A partir de lo que hemos visto acerca de los antecedentes de la zona y la situación actual, ahora vamos a tratar de señalar algunas líneas de lo que podría ser una acción futura en esta zona hachera del norte santafesino.
Usaremos en lo básico el mismo esquema distintivo del punto anterior, es decir, un enfoque de lo económico por un lado y de lo socio-político por el otro.
En todo el contexto de estas consideraciones tendremos muy en cuenta la experiencia concreta de Fortín Olmos, por estarse llevando a cabo en dicho lugar un intento de desarrollo, que —sin entrar en consideraciones valorativas— hay que reconocer que es único en la zona, de tal manera que no puede ser ignorado en toda pretensión de futura planificación de actividades.
a) Lo Económico
Una palabra define económicamente la situación actual de la cuña boscosa: descapitalización, es una zona que se ha descapitalizado en todos los sentidos. Su riqueza se ha esfumado, sin haberse reinvertido prácticamente nada, de tal manera que hoy queda la soledad de la naturaleza explotada y sobre esta base hay que operar económicamente en las zonas.
En ese sentido todos los días se puede comprobar que la cuña boscosa, está muriendo como riqueza forestal y que mientras tanto, sirve de fundamento a una economía de subsistencia (dando al término “subsistencia” un sentido muy elástico).
Frente a la desaparición de la vieja riqueza forestal quedan en principio dos soluciones teóricas; la reforestación o la transformación de la base económica. La reforestación, fue ciertamente el planteo tradicional que se sostuvo en el siglo pasado; así vemos que las tierras que se cedieron a “La Forestal” tenían en cuenta este problema de la reforestación pero “La Forestal” nunca reforestó ni una hectárea de monte talado y reforestar hoy, resulta no sólo inhumano, porque el problema es actual y exige hoy soluciones, sino que ya tampoco es conveniente, por cuanto la riqueza forestal se ha depreciado, frente al nuevo mundo de los productos sintéticos. Frente a ellos surge la necesidad de descubrir qué es lo que puede suplantar —en las actuales circunstancias y con la urgencia necesaria— la economía extractiva a la que estuvo sometida nuestra zona desde que nació a la vida económica del mundo moderno. Resulta claro que nos queda un solo camino, la faz productiva, es decir transformar una zona devastada en la que hasta ahora la economía se fundamentaba en extraer y destruir por otra fundada en utilizar la tierra como elemento productivo. Esta es la idea de fondo que marca la línea tendencial de lo que económicamente es imprescindible realizar en la cuña boscosa.
Como siempre, en nuestro caso también, el futuro de la gente está ligado a la relación que se establezca con respecto a la propiedad y explotación de la tierra. En este sentido y para evitar erróneas interpretaciones a los párrafos que siguen digamos que no se puede pensar en una solución de raíz mientras la tierra siga en manos de personas que hacen de ella bien de lucro o que la explotan o se enriquecen con el trabajo de otros. Si centramos nuestras consideraciones particularmente en el sector asalariado veremos con claridad que el mismo no tendrá una solución mientras no tenga la posibilidad efectiva de ejercer la gestión sobre la tierra que con sudores abonaron sus mayores y que hoy —en el momento del reparto— se quiere volver a medir en función del valor $$$, que él no tiene pero que sí los tiene quien los ahorró sobre la base del trabajo del hachero que le sirvió.
El capitalismo que permite esto será “nefasto” en los textos conciliares, pero es la realidad diaria y necesaria de nuestra sociedad.
Si se mide la tierra en función de su valor económico y después se la quiere vender, resulta claro que la misma volverá a manos de aquellos que manejan el capital. Esta es la solución actual, de tal modo que los dos millones cien mil Has. que tuvo “La Forestal” prácticamente se están repartiendo siguiendo las pautas del sistema “nefasto” pero concreto.
Una de las pocas esperanzas de la zona —ya a nivel paliativo— son las 110.000 Ha. que el gobierno compró a “La Forestal” y que están en vías de colonizarse, aunque apenas sea un poco más de la vigésima parte de la tierra que tuvo “La Forestal”, sería interesante que, al menos con ellas el gobierno hiciera justicia y las entregase a sus dueños —los hacheros—. Cualquiera que fuese si es otra la situación tendremos al cabo de unos pocos años al ahora hachero, convertido en el peón de los modernos colonos o hábiles estancieros.
Ciertamente que la solución tampoco es entregar simplemente la tierra a los hacheros, sino que este proceso debe ser total y supone como puntos básicos, fundamentados en experiencias de la zona:
a) Explotación en común:
Por problemas técnicos, humanos y de capacitación el hachero hoy no se encuentra en condiciones de explotar individualmente la tierra y además ello no contribuiría a crear la estructura solidaria, que entendemos que es fundamento de todo crecimiento humano.
b) Asesoramiento técnico y provisión de implementos de trabajo:
El hachero sólo puede aportar su necesidad de subsistir pero sin la asistencia del técnico que le indique la forma racional de explotación y sin los implementos necesarios para desarrollar tales tareas, la tierra, por más que la tuviesen, no les serviría.
