• “Seré un cadáver político”
  • A un costado de La Paz, al sur del Palacio Quemado y frente a la Plaza San Pedro, una serie de cuartuchos apilados, cercados por un irregular muro de adobe y piedra le sirve a la burocracia paceña para hacer la cárcel del régimen. En el pabellón “Los Alamos” —a la derecha de una plazoleta interna raleada de césped— se encuentra detenido Mario Monje Molina, un paceño de 42 años que se inició como maestro de escuela, para fundar en la década del 50 el Partido Comunista Boliviano. En el escalafón partidario, llegó a ser primer secretario del Comité Central y, como tal, tomó contacto con Fidel Castro y el Che Guevara para bosquejar el camino revolucionario en Bolivia. Asesinado el Che en el amanecer del 8 de octubre de 1967 en Higueras y publicada su libreta de apuntes, Mario Monje aparece condenado por el comandante guerrillero: “La recepción fue cordial —anota el Che en su diario cuando narra el arribo de Monje al campamento de Ñancahuazú en la mañana del 31 de diciembre de 1966— pero tirante, flotaba en el ambiente una pregunta: ¿a qué vienes?”.
    A los apuntes del Che se sumaron las declaraciones de Fidel Castro el 14 de octubre de 1967 responsabilizando a Monje, acusándolo de traidor, de no haber cumplido con la¡ palabra empeñada. Las responsabilidades por el abandono en que se desempeñó la guerrilla durante su año de acción en el sur boliviano, el Primer Ministro cubano las extiende hasta el propio comité central del PCB capitaneado por Kohler Cueto y del cual Monje fue agente dentro del movimiento guerrillero. Tiempo después, el diario de guerra del capitán del ejército cubano Henry Tamayo Villegas que con el seudónimo de Pombo es uno de los organizadores del movimiento, y por cierto hombre de confianza del Che, apunta los contactos que tienen con Monje —en el diario este aparece como Estanislao— y los compromisos de éste con la gesta guerrillera en los meses previos al estallido de Ñancahuazú.
    Por su parte Julio Dagnino Pacheco, un peruano de 41 años fue un adherente a las guerrillas de su compatriota Hugo Blanco y se desempeñó como miembro de la guerrilla urbana con asiento en La Paz hasta ser detenido por los agentes de la CIA el 27 de marzo de 1968. Desde entonces, Pacheco está cautivo en el Panóptico Nacional, la cárcel en que también está arrestado Mario Monje, y no vacila en acusar al primer secretario del PCB de traidor. “Monje se comprometió a colaborar con 20 de sus mejores hombres —narró Pacheco a un periodista— y sólo se limitó a concurrir a las
    entrevistas y a poner problemas cada vez que le pedíamos su colaboración en casos elementales como facilitarnos una casa o un vehículo”.
    Meses atrás Monje aceptó responder un cuestionario de Cristianismo y Revolución que un colaborador de La Paz deslizó a sus manos. Las siguientes son sus respuestas.

    CRISTIANISMO Y REVOLUCIÓN; En el diario del Che usted aparece ofreciendo su renuncia al Comité Central del PCB a cambio de la conducción político-militar de la guerrilla. Es fácil inferir que el partido no apoyaba la guerrilla ya que usted acepta que tenía que romperlo para ingresar a ellas. También usted aceptó romper con el partido a cambio de la conducción del movimiento armado, por lo menos así lo registra el Che en su diario. ¿En suma, sus discrepancias con el Che fueron sólo de rango?
    MARIO MONJE MOLINA: Yo ya había conversado con el Che en varias oportunidades. La última a fines de 1964 en La Habana y siempre le había manifestado que cada revolución recorre caminos inéditos. Que no se podía insistir en Bolivia con la concepción foquista de Debray de que, iniciada la guerrilla, el pueblo se pliega a ella sin tener en cuenta la voluntad de los partidos políticos, yo le comenté al Che, en esa oportunidad, que en Bolivia había que promover una insurrección popular en La Paz y, de fracasar ésta, luchar en el monte. Con lo cual mi discrepancia con el Che fue de índole político.

    C. y R.: En el diario de Pombo que, después de combatir al lado del Che rompe el cerco del ejército y en febrero de 1968 se refugia en Chile, usted figura con el nombre de Estanislao. En las anotaciones correspondientes al 5 de setiembre de 1966, Pombo anota, refiriéndose al plan de su partido que “aún cuando el plan del PCB es un alzamiento general, nos ha prometido 20 hombres para la guerrilla”. De esto se desprende que, pese a las discrepancias políticas que usted apunta en su respuesta anterior aceptó colaborar con el Ejército de Liberación Nacional con 20 hombres. ¿Cuál es su respuesta al diario de Pombo?
    M.M.M.: Nunca me entendí bien con Pombo ni con otros oficiales cubanos que oficiaban de contactos.

    C. y R.: El peruano Dagnino Pacheco lo acusa de lo mismo. De haberse comprometido a colaborar con la guerrilla y de haberlos traicionado.
    M. M. M.: Desde que Pacheco está detenido aquí, yo no mantengo diálogos con él ni con ninguno de los guerrilleros presos porque ellos admiten lo dicho por el Che y Pombo.

