En los últimos 20 días solo desde Asia pareció escucharse el concierto de violencia y firmeza cuya música habla por el Tercer Mundo. Mientras en todo Vietnam los patriotas del sur y del norte proseguían sistemáticamente sus acciones habitúalos de guerra contra el invasor norteamericano, en Pekín concluía el IXº Congreso del Partido Comunista Chino, una organización que la propia agencia occidental France Presse calificó como «la estructura política más importante» que funciona en el planeta. A la guerra sin cuartel, más allá de cualquier negociación, librada por los vietnamitas y a la consolidación de la línea de Mao Tse Tung y Lin Piao se unía, el 15 la noticia de que cazabombarderos de Corea del Norte habían derribado sobro el territorio de mu patria a un avión EC-121, un cuatrimotor a pistón utilizado por la Aviación Naval norteamericana que, según descarada y expresa confesión de la Associated Press, «tal vez cumplía un cometido similar al del barco Pueblo, del Servicio de Inteligencia, despachado a interceptar comunicaciones de Corea del Norte para poner al día la información sobre la defensa aérea, por ejemplo, y la ubicación de los estaciones radiodetectoras».
Tamaño reconocimiento a 24 horas del combate, surgido en un tradicional vocero del gobierno norteamericano, no obstó para que el vicealmirante John B. Colwell, subjefe de operaciones navales de la U.S. Navy, considerase que la pérdida del aparato era «un claro caso de piratería internacional». De los yanquis, claro. Pero lo que importa os que la firme, intransigente, actitud combativa de los norcoreanos se une a tina línea internacional notoriamente en ascenso cuyas capitales políticas son Hanoi, La Habana, Pyongyang y —de vez en cuando—. Pekín. El acentuamiento de esa línea consecuente se da a través de una verdadera conjura internacional contra los pueblos del Tercer Mundo, agredidos por Estados Unidos y sus socios, pero abandonados por los países del así llamado «campo socialista», quienes deberían ser sus aliados naturales.
Y lo que importa os esto: si la aviación norcoreana derribó a la máquina yanqui sobre aguas internacionales o si los combatientes vietnamitas se les importó un rábano que los yanquis, creyesen en París que habrían de disminuir las hostilidades mientras hubiese presencia norteamericana en Vietnam, mejor aún. Cuanto más claras las cosas, mejor negocio para los pueblos que combaten. La untuosa legalidad «made in ONU» que hace temblar de goce, cuando la ejerce, a la URSS no es buena moneda para los revolucionarios del suburbio, para aquellos con los que se negocia desde teléfonos rojos o desde sillones amarillos. Es, en cierto sentido, la tragedia de los guerrilleros palestinos. Mientras Nasser y los dirigentes de turno en Siria e Irak se llenan la boca con declaraciones de guerra a Israel, lo concreto es que la guerra arde en ciertas zonas ocupadas por las tropas judías, mucho mejor equipadas y —diferencia sustancial— claramente apoyadas por un gobierno y un aparato militar que «abe lo que quiere y no vacila en expresarlo. Entonces, la traición de los gobiernos árabes a sus pueblos no es solo militar o logística; esa traición deriva de otra, mucho más grande, nacida en la carencia de una firme línea política y en el sofisma de que la revolución socialista no puede ser desplegada en el mundo árabe hasta que el actual estado de Israel no haya quedado limpio de sionistas.
Esto último ya parece, hoy, simplemente un desatino al margen de los gérmenes genocidas que brotan habitualmente en esto tipo de planteos.
Los pueblos árabes y sus vanguardias combativas, los guerrilleros palestinos, no han comprendido aún que la crisis de Medio Oriente es básicamente política y que no se puede seguir reclamando plañideramente contra los israelíes, mientras en casa se siguen esgrimiendo los mismos argumentos semirreaccionarios, o por lo menos equívocas, que en 1948.
Entre revolucionarios resulta por lo menos ridículo que se discuta, a Israel, la envidiable operatividad y eficacia de su praxis militar. Esa misma operatividad y eficacia ha llevado a) triunfo, con planteos ideológicos y condiciones históricas absolutamente diferentes, a los vietnamitas. Porque si los judíos manejan bien su ferretería bélica, lo bueno sería imitarlos para echar a los magnates petroleros que deambulan por Beirut o —desgraciadamente— por Argelia. O sea: los guerrilleros no pueden, ni deben, lamentarse por la violencia, sino aprenderla con certeza para expulsar de Oriente Medio a los imperialistas, derribar el sistema feudal y/o capitalista en sus propios países y en Israel, y bregar por la constitución de un estado revolucionario en esa zona del mundo.
En estos últimos 20 días también fue noticia el arreglo convenido entre Washington y Lima por el caso de la IPC. La Casa Blanca se dignó a esperar un poco más, en vista de que habrían surgido según ella aspectos positivos para un acuerdo amistoso, por parte del gobierno militar peruano. Pero hasta una muy reaccionaria revista semanal de Buenos Aires lo admitió: el gavilán suelta la presa cuando individualiza una mejor.
José R. Eliaschev

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