Durante los días 20 al 24 de Mayo pasado, se reunió en Santo Domingo, convocada por la CLASC (Confederación Latinoamericana Sindical Cristiana), la Primera Conferencia Sindical para el Desarrollo y la Integración de América Latina.
Asistieron a dicha Conferencia, dirigentes de las principales centrales obreras del continente: de la CGT de los Argentinos; de la CNT uruguaya; de la CTV de Venezuela; del Comité de Defensa Sindical de Bolivia; de la Federación Centroamericana de Trabajadores; de la Federación Campesina Latinoamericana y —naturalmente— de las distintas centrales adheridas a la CLASC. También estuvieron presentes, en calidad de fraternales, delegados de la Unión Panafricana de Trabajadores, de la Confederación de Sindicatos Nacionales de Canadá, de la Confederación Francesa Democrática del Trabajo y de la Confederación Internacional de Sindicatos Cristianos.
El lugar elegido para la Conferencia —Santo Domingo— tuvo todo el valor de un símbolo: quiso ser la respuesta al último atropello de los “marines” a nuestros pueblos de América Latina, y también expresión de solidaridad con el sufrido pueblo dominicano, que padece miseria, analfabetismo, falta de vivienda y atropellos, como pocos en el continente.
El calor popular rodeó permanentemente a la Conferencia. El acto de inauguración tuvo carácter masivo:
el estadio de Agua y Luz totalmente lleno de obreros y campesinos, mostró un pueblo de pie. La clausura, en el salón de Bellas Artes, contó con la presencia de una juventud vibrante, cuyos estribillos aún resuenan en nuestros oídos: “Revolución Obrera”, “Integración sin Imperialismo”, “Balaguer y Onganía, la misma tiranía” y sobre todo, el más insistente: “Viva el Comandante Camilo Torres”…
Pese al pluralismo ideológico (había delegados peronistas, cristianos, marxistas, socialistas, etc.) y a las distintas situaciones nacionales, una gran unidad imperó en todo el desarrollo de la Conferencia.
En lo básico, todos coincidíamos: nada de “sistema interamericano” ni de “panamericanismo”; unidad a nivel de pueblos y no de gobiernos; desarrollo, sí, pero por una vía no capitalista; integración, pero no para servir de mercado a los monopolios internacionales.
En el aspecto sindical, los participantes denunciamos implacablemente la acción corruptora de organizaciones amarillas como la ORIT, la CIOSL, el Instituto Americano para el Desarrollo del Sindicalismo Libre y las embajadas norteamericanas. También se condenó explícitamente, a los sindicalistas “participacionistas” u “oficialistas” que sirven de comparsa a los gobiernos oligárquicos o militaristas que pisotean los derechos de nuestros pueblos.
Las conclusiones de la Conferencia, quedaron resumidas en la “Carta de los Trabajadores para la Liberación y la Unidad de los Pueblos de América Latina” o más brevemente, “Carta de Santo Domingo”. Pero además se aprobaron numerosas resoluciones de solidaridad con los trabajadores de distintos países (entre ellos Argentina) y se acordó continuar y ampliar el diálogo iniciado.
Es propósito firme de todos los participantes, buscar la unidad obrera latinoamericana, a través de sucesivas etapas que implican el diálogo, la unidad de acción, la unidad programática y la Central Única de Trabajadores de América Latina.
Para estos fines, se dejó constituido un Equipo Latinoamericano de Conferencias Sindicales de América Latina (ECOSAL), que integran compañeros de distintas tendencias.
Sin lugar a dudas, los trabajadores latinoamericanos hemos dado un gran paso adelante, hacia la UNIDAD y la REVOLUCIÓN.
Porque la Clase Trabajadora organizada, será la columna vertebral de la Revolución que barrerá con el capitalismo, las oligarquías, el militarismo y el imperialismo, y construirá una nueva sociedad basada en la justicia, en la cual “todo el hombre y todos los hombres” puedan desarrollarse en plenitud.
Buenos Aires, junio de 1968.
Juan Carlos Loureiro
Secretario General Nacional de ASA

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