Estos documentos sobre la lucha revolucionaria en Bolivia, Uruguay y Brasil adquieren una dramática significación testimonial por la heroica muerte del Comandante Inti Peredo, de los Tupamaros caídos en Pando y del líder Carlos Marighela.
A los ejemplos militantes de Camilo Torres, del Che Guevara y de todos los compañeros caídos en nuestra lucha de liberación, se suman el Inti, los Tupamaros y Maringhela como una permanente demostración del espíritu heroico de los combatientes del pueblo que han asumido en sus vidas el deber de todo revolucionario de hacer la revolución.
Estas muertes, tan unidas en la fraternidad cálida y profunda de los revolucionarios de América latina, son veladas por los compañeros en la vigilia permanente de la lucha.
Estos nombres, tan queridos y llorados por todos los revolucionarios del mundo, son repetidos por los compañeros como ejemplos que nos señalan el calino, que alientan cada una de nuestras acciones y que nos dan la fuerza de su sangre y su coraje.
Como único homenaje a estos compañeros caioos reafirmamos nuestra decisión de lucha y saludamos su heroísmo en el combate con las palabras inmortales del Che: “En cualquier lugar que nos sorprenda la muerte, bienvenida sea, siempre que ese, nuestro grito de guerra, haya llegado hasta un oído receptivo, y otra mano se tienda para empuñar nuestras armas, y otros hombres se apresten a entonar los cantos luctuosos con tableteo de ametralladoras y nuevos gritos de guerra y de victoria”.

  • La última proclama del Inti
  • AL PUEBLO BOLIVIANO:
    “Ahora sí los pueblos tendrán que contar con los explotados y vilipendiados de América latina, que han decidido escribir para ellos siempre su historia”. Aaí dice la Segunda Declaración de La Habana.
    El Ejército de Liberación Nacional se dirige a los bolivianos para decir la verdad, como es y será siempre su norma moral y política, sobre los últimos acontecimientos ocurridos en el país. Nos forjamos en las entrañas del pueblo y debemos rendir cuenta de nuestros actos. Porque en esta hora de definiciones y de combate a muerte, a él nos dirigimos.
    Durante casi siglo y medio el pueblo ha tratado de llevar adelante la lucha de emancipación iniciada por Pedro Domingo Murillo, Padilla, Lanza, Camargo, Moto Méndez, Muñecas y culminada con éxito sólo en su primera etapa por Bolívar y Sucre. Por desgracia el poder político y económico fue transferido a una oligarquía servil que delegó sucesivamente la soberanía hasta dejarla en la situación actual, convirtiendo a Bolivia en una colonia más de los Estadoi Unidos.
    El foco guerrillero de Ñancahuazú de Ernesto Che Guevara fue el grito heroico y sublime de los ideales de los líderes de la republiqueta; fue la continuación de la lucha boliviana, que va más allá plameándose la ruta del hombre nuevo cuyo prototipo fue el Che. Por eso fue combatido con crueldad y odio por los imperialistas de Estados Unidos y sus tertaferros nativos que cumplieron el papel de verdugos de sus propios hermanos, ayudados por los traidores de pose revolucionaria y la pasividad de los sectores honestos.
    Ese foco polarizó a Bolivia entre los que estaban por nuestra verdadera independencia, por un lado, y los mediatizados, traidores y seudorrevolucionarios, por otro. Es justo aclarar que una parte importante de nuestro pueblo fue engañada por el falso redentor que, en lugar de desatar sus ataque contra el verdadero enemigo, se unió al coro de gendarmes y verdugos que en pago de su cobardía le dieron como limosna lo que ellos mismos han calificado de “veranito democrático”, veranito sólo existente para ellos, ya que el pueblo siguió sometido a la brutalidad de las bayonetas.
    La derrota de nuestra primera etapa guerrillera debe causar vergüenza y tristeza a la gente honrada que por distintos motivos no se incorporó a ella. Su deber en estos momentos es entregarse totalmente a la lucha por la que han caído tantos patriotas, recoger las banderas del Che y seguir su ejemplo. El nos mostró el camino de las montañas.