En este punto queremos señalar que la experiencia de Fortín Olmos —entrega de parcelas a agricultores individualmente— justamente tiene sus puntos críticos en la imposibilidad de subsistencia de los hacheros que poseen la tierra individualmente, esto es por los motivos apuntados anteriormente y porque en las actuales circunstancias la tierra nunca es totalmente apta para la explotación agropecuaria y para ponerla en condiciones de producción, se exige un trabajo de preparación que supone pérdida de tiempo, durante el cual no se puede hachar, único medio actual de vida, de allí la necesidad del grupo, para que mientras unos preparan la tierra para la producción, otros trabajan en el monte para la subsistencia de todos.
También se ha podido comprobar, que el nuevo propietario del campo, por más que se lo trate de influir mediante una formación cooperativa, sigue los modelos de la sociedad en la que vive, de tal modo que en la medida que llega a comprender cómo lo pueden beneficiar el sistema de asalariados, trata de implantarlo. Por ello no es extraño encontrar ex asalariados que ahora toman nuevos asalariados para servirse de ellos, esto resulta una imposición lógica del sistema
en el que les toca desarrollar su trabajo, donde prácticamente no les queda otra opción, ya que no hacerlo es renunciar a las posibilidades de capitalización. Esto necesariamente engendra la existencia de un nuevo grupo —lo que hoy llamamos la clase media baja—, que son sectores que vienen del sector hachero, pero han comprendido las posibilidades de un crecimiento a partir de la explotación agropecuaria y en ese sentido se han transformado en nuevo grupo de poder.
Hemos marcado muy rápidamente dos posibilidades muy distintas que se manifiestan sobre un fondo común, las posibilidades distintas son: por un lado el planteo teóricamente veraz que consiste en sostener como única solución la entrega de la tierra en determinadas condiciones al sector al que en justicia le corresponde —los hacheros—; pero es finalidad de una Revolución, —que es ésta “argentina” que hoy consolida el sistema—, y por otro lado como respuesta práctica a la actual situación, tenemos una experiencia donde se ha entregado la tierra en un plan de transformación y ocurrió que esa misma tierra va generando nuevas problemáticas, sin haber llegado a poner en camino de solución el problema de fondo que son las relaciones humanas, que se siguen manejando a nivel individualista; pero ambas son dos términos para esta realidad común de explotación y hambre por la que atraviesa nuestra zona y frente a estos supuestos, mientras algunos preparan “la revolución” otros tienen que comer y para hacerlo acuden al método más práctico para satisfacerla, de allí la necesidad de integrar el camino revolucionario con las exigencias concretas de la gente.
Queremos señalar esto porque entendemos que en la zona toda solución que se plantee, al tiempo que debe estar ligada al problema de la tierra, tiene que tener en cuenta esta exigencia primaria de los pobladores que es lo que hoy tratamos de definir como la “necesidad de subsistencia”.
No estamos en condiciones y tampoco es el momento oportuno para señalar otros caminos prácticos que tengan en cuenta todos estos elementos, pero lo cierto es que habría que seguir tentando otros caminos que contribuyan a satisfacer las necesidades más urgentes que la gente tiene en estos momentos, que estén en el camino de un proceso general de transformación humanizante.
b) Lo Socio-Político
Expuestos los términos del problema futuro en función de lo económico tenemos que hacerlo en función de lo socio-político. En estas consideraciones trataremos de partir de una perspectiva de lo que hoy denominamos la clase baja, porque estamos convencidos que este sector en su proceso de liberación marca la línea de la transformación que hoy es la históricamente accesible. Con esto estamos queriendo significar que nos preocupa primera y principalmente cuáles tienen que ser los modelos o al menos las pautas a tener en cuenta para la liberación de la población campesina de la zona. Esto supone reconocer la realidad de la división de clases y tomar esa división para, a partir de ella, gestar un movimiento humanizante que arrancado desde lo más bajo vaya alcanzando a todo el complejo social.
Tomando como base este supuesto fundamental vemos que hay en un primer momento dos etapas que deben ser simultáneas y que deben ser el pilar sociopolítico, de toda tarea con proyección de futuro que se ensaye en la zona.
a) Asentamiento:
La zona está sometida a un sostenido proceso de emigración, cuya fecha de iniciación se puede ubicar hacia el año 1948, pero que se acentúa notoriamente a partir del año 1958, pudiéndose calcular que la población actual es apenas la quinta parte de la que existía en época de florecimiento de “La Forestal”. Si este proceso no logra ser contenido, habrá desaparecido la Cuña Boscosa, como asentamiento humano de importancia.
