Los hechos ocurridos en los últimos meses en Brasil, Uruguay, Paraguay y en nuestro pais señalan una serie de enfrentamientos de los sectores más radicalizados de la Iglesia con los respectivos gobiernos y en especial con las dictaduras militares de Argentina, Paraguay y Brasil.
La crisis entre la Iglesia y el Estado se ha agudizado principalmente en el Brasil a raíz de las acusaciones, detenciones y torturas que el régimen impone a los sacerdotes y laicos cristianos comprometidos en la lucha revolucionaria. En el Paraguay ha sucedido otro tanto y ha quedado demostrada la saña de la dictadura contra toda posición y la brutalidad de los verdugos policiales en su trato a los presos políticos. En nuestro país el enfrentamiento con el gobierno se da a través de las continuas denuncias sobre la situación económica, social y política de los trabajadores y de los sectores marginados; a estas denuncias se sumaron las irritaciones producidas por el acto presidencial de Consagrar el país a la Virgen de Lujan, Este episodio, de grotesca significación y utilización política, no contó con la aprobación de la mayoría del Episcopado Argentino y dio lugar a que se levantaran las voces más autorizadas de obispos, sacerdotes y laicos repudiando la absurda iniciativa oficial.
Creemos necesario destacar dos aspectos fundamentales en el análisis de estos enfrentamientos con el poder y el orden constituido sobre bases de injusticia y opresión:
1) Las denuncias de la violencia institucionalizada y de todas las situaciones de explotación que sufren los pobres (ej.: obispos de Neuquén, La Rioja, Formosa, etc. que salen a cumplir con su deber alertando sobre los aspectos de la injusticia social y económica). Estas acciones que forman parte de la misión profetice de la Iglesia, y que son asumidas solamente por un grupo de obispos, hacen detonar situaciones políticas criticas para el gobierno y el régimen capitalista, teniendo en cuenta el peso de factor de poder que tienen todavía los obispos en nuestro país.
Es muy notable el malestar que se observa en los sectores del gobierno cada vez que los cristianos toman partido por los pobres y se enfrentan con los poderosos y explotadores.
2) Las acciones concretas de compromiso en la lucha de los pobres, en la tarea de la liberación nacional y social, que asumen los cristianos convencidos del deber de ser revolucionarios (ej. los curas obreros encarcelados junto con sus compañeros, los sacerdotes de villas compartiendo la suerte y la lucha de miles de marginados, los militantes cristianos perseguidos, torturados o asesinados como Gerardo Ferrari, la participación de cristianos en grupos y tendencias revolucionarias, etc.).
Estas acciones que forman parte de la guerra de liberación del pueblo colocan al régimen en una situación mucho más delicada por cuanto debe aplicar toda la represión y toda la violencia del sistema contra militantes a los que no pueden descalificar con meras etiquetas «comunistas» y a los que debe reconocerles una ieal consecuencia con la «subversión» que surge del Evangelio, el Concilio Vaticano II y las conclusiones de Medellín.
En ambos casos, en la profecía o en la acción para la liberación, se le plantean al enemigo fisuras muy hondas en su frente interno ideológico autocalificado de «occidental y cristiano».
La «solidaridad cristiana» tantas veces invocada para justificar la política económica de entrega al imperialismo norteamericano y de miseria para nuestro pueblo, es ejercida en cambio y con otros métodos por los militantes cristianos revolucionarios, por los Sacerdotes para el Tercer Mundo y por los obispos que hacen oír su voz para denunciar y exigir justicia.
El mismo fenómeno que observamos en nuestra realidad nacional se revela en la realidad latinoamericana: la denuncia de un Helder Cámara, del Episcopado Paraguayo y Uruguayo, de los sacerdotes de Golconda, de los sacerdotes peruanos de la ONIS y de tantos grupos cristianos de América latina, por una parte; y la acción revolucionaria de los curas dominicos junto a Marighela, de sacerdotes y seminan ¡las ligados a los Tupamaros y militantes cristianos Incorporados organizativamente a la lucha revolucionaria en casi todos los países de América latina, por otra.
La profecía y la acción se dan en nuestro país y en América latina como las dos actitudes de los cristianos revolucionarios que enfrentan a la violencia de la explotación y del imperialismo. La profecía denuncia, esclarece, motiva, moviliza, pero no puede modificar ni transformar la realidad mientras no se convierta en acción, en acción revolucionaria, en compromiso concreto con las luchas del pueblo, en asumir los riesgos y las persecuciones que el sistema tiene preparados para aplastar todo intento de un orden nuevo, de un hombre nuevo, de una nueva humanidad.

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