    C. y R.: Pombo insiste en su diario con los compromisos de usted con el movimiento. Por ejemplo con fecha 10 de setiembre, Pombo transcribe en su libreta de apuntes un mensaje remitido a La Habana y firmado por el radioperador Ariel que dice: “hemos obtenido —anota Pombo— de Estanislao un compromiso para que nos dé 20 de sus mejores hombres, de los cuales tenemos 10”. ¿Usted desmiente a Pombo?
    M. M. M.: Yo discutí, como dije antes, el problema de cómo hacer la revolución en varias oportunidades con Fidel y el propio Che. Siempre Fidel me contestó que alguien muy importante hablaría conmigo en un lugar cercano a mi país antes de hacer algo. Antes de comenzar una tarea insurgente en Bolivia se discutiría previamente con nosotros.

    C. y R.: ¿Usted sabía que el Che estaba en Bolivia antes de su encuentro en el campamento de Ñancahuazú?
    M. M. M.: No, no sabía nada.

    C. y R.; En el mensaje del mes de julio, Pombo al registrar en sus apuntes el radiodespacho trasmitido por el radioperador Ariel a La Habana, anota que “creo que éste es el momento de contar a Estanislao que Mongo (apodo del Che que también solía usar el de Ramón) está participando en esto. Lo hemos sondeado —anota Pombo— y él nos expresó su decisión de que si eso sucede combatirá a su lado donde quiera que pudiese ser”. Puede inferirse, sin mayores riesgos que usted estaba enterado de la participación del Che por la pista que le diera Fidel Castro y que usted mismo acaba de mencionar en su respuesta anterior al comentar que “alguien muy importante” conversaría con usted antes de “hacer algo”. Más aún Fidel le dijo que esa conversación se realizaría cerca de su país. A esto se suma los indicios que Pombo le dio a partir de julio.
    M. M. M.: Bueno, yo intuí que el Che podría estar en la organización de la guerrilla.

    C y R.: Aparte de los sondeos de Pombo, usted sabía que el Che había desaparecido de La Habana para conducir un movimiento revolucionario. Por lo menos así lo decía públicamente el propio Fidel.
    M. M. M.: Todo indicaba que el Che estaba dirigiendo un movimiento y que podía ser en Bolivia. Lo que yo no sabía era en qué parte de Bolivia se encontraba.

    C. y R.: ¿Cuando Ud. se entrevista con el Che, lo hace con autorización de su partido?
    M. M. M.: Por supuesto. Yo informé al partido y el Comité Central me autorizó a que conversara con el Che para luego elaborar un informe al partido

    C. y R.: El Che, en su diario, resumió la entrevista mantenida con usted en tres puntos. En el primero dice “El —por usted— renunciaría a la dirección del partido, pero lograría de éste, al menos, la neutralidad y se extraerían cuadros para la lucha”. También el diario registra su pedido de la conducción político-militar de la guerrilla. Si usted fue con la autorización del partido, ¿cómo ofrece su renuncia a cambio de la conducción guerrillera?
    M. M. M.: Yo ofrecí mi renuncia para no presionar sobre la conducción partidaria. Para que la dirección del partido eligiera libremente.

    C. y R.: Entonces, usted era el representante de la ideología guerrillera en el Comité Central, si considera que su presencia podía influir en las decisiones.
    M. M. M.: Sí, yo podía influir en el Comité Central por el hecho de haber estado en contacto con los guerrilleros.

    C. y R.: Usted afirmó que había oficiado de contacto, que había aceptado la entrevista con el Che para informar luego al Comité Central.
    M. M. M.: Sí, yo tenía que informar al partido. Eso había sido lo convenido con la dirección partidaria.

    C. y R.: ¿Entonces su partido le encomendó la tarea para obligarlo a renunciar después, para que no incidiera en la elección?
    M. M. M.: El partido nunca pensó en obligarme a renunciar. Sólo que, al no estar yo de acuerdo con la guerrilla, creí que podía influir negativamente. Por eso le propuse al Che mi alejamiento del partido.

    C. y R.: Sin embargo, Pombo registró en su libreta una conversación mantenida con usted a fines de julio por Papi (seudónimo del boliviano Mario Rodríguez Pérez): “Cuando Papi —apunta Pombo— le llamó la atención a Estanislao sobre los 20 hombres, respondió que tenía problemas con el Comité Central, que lo presionaba para que no ingresen a la lucha armada”. ¿Parecería ser que usted estaba de acuerdo con la guerrilla y que desobedecía las órdenes del partido?
    M. M. M.: Mire, todo está muy confundido. Estoy esperando salir para aclarar todo esto.

    C y R.: Si usted tiene que explicar su actuación, como contrapartida tendrá que demostrar que el Che y Pombo han mentido.
    M. M. M.: El Che no creo que haya mentido. Con Pombo nunca me llevé muy bien.

    C y R.: ¿Cuál es su posición frente al gobierno del general Alfredo Ovando Candia?
    M. M. M.: La de un apoyo crítico.

    C. y R.: Usted dijo que, cuando salga, lo primero que hará será clarificar su actuación en relación con la guerrilla. ¿Cree usted que podrá lograrlo? ¿Cree que podrá enfrentar con su palabra los testimonios vertidos por el Che y Pombo?
    M. M. M.: Creo que podré explicar todo en el plano político, sin tener que enfrentarme con los testimonios del Che, por quien guardo gran respeto.

    C. y R.: ¿Si no lo logra?
    M. M. M.: Seré un cadáver político.

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