Hablo en nombre del profesor Antonio Maidana y de otros ocho presos democráticos recluidos, mejor dicho, enterrados vivos, en la famosa Comisaría Seccional Tercera de la Policía de Asunción, bajo el control directo de la CÍA, cuya oficina está enfrente.
He realizado una huelga de hambre, rigurosa, de 40 días para hacer escuchar la voz de estos héroes. Ellos me lo han pedido.
He sido amenazado por la policía de Stroessner de que, si denuncio la horrenda situación de los presos políticos paraguayos, se tomará represalias contra mi madre y contra mis tres hijas. Pero mi deber para con el pueblo está por encima de cualquier consideración personal.
Deseo transmitir al pueblo uruguayo el reconocimiento y la profunda gratitud de los presos políticos paraguayos por las importantes gestiones solidarias que na venido realizando por la libertad de los mismos. En este sentido, debe destacarse particularmente el encomiare esfuerzo que viene realizando el Comité Nacional de Lucha por la Liberación de los Presos Políticos paraguayos, presidido por el señor Américo Nilson. Mi presencia aquí se debe, en gran medida a la tesonera labor de este Comité, a la valiente actividad desplegara en Asunción por los comisionados de este organismo: Dres. Carlevaro, Gomensoro y otros, que juntamente Con la lucha del pueblo paraguayo y la solidaridad internacional conquistaron mi libertad.
Dentro de 3 meses serán 11 años que el profesor Antonio Maidana, el profesor Julio Rojas y otros demócratas se hallan presos sin proceso. Ya hace varios años que el Poder Judicial ha dado dos sentencias ordenando que Antonio Maidana sea puesto en libertad por falta de causa. Pero continúa preso por decisión de la CÍA y de su fiel testaferro Stroessner, en virtud del Estado de Sitio permanente, renovado cada tres meses por un falso parlamento de títeres. En éste, los componendistas liberales y febreristas no hacen nada más que legalizar, con su presencia, la continuidad de este régimen de arbitrariedad total, de desprecio absoluto a los derechos del hombre.
El calabozo en que he estado encerrado durante cinco años con Maidana y sus compañeros, ha sido construido especialmente para ellos. Es un calabozo especial para cuadros del Partido Comunista Paraguayo y demócratas firmes de otros partidos. Antonio Maidana es el 2 Secretario del PCP, cuyo secretario general es Oscar Creydt. El profesor Julio Rojas, es un héroe condecorado en la guerra del Chaco. El calabozo mide 5×5 metros y en él hemos estado 14 presos hacinados como animales durante cinco, diez y más años. Una parte de este espacio estrechísimo es una letrina que no tiene ventilación. Los presos duermen sobre el suelo. Durante el verano, la radiación solar es tan fuerte que el piso del calabozo se cubre del sudor de los presos. Durante varios años estuvo prohibido usar calentador. Los presos no podían tomar mate y los enfermos no podían tomar tés medicinales. Después de muchas gestiones de los familiares de los presos, desde hace unos meses autorizaron el uso de un calentador eléctrico pero la policía corta la electricidad cuando lo quiere, así como el agua corriente.
En el calabozo hay un obrero, Severo Acosta Aranda, que, a consecuencia de las torturas recibidas, escupe sangre. Creemos que está tuberculoso. No recibe atención médica. Todos los presos del calabozo están enfermos, sin excepción: Antonio Maidana sufre del corazón, «orno consecuencia de los vejámenes y penurias recibidas, tiene dolores reumáticos en las manos y brazos. Tiene una infección en las encías que expulsa pus todos los días. El profesor Julio Rojas ha perdido todos sus dientes en la prisión. Sufre de hemorroides, está casi sordo. El profesor Ananías Maidana sufre de sinusitis aguda, dolores en la columna vertebral, está perdiendo la vista, tiene todos los dientes flojos, sufre de hemorroides con gran hemorragia, periódicamente. El contador De la Cruz Chamorro, de 67 años de edad, héroe de la guerra del Chaco, sufre de hernia y del corazón. En varias oportunidades ha caído desvanecido por estrangulamiento de los intestinos. Un preso casi murió de apendicitis.
La comida consiste en restos de la comida de los soldados de guardia. La comida que traen los familiares está sujeta a tratamientos por la policía: en la comida de Antonio Maidana la policía echa mucha sal a propósito sabiendo que eso le está prohibido por el médico. La comida generalmente tiene un gusto extraño.
Hemos luchado, desde dentro del calabozo, por atención médica. El movimiento de solidaridad de los familiares ha golpeado la puerta de los Ministerios durante años, reclamando atención médica y medicamentos. Pero la sentencia de Stroessner es terminante: ¡Que revienten! Así ha contestado a las personas que se atrevieron a hablarle de la salud de los presos.
Los presos no salen al sol hace más de 6 años. En otros calabozos existen presos engrillados, sin poder asearse, con enfermedades en la piel, causadas por hongos.
Dr. Ignacio B. Fernández

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