    Hasta hace un mes el ELN era para muchos un fantasma que recorría Bolivia. Los sirvientes del imperialismo estaban confiados y continuaban entregando impunemente nuestras riquezas básicas, masacrando inocentes, convirtiendo a las minas en campos de concentración al estilo nazi, estimulando la matanza fratricida entre campesinos. Los traidores se regocijaban de lo que ellos creyeron el Waterloo guerrillero.
    Los reformistas hablaban de revolución mientras encañaban al pueblo participando en la gigantesca farsa de la democracia castrada, preparándole a la complicidad de la payasada electoral que impondrá el domesticado de turno ya designado como el nuevo demócrata latinoamericano. Pero el sector más esclarecido del pueblo trabajaba en secreto con abnegación y cariño en la formación del nuevo foco guerrillero.
    El Ejército de Liberación Nacional no es un fantasma. Está vivo, dispuesto a reanudar la lucha en las montañas. El ELN es el mismo pueblo explotado, una vez más agrupado bajo las banderas internacionales del Che para combatir hasta la victoria.
    Se terminó definitivamente la época en que las fuerzas de represión podían detener, torturar y asesinar impunemente a los revolucionarios. Ahora el pueblo tiene su vanguardia que está combatiendo. Ahora los verdugos saben que para detener a uno de nuestros compañeros tendrán que jugarse la vida y que si por su mayor poder transitorio vencen, lo que tendrán será el cadáver que vivirá para siempre en la historia de nuestras luchas como ejemplo de pureza, de honestidad y amor por esta tierra destinada a convertirse en el motor de la lucha por la emancipación continental.
    La realidad de una revolución verdadera ha provocado la unidad de los domesticados por el imperialismo, de los reformistas, de los seudorrevolucionarios, que ante el peligro se han visto obligados a desenmascararse formando el grotesco coro de los que defienden este sistema opresor. Pero la realidad de una revolución verdadera ha provocado y continuará provocando el nucleamiento férreo de lo mejor de nuestro pueblo alrededor del ELN.
    Si la mayoría de nuestros combatientes no ha caído es porque el pueblo los protege. Si el ELN se desarrolla es por el calor del pueblo. El ELN es un peligro para el imperialismo porque el pueblo marcha con su vanguardia, porque tiene fe en ella y porque tiene creciente esperanza en el triunfo.
    Los que mueren como Maya o caen combatiendo heroicamente como Víctor saben que tienen detrás un pueblo que adquiere cada vez más conciencia de su deber y que en un día no lejano la libertad y el poder lo recobrarán de las manos de los que lo usurparon. Ahora los que caen saben que en cualquier lugar que nos sorprenda la muerte bienvenida sea como decía el Che, porque ese nuestro grito de guerra habrá llegado a un oído receptivo. Otras manos se extienden para empuñar nuestras armas. Otros hombres se aprestan a entonar cantos luctuosos con tableteos de ametralladoras y nuevos gritos de guerra y de victoria.
    Al cumplirse casi dos años del asesinato de nuestro heroico comandante, la situación revolucionaria en Bolivia se ha enriquecido extraordinariamente. Los traidores han sido identificados y no podrán eludir el castigo del pueblo. Los reformistas ya no disimulan su ideología burguesa. Traidores y reformistas están aliados a los lacayos del imperialismo, traidores y reformistas se han sumado a las fuerzas represivas para exigir los más duros castigos a los guerrilleros que con su acción ponen en peligro esta democracia de pacotilla. Traidores y reformistas siguen lamentando que la lucha de emancipación asuste al imperialismo y a sus lacayos y les cercene sus “libertades”.
