El Ejército de Liberación Nacional al pueblo boliviano: Larga es la historia de penurias y sufrimientos que ha soportado y soporta nuestro pueblo. Son cientos de años que corren ininterrumpidamente raudales de sangre. Miles suman las madres, esposas, hijos y hermanas que han vertido ríos de lágrimas. Miles son los heroicos patriotas cuyas vidas han sido segadas.
Los hombres de esta tierra hemos vivido como extraños; más derechos tiene cualquier imperialista yanqui, en el territorio nacional que llama sus “concesiones”. El puede destruir, arrasar e incendiar viviendas, sembradíos y bienes de bolivianos. Nuestras tierras no nos pertenecen; nuestras riquezas naturales han servido y sirven para enriquecer a extraños y dejarnos tan solo vacíos, socavonas y profundas cavernas en los pulmones de los bolivianos; para nuestros hijos no hay escuela, no existen hospitales; nuestras condiciones de vida son miserables; los sueldos y salarios de hambre; miles de hombres, mujeres y niños se mueren de inanición cada año; la miseria en que vive y trabaja el hombre del campo es pavorosa. En otras palabras, vivimos en condiciones de esclavos con nuestros derechos y conquistas negados y pisoteados a la fuerza.
Ante los azorados ojos del mundo entero, en mayo de 1965 los salarios son disminuidos, los obreros despedidos, confinados, desterrados, masacrados, y los campamentos, con mujeres y niños indefensos, bombardeados y saqueados.
Si bien este es el cuadro que vivimos, el nuestro fue y es un pueblo que lucha, que no se dejó doblegar jamás.
¡Cuántos héroes al lado de los mineros, campesinos, fabriles, maestros, profesionales y esa, nuestra gloriosa juventud, los estudiantes, han escrito con su sangre las más gloriosas páginas de nuestra historia! Ahí tenemos, ante nosotros y el mundo, elevadas las legendarias figuras de Padilla, Lamza, Méndez, Sudanés, Narvela, Murillo, Tupacamarú, Warners, Arzey también, las sin par heroínas de la Coronilla, Juana Azurduy de Padilla, Bartolina Sisa, cuyo glorioso ejemplo conserva y está dispuesto a seguir nuestro heroico pueblo.
Si bien las viejas generaciones soportaron una cruenta lucha de quince años por construir una patria libre y soberana, lanzando de nuestro suelo al dominador extranjero, no tardaron años en que nuevas potencias capitalistas hincaran sus garras en la patria que construyeran Bolívar y Sucre. Miles y miles suman los campesinos brutalmente asesinados desde la fundación de la república a nuestros días; miles de los mineros y fabriles cuyas demandas fueron respondidas con la metralla. También suman miles los “valientes” coroneles que han ganado sus ascensos y grados en esta desigual batalla, ametrallando y bombardeando al pueblo indefenso que, una y otra vez, se levanta armado tan solo de esa muralla que no se doblega, que no se humilla.
Perduran frescos en nuestra memoria los recuerdos de las masacres, los crímenes y vejámenes a los que ha sido sometido el pueblo boliviano. Señores esbirros, generales e imperialistas yanquis tenéis las garras y las fauces tintas con sangre del pueblo boliviano, y hoy sonó la hora de vuestro fin, de los charcos de sangre que habéis hecho correr a raudales, de las cenizas de esos miles de patriotas que habéis asesinado, perseguido, confinado y desterrado. Hoy se levanta el Ejército de Liberación Nacional. Hombres del campo y las ciudades, de las minas y las fábricas, de los colegios y las universidades, valerosos empuñan su fusil.
También anuncia asesinos, que ha llegado vuestro fin, y taña en pueblo boliviano, que resuena sorda e incontenible, en las montañas y los valles, en las selvas y el altiplano, la voz de la justicia, el bienestar y la libertad.
Señores generales, hoy cuando habéis recibido los primeros golpes, clamáis por vuestras madres y vuestros hijos; también nosotros sentimos por ellas. Pero:
Creéis acaso que aquellos miles de campesinos, obreros, maestros y estudiantes no tenían hijos, madres y esposas? ¿Aquéllos a los que habéis asesinado inmisericordemente en las calles de las ciudades, en Catavi, Cerdas, en Villa Victoria, en El Alto, en La Paz, en Milluni, en Siglo XX?
