En sus primeros ensayos “El castrismo: la larga marcha de América Latina” y “América Latina: algunos problemas de estrategia revolucionaria” Regis Debray daba esencialmente una visión global de la nueva situación histórica en que ha entrado América Latina con el triunfo de la Revolución Cubana. Señalaba cómo este hecho considerable modificaba las características de la lucha de clases sociales en este continente y respondía con agudeza numerosas cuestiones que preocupan a todos los revolucionarios. El nuevo ensayo de Regis Debray, ¿Revolución en la Revolución?, dotado de las mismas virtudes esclarecedoras que los precedentes, amplía y profundiza aún más el debate. Aborda problemas de vida actualidad como los tocantes a la autodefensa armada, a la propaganda armada, a la base guerrillera, al partido y la guerrilla, etc. El principal mérito que se encuentra, en la primera lectura, a las nuevas reflexiones de Debray es que ayudan enormemente a no detenerse en la superficie externa, en la epidermis épica del proceso revolucionario cubano, sino a penetrar en su esencia, a asimilar su contenido complejo, sus mecanismos internos, a fin de extraer a fondo sus enseñanzas y su originalidad, para poder medir, como dice Debray, “las particularidades propias de los otros procesos revolucionarios”.

  • MI VISION DE AMEKICA LATINA
  • En 1964 estuve en Venezuela. No me perdonaba el haber perdido la revolución cubana. Había perdido ese suceso histórico. En Venezuela fui testigo de los fracasos del primer movimiento de liberación. Tomando muy en serio los problemas, quise buscar las razones de ese fracaso. De Venezuela pasé a Colombia, y de allí a todos los países de América del Sur, con excepción de Paraguay. Sin dinero, sin equipaje molesto, deseoso ante todo de oír hablar a las gentes que luchaban. Una cosa me sorprendió en seguida: la convergencia de sus propósitos. La gente de todos estos países no viaja. Se queda dentro de sus fronteras, foráneos a los veinte países de la América Latina. Podía mirar por todas las ventanas a la vez (como ese personaje de un film de Hitchcock) y descubrir el ritmo de la vida social en la escala de un continente. Desde este punto de vista, la condición de extranjero es una oportunidad. El hecho de ser extranjero aumenta las condiciones de la inteligibilidad. La gente hablaba de su vida. Por mi parte, podía superponer a sus palabras los ecos del país vecino.
    En mis viajes yo no era víctima de espejismos ideológicos. Estaba en condiciones de intentar componer un veinte países de América Latina. De regreso a Europa, escribí los dos primeros textos de análisis de las realidades latinoamericanas.

  • MILITANTES Y HOMBRES DE ACCIÓN
  • A propósito de hombres de acción, pienso en el prefacio de Sartre al libro de Roger Stéphane “Retrato del aventurero”. En ese texto Sartre opone el militante al hombre de acción. El militante, según él lo ve, no tiene una individualidad saliente. Como miembro de un aparato, es intercambiable. Aparece como una rueda mecánica del Partido que, como tal, hace la historia. El hombre de acción, por su parte, sin una ciencia previa de la historia, obra sobre ésta mediante acciones arbitrarias. Este retrato pintado por Sartre no se basaba en la experiencia latinoamericana. La Revolución Cubana ha destruido la oposición planteada por Sartre entre el militante y el hombre de acción. Las nuevas experiencias latinoamericanas introducen en el mundo de los revolucionarios a militantes-y-hombres-de-acción a la vez, que tienen una visión moral de la vida. Son hombres en el sentido pleno de la palabra.

  • LOS “PICAROS” Y LOS “POLITICASTROS”
  • Viendo actuar a Fidel o al Che, comprendí que los “picaros” eran la bobería más grande que pudiera haber. Fidel y el Che demostraron que hay “locuras” valederas y que el único modo de cobrar los dividendos de la acción es no querer hacer la revolución con una mentalidad de usurero. El “realismo” de los picaros es el reverso político de un idealismo sin agarre real en la historia; la eficacia revolucionaria nunca está de su parte, no hacen nada.
    En Cuba, la oposición de Sartre entre militante y hombre de acción no resiste la prueba. Los hombres de reflejo más fiel de la realidad quebrada, rota., de los acción que tomaron el poder político con el pueblo se han revelado como los más eficaces de los militantes. No siendo ni “picaros” ni “politicastros”, han sido los primeros y los únicos hasta el momento en lograr las primeras victorias políticas de América Latina en la segunda mitad del siglo XX. A través de ellos he captado la Revolución como fenómeno total que involucra el todo del hombre, en la producción de bienes materiales y espirituales, en las relaciones de hombre a hombre, en las relaciones del hombre con la mujer, en las relaciones de la vida con la muerte.
    Y es normal que los “politicastros” fracasen, pues sólo los que no tienen miedo de perder lo ganan todo, y los que no hablan más que de ganar pierden. Los “politicastros” y los “picaros” no piensan más que en términos de rentabilidad inmediata de la acción: lo que es posible en seguida, en la actualidad. De hecho, nunca ganan nada. Se colocan en la historia como se colocan capitales en los bancos capitalistas…
    Los “politicastros” tienen a los hombres de acción por ingenuos. ¡Los ingenuos fundaron el primer estado socialista de América!

