Si algo faltaba para simbolizar el carácter reaccionario y oligárquico de la dictadura surgida del golpe del 28 de junio, esta represión desatada contra la masa peronista, sus militantes y sus dirigentes, ha llenado ese vacío.
No bastaba la violencia despiadada de una minoría empavorecida contra los pueblos del norte condenados al hambre y a la mi-sería y contra los trabajadores de todo el país que se alzaban contra la desocupación y la arbitrariedad patronal y la defensa del patrimonio nacional.
Era necesario volcar también la represión contra la expresión política de la mayoría popular, contra el sector combatiente del movimiento de masas.
Y no nos extrañamos que así sea. Eso demuestra una vez más que es el peronismo la antítesis del régimen, que son los peronistas revolucionarios los que representan el verdadero peligro para el gobierno y para el sistema.
Con ello el régimen adquiere coherencia y es consecuente consigo mismo: no se puede entregar el país al extranjero y hambrear al pueblo sin suprimir a la fuerza que lo representa.
Como en el 55, en medio de la gritería jubilosa de las minorías cipayas, se nos vuelve a perseguir para extinguirnos. Volvemos a las épocas del 4161, engendrado en la desesperación y el fracaso; a la represión brutal y maniáticamente perfeccionada hasta los detalles del Plan Conintes, a los encarcelamientos, a la tortura sistemática. Pero no vamos a lamentar la ilegalidad nosotros, que rechazamos la legalidad del sistema; no vamos a implorar justicia a un régimen basado en la injusticia. No vamos a caer en la ilusión absurda de pensar que la antipatria y el privilegio van a dejar de defender sus intereses sin apelar incluso a los métodos más inicuos. Pero les negamos el derecho de condenar la violencia cuando de la violencia han surgido y por la opresión al pueblo se mantienen.
Solamente advertimos que en algo se han equivocado. Pensaron que la indecisión y la pasividad de la masa ante la traición de unos cuantos miserables y corrompidos que aparentemente la representaban, era una muestra definitiva de debilidad y cobardía. Pensaron que la falta de organización era índice de sumisión y acatamiento. Ahora saben, el gobierno y los tránsfugas del Movimiento, que la conciliación es imposible, que tendrán que pelear si quieren imponer sus planes de colonización, explotación, desocupación y miseria. Y el pueblo sabe que tendrá que defenderse y contraatacar si quiere lograr sus objetivos de liberación.
El peronismo no ha perdido su espíritu combativo, seguirá siendo generoso en el sacrificio como ha sido fiel a su tradición de lucha, pero por sobre todo ha demostrado, y podrá comprobarse ahora, su cohesión en los momentos decisivos. El gobierno nos ha declarado la guerra, y se ha cavado la fosa.
Jorge Gil Sola

Tags: ,