    La historia de Bolivia está plagada de masacres y mil pretextos de aprestos guerrilleros. Sin necesidad de retroceder muy lejos recordemos que los gorilas fabricaron pretextos para masacrar al pueblo en mayo de 1965. Se liquidaron los sindicatos con decretos respaldados por la fuerza de las balas. En septiembre del mismo año no se conocían aprestos guerrilleros y las minas fueron escenario de una de las más brutales masacres que se han cometido en nuestra historia.
    Centenares de obreros, mujeres y niños fueron brutalmente asesinados. La masacre de San Juan tampoco necesitó de ese pretexto porque los guerrilleros estaban en el monte y allí se les podía combatir.
    En 1968 se consideraba aplastado todo intento guerrillero y los universitarios de todo el país fueron reprimidos y perseguidos. Tampoco se necesitó pretexto para cercar militarmente las minas. Y es que el enemigo permite el “libre juego democrático” hasta el punto en que ese juego no altere su seguridad.
    Cuando esto ocurre no necesita pretexto para aplastar a las fuerzas democráticas. Una vez que éstas son desmanteladas podrán entrar nuevamente al “libre juego democrático”.
    Son estos ingenuos del libre juego democrático los que se conforman con limosnas otorgadas como paliativos. Son artistas remendones del sistema y especialistas en adormecer al pueblo, induciéndole a creer en justicias libertarias democráticas otorgadas por el enemigo. No comprenden, o por cobardía no quieren comprender, que estas migajas de libertad llegan sólo hasta el límite en que no pongan en peligro la seguridad del sistema.
    Hacer el juego a esta política del imperialismo es entrar en componendas con los enemigos del pueblo, es desarmarlo ideológicamente. Hacer creer al pueblo que no está en condiciones de tomar el poder es convertirse en agente corisciente o inconsciente del imperialismo. La revolución no se hace con declaraciones en conferencias. La revolución se hace luchando, respondiendo a la violencia brutal del enemigo con la violencia revolucionaria. La revolución no se hace mendigando o defendiendo supuestas libertades que jamás existieron. La revolución se hace entregando la vida si es necesario como lo hizo Maya y lo han hecho decenas de combatientes que con su sangre han abierto un camino que el pueblo se apresta a seguir.
    La revolución se hace respondiendo al fuego con el fuego como lo hizo Víctor, digno soldado de nuestro Ejército. ¿De qué democracia se puede hablar cuando el presidente gobierna por autorización del general Ovando, el carcelero mayor designado por el imperialismo norteamericano para oprimir Bolivia ¿De qué democracia se puede hablar cuando se cocina la elección presidencial de un general, despilfarrando desvergonzadamente los dineros del Estado? ¿De qué democracia se puede hablar cuando los agentes de la DIC, Dirección de Investigación Criminal (policía política) procediendo como bandoleros asaltan hogares, roban, apresan gente inocente, la torturan y la mantienen detenida arbitrariamente durante meses o años? ¿De qué libertad se puede hablar cuando la política exterior de este gobierno la dirige el Departamento de Estado de Estados Unidos? ¿De qué democracia se puede hablar cuando el parlamento es un circo de marionetas que maneja a su gusto el general Ovando con la disimulada complicidad de la llamada oposición? ¿De qué libertad se puede hablar cuando la política económica la dirigen el Fondo Monetario Internacional, el Banco Mundial o el BID? ¿De qué libertad se puede hablar cuando la educación en todos sus niveles la controlan el USAID, BID o las fundaciones Rockefeller o Ford? ¿De qué libertad se puede hablar cuando las minas están convertidas en campos de concentración, cercadas por bayonetas ensangrentadas para garantizar una explotación inhumana? Las minas son campos de muerte, donde el obrero agoniza diariamente, donde los niños y mujeres sufren de aguda desnutrición, donde se reciben por horas inhumanas de explotación los salarios más bajos del mundo, mientras los militares reciben los más altos del país. Las minas son campos de muerte donde la menor protesta se responde con la metralla asesina y cobarde del militar, porque el enemigo no necesita pretextos para pisotear, cuando puede, la espalda del trabajador.