  • POR QUE ESCRIBÍ SOBRE AMERICA LATINA
  • Por dos razones. Primeramente, por indignación ante la inmensa estupidez de los supuestos especialistas en América Latina, endiabladamente lejos de la realidad.
    Por disgusto ante ciertos intentos de análisis marxista de la Revolución Cubana, con excepción del libro de Jaeques Arnault —por más que no esté yo de acuerdo con lo esencial de su interpretación—, que trató de comprender la Revolución Cubana. Como análisis de la Revolución Cubana, nuestros “especialistas” no han hecho sino agregar un capítulo más a la exposición apologética de las leyes fundamentales de la dialéctica, entendida como lógica de la identidad y no como lógica de la superación. Privaban así a la Revolución Cubana de toda individualidad y hacían de Cuba una ilustración más de supuestas leyes cuasi celestes de una supuesta dialéctica que se niega a ver lo que hay de nuevo en todo fenómeno histórico, a distinguir aquello por lo cual es diferente un proceso de otro, y no siempre lo que tienen de común. En segundo lugar, este tipo de análisis no aportaba ningún elemento de comprensión del proceso revolucionario cubano, en lo que éste tiene de singular y de complejo, y tenía su origen, de hecho, en una enfermedad filosófica, en un cáncer teórico del marxismo. En un nivel puramente filosófico, Louis Althusser3 estaba estudiando las causas de esa enfermedad y combatiendo sus consecuencias.

  • EL CÁNCER TEÓRICO
  • Es el hecho de ver en el marxismo pura y simplemente al idealismo hegeliano puesto sobre sus pies. Dicho de otro modo: de hacer como si toda la historia estuviera desarrollada, de manera que no pudiera ya haber sino verificaciones de leyes análogas a las leyes matemáticas. Se olvida así la complejidad siempre innovadora de cada proceso histórico.

  • EL MARXISMO
  • De hecho, lejos de ser dogmáticos, los trabajos de Althusser permiten llevar al marxismo a lo que fundamentalmente es: un método de análisis que desemboca en la iniciativa revolucionaria, y no un catálogo de enunciados definitivos que pretenden regentear desde el exterior la política, la ciencia, el arte, la moral, etc.
    El método de análisis marxista, en la medida en que es científico, es arduo, abstracto, difícil.
    El marxista comporta una unión necesaria con la práctica, y cada vez que una práctica política se muestra floja, cojeante e ineficaz, puede uno estar seguro de que encubre una debilidad teórica; en cierto sentido, el defecto de la teoría o una teoría débil entraña y encubre siempre debilidades prácticas,

  • EL PAPEL DEL TEÓRICO
  • Respecto de esa praxis compleja de la Revolución Cubana, su papel es en extremo modesto. Se reduce a enunciar una teoría implícita hallada al cabo de caminos que no son los de la teoría, recorridos por Fidel y por los dirigentes que siguen y seguirán su inspiración en la nueva situación histórica de América Latina.

  • UN TEXTO CLAVE DEL CHE
  • “Convendría decir que la teoría revolucionaria como expresión de una verdad social está por encima de cualquier enunciado, es decir: que la revolución puede hacerse si se interpreta correctamente la realidad histórica y se utilizan correctamente las fuerzas que intervienen en ella, aun sin conocer la teoría. Es claro que esa teoría enunciada corresponde a la verdad. Además, hablando concretamente de esta revolución, debe recalcarse que sus actores principales no eran exactamente teóricos, pero tampoco ignorantes de los grandes fenómenos sociales y los enunciados de las leyes que los rigen. Esto hizo que sobre la base de algunos conocimientos teóricos y el profundo conocimiento de la realidad se pudieran ir creando una teoría revolucionaria” (Comandante Ernesto Guevara en “Notas para el estudio de la ideología de la Revolución Cubana”).