Ante el vigoroso inicio de nuestra lucha, tiembla llena de pavor la camarilla gobernante y su amo, el imperialismo yanqui; manotean cual fiera acorralada, arrecia la persecución, se ven impelidos a cometer mayores crímenes, a violar su constitución seudodemocrática, jurada por ellos para respetarla Su histeria anti-guerrillera los lleva a marginar partidos políticos de izquierda, como si con un decreto se pudiesen matar las ideas. Persiguen, encarcelan y asesinan (“los suicidan”) a ciudadanos libres acusándolos de guerrilleros. Apresan y torturan a periodistas extranjeros queriendo mostrarlos como guerrilleros: inventan calumnias y tejen su propaganda en base a mentiras tan risibles que el pueblo desprecia. Este y todo intento que hagan por ahogar el movimiento guerrillero será vano, así como todo cuanto hagan por mantenerse en el poder. Su fin como camarilla gobernante ha llegado.
Sentimos que en esta lucha, que es necesaria para liquidar el latrocinio, el abuso, la injusticia, el crimen y las prebendas de las que gozan unos cuantos, para construir una nueva sociedad sin clases donde impere la justicia social con igual deberes y derechos para todos, donde las riquezas naturales sean explotadas por el pueblo y en beneficio del pueblo, van a perderse muchas vidas que son útiles al país, tanto en militares (oficiales) como en soldados, porque con toda seguridad que no todos los que son enviados al campo de batalla piensan igual que la camarilla pro-yanqui que detenta el poder.
Llamamos a todos los patriotas, militares y soldados, a dejar las armas, a la gloriosa juventud de la Patria, a no incorporarse al ejército. A las madres, a evitar que sus hijos sean inmolados defendiendo una camarilla vendida al dólar extranjero, que entrega lo mejor de nuestras riquezas al voraz imperialismo yanqui.
El Ejército de Liberación Nacional llama al pueblo boliviano a cerrar filas, a soldar la más férrea unidad sin distinción de colores políticos; a los patriotas que estén en condiciones de lucha, a incorporarse en las filas del Ejército de Liberación Nacional. También es posible ayudar desde fuera, existen mil maneras de hacerlo, y el ingenio creador del pueblo sabrá encontrar las más variadas formas, desde grupos de amigos hasta las formas más audaces. El problema es organizarse y hacer que la camarilla gobernante y su amo, el imperialismo yanqui, sientan temblar bajo sus pies el suelo boliviano. Advertimos al pueblo que el imperialismo yanqui, a fin de mantener nuestro país bajo su dominio, recurrirá a nuevos generales y civiles, e incluso a seudorrevolucionarios, a los que a su turno irá cambiando. A no dejarse sorprender y engañar conforme ha ocurrido a lo largo de nuestra historia. Esta vez la lucha ha comenzado y no terminará sino el día que el pueblo se gobierne por sí mismo y haya sido erradicado el dominio extranjero.
Se advierte que el Ejército de Liberación Nacional velará por el fiel cumplimiento de los ideales populares, sancionará en su momento al actual opresor, torturador, delator y traidor, a los que cometan injusticias impunes contra el pobre. Están en formación las organizaciones de defensa civil. Empezarán a actuar los tribunales populares revolucionarios para juzgar y sancionar.
Finalmente, el Ejército de Liberación Nacional expresa su fe, su confianza y su seguridad en el triunfo contra los yanquis, los invasores disfrazados de asesores, yanquis o no. No nos permitiremos descanso ni reposo hasta no ver libre el último reducto de dominación imperialista, hasta no ver vislumbrarse la felicidad, el progreso y la dicha del glorioso pueblo boliviano.
¡Morir antes que esclavos vivir!
¡Vivan las guerrillas!
¡Muera el imperialismo yanqui y su camarilla militar!
¡Libertad para todos los patriotas detenidos y confinados!
Nhancahuazú, Abril de 1967.
EJERCITO DE LIBERACIÓN NACIONAL

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