• Reflexiones sobre una huelga
  • Cuando iniciaron la huelga los compañeros petroleros de la destilería, la flota y el taller naval de La Plata, señalaron claramente que los objetivos ríe la lucha no se agotaban en el “mantenimiento de las jornadas de seis horas por trabajos insalubres”.
    Los huelguistas señalaron objetivos nacionales que hacen a la defensa de la Soberanía, del patrimonio nacional, de las conquistas obreras conculcadas por la legislación antipopular y represiva del gobierno.
    La propaganda del régimen, cada día más controlada y dirigida contra toda manifestación de rebeldía; la propaganda de Cavalli y sus secuaces en el despreciable papel de verdugos de sus compañeros; la falta de medios y apoyo de los sectores que comprendieron la lucha de los petroleros y la incoherencia desorganizada y dispersa que caracteriza a la oposición política del gobierno, hicieron posible que los objetivos más importantes de esta huelga quedaran reducidos solamente al problema de las dos horas de diferencia en la jornada de trabajo.
    Poco a poco fue quedando de lado el hecho político que significaba una lucha por la anulación de la infame ley de Hidrocarburos, en contra de la privatización de algunas empresas de Y.P.F. o por la formación de Sociedades Mixtas para la explotación de la riqueza petrolera.
    De todas maneras, y siendo previsible ya el desenlace de la huelga, no se podrá dejar de destacar que el famoso “tiempo social” y la “paz” de Onganía tuvieron un comienzo y un desarrollo que niega absolutamente esas categorías y que la reducen a mi exacta dimensión: “slogans” de la dictadura para disfrazar el verdadero sentido de un gobierno oligarca y entreguista al que las fuerzas armadas le prestan la fuerza y le otorgan apoyo.
    A la hora del examen y de la rendición de cuentas, aparecen tres cuestiones de especial gravitación en el desarrollo de la huelga, que merecen un delicado análisis: 1) el apoyo, en la medida en que lo necesitaban, de los compañeras petroleros del rosco del país; 2) la solidaridad combativa, en la medida en que podían expresarlo, de la C.G.T. tío los Argentinos y de los distintos frentes de oposición al gobierno; 3) el papel de la vanguardia revolucionaria, en la medida de su real existencia, en cuanto al nivel del compromiso con la lucha de la clase trabajadora y en cuanto al nivel de la violencia política.
    Es innegable que la huelga de La Plata se largó sola y que además que cercada descaradamente por Cavalli. Recién cuando la huelga promediaba el mes de realización, Ongaro comenzó un fulminante peregrinaje por Mendoza, Comodoro y Salta para lograr extender el paro.
    De todas maneras, no se puede caer en el simplismo de achacarle a Cavalli una maldad omnipotente y de justificar por simples manijasos y eventuales sobornos el que los mendocinos no cumplieran su palabra de huelga y el que los del Sur la cumplieran sin posibilidades de mantener la lucha en la solidaridad con los compañeros de la Plata.
    El gobierno actuó con cautela y se cuidó de emplear el recurso de la “movilización”. Esto no quiere decir que no haya usado de la prepotencia y de la violencia reaccionaria como lo demuestran los hechos por todos conocidos y el secuestro de los compañeros del comité de huelga ocurrido en Mendoza,
    Las otras armas del gobierno le fueron otorgadas por la complicidad del secretario general del S.U.P.R. y por la actitud cínica de los llamados “gremios” que responden o la llamada “C.G.T. de Azopardo”.
    Estas actitudes “sindícales” no son nuevas; se vieron con mayor claridad en el conflicto de los portuarios y en la falta total de apoyo a los azucareros tucumanos. Estas dos experiencias “pilotos” de la traición fueron Las que animaron después el gobierno en toda su política de saquen y destrucción de las legitimas conquistas gremiales.
    Es por eso (que el movimiento obrero y en particular los compañeros petroleros no pueden escandalizarse porque están pagando en carne propia los electos de una conducción gremial que no se planto como debía frente a la dictadura desde el primer día, desde el primer conflicto, desde el primer atropello y que por lo tanto no está capacitada, ni preparada, ni dispuesta a la lucha en el momento en que le llega el turno a su propio gremio ni a sus propios compañeros.
    La crisis del movimiento obrero, que se muestra con caracteres tan graves en episodios como éste de la lucha de los petroleros, es mucho más profunda de lo que aparece en los signos de la burocracia participacionista, o de traición descarada, o de la falta de combatividad mientras no le llega el turno a cada gremio en particular.

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