  • POR QUE ESCRIBÍ ¿REVOLUCIÓN EN LA REVOLUCIÓN?
  • Primero, volviendo a Cuba, me di cuenta de que había sido víctima de un clisé peligroso y de que mis dos primeros artículos adolecían de esta debilidad. Yo también creía que la Revolución Cubana no se repetiría. Descubrí mi total ignorancia de la Revolución Cubana.
    En segundo lugar, cuando empecé a estudiar el proceso revolucionario cubano (la historia de la Revolución), me percaté de que en él se hallaban enseñanzas y respuestas que necesitaba América Latina y que se buscaban generalmente fuera de la Revolución Cubana. Eso no quiere decir que haya que tomar como referencia o como modelo absoluto a la Revolución Cubana, sino que hay que estudiar a fondo sus enseñanzas y su novedad para poder medir las particularidades propias de los otros procesos revolucionarios. Los latinoamericanos tienen una mina de oro en sus inmediaciones e iban a buscar papel moneda en otra parte.
    Hay que explotar la mina cubana para usos diferentes. Cuando se habla de superar el marxismo, es para retroceder más acá del marxismo; lo mismo, cuando se habla de superar la Revolución Cubana, es para retroceder más acá de sus enseñanzas fundamentales. La historia de estos últimos años muestra que tales superaciones son regresiones. No se puede, ciertamente, verlo todo con los espejuelos cubanos, y no se debe subestimar, en ningún momento, las enseñanzas de la Revolución de Octubre, de la Revolución China, de la Revolución Vietnamita, etc.

  • APORTE DE LA REVOLUCIÓN CUBANA
  • Ese aporte me parece triple:
    1) La Revolución Cubana ha introducido un nuevo tipo de articulación entre lo político y lo militar en la etapa insurreccional.
    2) Una nueva articulación del factor moral y el factor económico, de las condiciones objetivas y subjetivas, que se expresa en la preeminencia dada al estímulo moral respecto del estímulo material. La construcción paralela de una moral comunista y de una economía socialista que actualmente desemboca en el bosquejo de formas de organización comunista.
    3) Un nuevo tipo de articulación entre lo nacional y lo internacional. Una nueva manera de poner fin a las polémicas tradicionales: “construcción del socialismo en un solo país” o extensión de la Revolución. Dicho de otro modo, en Cuba no hay alternativa entre ambos términos de la polémica. El perfeccionamiento de la construcción del socialismo refuerza los intereses de la Revolución en América Latina y en el Tercer Mundo. Y cada victoria revolucionaria en América Latina es una victoria del pueblo cubano. Se trata de una nueva articulación entre el patriotismo revolucionario y el internacionalismo proletario.

  • CUBA Y LA SOLIDARIDAD REVOLUCIONARIA
  • De todos los países socialistas es el que va más lejos en ese terreno. Los intereses de Cuba son los de una causa y no sólo los de un Estado. No se puede concebir que vayan a oponerse los intereses de la Revolución Latinoamericana, los intereses de la revolución en el mundo subdesarrollado y los de la Revolución Cubana en cuanto Estado. Todos estos intereses se confunden en la afirmación de un nuevo estilo de solidaridad revolucionaria.

  • LOS MÉRITOS POLÍTICOS DE FIDEL
  • Ante todo haber llevado la Revolución al poder. Luego, y sobre todo, el haberla continuado y ahondado, aceptando todas las consecuencias y el haber mantenido la Revolución Cubana en una línea ascendente.
    Para dar fin a esta plática con Regis Debray, nada mejor que citar sus palabras en un proyecto inédito de prefacio al conjunto de los tres estudios sobre la, Revolución en América Latina. Debray ha precisado su intención de esta manera: “No proponiéndome otra cosa, tras el formidable impulso dado por la Revolución Cubana a la historia del continente, que poner remedio a ciertas urgencia:… la de fijar en el papel la figura única y coherente, que se desprende casi de sí misma, de tantas luchas confrontadas; la de combatir de frente ideas que tratan de regresar al sesgo para no dejarse ver; la de organizar del mejor modo, en su estela, un impetuoso brote de movimientos revolucionarios que no vencerán sino estando organizados; yo agregaría la urgencia de hacer que tanta sangre no se seque en vano sobre tantas tierras y de que se reconozca el sentido de eso? sacrificios, si no fuera, en verdad, demasiada pretensión para otros trozos impresos.”

    Tags: