• Los que vinieron a servir
  • Es indudable que los sacerdotes para el Tercer Mundo están causando muchos dolores de cabeza a la jerarquía eclesiástica comprometida con el régimen. Más atentos a su compromiso con el pueblo y a su misión profética que a las inquietudes de los “príncipes” de la iglesia —atados de pies y manos por su deplorable alineación junto a los opresores— unos ciento veinte miembros del movimiento en la Argentina inauguraron las deliberaciones del Encuentro Nacional de Sacerdotes para el Tercer Mundo precisamente el 1º de Mayo, Día de los Trabajadores, en el Colegio Mayor Universitario de Santa Fe. Participantes de la Capital Federal, Avellaneda, Morón, 9 de Julio. La Pampa. Bahía Blanca. Mendoza, San Juan, Tucumán, Córdoba, Catamarca, Corrientes, Chaco, Neuquén, Entre Ríos y el interior de la provincia de Santa Fe discutieron en torno a objetivos básicos tendientes a encontrar la manera de “cumplir aquí y ahora la misión de la iglesia”. El comentario de uno de sus miembros volcado durante las deliberaciones en comisión “si no existiera el movimiento de curas del Tercer Mundo yo ya hubiera largado” es revelador de la profundidad de la revaloración del ministerio profético. No dudan en reclamar para sí el encarnar la auténtica Iglesia.
    Al definirse por la masa de los oprimidos el Movimiento reafirma su definición por el socialismo “por considerarlo más acorde con el Evangelio y como uno de los principales elementos que constituyen los “signos de los tiempos”. Las vías de realización en tácticas y estrategias fueron consideradas fuera de la competencia del Movimiento como tal. rechazando constituirse en partido político o en grupo revolucionario para la toma del poder. No obstante, afirman que “no habrá socialismo auténtico en latinoamérica sin esa toma del poder por auténticos revolucionarios, surgidos del pueblo y fieles al mismo”. En lo personal se insistió en la necesidad de un compromiso total y sin limitaciones; su ubicación junto al pueblo contra sus opresores, el capitalismo y el imperialismo, los hace parte de ese pueblo sin paternalismos castradores. Fieles al mensaje de Cristo como mensaje de liberación total del hombre, se imponen desenmascarar a todos los que de alguna manera oprimen, ya sea denunciando torturas o asumiendo posiciones cada vez más comprometidas y jugadas a fondo con los hechos en procura de un cambio estructural profundo. Conscientes de que en la lucha por la quiebra del “orden” de los privilegiados se irán produciendo necesariamente hechos de violencia creciente, constatan, una vez más. que la violencia la generan las instituciones que resisten al proceso de cambio y son las únicas culpables de esta violencia de la desesperación.
    En el análisis político de la realidad argentina se puso especial énfasis en la valoración positiva del peronismo como punto de partida para el movimiento de liberación. El padre Dri, de Resistencia, explícito: “si nos hemos manifestado por la salida hacia un socialismo porque así se da la liberación, ese socialismo no lo podemos proponer en el aire sino a partir de una realidad existente que es el pueblo. Comprobada la fidelidad de las masas al peronismo, éste se constituye en elemento clave para la incorporación de esa masa al proceso revolucionario”. Y en el comunicado dado a conocer al finalizar las deliberaciones se insiste: “Creemos que el reconocimiento de este hecho por parte de todas las fuerzas revolucionarias ayudará a concretar la unidad de todos los que luchan por la liberación nacional”.
    En lo que hace a esa unidad, el Movimiento del Tercer Mundo ya ha buscado la coordinación con grupos que luchan en la realidad nacional y se propone para el próximo encuentro una crítica a su actuación que parta de las agrupaciones revolucionarias. Esta permeabilidad que permite recibir y efectuar críticas es condición previa para que la unión buscada —y que entendemos fundamental— se haga a través de hechos reales y no en base a declaraciones de principios, para que sea eficaz en el logro de los objetivos comunes; es decir, el advenimiento del hombre nuevo como resultante de un proceso revolucionario de liberación.
    Esta coincidencia de objetivos entre las clases populares, miembros de distintas organizaciones revolucionarias y curas del Tercer Mundo ya se puso de manifiesto por lo menos en dos ocasiones, vistas como etapas de dicho proceso: durante el cordobazo, al que se consideró un punto a partir del cual comenzó una nueva instancia en la vida de la Argentina, con la incorporación de sectores no peronistas y la clase media. La otra, durante la huelga general en el Chocón, uno de cuyos protagonistas, Pascual Rodríguez, cura obrero, fue invitado a este encuentro en consecuencia con la condición que se impuso para participar en él: haberse manifestado activamente en defensa del pueblo, ya fuera en conflictos obreros, denuncias de torturas y todo aquello que signifique compromiso personal junto al pueblo: ese criterio se aplicará cada vez con sentido más estricto. Las conclusiones del encuentro se dieron a conocer por medio de un comunicado donde se destaca que se optó, como salida política “por un socialismo latinoamericano que implique necesariamente la socialización de los medios de producción, del poder económico, político y de la cultura”.

  • Comunicado
  • El Movimiento Sacerdotes para el Tercer Mundo ya está en su 3er. año de existencia.
