«Partidarios de la guerra revolucionaria, en ella estamos empañados con todas nuestras fuerzas en Brasil. La policía nos acusa de terroristas y asaltantes, pero no somos sino revolucionarios que luchan a mano armada contra la actual dictadura militar brasileña y el imperialismo norteamericano.
Nuestros objetivos son los siguientes:
1 — Derribar la dictadura militar, anular todos sus actos desde 1964, formar un gobierno revolucionario del pueblo;
2. — Expulsar del país a los norteamericanos, expropiar firmas, bienes y propiedades suyos o de los que con ellos colaboran;
3.— Expropiar a los latifundistas, acabar con el latifundio, transformar y mejorar las condiciones de vida de los operarios, de los campesinos y de las clases medias, extinguiendo al mismo tiempo y definitivamente la política de aumento de los impuestos, de los precios y de los alquileres;
4. — Acabar con la censura, instituir la libertad de prensa, de crítica y de organización;
5.— Retirar al Brasil de la condición de satélite de la política externa de los Estados Unidos y colocarlo, en el plano mundial, como una nación independiente, restableciendo al mismo tiempo relaciones diplomáticas con Cuba y todos los demás países socialistas.

  • ARMAS Y RECURSOS FINANCIEROS
  • Para combatir a la dictadura militar y alcanzar los objetivos aquí expuestos, no recibimos del extranjero ni armas ni recursos financieros.
    Las armas son obtenidas en el mismo Brasil. Son las armas capturadas de los cuarteles y de la policía. O son aquellas que los militares revolucionarios entregan a la revolución cuando desertan de las fuerzas armadas de la dictadura, como hicieron el capitán Lamarca y los valerosos sargentos, cabos y soldados que lo acompañaran en la retirada del Cuartel de Quitaúna.
    Esperamos que tales gestos continúen aconteciendo, para desesperación y desmoralización de los gorilas y fortalecimiento de la revolución.
    En cuanto al1 dinero, es público y notorio que los grupos revolucionarios armados asaltan los bancos del país y expropian a los que se enriquecieron explotando en forma brutal al pueblo brasileño.
    Se acabó la leyenda del «oro de Moscú, de Pekín o de La Habana».
    Los banqueros no pueden quejarse, pues sólo el año pasado tuvieron lucros de 400 billones de cruzeiros viejos. Mientras eso sucede, el bancario gana un salario
    mínimo o tiene que trabajar 25 años para recibir el doble de un miserable salario. El gobierno, por su parte, nada puede decir, desde que un Ministro corrupto como Andreaza tiene apartamentos por valor de un millón de cruzeiros viejos y recibe comisiones de firmas extranjeras.

  • OJO POR OJO, DIENTE POR DIENTE
  • La dictadura nos acusa de atentados personales y asesinatos, pero no confiesa que mató a Edson Souto, Marco Antonio Braz de Calvalho, «Escoteiro» Nelson José de Almeida, el sargento Locas y tantos otros patriotas. Y no confiesa que somete a los presos a los suplicios de «nau-de-arara», de los choques eléctricos y otros, que dejarían a los nazis avergonzados.
    Los medios que la dictadura militar brasileña emplea para combatir y reprimir al pueblo son medios bárbaros e indignos, destinados a defender los intereses propios de los militares en el poder, los intereses de los grandes capitalistas, de los latifundistas y del imperialismo de los Estados Unidos. Por el contrario, los medios que los revolucionarios están utilizando para el combate a la dictadura militar son legítimos e inspirados por sentimientos patrióticos. Ningún hombre honrado puede aceptar la vergüenza y la monstruosidad del régimen instituido por los militares y por las fuerzas armadas en Brasil.