    ¿De qué libertad democrática se puede hablar cuando los campesinos son utilizados como rebaños por caciques corrompidos,” se les induce a matarse entre hermanos, se los obliga a proclamar candidatos o se les violenta para apoyar a sus propios masacradores? Se les quita el más elemental sentido de dignidad. ¿De qué libertad puede hablarse cuando miles de campesinos emigran anualmente a los países limítrofes en
    busca de trabajo para poder sobrevivir? Testigos de esa inmensa tragedia son los cañaverales de Argentina, las salitreras de Chile y los gomales de Brasil.
    ¿De qué libertad se puede hablar cuando el empleado público es chantajeado para inscribirse en el partido de turno en el poder, asistir a manifestaciones de apoyo a los “gorilas” y firmar votos y felicitaciones que rebajan su dignidad?
    ¿De qué libertad se puede hablar cuando el niño pobre, que es la mayoría de Bolivia, tiene que abandonar sus estudios para realizar trabajos de adulto que le permitan comer un mendrugo? ¿De qué libertad puede hablarse cuando los hijos de obreros y campesinos no pueden entrar a estudiar a la universidad por falta de recursos económicos? ¿De qué libertad se puede hablar cuando se balea, apalea o gasea al universitario que sale a la calle a pedir una pequeña mejora y la autonomía universitaria es restringida a su mínima expresión, porque las universidades están hipotecadas al BID, USAID o a las fundaciones extranjeras?
    ¿De qué libertad se puede hablar cuando los bachilleres son rechazados de las universidades por falta de capacidad en los locales o carencia de profesores y de presupuesto? ¿De qué libertad se puede hablar cuando el profesional universitario no encuentra trabajo en el país y tiene que emigrar a Estados Unidos o Europa, o si encuentra trabajo, los países desarrollados lo encandilan con más dinero, ahorrándose así la formación tecnológica? La fuga de inteligencias es otro robo que nos hace el imperialismo.
    ¿De qué libertad se puede hablar? ¿De la de organizar sindicatos? Ellos han sido destruidos violentamente y a los que se les permite su subsistencia es bajo la amenaza de los decretos de mayo que dosifican la lucha sindical. Las reivindicaciones económicas han sido ahogadas en masacres.
    Nosotros no somos enemigos de la organización sindical ni de las luchas reivindicativas, pero estamos seguros que ése no es el camino para llegar al poder. Sólo se obtendrán paliativos que prolonguen un poco más la capacidad de sufrimiento del pueblo. La solución definitiva es el cambio de sistema y esa solución la ofrece el ELN.
    Las condiciones revolucionarias de Bolivia se han enriquecido porque un amplio sector del pueblo, que cada día crece, está comprendiendo quienes son sus enemigos y quién su vanguardia. Sectores de opinión de la iglesia católica, que tradicionalmente jugaron un papel si no reaccionario, pasivo, junto con otros sectores, al acercarse más al pueblo y palpar su miseria han comprendido la necesidad de un cambio y al intentar remplazado por medio de reformas son perseguidos, acusados y calumniados.
    Esto los está conduciendo al ancho cauce revolucionario en el cual se encontrarán los que realmente quieren la libertad de Bolivia y de América latina.
    Y esta tarea catalizadora la cumple el foco guerrillero, el que aun antes de presentarse en el monte va provocando sus efectos. Es el foco guerrillero el que ha sensibilizado al pueblo, el que los está uniendo en torno al único camino que se vislumbra para conseguir su objetivo: la guerra. La que los protege y los estimula. La unidad de los auténticos revolucionarios se está produciendo a pasos de gigante. Por eso vemos nuestro futuro como lo pronosticara el Che: grande y cercano.
    El ELN, fundado por el Che en el fragor del combate en Ñancahuazú, ha conocido victorias y derrotas pero siempre ha mantenido y mantendrá el espíritu que nos legó nuestro Comandante.