Esto significa socialmente la liquidación lisa y llana de una cultura que también tiene elementos que aportar al mundo del mañana, y para los que quieran percibir el problema desde una perspectiva política, estaremos ante un nuevo contingente de personas que irán a poblar las metrópolis, donde el mundo industrial —cada vez más perfeccionado— al tiempo que va asimilando al obrero al clima pre-fabricado por el complejo publicitario, va dosificando su capacidad de auto-expresión mediante procesos alienantes que tienden a hacer del hombre, el mecanismo de una organización que lo absorbe y despersonaliza. Por otro lado, y a pesar de las previsiones de Marx, se ha visto que el desarrollo de las ciencias sociales pone en manos de los que ejercen la dirección de este proceso cada vez más elementos para controlar toda tentativa que sea riesgosa para la raíz del sistema, de allí que no deba extrañarnos la proliferación de las escuelas de ciencias sociales, porque de esa manera el “régimen” se asegura a los técnicos inconcientemente idóneos para detener, bajo pretexto de integración y control de tensiones, todo proceso que tenga un fundamento auténticamente transformador.
Estas acotaciones al margen tienen la pretensión de fijar la posición propuesta en el sentido que es muy importante lograr el afincamiento humano de la población hachera en sus actuales lugares de residencia.
b) Agrupamiento:
Hemos visto en los puntos anteriores que la cultura del mundo hachero se caracterizaba por una situación de dependencia absoluta y una falta de libertad que es factor negativo en todo intento de aprehensión de los procesos sociales y políticos en los que se desarrolla la sociedad actual y mucho menos una toma de conciencia conceptual de los mismos. Al margen de la importancia que ello pueda tener, es menester recalcar que todo intento para ubicar al hachero y su mundo cultural a un nivel de conciencia política, debe hacerse, por los canales de un agrupamiento en núcleos que puedan ser la expresión vital de una nueva cultura, que tomando los valores de los integrantes del núcleo hachero sea capaz de ponerla a un nivel de comunicación con la cultura de la sociedad desarrollada que es su explotadora y con la cultura similar de las regiones vecinas que padecen problemas semejantes.
Pero es fundamental crear la base material de esta entidad cultural y ello sólo es posible si se dan los supuestos ya esbozados del asentamiento humano indispensable para conservar el sector humano y su agrupamiento para desarrollar su conciencia grupal y por encima de todo para el ensayo de formas solidarias. El problema que se plantea es, en torno a qué metas se puede lograr este agrupamiento y en ese sentido nos remitimos a lo dicho al considerar la parte económica donde sosteníamos que la línea del proceso liberador suponía la subsistencia material de la gente. Pues bien, en la búsqueda de ese medio de subsistencia debe hallarse la línea del agrupamiento necesario.
Cuando hablamos de medio de subsistencia no nos referimos a ningún tipo específico y la forma concreta puede adquirir los modos más variados, y su hallazgo depende de la capacidad imaginativa de quienes tengan la responsabilidad directa sobre esta cuestión, pero lo que sí es menester aclarar es que no queremos que se tome como única forma de subsistencia la producción agrícola que definíamos como futuro de la zona, porque ello, si bien no se descarta, sólo es posible de un modo integral en el marco de la Reforma Agraria, que por el momento descontamos por la situación política por la que atravesamos. En las actuales circunstancias la cuestión es mucho más sencilla y simplemente consiste en encontrar los medios para que la población hachera pueda reunirse en torno a finalidades que le permitan sobreexistir como seres vivientes.
c) Toma de conciencia:
Aquí entramos en la parte específica de la tarea de comprensión del proceso político general y la situación de los hacheros dentro del mismo.
Esta etapa sólo será posible si se dan previamente las anteriores porque, de lo contrario, está condenada al fracaso. En el supuesto en que se haya dado una tarea de este tipo a niveles individuales ello sólo ha servido para elevación personal del que percibió la situación, entonces frente a lo dramático de la misma opta por lo más sencillo: irse al Sur (Santa Fe, Rosario). Percibir la situación sin tener ya la posibilidad material de subsistir, ya la base orgánica para una lucha efectiva, es una nueva forma de frustración.
d) Transformación cultural:
Así llegamos al punto final y que creemos vital de este pequeño bosquejo y que ha estado presente en todo el contexto de la obra: la necesidad de cambios urgentes, la construcción de una sociedad más humana y fraternal, es decir de una estructura socialista, es el llamado de la hora; pero justamente si queremos desarrollar una sociedad más humana y fraternal debemos sentar las bases para ella. Esto no descarta ningún tipo de lucha, ni tampoco hace cuestiones con la existencia o no de la violencia formal, eso no es lo que interesa.
En la actualidad y esto ya es conocido, vivimos el estado de violencia permanente, de modo que el régimen ya ejerce la violencia por sí y como método intrínseco a su existencia; la respuesta debe ubicarse en el camino de los que padecen la violencia y con ellos responder a la violencia del régimen como fuere necesario.
No partir de una visión intelectual del mundo, sino partir de las limitaciones del mundo sometido y con ellos encarar la liberación humana. Por otra parte la experiencia indica los riesgos provenientes de una labor a partir de una elaboración de “grupos externos” porque en definitiva se termina adoptando las pautas del grupo externo o sirviendo a sus fines.
Trabajos se pueden planear varios, lo que nos faltó más de una vez es ese gesto existencial que haga realidad esos trabajos y métodos en el mundo de los que “hacen la Historia”.

Tags: