Un grupo de ex militares que tuvo activa participación en el Peronismo ha recuperado sus grados, sus sueldos y sus privilegios como consecuencia de una amnistía que excluye a Perón y a otros.
Esta exclusión no invalida el decreto. Por el contrario, reafirma nuevamente que este gobierno configura una cruda dictadura militar y que no se diferencia, en cuanto a su antiperonismo, de ninguno de los gobiernes que sucedieron a Aramburu y Rojas.
Lo que invalida el decreto es el concepto de que la medida está justificada por motivos puramente castrenses, como se infiere del Art. 19 y de los resultados discriminatorios de su aplicación.
Está concebido con la más completa mentalidad gorila, pues so continúa considerando que ser Perón y ser peronista sigue siendo un delito. Así lo consideran los gobiernos que detentan el poder en nombre del imperialismo y la oligarquía exigiendo desperonizarse previamente para ser considerado ciudadano, excluyendo de su entidad una de sus dimensiones principales: el sentimiento peronista.
El análisis en particular debe cerrarse con la consideración del papel que asumen los beneficiarios. Casi todos fueron participantes del golpe militar del 9 de junio de 1956 cuyo fracaso significó el fusilamiento del General VALLE, de CORTINEZ, IBAZZETA, IRIGOYEN, COGORNO, COSTALES, VIDELA, NORIEGA, CANO, ABADIE, QUIROGA, PAOLUCCI, GAREGA, RODRIGUEZ, ROJAS, COSTA, PUGNETTI y muchos civiles más. Los sobrevivientes han buscado la gracia que los restituya a la institución armada, a la misma que impuso la feroz y sangrienta represión a sus camaradas. Y así, mientras en 1956 un General se presentaba para hacerse responsable del fracaso y de la derrota enfrentando el fusilamiento, hoy otro General se presenta a solicitar el grado y el sueldo. Valle lo ha de contemplar desde la inmortalidad con la misma serenidad con que enfrentó la muerte. Los sobrevivientes de ayer fueron fusilados hoy con un decreto de amnistía.
No podemos pasar en silencio este episodio, no podemos colocamos en la repugnante situación de los obsecuentes que acostumbran a glorificar a los fuerzas armadas, no cuestionando jamás sus atributos inmarcesibles ante el temor de malquistarse con un factor permanente de poder, dueño de la fuerza, ejecutor exclusivo de la represión, poseedor innato de cualquier veto político. No tememos que se nos sindique injustamente como militaristas empedernidos. Mucho se ha dicho de nosotros que no nos ruboriza ni nos hace temblar.
Por eso hacemos a nuestras fuerzas armadas la más severa crítica cuando creemos que lo merecen puesto que no las consideramos poseedoras de virtudes inmutables. Son instituciones humanos que actúan parabién o para mal según sean los hombros que las componen y por consiguiente, los méritos de una época no pueden transferirse automáticamente y porque sí a otra posterior. Y lo mismo en lo que respecta a conductas infamantes. Los méritos de San Martin no pueden amparar a Quaranta y Aramburu, Fernández Suárez no infama con su conducta a Belgrano ni a Dorrego. Podemos admirar al Almirante Brown y repudiar a Rojas, el fusilador. Podemos sentirnos herederos y deudores de los milicos que sombraron con sus huesos el suelo de la Patria y de América, y no por eso atenuar nuestro juicio sobre oficiales y suboficiales que cometieron, ordenaron o consintieron torturas durante la época de Aramburu y el Conintes. Como tampoco creemos que exista alguna relación entre el ejército de la Independencia y el de Obligado con el de la época de la Organización que ganó sus trofeos asesinando gauchos o con el actual que so organiza y prepara para operar de acuerdo con el concepto de una nueva concepción estratégica, la de los “fronteras ideológicas”, que ubica al enemigo dentro del mismo pueblo nativo y al amigo entro los que lo explotan Ignominiosamente.
Incorporarse a este ejército es aceptar todo aquello, a como dijo uno de los beneficiarios “cumplir la orden”.
Es el participacionismo con uniforme.
Nosotros les prevenimos que algún día vendrá el hombre sencillo de la Patria a interrogar a sus militares en actividad y en retiro. No los interrogarán sobre sus largas siestas después de lo merienda, tampoco sobre sus estériles combates con la nada, ni sobro su ontológica manera de llegar a las monedas, no sobre la mitología griega ni sobro sus justificaciones absurdas crecidas o la sombra de la mentira.
Un día vendrán los hombres sencillos rio esta tierra, aquellos que fueron sus soldados, a preguntar qué hicieron cuando la Patria se apagaba lentamente, qué hicieron cuando los pobres consumían sus vidas en el hambre y la de sus hijos en la enfermedad y la miseria, qué hicieron cuando los gringos vinieron a imponernos esa nueva forma de vida “occidental” que todo lo corrompe y compra con dinero.
Quizás para ese momento, la vergüenza que provoque el silencio como respuesta, no sen suficiente como castigo.

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