Juan García Elorrio, director de CRISTIANISMO Y REVOLUCIÓN; Renito Romano, peronista, miembro del Consejo Directivo de la C.G.T. de los Argentinos y delegado de la Regional Tucumán de la central obrera; Luis Cerrutti Costa, asesor de FOTIA y de otras federaciones y sindicatos obreros, son las nuevas víctimas de la represión desatada por la reacción contra nuestro pueblo.
Ejemplo, cada uno de ellos, de conducta, de sacrificio y entrega a una causa común: la liberación nacional y social.
Los sucesos de abril y de mayo marcan el fin de una etapa y el comienzo de otra. Ha quedado demostrado, aun para los más incrédulos timoratos, la fuerza y la resolución de las masas frente a la represión y la posibilidad de derrotar al régimen mediante los mismos métodos que el régimen emplea contra el pueblo.
El régimen, aterrorizado y plagado de contradicciones internas, sumó entonces, a la entrega y a la explotación, los muertos y heridos de Tucumán, Corrientes, Rosario, Córdoba y Buenos Aires, los presos juzgados por consejos de guerra y los detenidos a disposición del Poder Ejecutivo en virtud de la implantación del estaco de sitio.
Raimundo Ongaro, impulsor de una etapa de agitación y movilización popular que ha culminado con el enfrentamiento directo del pueblo contra la dictadura, es hoy el más representativo de los prisioneros del sistema.
Hoy se encuentran encarcelados García Elorrio, Romano y Cerrutti Costa. Es ésta también una lección de las últimas jornadas: por encima del origen político de los hombres que han asumido un compromiso de lucha contra el sistema, como consecuencia directa de esa lucha, se han borrado las discrepancias secundarias que podían dividir a los patriotas argentinos que tenían una meta común.
Los compañeros detenidos, son parte de esa inmensa mayoría del pueblo argentino que está en contradicción abierta contra la oligarquía y el imperialismo y con el régimen títere que los representa. Jamás han mendigado los derechos que le corresponden al pueblo, jamás han implorado a los ricos y poderosos que hicieran efectivas las aspiraciones y necesidades de los sectores humildes y desposeídos; han exigido altivamente, a través de su prédica y de su acción, que se liberara al país de la dependencia extranjera y concluyera un sistema social que se basa en la explotación del hombre por el hombre.
Han cumplido en definitiva, con un deber que les dictaba su conciencia de hombres dignos y justos.
El ejemplo de los encarcelados, torturados y muertos, nos exige y marca el camino a seguir. Vamos a continuar la lucha en esta nueva etapa, sosteniendo los mismos objetivos, con los métodos más efectivos, con las estructuras orgánicas más adecuadas, en el momento y en el lugar que más nos convenga, al margen de la suerte que puedan seguir corriendo los militantes empeñados en esta tarea.
Se nos seguirá persiguiendo, porque buscamos la emancipación, una sociedad socialista y un hombre nuevo, pero fundamentalmente porque nuestro pueblo ha pasado ya a efectivizar la más dura, la única forma de lucha que en definitiva será capaz de derrotar al enemigo, y está recorriendo ese camino consciente de su responsabilidad y dispuesto, por más lejana y difícil que sea la victoria, a continuarlo hasta sus últimas consecuencias sin detenerse en excusas ni justificaciones.
Se nos seguirá persiguiendo, hasta que a través del cúmulo de las victorias parciales, de infinidad de actos sacrificados y heroicos, el pueblo concluya con este régimen basado en la colonización del país y en la explotación del pueblo, en la opresión y en la injusticia.

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