Considerando que la Revolución es no solamente permitida sino obligatoria para todos los cristianos, que vemos en ella la única manera eficaz de realizar el Amor para todos los hombres, proclamamos que EL DEBER DE TODO CRISTIANO ES SER REVOLUCIONARIO Y QUE EL DEBER DE TODO REVOLUCIONARIO ES HACER LA REVOLUCIÓN.
La jornada analizó un extenso temario y da a conocer en el Documento las siguientes valoraciones que se consideran de interés fundamental para la reflexión y definición de los cristianos revolucionarios y como puntos claves del temario para la Agenda del Encuentro que se realizará en febrero de 1969:
1. — Los cristianos deben participar activa y urgentemente, como ya lo están haciendo tantos hermanos nuestros, en las luchas de la Revolución Latinoamericana que en esta hora se enfrentan con mayor decisión al imperialismo norteamericano, con el ejemplo y aliento de Cuba, primer territorio libre de América.
2. — La lucha de clases debe ser asumida por todos los cristianos como una realidad de las terribles e infrahumanas condiciones en que se debaten las masas obreras y campesinas de América. Superando definitivamente los errores interesados en la interpretación de la doctrina del Evangelio, los cristianos deben incorporarse a esta lucha de clases colocándose siempre del lado de los que sufren la explotación y la dominación.
3. — Para la revolución latinoamericana hay una sola estrategia revolucionaria que enfrenta a la estrategia contra-revolucionaria del imperialismo, la OEA, el Pentágono, los gorilas y gobiernos títeres sirvientes de esa estrategia yanki. Los militantes revolucionarios deben sumarse a la estrategia de la OLAS y de los movimientos revolucionarios y de liberación nacional que solamente en la lucha reconocen a las vanguardias de la Revolución. Se denuncian las estrategias seudo revolucionarias de los partidos comunistas que participan de las directivas de Moscú y hacen el juego a la “coexistencia pacífica” y a una estéril lucha por las “libertades públicas” que son sistemáticamente conculcadas por los gobiernos. Se denuncia asimismo una pretendida línea “revolucionaria cristiana” que tiene en Frei y su fracasada experiencia, su máximo exponente y que se refleja en las actitudes “progresistas” y “desarrollistas” del CELAM.
4. — Nuestra lucha no reconoce fronteras y se inserta en la lucha de los pueblos del Tercer Mundo. Nuestro deber revolucionario nos plantea la solidaridad militante con el Tercer Mundo, con los millones de hombres que mueren de hambre y enfermedades. Al señalar el fracaso de los pretendidos esfuerzos para resolver los problemas del Tercer Mundo y en especial el reciente fracaso de la conferencia de Nueva Delhi, tomamos conciencia de la contradicción más violenta de nuestros tiempos, entre los países ricos y los países empobrecidos, entre las potencias explotadoras y las naciones saqueadas, entre todas las formas del imperialismo y la humanidad que ha dicho BASTA.
5. — La reflexión sobre el papel de la Iglesia en esta hora de América Latina considera que la acción de Juan XXIII y del Concilio Vaticano no ha conseguido modificar sustancialmente la visión de las jerarquías y de la Iglesia que, en el mejor de los casos, han realizado tibias experiencias “progresistas” que no reflejan en las masas populares ni en las comunidades el verdadero sentido del mensaje que el Evangelio ofrece a esta hora de la historia y que se debería traducir en los hechos en la acción revolucionaria por la Liberación de todo el hombre y de todos los hombres.
6. — La posesión y utilización de cuantiosos bienes materiales y la participación de la Iglesia en empresas capitalistas y explotadoras sigue siendo un grave escándalo para nuestro continente. Respondiendo a justas críticas y denuncias, algunos sectores han pretendido tranquilizar sus conciencias realizando reformas, donaciones y cambios en este sentido, pero está comprobado que en la mayoría de los casos se trata de buscar una adecuación a los tiempos o de lograr, mediante la propaganda sin contenido, una imagen más accesible y “potable” de la Iglesia que no llega a ser nunca “la Iglesia de los pobres”.
7. — Tomando conciencia de la grave responsabilidad que corresponde a católicos y cristianos de todas las confesiones, consideramos que en muchos países de America Latina, la Iglesia opera como un real “factor de poder” que, significativamente, siempre está aliado a los militares y a los otros factores de poder político o económico que son el sustento de todo régimen de explotación. En casos concretos de cada país se ve claro este rol de la Iglesia contrario a su verdadera misión y se sienten al mismo tiempo los efectos negativos que se producen por la utilización de la Iglesia por parte de los gobiernos, como cómplice en sus atentados a la dignidad y a la libertad de la persona humana.
El cristianismo hoy es utilizado como ideología del régimen de explotación. El capitalismo, sin mística propia, usa banderas cristianas para justificar sus crímenes. En nombre de la defensa de la civilización occidental y cristiana se defiende el privilegio de unos pocos y la miseria de la mayoría. Sin esas justificaciones quedaría patente que su único sustento real es la fuerza pura, los ejércitos sirvientes de los poderosos. El evangelio de los pobres se convirtió en el evangelio de los ricos.
