No es casual que como ya lo hiciéramos en el número anterior, publiquemos en la presente edición un nuevo reportaje al Peronismo de Base (PB).
Es que las condiciones que se están dando internamente en el peronismo reclaman un claro análisis de interpretación sobre cuál es y deberá ser el papel de los militantes de base que se encuadran en dicha ideología revolucionaria.
Creemos que los compañeros del PB son los más fieles representantes de un auténtico trabajo de masas, donde precisamente están impulsando el pensamiento combatiente peronista con el objetivo de construir una Patria Socialista. Un trabajo que como sabemos está obstaculizado por las trabas que colocan los burócratas y traidores del Movimiento, pero que no dudamos triunfará porque se nutre de los sufrimientos y esperanzas de lo mejor que tenemos o sea el pueblo.

¿Qué significa para Uds. ser peronistas?
Más allá de toda discusión intelectual sobre el peronismo —que no la consideramos superflua— el peronismo representa la imposibilidad del capitalismo argentino para consolidarse como democracia liberal-burguesa.
En 1945 confluyeron en un frente nacional una serie de clases y capas sociales que representaban a aquellas fuerzas que no “cuajaban” en el país tradicional, el puramente agroexportador y —con los elementos que tenían a su mano— intentan una transformación del país. La característica más importante para nosotros es que la clase obrera realiza una experiencia política fundamental para su conciencia y su organización. El peronismo no significa para ella un nivel económico más alto (solamente), sino la experiencia de la fuerza sindical, de la participación en el parlamento; es decir, la experiencia del poder político. No negamos que esta experiencia tuvo múltiples limitaciones. Limitaciones que al fin y al cabo son la explicación de la caída del peronismo y que durante más de 15 años no haya recuperado el poder La primera limitación y más importante es que la clase obrera no ingresó al frente nacional con una organización propia, independiente de los otros sectores que componían ,el frente, ni la desarrolló posteriormente. Existieron muchos que intuyeron esta carencia fundamental y lucharon por conquistarla. La primera de ellas fue Evita y lo muestra cuando dijo: “debemos temer más a los enemigos de adentro que a los de afuera, a la oligarquía enquistada en nuestras propias filas”. La carencia de un encuadramiento político independiente de la clase obrera fue lo que nos puso a la cola de las decisiones y capacidad política de la burocracia sindical y política, de los sectores que apoyaban al peronismo solo y mientras les asegurara el desarrollo del capital?’.
Desde 1945 a 1952 la lucha fue peronistas-antiperonistas; frente nacional-oligarquía. Pero desde 1952— por causas objetivas— la lucha ya no solo se da en esos términos antes señalados sino también en el seno mismo del peronismo. A saber: entre Perón y el resto del ejército; entre los obreros, y la burocracia sindical; entre los obreros y los sectores capitalistas peronistas.
Lo que en 1945 fue una fuerza avasallante, desde entonces se convertiría en un frente desarticulado. Cada sector, de acuerdo a sus intereses elabora su proyecto, su política y la clase obrera al carecer de su organización política propia en el seno del frente ve desde su casa como cae la experiencia política que ella había apoyado. Es decir, al carecer de la organización que capitalice, que canalice para sí, de acuerdo a sus intereses, la clase obrera no puede resolver a su favor la lucha interna que se venía dando desde el 52 en el seno del peronismo. El papel de Perón durante este tiempo es menguar las colisiones en el seno del frente en base a su prestigio. Desde el 55 la situación del peronismo cambia en general pero permanecen los problemas más fundamentales. La resistencia .muestra como la experiencia de la clase obrera no había sido en vano, y el peronismo vive una transformación que aún no acaba de completarse: ya no se organiza desde “arriba”, sino que se expresa —sin ninguna ayuda— desde las fábricas, los talleres, los barrios. Los activistas se forman en grupos a partir de la propia iniciativa y crean las comisiones internas de fábricas, el grupo de los “caños” (terrorismo), se ligan entre sí y nace esa formidable demostración de violencia masiva, espontánea, que marca a fuego a los mejores militantes obreros argentinos que llamamos Resistencia. Pero ya allí vemos el problema fundamental que caracterizará a la historia del peronismo: la batalla llevada a cabo por la voluntad liberadora de la clase obrera es capitalizada por una dirección obrera burocrática con poca lucidez ideológica y por una dirección política en manos de sectores burgueses con ningún interés en la destrucción del régimen de estructuras capitalistas, dependientes del imperialismo.