    El ELN no es una supuesta organización, como dicen algunos. El ELN existe, está vivo en las entrañas del pueblo. El combate del YURO no fue el último ni nos destruyó. El golpe fue duro, máxime por la pérdida del revolucionario más completo de nuestros tiempos. Sin embargo, en esta etapa histórica y hoy se han producido acontecimientos que han remecido las conciencias en Latinoamérica.
    Los enemigos lanzaron prematuramente sus gritos de victoria, porque nuestro Ejército no fue aplastado ni abandonamos jamás la obligación sagrada de volver a las montañas. Esta es la verdad y debe conocerla el pueblo de Bolivia. Los que dudan de nuestros aprestos para volver a la lucha, tratan de engañar al pueblo para ocultar su cobardía. Y esta lucha guerrillera, que emprenderemos cuando sea oportuno hacerlo, no se detendrá hasta que Bolivia y América toda queden libres de opresión.
    Por eso el deber de todo revolucionario, en esta hora de definiciones, es incorporarse decididamente a esta lucha sin claudicaciones para acelerar la victoria. Pero que nadie se engañe. Esta es una lucha larga y cruel y se dará con los caracteres más violentos, más sangrientos. Ambas condiciones están impuestas por el enemigo que no entregará jamás, sin combate, su botín.
    La lucha guerrillera es, sin embargo, la única esperanza de victoria y haremos la guerra no por mentalidad guerrerista sino, como decía el Che, porque nos empujan a la lucha. No hay más remedio que prepararse y decidirse a emprenderla.
    Cuando en julio de 1968 yo lancé un manifiesto explicando al pueblo los alcances de nuestra lucha y las caucas de sus victorias y derrotas, muchos creyeron que esa era “honrosa retirada”. Una vez más se equivocaron. Abandonar la lucha es una cobardía que la historia castigará implacablemente y los hombres formados por el Che no claudican ni se rinden. Los enemigos abiertos y solapados, los que batieron palmas cuando murió el Che, los que pregonaron la defunción de la lucha guerrillera, los que creyéndonos muertos se dedicaron a calumniarnos, están ahora temblando. Aquí estamos organizados con nuestros mejores cuadros, reiniciando la lucha.
    Los últimos sucesos así lo han demostrado. Hemos sufrido algunos golpes pero ya el pueblo vibrará con las victorias en las selvas y en las ciudades de Bolivia y en todo el continente. El pueblo de Bolivia tiene una enorme responsabilidad ante la historia, pues la lucha en nuestro país, por su situación política y geográfica, tiene un enorme peso sobre esta parte del continente. Ella acelerará la acción en otros países y por ese hecho los gorilas vecinos vendrán a librar su batalla en nuestro territorio. Pero el pueblo boliviano, consciente de su deber, no rehusará esta obligación.
    Bolivia, que dio el primer grito libertario en América contra el yugo español, contó para su liberación con patriota? de todo el continente, por esa su importancia geopolítica. La consolidación de la emancipación americana estaba en dependencia de la libertad boliviana. Bolívar y Sucre son los exponentes máximos de esa epopeya. En la nueva y definitiva liberación de América, Bolivia nuevamente contó en sus filas con lo más esclarecido que ha dado la revolución continental, el Che y una legión de héroes de diversas nacionalidades que lo acompañaban.
    El imperialismo norteamericano no cederá fácilmente sus posiciones. Utilizará todos los medios a su alcance para aplastarnos como lo hace en Vietnam, pero al igual que ese heroico pueblo, el nuestro sabrá vencer a sus verdugos.
