Ante la crónica situación de injusticia, atraso, opresión e inmoralidad pública que azota la vida del país, un grupo de sacerdotes, libres de toda vinculación con instituciones sindicales, políticas o económicas, respondiendo al llamado angustioso de Pablo VI en la “Populorum Progressio”, hemos resuelto romper un silencio que nos resulta intolerable.
Reconociendo que quizá la deficiente presentación del mensaje cristiano ha producido la imagen de que la religión es el opio del pueblo, nos sentiríamos ahora culpables de una gran traición al desarrollo del Perú si calláramos la riqueza doctrinal del Evangelio como una mística revolucionaria, capaz de “transformaciones audaces, profundamente innovadoras” (P.P. 52).
Al denunciar la condición de vida en que se debaten millones de peruanos, formulamos un llamado urgente al pueblo y a sus dirigentes para que en una acción solidaria nos aboquemos a la construcción de una sociedad más justa y fraternal.
1 — EL PERÚ, NACIÓN PROLETARIA EN EL MUNDO
El Perú es un proletario en el campo internacional, porque a cada peruano le corresponde una renta de sólo 11.200 soles anuales, mientras que el prometido mundial asciende a 24.000 soles, el de los países desarrollados a 48.000 y el de los Estados Unidos a 112.000 soles (diez veces mayor que el nuestro).
Esta distancia entre los países desarrollados y los subdesarrollados, lejos de reducirse aumenta peligrosamente de día en día (P.P. 8).
2 —LA MAYOR PARTE DE LOS PERUANOS, PROLETARIOS EN EL PERÚ
Pero si el Perú es un proletario, la mayoría de los peruanos son más proletarios aún, porque la renta nacional, que es de 135 mil millones, según las últimas estadísticas (1965), se distribuye del siguiente modo:
24.000 peruanos se llevan 60 mil millones. 11.967.000 peruanos se reparten los 75 mil millones restantes.
Dicho de otro modo: 24.000 privilegiados disfrutan de una renta de 2 millones y medio de soles anuales, y 11.976.000 desposeídos apenas pueden sobrevivir con 6.310 soles al año, lo que supone un ingreso 396 veces menor que el de esos pocos privilegiados.
Pero si estas cifras fuesen analizadas con más profundidad, nos encontraríamos con el cuadro dolorosísimo, violatorio de la dignidad humana, según el cual millones de campesinos indígenas, hijos todos de Dios, agonizan con salarios de alcohol y de coca que, valorizados, no alcanzan ni a 5 soles diarios.
3 —RAICES DEL MAL Y UNA MUESTRA EN EL PROBLEMA AGRARIO
Esto se debe, principalmente, a la injusta distribución en la propiedad del capital y de la tierra, a los profundos desniveles en la productividad de los distintos sectores de la economía, a una defectuosa estructura jurídico-institucional, y no menos a un cultivo insuficiente de la conciencia de la propia responsabilidad personal y social.
La estructura agraria es el mejor ejemplo de la injusticia social: en el Perú, unos 1.026 gigantescos latifundistas (que representan sólo el 0,1 % del total de propietarios), acaparan 11 millones 653.958 hectáreas, (que representan el 60,9 % del total de las tierras utilizadas en el país), con un promedio de 10.382 hectáreas cada uno. En el otro polo nos encontramos con que 688.427 pequeños propietarios (que representan el 83 por ciento del total de propietarios agrícolas), sólo tienen el 5,8% de las tierras utilizadas, con un promedio de 1,5 hectáreas cada uno; (mejor dicho: cada gran latifundista posee el equivalente a 7 mil minifundistas). Entre estos polos de opulencia y miseria se dibuja una maraña de otros latifundistas (aquí el 0,6 % de propietarios posee el 19,9 % de las tierras utilizadas), y de medianos propietarios, (el 15,7 % de propietarios poseen el 13,4 % de las tierras utilizadas).
La baja productividad que acusa el sector agropecuario no es sino una lógica consecuencia de la actual estructura de dicho sector, que impide la difusión de la propiedad y la debida concentración de la producción.
Finalmente, la oligarquía latifundista establece a su favor urna arbitraria distribución del ingreso y está perpetuando su hegemonía mediante una legislación amañada, que al defraudar las justas aspiraciones del campesino, provoca en él una actitud de legítima rebeldía.
4 —EN EL PERÚ EL QUE GANA MENOS TIENE QUE PAGAR MAS
En el campo de la tributación el panorama no es menos sombrío. La carga impositiva recae, cada vez con mayor severidad, en los sectores de consumo, que constituyen la mayoría del país. Entre tanto, y con la complicidad de quienes han sido designados por el pueblo para defender los intereses comunes, una gigantesca ola de desgravaciones crea nuevos privilegios en provecho de quienes están llamados, por su poder económico, a incrementar su contribución para el sostenimiento de los gastos e inversiones públicos.