En otras palabras, para nosotros, la historia del peronismo es la historia de la clase obrera argentina no solo por poner los muertos y los sacrificios, sino también, porque en el combate, desde el seno mismo de la fábrica, del barrio, del campo, etc., es capaz de darse una organización política, de darse una independencia que asegure el cumplimiento de sus reinvíndicaciones históricas: la recuperación total y absoluta de la riqueza nacional y la liquidación de toda forma de explotación del hombre por el hombre. Esta historia tiene tres grandes nombres, que resumen un ejército anónimo de obreros y revolucionarios: Amado Olmos. J. W. Cooke y Domingo Blajakis.
El peronismo no es un conjunto de mitos e ideas descolorándose, es un frente de la nacionalidad estructurado en torno a su clase revolucionaria: la clase obrera, con la potencialidad suficiente para la transformación total de nuestra sociedad. Para nosotros es necesario hacer dos valoraciones del peronismo: Su capacidad para jaquear al régimen, para impedirle al capitalismo argentino institucionalizarse como democracia liberal burguesa y en esto ha sido genial. Pero una cosa es jaquear al régimen y otra transformar la sociedad, una cosa es ser más en número que prestarle el número a los que tienen la fuerza y otra transformar el número en fuerza.
Por ello decimos: por más que Paladino, Rucci, Lorenzo Miguel, etc., etc.. quieran aparentar que jaquean al régimen, que juegan muy bien a las “escondidas” desde Madrid, están en otra cosa, imposibilitados de ofrecerle a la clase obrera y al pueblo explotado una perspectiva de poder, de organización, ellos representan intereses que no son los de la clase obrera y el pueblo. Ya hemos comprendido muy a fondo lo que decía Perón: “La emancipación de los trabajadores será obra de los trabajadores mismos” y hemos comenzado a ponerla en práctica aclarando cuales son los intereses de los obreros peronistas y cuáles los de los burócratas y burgueses, y negándonos a seguir en el espontaneismo a que nos obligaban a desarrollar las luchas y a crear una disciplina y una organización que permita cambiar la relación de fuerzas; que ya no caigan solo compañeros de nuestro lado, sino que también caigan del lado de ellos; y, en este trabajo de discusión, de aprendizaje y de buscar formas superiores para nuestra lucha, o creando la organización revolucionaria de clase que dirija políticamente nuestros esfuerzos hacia su fin: la liberación nacional y el socialismo. Por ello nosotros decimos: La patria dejará de ser colonia con la clase obrera en el poder, y decimos eso porque ya no creemos en “desarrollistas”, “nacionalistas”, “populistas”, “golpistas”, solo creemos en nuestras propias fuerzas de clase explotada.
Y respondo concretamente a la pregunta: ser peronistas no es para nosotros un sentimiento, o una palabra linda, sino el deber que tenemos como argentinos, como obreros, como explotados de que la sangre de los caídos no sea en vano, que su muerte no sea negociada, que toda nuestra lucha tiene un objetivo: la creación de una sociedad donde los únicos privilegiados sean los que hoy son explotados. Ser peronista significa hoy en 1971, pertenecer a la fuerza histórica concreta que engendró el régimen capitalista argentino como oposición, pero significa también reconocer que esa fuerza histórica, la clase obrera, avanzó siempre un paso más de lo que querían sus dirigentes, hoy, esa fuerza avanza hacia la conquista del poder político, hacia la instauración de una democracia socialista al frente de la cual está la propia clase obrera, es decir avanza hacia el socialismo, y el hombre nuevo. Ser peronista no significa una nostalgia, un recuerdo del pasado, querer volver a la infancia segura y sin problemas, sino participar del camino que desde 1945 construye nuestro pueblo, volviendo una y otra vez sobre su experiencia para ir descifrando el significado de su lucha, de cada una de las etapas en las que los enfrentamientos lo van colocando y de las alternativas, de los caminos que debe seguir para realizar sus intereses históricos.
Por ello somos peronistas y de base.

