Nosotros mismos llegamos al Brasil como entusiastas adherentes de la simplista creencia de que el personal y (os dineros norteamericanos eran la respuesta a la mayoría si no a todos los problemas de Brasil, y consiguientemente le fallamos al pueblo brasileño. Los brasileños inmediatamente miraron hacía nosotros para resolver sus problemas de necesidades materiales, y nosotros les dimos piedras de dependencia financiera en lugar riel pan de la libertad. Incluso nuestro número aumentó notoriamente con el número de hombres de negocios extranjeros, hasta que el extranjero abarca el 50 % del potencial económico y religioso del país.
“PROTESTAMOS contra el paternalismo norteamericano que está resuelto, no a producir autonomía e independencia, sino a perpetuar una dependencia infantil a quien ya no tiene edad para ello en medio de una comunidad de naciones supuestamente comprometidas en el principio de la autodeterminación nacional. Es este abusivo paternalismo en los sectores políticos, económicos y religiosos el que sofoca el espíritu de autodeterminación e iniciativa en el pueblo que amamos.
“PROTESTAMOS contra las compañías de negocios norteamericanas que están cosechando la crema de los dividendos en un país donde la mayoría de sus habitantes no puede satisfacer las necesidades básicos de la existencia.
“PROTESTAMOS contra una política exterior norteamericana a menudo indiferente al derecho de Brasil a determinar su propio destino. “PROTESTAMOS contra la asistencia dada por los EE.UU. a los programas de desarrollo que injustamente no toman en cuenta los necesidades de la mayoría del pueblo. “El progreso en el Nordeste de Brasil ha enjoyado los dedos y perfumado los sobacos de un pequeño número de gente ya enjoyada y perfumada.
“El poderío de una pequeña clase ha sido modernizado técnicamente y su posición «real» más firmemente establecida. Para la mayoría del pueblo, en su gran porte campesinos y obreros, el «progreso, es asociado no con mejores condiciones de vida para todos sino con desfiles del día de la Independencia del ejército de seguridad interior más grande y mejor equipado de Sudamérica, con los innumerables entusiasmos de las bandas de músicos y con los resplandecientes reportajes sobre el “progreso” que publican las ediciones especiales de los periódicos. Poro lo mayoría del pueblo, el «progreso»- es un juego ante el cual son espectadores. Su participación en el crecimiento económico es mirar a los desfiles del «progresos, aclarar sus gargantas y escupir en los caminos recién pavimentados. Debajo de los crecientes montones de saliva yace el pueblo norteamericano. Puesto que el salivazo antiamericano es el agradecimiento hacia la asistencia económica de los EE.UU. hacia lo ayuda de los EE.UU. hacia los dólares de los EE.UU. que se han ganado a costa del pueblo norteamericano.
“Los empleadas de la embajada y consulado de los EE.UU. nos habrían hecho cree que la asistencia de los EE.UU., es dada con las más puras intenciones de respaldar el crecimiento económico y la libertad política en el Nordeste brasileño. Pero muchos y muy conscientes economistas, educadores, escritores y políticos brasileños han negado claramente la pureza de las intenciones de los EE.UU., y más bien han calificado esa pretensión como una mentira y un insulto, demostrando que la base de la ayudo de los EE. UU. es el temor al comunismo y la conservación de su seguridad y la del hemisferio occidental, definido como el mantenimiento de los gobiernos o asociaciones que son abanderados del status quo y del capitalismo norteamericano. Testimonios contra la política autopreferencial de los EE.UU., prejuicios contra el derecho del Brasil a su autodeterminación y al justo desarrollo de todo su pueblo, vienen desde brasileños nordestinos tan renombrados como Celso Furtado, Josué de Castro, Miguel Arraes, Francisco Olíveira y Dom Hélder Cámara. Son voces para el pueblo, que llegan al pueblo, porque son del pueblo y conocen al pueblo. Y su crítica a la política exterior de los EE.UU., rápidamente se refleja en el antiamericanismo simple (o menudo de proporciones legendarias) del pueblo. Los EE.UU., han dañado, están dañando y continuarán dañando las vidas y libertades de muchos brasileños si continúan dando ayuda por su temor al comunismo y al inevitable cambio social.
“Nos damos cuenta del hecho de que hemos expuesto nuestra posición en un estilo muy simplista y que el problema en su conjunto es políticamente mucho más complejo y económicamente mucho más confuso. Al mismo tiempo, advertimos que una posición aun más fuerte debería ser adoptada por aquellos que tienen detrás de ellos el lujo del proceso democrático americano. Pudimos no decir nada, pero si lo hubiéramos hecho habríamos traicionado al pueblo al que hemos venido o servir. La miseria, lo esclavitud, el subdesarrollo no serán curados por el silencio, así como no serán solucionados durante la presente ocupación económica por imperios capitalistas extranjeros, entre los cuales EE.UU. se levanta como el más culpable por su arrogante y autoprotectora presencia. Es difícil y a la vez embarazoso para nosotros decir estas cosas, ya que hablamos de la nación que nos ha formado y alimentado, pero debemos expresar la verdad tal como la hemos experimentado con nuestros hermanos brasileños.

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