La elocuencia de las cifras lo confirman: en 1960 los impuestos directos proporcionaban el 38,3 % del ingreso presupuestal, y los impuestos indirectos constituían el 61,7 % restante. Seis años más tarde, en 1966, la tributación había sido rebajada al 21 % del ingreso presupuestal y el 79 % del mismo se obtuvo de una mayor exacción de los consumidores.
En consecuencia debe decirse, sin eufemismo, que los pobres sostienen el presupuesto, mientras los ricos evaden el cumplimiento de sus obligaciones.
5 — LAS RIQUEZAS NACIONALES
El capital de los pueblos en desarrollo está formado por dos factores fundamentales: la mano de obra y los recursos naturales. El Perú es rico en ambos. Pero la mano de obra de que dispone está, pese a su gran capacidad creadora, o insuficientemente adiestrada o mal aprovechada, desocupada y mal retribuida.
En lo que toca a los recursos naturales, el país está provisto de ingentes reservas cuyo racional aprovechamiento debe de convertirse en una de las palancas del desarrollo. Sin embargo, en nombre de una mal entendida colaboración del capital extranjero, se está entregando el patrimonio nacional a los grandes consorcios imperialistas en condiciones que lesionan el interés y la dignidad de la nación.
En la minería subsisten anacronismos legales rechazados o abolidos en países que tienen semejanza con el Perú, y en cuya virtud los inversionistas pueden: 1) rebajar de sus utilidades brutas (para los efectos de la tributación) el 15% por el llamado “factor agotamiento” que, en todo caso, afecta al propietario de la riqueza (el Perú), pero no al que la explota o extrae; 2) remitir al exterior, sin control, sus utilidades; 3) realizar operaciones internas sin la fiscalización que verifique sus programas y presupuestos; 4) comercializar los productos fijando, arbitrariamente, precios y demás condiciones; 5) retener en el extranjero divisas que debieran ingresar para el fortalecimiento de nuestra economía; 6) desatender, casi por completo, el proceso de nuestra industrialización que concurriría a eliminar la desocupación.
Nuestros derechos marítimos no están debidamente cautelados. La propiedad de las embarcaciones pesqueras está pasando, contra lo establecido por la ley, a manos anónimas y por añadidura de extranjeros sin residencia legal, con la complicidad de elementos nacionales, empeñados en la formación de un monopolio. Estos hechos, además de constituir un atentado contra la seguridad nacional, ocasionan graves perjuicios al fisco por la defraudación de cuantiosos impuestos.
Por otro lado, es cierta la increíble paradoja de ser el Perú el primer país pesquero del mundo y tener, al mismo tiempo, uno de los pueblos más desnutridos de la tierra. Esto se explica por la pasividad estatal en defender la alimentación popular contra los especuladores e intermediarios innecesarios. Resulta en consecuencia urgente, una legislación que subsane este grave mal.
6 —FUGA DE DIVISAS
Dentro del marco de una irrestricta política liberal, tanto los capitalistas nacionales como los extranjeros sacan del país las divisas que son bienes nacionales y que deben emplearse en función de los requerimientos del desarrollo económico y del progreso social, se impone un control estricto de nuestro sector externo tanto en lo referente al comercio de bienes y servicios como al movimiento internacional del dinero.
7—EL CONTRABANDO Y LA CRISIS MORAL
Los bochornosos escándalos del contrabando y la evasión fiscal que están conmoviendo a la opinión pública, unidos al fraude y malversación habituales de los dineros del Estado, por parte tanto de particulares como de funcionarios públicos son síntomas evidentes de la grave crisis moral que aqueja a nuestro país. Estos hechos ponen de relieve, principalmente, la falta de honestidad de nuestra clase dirigente y conduce a nuestro pueblo a la total desconfianza en sus instituciones y hombres representativos, en la administración de justicia y en una legislación orientada a la defensa de los intereses de los poderosos.
8 —UNA EDUCACIÓN PARA EL DESARROLLO DEL PERÚ
En nombre del derecho fundamental de todo hombre a la educación, exhortamos a hacer el mayor esfuerzo para llevar a cabo la reforma integral de nuestro sistema educativo, de modo que responda plenamente a las exigencias del desarrollo integral de la comunidad nacional e internacional. Esta reforma debe propender a sacar de las tinieblas del analfabetismo a más de 4 millones de peruanos, a la capacitación, perfeccionamiento y especialización de los trabajadores adultos, a la orientación del educando hacia las profesiones técnicas, al fomento de la investigación científica; a la democratización de la enseñanza y la solidaridad social.