¿Cuál es el eje, la prioridad de las tareas que realizan en la actualidad?
El gran desgarramiento (si así lo podemos llamar) en la conciencia del proletariado peronista es haber sido asombroso en la rebelión, pero sin poder transformar ese número en fuerza. Para nosotros este desgarramiento tiene su raíz en la ausencia de una organización revolucionaria que represente los intereses de la clase obrera. El espontaneismo de las bases tiene dos defectos: desgasta y —al no existir una dirección, una política clasista que dirija— la pelea es aprovechada por los burócratas o por alas del sistema. Nuestra tarea hoy, es doble: desarrollar un combate a la burocracia, al reformismo, a la improvisación y al integraclonismo, encauzar nuestras fuerzas contra todas las falsas salidas que no representan los intereses de la clase obrera y el pueblo oprimido, sean elecciones o golpes, organizamos para pelear y, en la medida que desarrollemos esta tarea, con los mejores compañeros de base, con los más lúcidos, los más valientes, los más coherentes, ir construyendo la organización revolucionaria que asegure que nuestra lucha abona, se encamina hacia la revolución. En otras palabras, debemos ir construyendo la organización revolucionaria qué nos asegure que la clase obrera, los explotados, dirigimos el proceso revolucionario y no les servimos de “carne de cañón” a quienes no están interesados en una revolución que nos haga libres como Nación y como clase explotada. Nos interesa sobre todo remarcar que sin teoría revolucionaria no hay movimiento revolucionario, pero además, que sin práctica revolucionaria no hay teoría revolucionaria. Para nosotros las ideas, la organización, etc., se .construyen, nacen del trabajo diario, del riesgo cotidiano, de la generosidad absoluta y la sencillez de saber escuchar, ver y oír lo que cada uno afirma en sus relaciones entre compañeros, en el trabajo, frente a la patronal, etc., etc., no desde el escritorio o desde la muy “paternalista” conciencia de la intelectualidad de izquierda pequeño-burguesa.
Ser vanguardia no significa contraponerse desde “el cielo de las ideas”- al nivel concreto de conciencia de la clase obrera. Para nosotros ser vanguardia significa elevar, sistematizar, ordenar dentro de una totalidad, las ideas y las formas de lucha que se da la clase obrera, el pueblo explotado. En esta constante relación crítica se forja la teoría revolucionaria, la organización revolucionaria y los métodos revolucionarios.

¿Qué tarea realizan en los sindicatos?
Nuestra tarea en los sindicatos tiene varios aspectos, niveles o como quieran decirle: la primera es conquistar para las bases la dirección sindical, actualmente en manos de los burócratas que van desde los abiertamente traidores, los negociadores, los benefactores “de la masa incapaz e inculta”, hasta los “duros” que solo actúan así por la presión de las bases.
Nosotros impulsamos direcciones sindicales que representen auténticamente las necesidades de las bases, a través de la puesta en práctica de la democracia obrera, en la consulta continua a las bases, donde las direcciones sindicales pueden corregir críticamente cualquier error. Además, la clase obrera en esta práctica constante le va dando el verdadero sendo que tiene la actividad sindical: ser un instrumento valioso de educación, organización y lucha por la transformación de esta sociedad dividida en explotadores y explotados, en una sociedad sin privilegios.
En su seno, en la medida que desarrollamos esta tarea, intentamos construir a partir de los mejores compañeros de los sindicatos, de las organizaciones masivas de la clase obrera, una dirección política, una organización política, con una política revolucionaria, con métodos revolucionarios que ya no solo tienen a su cargo las reivindicaciones inmediatas de la clase obrera, sino que apunta más allá: a la destrucción del sistema de explotación.

¿Y en los barrios?
La tarea en barrios tiene varios aspectos. El primero y fundamental es integrar a todo hombre en la conciencia revolucionaria. El hombre vive la necesidad de la revolución en la fábrica, en el taller, etc… pero muchas veces se da un divorcio entre lo que vive en el trabajo, donde experimenta la explotación directamente y el barrio, donde vive una vida paralela o no es comprendida su lucha por la familia, etc. Nuestra tarea desde el punto de vista más general intenta unificar estas contradicciones que se dan en la vida.
Además, las fuerzas políticas burguesas tienen el barrio como punto de concentración de su actividad, nosotros creemos necesario darles la batalla también en ese terreno y, en una perspectiva más de largo plazo, el barrio es un elemento importantísimo de la lucha revolucionaria directa. Es el terreno propio de los explotados, el más conocido y el primero que debemos recuperar para construir nuestro futuro.

Decías que no están ni con los golpes ni con las elecciones. ¿Cuál es la vio que proponen para la toma del poder?
Nosotros, el pueblo, la clase obrera, no ha elegido el modo de tomar el poder, nos han hecho elegir. Desde 1945 ya hemos dicho que país queremos, un país libre, Justo y Soberano, un país libre del imperialismo y la explotación y comenzamos a construirlo, realizamos la primera etapa de esta revolución y nos desalojaron del poder. Intentamos reconquistarlo con elecciones, con frentes amplios, con la guerrilla, con el levantamiento de militares, con la insurrección espontánea, por las buenas y por las malas. Por las buenas no nos lo dieron y por las malas tuvimos muchas limitaciones para triunfar. •En este momento lo queremos reconquistar por las malas y corrigiendo los errores pasados.
Los peronistas ya hemos comenzado a construir el germen de nuestro propio ejército, tarea que llevan a cabo los compañeros Montoneros, de la FAP y las FAR. Sabemos muy bien que si una revolución no la hace la totalidad del pueblo, no es revolución. Nosotros decimos siempre “El pueblo será dueño de su revolución cuando sea dueño de sus organizaciones revolucionarias”.
Por lo que hemos dicho hoy tratamos de construir la organización que, surgiendo desde abajo, desde las experiencias mismas del pueblo, realice las tareas de educación, de disciplina, de combates políticos a las falsas propuestas que le presentan al pueblo, sea capaz de dirigir la lucha revolucionaría.
Para nosotros, los grupos armados cumplen una función hoy: ser el germen del ejército, golpear al sistema en la seguridad militar y financiera y con ello despiertan una conciencio en el pueblo; ellos nos muestran que: el poder militar de los dominadores no es omnipotente, solo que hay que saber golpear, donde duela y cuando duela.
Pero hoy vivimos una etapa del desarrollo de la fuerza revolucionaria del pueblo, la
próxima etapa será la confluencia en una organización político-militar que tenga como misión fundamental el cambio de los métodos de lucha que ayer no fueron del todo eficaces y que superamos día a día junto a la participación de la mayoría del pueblo en la pelea de liberación. Esto es para nosotros la guerra revolucionaria: que las luchas fortalezcan el campo del pueblo (y no que las aproveche el enemigo) y para ello debe haber una dirección y una organización política de clase, que nos permita la superación de espontaneismo que se agota en su propio esfuerzo, por la pelea organizada donde el enemigo es débil. Nosotros creemos que así como !gc formas políticas son originales en cada país, también las formas militares los son. Tenemos el deber de idear nuestra propia táctica y nuestra propia estrategia, y esto nos lo dará el análisis profundo de nuestra realidad y la participación sin retaceos en el proceso de profundización que vive nuestro pueblo. Por ello no aceptamos los “moldes” foquistas, guerra campesina, insurrección etc., etc. De más está decir que no desconocemos las diferencias regionales que se dan en el país, diferencia que son geográficas, económicas, sociales, culturales, etc., cada uno de los compañeros nuestros cuenta la originalidad de la región en tan de pensar lo político teniendo en la cuál trabaja.

Una pregunta que me interesa mucho ¿Cuáles son las apreciaciones internacionales que hacen Uds?
1. – Nosotros queremos realizar una revolución nacional y socialista. Esto no nos hace ser imperiales sino solidarios con todos los pueblos que intentan liberarse del imperialismo y la explotación. La mejor forma de ser solidarios no es levantando la bandera abstracta de un país lejano, lo cual es muy fácil, sino realizando la revolución en nuestro propio país.
2. – Porque nuestra revolución debe ser nacional es que debe tener una política absolutamente independiente en el marco mundial. Nosotros no aceptamos la división del mundo en “áreas de influencia” o condicionamientos en la política internacional por la dependencia económica. Sabemos que esto es difícil en la situación actual del mundo. Por ello la continentalidad de la lucha no es solo una necesidad militar, sino también una necesidad política de construcción de un socialismo independiente.
