi expulsión del país decidida por la oligarquía, fue el delito de luchar por el derecho de todos los
hombres a la vida, al trabajo creador, a la vivienda digna, a la educación, al respeto de su dignidad humana pisoteada. Me acusaron de subversivo porque denuncié sin cesar la violencia opresora ejercida por un sistema social inhumano e injusto, porque llamé a la unión y a la rebelión a todas las clases desposeídas y explotadas.
En Buenaventura, junto con otros compañeros sacerdotes, hice pública mi voluntad decidida de entregar mis fuerzas y mi vida por la liberación del pueblo colombiano y por la construcción de una sociedad socialista, al firmar el documento revolucionario llamado Golconda.
Mi incorporación al ELN no es sino una consecuencia normal de todo un proceso de compromiso
con mi pueblo en ………….. y desde las montañas de Colombia y en unión de los hombres que en un gesto poco frecuente de amor real al pueblo iniciaron la lucha por su liberación, confirmo mi decisión de entrega de mi vida en aras de tan noble causa, consciente de que la posibilidad real de la muerte está presente en la actividad diaria del guerrillero.
Opté por la revolución socialista porque es el único medio de arrancar desde su raíz las causas de la explotación del hombre por el hombre, de la alineación individual y colectiva; porque solo una sociedad construida sobre leyes económicas, políticas y sociales justas puede hacer pasar de la utopía a la realidad el anhelo de la fraternidad de los hombres y entre los pueblos, imperativo fundamental humano y por tanto cristiano.
Tomé el camino de la lucha armada porque frente a la violencia reaccionaria, opresora, de los sistemas vigentes en Colombia y en América Latina, no cabe otra alternativa sino la violencia revolucionaria, liberadora. La violencia no tiene credo religioso, no es atea, ni cristiana. Es el resultado de leyes económicas, históricas y sociológicas, de la conformación y desarrollo de las sociedades y de las relaciones entre sus miembros y grupos. Y por lo tanto es un derecho de los pueblos oprimidos y de los más explotados para salir de su explotación.
Al decir esto no puedo dejar de denunciar la brutalidad c injusticia del régimen colombiano que solo se apoya en la violencia y en la intimidación para mantener en la miseria más espantosa y en la explotación más inhumana la mayoría de la población. Asimismo desenmascaro la complicidad de la Iglesia al constituirse en defensora y en pilar fuerte de dicho régimen, abusando del dominio sobre las conciencias que todavía ejerce en grandes sectores de la masa proletaria: una Iglesia que condena la violencia y rebeldía de las clases pobres y exploradas aceptando y conviviendo con la violencia y la represión ejercida por las clases ricas y explotadoras. Hoy en América latina el pacifismo y la violencia moral de algunos agentes y hombres de la Iglesia es lo mismo que violencia y guerra reaccionaria. Me he incorporado precisamente al ELN porque en su línea de acción y pensamiento, en sus programas político-sociales y en sus combatientes sigue creciendo y desarrollándose el pensamiento y la figura de Camilo. Con la fuerza que mi testimonio y mi entrega puede dar a mis palabras, denuncio como calumniosa e indigna, ultrajante y engañosa para las masas colombianas, la campaña que la oligarquía y el ejército, con todos los medios publicitarios y gubernamentales a su alcance, contando con la ayuda de traidores a la causa del pueblo y seudorrevolu-cionarios, han desencadenado contra los miembros y dirigentes del ELN. Los enemigos del pueblo han empezado a comprobar que la justeza y grandeza de una causa popular no se puede vencer con la sola fuerza de las armas. Por ello han planteado la destrucción política a través del desprestigio calumnioso para cortar la fuerza creciente que el ELN está ejerciendo en las masas proletarias y en los sectores rebeldes de la población. Desconocen que la identificación de Camilo, pueblo colombiano y ELN han forjado una unidad indestructible.
Como Camilo, he encontrado en el ELN una línea política correcta, una honestidad a toda prueba, una te en el pueblo y una entrega a la causa de su liberación, que hacen estar a esta organización en la vanguardia de la lucha y en el corazón de las masas explotadas.
Por último, quisiera invitar al análisis y a la reflexión a todos los revolucionarios honestos, campesinos y obreros, intelectuales y estudiantes que buscan sinceramente un compromiso con su pueblo. A ellos les incumbe una responsabilidad histórica: la de orientar a las masas por el camino real de la liberación, evitándoles los sacrificios inútiles de vidas y esfuerzos que siempre recaen sobre ellas. El pueblo se da cuenta del hambre, de la injusticia y de la explotación. Necesita ejemplos vivos que encaucen su rebeldía y canalicen su ansia de liberación. Camilo ya lo hizo: con su sacrificio glorioso señaló de una vez para siempre el camino de la redención a todos los revolucionarios y masas oprimidas. Su ejemplo nos compromete y nos estimula cada día más.
En el cuarto aniversario de su muerte, mientras la oligarquía y sus lacayos se preparan para representar la farsa electoral, y desde estas montañas regadas con sangre de nuestros mártires, invito a todos los hombres y mujeres de Colombia a organizarse y prepararse para la lucha final siguiendo la consigna y el ejemplo del gran maestro de nuestro pueblo, Camila Torres Restrepo.
Con la fuerza que su muerte gloriosa nos da y unido a mis compañeros repito:
Ni un paso atrás Liberación o muerte. Desde las montañas. Febrero 15 de 970.
DOMINGO LAIN

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