8. — Analizando y profundizando la forma de penetración del imperialismo en América Latina, descubrimos también la responsabilidad por los numerosos y cada vez más escandalosos hechos en los cuales se patentiza de qué manera el imperialismo norteamericano aprovecha las estructuras y motivaciones religiosas como una nueva forma de penetración y dominación. Desde el apoyo de la CÍA a organizaciones internacionales cristianas hasta la colaboración en el espionaje, el imperialismo yanki realiza toda clase de actos más o menos encubiertos de penetración a través de la Iglesia católica y la mayoría de las Iglesias protestantes. La jornada se propone realizar una investigación profunda y exhaustiva para que la denuncia de estos graves hechos pueda ser ilustrada en toda su dimensión y en todos sus detalles y para que este esclarecimiento sirva como un elemento más para la lucha.
9. — En la construcción de la Sociedad Socialista, a los cristianos revolucionarios les corresponde participar junto a todos los hombres en la realización del hombre nuevo. El derecho a esta participación, leal e integral, en la destrucción de todas las explotaciones y alienaciones del hombre y en la construcción del socialismo, los cristianos se lo han de ganar luchando y sacrificándose con un auténtico sentido de servicio y con una mística revolucionaria de Amor que los coloque siempre en la avanzada de la lucha y’ en la integración de la vanguardia con estos dos únicos privilegios que autentifican la vida revolucionaria: LA POBREZA Y LA PERSECUCIÓN. Al considerar las experiencias socialistas en las cuales la Iglesia y los cristianos, a pesar de los cambios y transformaciones sociales, no han reconocido todavía su misión de fermento, de servicio y de muerte —como únicas condiciones para la Resurreción y la Gloria— una preocupación muy severa corresponde destacar: que en América Latina, la construcción de la sociedad socialista, no sirva a la Iglesia y a los cristianos como una nueva forma de “acomodarse”, de “ubicarse”, de “situarse”, sin transformarse, sin evangelizarse, sin convertirse y volver a sus auténticas fuentes y vivir así solamente la revolución permanente del Amor. En este sentido hay ejemplos lamentables de estados socialistas en los cuales la Iglesia ha obtenido nuevo “status” y no se ha modificado en nada su función en la sociedad. En cambio, la Cuba socialista, presenta para los cristianos del continente la única y excepcional experiencia y es muy grande en este sentido la responsabilidad de los cristianos cubanos. Cuba es para los revolucionarios de América el lugar del encuentro y para los cristianos de América el signo de la participación en la lucha liberadora y la señal de definición en la acción revolucionaria.
10. — Uno de los temas claves de la reflexión y debate de la jornada lo constituye la relación entre Cristianismo y Marxismo y el llamado “diálogo”. Con el criterio más unánime y claro, se fija una posición contraria al llamado “diálogo católico-marxista”. Este “diálogo” está promovido desde las “Jerarquías Eclesiásticas’ y desde las “Jerarquías Partidarias”: tanto los católicos como los comunistas que intentan transplantar en nuestra América este típico producto europeo, participan en un aparente diálogo promovido “de secta a secta” y de “burocracia a burocracia”, que no tiene ninguna repercusión ni eco en las bases. Y lo que es más grave: es un “diálogo” para apaciguar, para contener, para frenar el verdadero diálogo revolucionario que se da entre todos los militantes —sin distinciones ideológicas o religiosas— a nivel de la acción común, de la lucha coordinada, del enfrentamiento al único enemigo común. Reconocemos la importancia y la significación del marxismo en esta etapa histórica de liberación de los pueblos. Nos unimos con todos aquellos marxistas y con todos aquéllos que trabajan para hacer la revolución. Rechazamos el diálogo de grupo a grupo, para empezar a actuar juntos y dialogar con el pueblo y con la realidad. Asimilamos todo lo que hay de útil en el marxismo como método de acción y de análisis y creemos que todos, marxistas y cristianos, saldremos modificados por esa participación en el proceso popular. La ideología no será repetición de viejas fórmulas de un cristianismo individualista, ni copia de marxismos ajenos. Será la creación de algo nuevo, nacido de las realidades nacionales y de los procesos populares; con eso se debe “dialogar”, y a eso hay que sumar el aporte de cada grupo y de cada hombre.
Al formular este llamamiento, y al fijar estos temas como algunos de los que se deberían considerar en el “Encuentro Latino Americano CAMILO TORRES”, lo hacemos levantando la figura y la vida del sacerdote guerrillero que es el signo de nuestra lucha cristiana y revolucionaria y que por su lealtad a la revolución hasta las últimas consecuencias, hasta la muerte, es el símbolo más alto del compromiso y de la entrega al servicio de la causa de Liberación, que Camilo vivió con una intensidad y generosidad que han conmovido a toda América:
HACEMOS ESTE LLAMAMIENTO A TODOS LOS CRISTIANOS QUE SIENTAN EL DEBER DE SER REVOLUCIONARIOS, HACEMOS ESTE LLAMAMIENTO PARA QUE CON LA MAYOR URGENCIA Y DECISIÓN SE INTEGREN EN LA LUCHA REVOLUCIONARIA, SIGUIENDO EL EJEMPLO DE CAMILO TORRES, HACEMOS ESTE LLAMAMIENTO PARA QUE JUNTO A LOS HOMBRES QUE TIENEN VOCACIÓN Y CONDUCTA DE VANGUARDIA, DEMOS NUESTRA VIDA POR LA LIBERACIÓN DE TODO EL HOMBRE Y DE TODOS LOS HOMBRES DE NUESTRA PATRIA GRANDE.
Buenos Aires, junio de 1968.

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