3. – Para nosotros pertenece a África, Asia, A. Latina, solidarizarse con los pueblos en lucha por la independencia económica, política, social y liquidar la explotación del hombre por el hombre, implica la responsabilidad de asumir críticamente las experiencias socialistas e intentar superar las limitaciones que llevan en su seno: el burocratismo, la supeditación de la política internacional para con los pueblos que luchan a las propias necesidades internas, el intento de erigirse eje internacional de los demás, la no superación de los marcos del mercado mundial capitalista en el intercambio, etc., etc. En una palabra, para nosotros el socialismo debe permitir que cada país se desarrolle libre y originalmente y la mejor forma de solidaridad es apoyar esa experiencia en su especificidad y no inventar “marcos universales” del socialismo. Lo que nos une es la necesidad de liquidar toda forma de explotación. Ya lo dijo el compañero Fidel: “las verdaderas revoluciones no se exportan ni se venden”.

A Uds. los grupos peronistas que ofician de “ala izquierda” de la burocracia peronista los acusan de “ultraizquierdistas” y la izquierda de populistas revolucionarios” ¿qué dicen ante ello?
1 – Le contesto primero a lo último. Ya había dicho antes que en la clase obrera argentina hay lo que denominamos un “desgarramiento” de la conciencia y fundamentalmente desde el 69 se viene desprestigiando cada vez más todo el aparato sindical y político del peronismo; las mismas bases peronistas superan con facilidad los moldes y cánones impuestos por los dirigentes y afirman en la práctica la necesidad de instancias organizativas y políticas superadoras.
Debido a este proceso de búsqueda, la clase obrera se hace, en alguna oportunidad, receptiva a las múltiples manifestaciones y propuestas ideológicas de los grupos de izquierda pequeños burgueses
A estos les parece que la clase obrera se está “marxistizando”. Esta es una forma muy pueril y paternalista de comprender el proceso de desarrollo de la conciencia de la clase obrera.
Para nosotros la clase obrera, los obreros concretos y de carne y hueso, nosotros, no nos manejarnos con tales simplificaciones. Avanzamos no negando nuestra experiencia anterior sino superándola, asumiendo y transformando en una forma completamente original y sin ninguna receta pequeña burguesa, los nuevos elementos que configuran la forma concreta de comprender nuestra situación como clase explotada y de herramienta política de diferenciación frente a las demás clases y sus propuestas políticas.
Nosotros no somos “populistas revolucionarios” porque creemos que la clase obrera es la que tiene la capacidad numérica y de decisión para dirigir un proceso revolucionario y para construir una sociedad sin explotación. Pero tampoco creemos en el paternalismo de la falsa izquierda ajena al movimiento real de la conciencia de la clase obrera. Nosotros participamos de este movimiento y sabemos desde ya que el resultado no será la repetición de algún libro sino algo totalmente nuevo
2. – Aclarando esto se puede comprender por qué nos dicen “ultras” y por qué no lo somos. Lo repetimos, nosotros luchamos clase obrera y del pueblo explotado. Independiente de los vacilantes, de los traído por una organización independiente de la res. de los que quieren “su” revolución, pero no liquidar la explotación. No negamos que nos encontraremos en la lucha y allí pelearemos codo a codo, pero nunca iremos detrás de la burocracia o la burguesía, ni le haremos de ala izquierda, nosotros trataremos de rebalsarlos siempre, de superar los niveles de conciencia, organización y lucha.

¿Y con respecto a las directivas de Perón, del comando táctico, etc?
Lo hemos dicho muchas veces, a Perón lo respetamos y lo admiramos como líder antiimperialista, como líder que cohesionó a nuestro pueblo detrás de objetivos de liberación nacional y que en esta etapa esos objetivos no se pueden realizar sino es por la construcción del socialismo, como líder que le impidió al sistema capitalista argentino consolidarse como democracia liberal burguesa, como líder que expresa las reivindicaciones más profundas de nuestro pueblo, porque para nosotros cuando un obrero dice Perón, está diciendo que no está de acuerdo con el orden actual.
Pero nosotros estamos más allá de las variantes tácticas que juegan algunos sectores del peronismo. A la clase obrera, al pueblo explotado, no se le puede hacer jugar una variante táctica, en esta etapa del proceso revolucionario, se le debe hablar claro, se le debe ofrecer los objetivos y los medios por los cuales únicamente puede conseguirlos. Y esto no lo hacemos por angelicales o abstractos, como muchos dicen, comprendemos el significado que pueden tener algunas tácticas, pero nuestra estrategia es independiente de todas esas tácticas.
Sabemos que el general Perón comprende esto, que el cumple una función. Nosotros tenemos que resolver los problemas prácticos, los problemas organizativos, los problemas teóricos de la Revolución por nuestra cuenta y de acuerdo al desarrollo de nuestra fuerza y de la relación de fuerzas de la sociedad. Los dirigentes de nuestra revolución nacerán desde las bases y los compañeros que las bases acepten y elijan, los que muestren su consecuencia en los intereses de los explotados, su valentía y su lucidez para desarrollar los golpes tácticos y estratégicos donde duelan y cuando duelan.
Además existe un problema de honestidad, de seriedad en asumir la condición de intentar ser revolucionarios; si no somos capaces nosotros de resolver nuestros problemas y los problemas de la revolución, no nos lo va a resolver Perón: El deber que tenemos frente a Perón, frente a la clase obrera, es de construir una alternativa independiente, revolucionaria y de clase, visualizable para la clase obrera como camino real hacia el poder, y entonces que él elija. Para hablar de relación con el peronismo es menester ensayar una interpretación de este movimiento. Esa interpretación deberá basarse en la historia del país e inclusive en la de Latinoamérica

  • Sitrac se define frente al peronismo
  • Consideramos que el peronismo es el más importante movimiento popular de masas con que cuenta el país en el presente. Entendemos que peronismo potencialmente revolucionario es aquel que anida en las bases obreras, en los sectores realmente populares y explotados, en los estratos alejados del poder ya fuere político o sindical. No lo es en cambio el que pulula entre los manejos de los Rucci, los Sarrulle, los Paladino, que sólo utilizan su vinculación con el peronismo para negociar la fuerza de la masa y acceder a posiciones de acomodo y autobienestar.
    A ese peronismo de base le asignamos un importante papel dentro del proceso revolucionario. Quienes desde posiciones idealistas, desprecian o subestiman al peronismo como movimiento popular, olvidan la realidad nacional, su historia, su proceso. Niegan a ese obrero de carne y hueso y lo suplantan por otro obrero esquematizado que extraen de los libros, en definitiva ignoran el rol que los grandes movimientos de masas formados por las particulares condiciones del desarrollo histórico de un país juegan en el proceso de la liberación social y nacional.
    SITRAC considera que el peronismo necesita ahora de una instancia superior en su concepción socio-económica, acorde con el desarrollo actual de las fuerais productivas y tensiones sociales en la Argentina. El movimiento popular que trabajó y luchó —bien o mal dirigido, esto queda al margen— dentro del sistema capitalista-burgués, hay que proyectarlo como movimiento de masas con fuerte predominio obrero hacia la lucha contra ese sistema. En relación al peronismo, la gran tarea es radicalizarlo, hacer comprender que los esquemas válidos en el 45 deben ser desbordados en el 71 para poder impulsar eficazmente las luchas populares por la liberación social y nacional y la construcción del socialismo que son los objetivos que hoy persigue la base peronista al igual que otros sectores y tendencias políticas progresistas y revolucionarias. De lo que se trata, fundamentalmente, es de combatir a aquellos dirigentes políticos y sindicales que con la camiseta peronista intentan hacer del peronismo lo que los alvearistas hicieron del radicalismo popular: convertirlo en un simple movimiento de centro y hasta de derecha.
    El SITRAC se plantea que todos los compañeros peronistas que integran el movimiento obrero de Fiat en sus distintos niveles de base y de dirección del Sindicato, comprendan que es urgente el debata y la búsqueda de un sustento ideológico capaz de impulsar una total transformación de la sociedad, superadora de las estructuras de explotación del hombre por el hombre. Los integrantes del “peronismo de base” lo entienden así, nos identificamos en numerosos aspectos y coordinamos con ellos nuestra labor.

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