El aporte de los colegios religiosos y de las Universidades Católicas al desarrollo nacional puede ser grande si no se convierte en privilegio de clase, por la aristocracia del dinero, que no siempre es índice de capacidad o de sentido de servicio a la comunidad. Es un hecho que gran parte de los responsables de la vida nacional han sido educados en instituciones católicas. Deberíamos preguntarnos si nuestra educación religiosa crea un auténtico sentido de servicio. 9 —LOS MEDIOS DE COMUNICACIÓN SOCIAL
Es respetable el derecho de información como condición de toda libertad, pero censurable la exaltación del delito y de la pornografía, el empleo de los medios de comunicación como instrumento de intereses opresores y el escaso uso que se hace de esos medios para la educación del pueblo.
10 —DEFENSA DEL TRABAJADOR
El trabajador es objeto entre nosotros, de trato humano. El patrono burla impunemente las leyes labóralas, compra el trabajo como mercancía, se opone a la auténtica organización sindical y no permite la participación del trabajador en la administración y propiedad de la empresa. Y cuando el trabajador empobrecido grita su protesta, es reprimido brutalmente por quienes debieran defenderlo.
11 —EL MAYOR OBSTÁCULO PARA EL DESARROLLO
De muchos otros problemas e injusticias podríamos hablar, pero lo expuesto es ya suficiente para demostrar que en el Perú “ha sido construido un sistema que considera el provecho como el motor especial del progreso económico, la concurrencia como ley suprema de la economía, la propiedad privada de los medios de producción como un derecho absoluto, sin límites ni obligaciones sociales correspondientes” (P.P. 26). Denunciamos con Pablo VI este sistema nefasto como una de las causas fundamentales que impide el desarrollo de la comunidad nacional y como el obstáculo primero que es preeiso superar en el intento de construir un Perú nuevo para todos los peruanos.
Como esta mentalidad capitalista se encuentra de tal manera infiltrada en nuestra Constitución política, Código, Leyes y demás instituciones, resulta prácticamente imposible realizar el cambio profundo que nuestra sociedad requiere y Pablo VI propugna, sin llevar a cabo una transformación revolucionaria de todas las estructuras.
12 — EXIGENCIAS DE UN DIALOGO ENTRE LA IGLESIA Y EL MUNDO
Quizá la presente declaración llame a algunos la atención y traten
de deformarla o censurarla. Quienes así procedieran examinen si su actitud nace de un trasnochado liberalismo que pide total autonomía para lo económico o político al margen de cualquier inspiración cristiana. Bastaría leer los documentos del Concilio o la “Populorum Progressio” para comprender lo inaceptable de tal separación. Hoy somos conscientes de que la historia de la Iglesia y la historia del mundo se influyen mutuamente, se condicionan entre sí, y que la Iglesia crece en el marco de desarrollo de la humanidad entera. De aquí la necesaria situación de diálogo permanente, y por eso nuestra declaración es en sí misma un gesto de diálogo y un fruto del diálogo.
La fidelidad a la tradición de la Iglesia y a nuestra misión sacerdotal nos ha llevado a denunciar la situación presente. Es preciso repetir a una sociedad que se califica como cristiana, la frase de Isaías: “Cuando ustedes alzan sus manos, yo aparto mis ojos, cuando hacen sus plegarias no escucho. Sus manos están llenas de sangre. Lávense, limpíense, quiten de ante mis ojos la iniquidad de sus acciones. Dejen de hacer el mal, aprendan a hacer el bien, busquen lo justo, restituyan al agraviado, hagan justicia al huérfano, amparen a la viuda” (Is. 1,15-17). Si existen estructuras opresoras del hombre, no es demagogia amonestar nuevamente con Isaías: “El Señor está en pie para actuar, se alza para juzgar a los pueblos. El Señor vendrá a juicio contra los ancianos y los jefes de su pueblo, porque Uds. han devorado la viña, y los despojos del pobre llenan las casas de Uds., han aplastado a mi pueblo y han machacado el rostro de I03 pobres” (Is. 3,14-15).
El Perú aumenta su producción, pero los pobres no participan de las riquezas; los ingresos no se distribuyen con justicia, “Ay de los que añaden casas a casas, de los que juntan campos a campos hasta traspasar el límite, siendo los únicos propietarios en medio de la tierra”. (Is. 5,8).
Ante los ricos que acumulan riquezas sin ningún sentido social, tenemos que poner otra vez en nuestros labios la palabra severa de Santiago: “Ustedes, ricos, lloren a gritos sobre la miseria que les amenaza. Sus riquezas están podridas… El jornal de los obreros que han segado los campos de ustedes, defraudado, clama y los gritos de los segadores han llegado a los oídos del Señor de los ejércitos” (Sant. 5,1-4).