    Surgió en diciembre de 1967 por iniciativa de un pequeño grupo de Sacerdotes como una respuesta al “Mensaje de 18 Obispos del Tercer Mundo.” Estos años han servido, entre otras cosas, para perfilar y profundizar las líneas fundamentales que orientan hoy nuestra acción. El año pasado, en su segundo Encuentro Nacional, el Movimiento expresó estas líneas en un documento que llevaba el título de “Nuestras Coincidencias Básicas”. En ese documento hemos expresado nuestra visión del llamado “Tercer Mundo”. Expresamos nuestro “formal rechazo del sistema capitalista vigente y su lógica consecuencia, el imperialismo económico y cultural”, y nos “adherimos al proceso revolucionario… que promueva el advenimiento del Hombre Nuevo”. Hicimos nuestra opción por un “Socialismo Latinoamericano” que implique necesariamente la “Socialización de los medios de producción, del poder económico y político y de la cultura”. Este proceso revolucionario y este camino al socialismo no comienza hoy. En cada país tiene antecedentes válidos. En la Argentina constatamos que la experiencia peronista y la larga fidelidad de las masas al movimiento peronista constituyen un elemento clave en
    la incorporación de nuestro pueblo a dicho proceso revolucionario.
    Creemos que el reconocimiento de este hecho por parte de todas las fuerzas revolucionarias ayudará a concretar la unidad de todos los que luchan por la Liberación Nacional”.
    En este Tercer Encuentro Nacional ratificamos el contenido de “Nuestras Coincidencias Básicas” y, con el objeto de evitar interpretaciones erróneas o tendenciosas, expresamos :
    1) El “Movimiento Sacerdotes para el Tercer Mundo” de la República Argentina es un Movimiento sacerdotal y por lo tanto cristiano. Ello implica una voluntad inquebrantable de pertenencia a la Iglesia Católica, Pueblo de Dios, según la definiera el Concilio Vaticano II.
    2) Tenemos fe en que nuestra pertenencia a la Iglesia Católica en la Argentina y en Latinoamérica, no ha de constituir un obstáculo sino un impulso para nuestra Patria y nuestro Continente. Por eso no queremos “otra Iglesia”. Nos sentimos fundamentalmente solidarios con la que creemos verdadera Iglesia de Cristo.
    Sin embargo, advertimos la necesidad imperiosa de un cambio radical en la mentalidad y en la conducta de muchos de los hombres de nuestra Iglesia, sobre todo entre aquellos que la gobiernan. Pero, para ser auténticos y justos, hemos de comenzar por nosotros mismos, reconocer
    nuestras fallas y limitaciones, y procurar una constante rectificación de nuestra conducta. De la Jerarquía Eclesiástica Argentina y Latinoamericana sólo aspiramos que se decida, en forma clara, unánime y total a poner en práctica lo que elaboró y declaró en Medellín y San Miguel
    3) Por “Tercer Mundo”, el Movimiento entiende fundamentalmente la realidad humana de la masa de los oprimidos de todo el mundo, que marcha inexorablemente hacia su liberación. Más que de fronteras geográficas, se trata de los pueblos oprimidos y los oprimidos de los pueblos. Quede definitivamente en claro que al definirnos por el “Tercer Mundo” no lo hacemos por una “ideología” o una “posición tercerista” que pudiera colocarnos al margen de la única lucha real: la del pueblo explotado, contra las minorías opresoras que detentan el poder.
    Por el contrario, nos hemos definido y lo seguiremos haciendo cada vez más clara y eficazmente, por el mundo de los pobres y oprimidos. Nos lleva a ello inexorablemente nuestra opción por Cristo que hoy, como ayer y como siempre, nos dice: “Les aseguro que en la medida que lo hicieron con el más pequeño de mis hermanos, lo hicieron conmigo” (Mateo 25,40).
    4) El Movimiento se ha definido por el socialismo en el sentido expuesto, por considerarlo más acorde con el Evangelio y como uno de los principales elementos que, en
    ese orden, constituyen el “Signo de los tiempos”. Sin embargo, por múltiples razones el “Movimiento no es, ni quiere, ni puede constituirse en “partido político”. Rechaza asimismo y por las mismas razones convertirse en un grupo revolucionario para la toma del poder político. El Movimiento como tal se prohibe, en ese orden de cosas, opinar y tomar posición acerca de tácticas, estrategias o tendencias de grupos y organizaciones, respetando con ello la libertad de opción de sus propios miembros. No obstante, consideramos que no habrá socialismo auténtico en latinoamérica sin esa toma del poder por auténticos revolucionarios, surgidos del Pueblo y fieles al mismo. 5) Ratificamos lo dicho y obrado por los integrantes del Movimiento en las acciones populares de Córdoba, Rosario, Tucumán, El Chocón, etc., que marcaron nuevas etapas en el proceso de la Liberación Nacional. Asimismo repudiamos una vez más la represión que se ha desatado en nuestro país, y que persigue, tortura y hace desaparecer a militantes revolucionarios. Reconocemos en estas víctimas, el precio doloroso que el pueblo paga en su lucha por la liberación. Nos indigna que las instituciones nacidas para proteger los derechos humanos y defender la Nación, se hagan ejecutoras o cómplices de esas prácticas salvajes.
    1º y 2 de mayo de 1970.
    Santa Fe,

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