Pese a su notoria juventud, Rodrigo Ambrosio tiene a su cargo la conducción de uno de los movímientos más importantes que integran UP. Reemplaza a Jacques Chonchol en la secretaría del MAPU, ya que éste ocupa actualmente la cartera de agricultura.

—¿Cuáles son los rasgos esenciales de la estrategia de la Unidad Popular.?
—La estrategia de la Unidad Popular responde a los sabios principios adquiridos por el proletariado en su experiencia revolucionaria mundial: dividir a los enemigos, distinguir los enemigos principales ele los secundarios, agrupar contra los primeros a todas las clases y capas sociales que tengan contradicciones con ellos.
La Unidad Popular es el instrumento político de una alianza de obreros, campesinos, capas medias asalariadas, pequeña y mediana burguesía, destinada a enfrentar a la burguesía imperialista, monopólica y latifundista. Su programa recoge los intereses de clase de esos diversos sectores del pueblo. Es un programa ele liberación nacional, de profundización de la democracia y de iniciación del socialismo. El camino al socialismo pasa por la construcción de un poder popular y luego proletario. Ese poder en Chile necesita de una alianza y de un programa como el de la Unidad Popular. Ellos son los únicos capaces de vencer al imperialismo y a la burguesía. Por eso no hay hoy día tareas más revolucionarias en nuestro país que las destinadas a profundizar esa alianza y dar cumplimiento a ese programa.

— Teniendo en cuenta que la UP tiene una composición política heterogénea de partidos y movimientos ¿qué posición sustenta el MAPU dentro de ese marco? —La heterogeneidad política de la UP corresponde a la heterogeneidad de clases sociales que la alianza debe convocar y convoca. No es pues una heterogeneidad que nos escandalice ni arredre. Es la necesaria heterogeneidad de toda alianza.
Ahora bien, esta heterogeneidad se traduce en contradicciones latentes o manifiestas, que en determinados instantes pueden adquirir importancia decisiva para el desarrollo del proceso. Sólo la hegemonía del proletariado asegura en esas coyunturas la continuidad hacia el socialismo. Por eso. tan necesaria como la heterogeneidad de clases de la alianza es la hegemonía del proletariado en su seno.
El MAPU pretende ser un partido que defiende posiciones proletarias dentro de la UP.
—¿Cuáles son las fuentes ideológicas del MAPU?
El MAPU busca inspiración en la historia del proletariado internacional, en su experiencia acumulada, en su rica conciencia de clase, y particularmente en la historia, experiencia y conciencia del proletariado chileno.
Pensamos que el marxismo constituye una herramienta científica irremplazable en manos del proletariado y buscamos que nuestros militantes sean capaces de manejarla creadoramente para orientar su participación concreta en la lucha de clases.

—¿Qué importancia tuvo en el origen del MAPU la ideología cristiana?
—El cristianismo, como fuerza ideológica, estuvo y está presente en la militancia individual de los cristianos revolucionarios que hay en el MAPU. Para ellos el cristinismo constituve un poderoso estímulo a comprometerse en las luchas revolucionarias de nuestro pueblo.
Al MAPU —por razones históricas— llega una alta proporción de cristianos revolucionarios. Sin embargo, los cristianos revolucionarios —no sólo en Chile, sino en toda América Latina— entienden que para militar en la revolución no requieren partidos, ideologías o símbolos “cristianos”. Entienden que su lugar está en los partidos revolucionarios y que su ideología para hacer la revolución es la del proletariado.
El MAPLI ha rechazado desde su partida la posibilidad de ser un partido institucional de la “izquierda cristiana”. Queremos ser un instrumento revolucionario del proletariado.

—¿Qué características cree el MAPU que puede asumir la lucha de clases bajo el Gobierno de la UP al llevar a la práctica su programa?
—Pensamos que la singularidad del proceso chileno está más en la forma como el pueblo ha ganado terreno en los primeros tramos del enfrentamiento decisivo que en los niveles mismos de ese enfrentamiento. Aquí, como en las grandes epopeyas revolucionarias, las clases serán importantes a definir el poder con todo el cuerpo.
Las clases enemigas no descartan la insurrección contrarrevolucionaria ni la guerra de intervención. Es verdad que hoy día están provisoriamente inhibidas para lanzarse contra un Gobierno “legítimo” desde el punto de vista burgués, y con un apoyo popular tan extenso y compacto. Pero a través del terrorismo y del asesinato político, antes del 4 de noviembre, y de la provocación de conflictos artificiales después, buscan crear la imagen de un Gobierno anárquico, sobrepasado, cuyo derrocamiento pudiera contar con el apoyo, o al menos con la neutralidad de las capas medias. La obstrucción parlamentaria y el manejo de la opinión pública juegan también su papel en la preparación de una revancha artera. En todo caso aquellos que pensaban en la posibilidad de envolver al Gobierno y obligarlo a conciliar están definitivamente desencantados. Nosotros entendemos, por nuestra parte, que la contrarrevolución debe ser muerta en el huevo. Eso significa darle tanta importancia a los combates concretos de hoy como a los probables de mañana. La contrarrevolución es derrotada hoy día si el Gobierno logra profundizar su fuerza en la clase obrera y en el campesinado, atraer más y más capas medias, y mantener en su aislamiento a los sediciosos. De allí la importancia que concedemos a las tareas democráticas del Programa, que amplían la base de apoyo del Gobierno, y a la organización y movilización de las masas. Pero si la contrarrevolución logra pasar mañana de su estado de oscuro proyecto de revancha a una amenaza material y concreta, el pueblo no será espectador. Si el imperialismo quiere guerra, la tendrá. Y sabemos lo que los pueblos pueden en la guerra cuando defienden lo propio.