Si pedimos que se promueva el desarrollo, ¿podemos quedarnos indiferentes ante el tremendo “subdesarrollo morar’ del egoísmo tan difundido entre los pudientes? Callar ante su pecado, ¿no es en nosotros dejar ya de amar?
13 —DESEO DE REPARAR NUESTRA ACTITUD ANTERIOR
Queremos proceder con sinceridad y exigirnos también a nosotros mismos lo que pedimos a los demás. Confesamos que llevados de las necesidades económicas de nuestras obras pastorales o educacionales, hemos encubierto la verdad, hemos caído en la inacción y hemos incurrido en la acepción de personas que denuncia Santiago: “Hermanos míos, Uds. que creen en nuestro glorioso Señor Jesucristo, no deben, al mismo tiempo, hacer diferencia entre una persona y otra. Por ejemplo, si entra en la asamblea de ustedes un hombre con anillos de oro y ropa fina, y también entra un pobre con ropa vieja, y si atienden bien al que trae ropa fina y le dicen.- “Siéntate aquí en un buen lugar”, pero al pobre le dicen: “Tú párate allá o siéntate aquí, en el suelo”, ya están haciendo distinciones entre ustedes mismos, y vienen a ser jueces perversos (Sant. 2,1-4)”.
11 — PETICIÓN A LA JERARQUÍA
Sólo después de esta confesión de nuestra apatía y silencio anterior podemos pedir a los demás que tomen las actitudes valientes que exige una conciencia cristiana ante la situación actual. Con sumo respeto hacemos llegar a la Jerarquía eclesiástica la urgencia de una orientación de los fieles, conforme lo recuerda el Concilio: “…Expongan (a los fieles) los principios con los que hay que resolver los trascendentales problemas acerca de la posesión de los bienes materiales, de su incremento y recta distribución…” (Christus Dominus, N° 12). La cristalización de hechos concretos de esta petición del Concilio será para nosotros el máximo apoyo frente a quienes deforman nuestra actitud calificándola de “intromisión” en lo temporal.
15 —PETICIÓN A NUESTROS HERMANOS SACERDOTES
Pedimos a nuestros hermanos sacerdotes la seria reflexión de los problemas del Perú. Siendo testigos, por nuestra condición de pastores, del sufrimiento de nuestro pueblo, participemos en la pobreza de su vida y defendamos con toda decisión sus intereses frente a la explotación. Tomemos muy en serio nuestra obligación de inculcar en los fieles, sin subterfugios, que no se puede recibir la comunicación, ni llevar una auténtica vida cristiana cuando se defraudan los salarios, se evaden los impuestos, se esclaviza al indígena, se da trato inhumano a la servidumbre o se derrocha ostentosamente, ante un mundo de miseria, olvidando que “no hay ninguna razón para reservarse en uso exclusivo lo que supera la propia necesidad, cuando a los demás les falta lo necesario” (P.P. 23).
16 —PETICIÓN A NUESTROS HERMANOS LAICOS
Al laicado le pedimos una respuesta decidida al urgente llamado a la acción que hace Pablo VI a todos los hombres de buena voluntad. Nosotros entendemos este llamamiento como una movilización general de las conciencias para que, considerándonos en un verdadero estado de guerra contra la miseria, nos pongamos a dar la batalla contra la opresión explotadora. Se trata de una auténtica segunda independencia del Perú, que emancipe a los hijos de Dios de todas sus servidumbres. Esta independencia deberá hacerse sin ninguna clase de confesionalismos.
Prometemos ante el Señor poner nuestros esfuerzos y nuestras vidas al servicio de esta causa. Lima, 9 de marzo de 1968.
Manuel A. CASTRO, Marcial BAR-TA S., Miguel AZABACHE S., Enrique CAMACHO, Manuel BUTRÓN B., Francis VAN MERXEL O. S. B.,
Federico SMITH W., M. M., Félix ROMERO V., Abdón PALOMINO M., Arnaldo GUEVARA H., C. CARDO-VA J., Iván PARDO, Gustavo NUÑEZ del PRADO C, Ronald LLE-RENA, José Luis GÓMEZ MORALES S. J., Tadeo FUERTES G., José FRISANCHO P., Américo E. CÁRDENAS R., Héctor MANCHEGO P., Servado THISSEN O. S. B., Linán RUIZ O. F. M., Edilberto PORTUGAL S., S. J., Guillermo Mo. IN-TERE L., M. M., Neptalí LICETA L., Manuel GUTIÉRREZ, Domingo GALVAN S., Alejandrino del CASTILLO U., Pedro MENDOZA C, Ricardo ANTONCICH S. J., Crispín JIMÉNEZ, Julián Salvador de la C, Augusto CAMACHO F., Romeo LUNA-VICTORIA S. J., Teodoro ROMERO, Enrique BARTHA S. J.

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