  • LA LUCHA YA EMPEZÓ
  • La lucha ya empezó; con un año de actividad de los grupos armados ya conseguimos castigar al enemigo, que ya lamenta sus muertos y, aun contra su gusto, reconoce la existencia de la guerra revolucionaria.
    Desde el comienzo de su actúa ion hasta ahora los grupos armados expropian los bancos nacionales y extranjeros y las firmas aseguradoras del capital de los bancos, perturbando la red bancaria brasileña. Expropiarán a los grandes comerciantes, a las firmas imperialistas, al gobierno federal y a los gobiernos estaduales. Entre las acciones ya practicadas por los grupos armados se incluye la heroica operación guerrillera que liberó al’ sargento Antonio Prestes y los demás compañeros presas en la penitenciaría Lemos de Brito, en pleno Río de Janeiro.
    El ajusticiamiento del capitán norteamericano Charles Chandler, criminal de la guerra de Vietnam. que vino como espía de la CÍA al Brasil, es otra prueba de que los grupos revolucionarios armados están atentos en la defensa de nuestra soberanía y en la preservación de los intereses nacionales.
    Las demostraciones realizadas en el país contra Rockefeller, especialmente en Río, San Pablo, Brasilia, y en las que tuvieron papel sobresaliente los estudiantes, testimonian que los norteamericanos son repudiados en Brasil y sólo cuentan con el apoyo de la dictadura militar brasileña. Pero ésta es una dictadura cuya política de traición nacional se tornó por demás conocida para poder ser encubierta o camuflada por los gorilas.

  • UNA GUERRA PROLONGADA
  • La guerra revolucionaria que estamos haciendo es una guerra prolongada, que exige la participación de todos. Es una lucha feroz contra el imperialismo norteamericano y contra la dictadura militar brasileña, que funciona como agencia de los Estados Unidos dentro de nuestra propia patria. Y la continuación de la lucha
    heroica de Che Guevara, iniciada en Bolivia por la liberación de toda América latina. Es una lucha profunda, con vistas a la transformación total de la sociedad brasileña.
    Nuestra lucha de liberación del pueblo no tiene prisa ni tiene plazos. No es un cuartelazo, un golpe militar o una farsa para sustituir unos por otros a los hombres del poder, dejando intacta la estructura de clases de la sociedad brasileña.
    Todos los grupos revolucionarios armados que están luchando deben proseguir con la guerrilla urbana, como lo hemos hecho sistemáticamente hasta aquí.
    Debemos atacar por todos los lados con muchos grupos armados diferentes, de pequeños efectivos, compartimentados unos de los otros e incluso sin hilos de ligazón, a fin de dispersar a las fuerzas de la dictadura que los persiguen.
    Debemos aumentar gradualmente los disturbios de la guerrilla urbana, con una secuencia interminable de acciones imprevisibles, de tal modo que las tropas de la dictadura no puedan dejar el área urbana sin riesgo de desguarnecer a las ciudades.
    Son estas circunstancias desastrosas para la dictadura militar las que permitirán desencadenar la guerra rural, en medio del incremento incontrolable de la rebelión urbana.
    Buscando la participación de las masas en la lucha contra la dictadura militar y por la liberación del país del yugo de los Estados Unidos, nuestro próximo paso debe ser la lucha en el campo.

  • EL AÑO DE LA GUERRILLA RURAL
  • Este será el año de la guerrilla rural. Esta es la hora y la oportunidad de los campesinos, cuyos instintos para el conocimiento del terreno, la astucia para enfrentar el enemigo, la capacidad de comunicación con los explotados, los oprimidos y los humillados de todo el pais, constituyen un arma tremenda de la revolución.
    Sacudir el campo, enfrentarse a la lucha por la tierra, por la liquidación del latifundo. expropiar a los latifundistas, quemar sus plantaciones, faenar sus ganados para matar el hambre de los hambrientos, invadir las tierras, ajusticiar a los «grileiros» y a los norteamericanos vinculados con los «grileiros’ en las compras de tierras y negocios lesivos a los intereses nacionales, llevar a los latifundistas del país la misma inquietud y el mismo terror que ya domina a los militares, los imperialistas y las clases dominantes en las ciudades, estos son los objetivos a alcanzar en la segunda fase de la guerra revolucionaria.
    Sin abandonar la guerrilla urbana, los grupos revolucionarios armados deben con su actividad heroica ayudar al desenvolvimiento de la guerrilla rural.
    Nuestros esfuerzos deben converger hacia la construcción y reforzamiento de la alianza armada de los obreros y campesinos y su entrelazamiento con los estudiantes, los intelectuales, los eclesiásticos y la mujer brasileña.
    Esta alianza es el gran pedestal de la lucha en el campo y de la guerrilla rural, de donde surgirá el ejército revolucionario de liberación del pueblo.
    Todo por la unidad del pueblo brasileño,
    Abajo la dictadura militar,
    Fuera del país los norteamericanos».
    Carlos Marighela
    (Texto del manifiesto leído por Marighela en la captura de la Radio Nacional de Sao Paulo, 15 de agosto de 1969).

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