—Ante la actual ocupación de fundos por parte del campesinado ¿cuál es la política que sostiene el MAPU? —Nosotros hemos sostenido desde el primer día del Gobierno la necesidad de incorporar al campesinado a las instancias de decisión del aparato estatal. Así es como han surgido a través del país los Consejos Campesinos, destinados a trazas las líneas de la Reforma Agracia en cada comuna. Las ocupaciones de fundos son un instrumento de lucha contra los terratenientes y los burócratas mientras los campesinos no son poder. Se trata pues, de un arma esencialmente transitoria, aunque legítima y eficaz. No hemos dudado jamás en emplearla durante muchos años, aunque conscientes de sus limitaciones. Ahora bien, la ocupación de precios de medianos y pequeños agricultores, que también se ha dado ahora, es harina de otro costal. La rechazamos con energía porque lleva a un enfrentamiento inútil entre diversos sectores del pueblo llamados hoy día a luchar juntos contra el latifundo.

—¿Cuáles son los puntos de acuerdo y desacuerdo entre el MAPU y el MIR.
—El MIR no comprendió la importancia del enfrentamiento electoral en la lucha de clases de nuestro país; criticó la alianza de la Unidad Popular porque pretendía incorporar a los sectores de pequeña y mediana burguesía: objetó el programa por ser antimonopólico y no anticapitalista. En esas posiciones se ha mezclado ese abstracto foquismo, tan en boga en los últimos años entre los grupos latinoamericanos de pequeña burguesía revolucionaria, y viejos planteamientos troskistas que conducen en definitiva al aislamiento del proletariado. El hecho concreto es el que el MIR se colocó absolutamente al margen de la batalla de las masas el año pasado que culminó en la génesis del Gobierno Popular.
Ahora nos encontramos en una situación distinta. Está el hecho macizo de la victoria de Setiembre. Todos los revolucionarios tienen que aceptar hoy día que el proceso chileno avanza sólo a través de la defensa del Gobierno Popular y del cumplimiento de su programa. La fuerza de estos hechos ha repercutido también en el MIR que ha reajustado sus posiciones. Creemos que en la medida en que el MIR avances con coherencia y sentido autocrítico en esta línea hay la posibilidad de entendimientos cada vez más duraderos. Sin embargo, su incomprensión del carácter de la etapa, de la alianza y del programa, que hoy dia se sigue manifestando en algunas actividades, complotan contra ello. Los que no entienden la alianza, no sólo no pueden dirigirla, no pueden participar en ella. La incorporación del MIR a las luchas de la Unidad Popular pasa. pues, por una intensa lucha ideológica.
—En un futuro es previsible el crecimiento sostenido de la capacidad de la movilización de las bases populares. ¿En qué medida las organizaciones políticas que integran la Unidad Popular podrán responder a estas exigencias?
—No creemos en la movilización espontánea de las masas. Sólo la conducción política puede convertir la movilización parcial en general, la movilización esporádica en permanente, la movilización de pro testa en la revolución. Si en la pregunta se da como un hecho un “crecimiento sostenido'” de la movilización es porque hay partidos atrás, capaces de impulsarla. Si se duda de la capacidad de movilización de esos partidos, se debe también dudar de que las masas vayan por su cuenta al socialismo. . .
Sabemos que los desafíos inéditos planteados en la actual etapa de la lucha exigen mucho de los partidos Su gran capital es estar ligados a la historia de las masas, el vivir sus problemas cotidianos, y el ser en sus organizaciones —sindicales, vecinales, estudian ti les— la inmensa mayoría. Hay que vencer sin embargo muchas rutinas. Creemos que el pueblo y los partidos auténticamente populares son siempre jóvenes para aprender. Pero, sobre todo, confiamos en los desafíos de la lucha misma. Ella es nuestra mejor aliada para sacar lo mejor de nosotros mismos.

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