    El balance de los últimos hechos debe ser juzgado con serenidad. El ELN ya no es un fantasma que corre Bolivia, es la esperanza del pueblo, su instrumento de liberación, su ejército que asume la defensa de explotados y oprimidos. Esta realidad debe ser medida en toda su magnitud. Es cierto que hemos cometido errores y como es obligación revolucionaria, lo reconocemos y debemos corregir. Pero es cierto también que son errores que se cometen en el trabajo, tropiezos que da el que marcha, tropiezos que no cometen los que sólo miran esa marcha. También es cierto que en la guerra se pierden algunas batallas sin perder la guerra. Es posible incluso que el enemigo inflija otra derrota, pero esto no significará que seamos destruidos. La muerte de Murillo, Padilla, Warnes, no significó la muerte de las armas patriotas. El asesinato del Che no significó la muerte de la revolución. Mientras existan en América hombres honestos y valientes, el triunfo de la revolución está garantizado. Es cierto que confiamos en sectores ideológicamente débiles; esta debilidad en el trabajo permitió la penetración del enemigo, la delación y la traición; los golpes, dolorosos por cierto, en que hemos perdido cuadros de gran valor, nos han hecho tomar el camino correcto. Sin embargo, los culpables no quedarán sin sanción. Los traidores y delatores serán ajusticiados, como lo fue Honorato Rojas por su conducta vil y miserable. La misma suerte correrán los esbirros que hayan flagelado, torturado o vejado a aquellos compañeros que han mantenido una conducta digna y honesta. Pero es cierto también que los acontecimientos han sido magnificados. Se ha querido mostrarnos comprometidos con partidos políticos. El ELN no tiene ningún pacto ni acuerdo con partido alguno. No han caído “documentos de gran valor” como ha proclamado eufórico el Ministro de Gobierno. Es falso que en poder de Víctor se hubiesen encontrado libretas evaluando la capacidad de los combatientes. No hay mensajes en poder del gobierno. Es falso que haya caído gran cantidad de pertrechos bélicos. Sí, hemos perdido una parte que la recuperaremos combatiendo. Las maniobras efectistas sólo tienden a desmoralizar al pueblo pero no lo han conseguido, pues hoy, con más fervor que nunca, nos está protegiendo y participando en la lucha.
    Se ha querido especular con la “participación” en nuestro Ejército de elementos extranjeros. ¡Qué ironía! Los empleados de la CÍA condenando la intervención extranjera. El ELN, educado en el espíritu intemacionalista más puro, acepta en sus filas a los revolucionarios de cualquier parte, con el único requisito de luchar con las armas en la mano por la liberación de nuestro pueblo. Los revolucionarios que combaten o combatirán en Bolivia no vienen a explotar a nadie, no se llevan la riqueza de nuestra tierra. Vienen a entregar su sangre, si es necesario, en aras de la liberación de nuestro pueblo que será también la liberación de sus respectivos pueblos. Por eso la participación de combatientes de otras nacionalidades en nuestro Ejército no es solamente un derecho, es una obligación de todo revolucionario, como lo fue siempre y lo legitimaron la lucha por la Independencia y la lucha actual.
    Se acusa a Cuba de ser la organizadora de nuestro movimiento mediante falsas u obligadas declaraciones de supuestos “enlaces”, cuyas versiones ya nadie cree. Si de algo puede culparse a la Isla de la Libertad, es del ejemplo que emana de su firme actitud revolucionaria.
    Se ha tratado de culpar al ELN de una serie de atentados dinamiteros ocurridos últimamente, atentados hechos por el Ministerio de Gobierno y los militares como método de trabajo. El ELN no es una organización terrorista. Las acciones de represalia y abastecimiento que realice nuestro Ejército serán confirmadas mediante sendos comunicados, donde se expliquen los motivos de esa acción.
    Estamos caminando en los umbrales de una nueva etapa histórica. La batalla iniciada en Ñancahuazú e interrumpida brevemente ha vuelto a comenzar. El camino es largo y lleno de sacrificio. Estamos dispuestos a entregar nuestra modesta cuota, lo único que tenemos: la vida.
    Habremos de lograr la libertad de Bolivia y la felicidad de nuestro pueblo. Tenemos fe en el triunfo final porque detrás nuestro se levanta un pueblo que fue vejado durante un siglo y medio, pero que ahora ve en el horizonte su instrumento de liberación.
    ¡Pueblo de Bolivia al combate! ¡Volveremos a las Montañas!
    ¡Victoria o Muerte!
    Inti Peredo

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