• Reportaje al Nuncio Papal en La Habana
  • —¿Qué situación guardan las relaciones entre el gobierno de Cuba y la Iglesia Católica? ¿Existe alguna persecución? ¿Se han cerrado los templos?
    —Las relaciones existentes entre el Gobierno y la Iglesia son muy cordiales. No se ha desatado persecución de ninguna índole contra los sacerdotes; tampoco se han cerrado templos, ni se han interrumpido los servicios religiosos. Recientemente un individuo intentó el robo de un avión de pasajeros en pleno vuelo y dio muerte a varias personas. Al frustrarse este acto criminal se dio a la fuga y logró esconderse en un convento. El gobierno detuvo al superior de la orden religiosa, pero deslindadas las responsabilidades, sólo se dictó sentencia contra un fraile que había brindado asilo al culpable, sentencia que consiste en trabajos agrícolas en las granjas del Estado. Y es que el gobierno únicamente castiga a quienes violan la ley y realizan una labor contrarrevolucionario. Por otra parte creo que sería conveniente hacer alguna comparación en cuanto a las relaciones entre la Iglesia y el Estado en otras naciones… Recuerdo que en Yugoslavia, donde se me designó representante del Papa, los templos fueron clausurados, se desató una implacable persecución religiosa y yo mismo fue expulsado del país. En cambio aquí, en Cuba, nación socialista, no ha ocurrido nada de eso. El gobierno de Castro ha sido muy consecuente.

    —¿Cómo ve usted el porvenir de la Iglesia Católica dentro de un régimen socialista como el de Cuba?
    —Yo considero que la Iglesia está consciente del cambio de sistema ocurrido en este país es un hecho incontrovertible que ya no se dará marcha atrás. Por tanto, la Iglesia debe adaptarse a los cambios, como lo ha demostrado en Europa, y concretarse a sus obligaciones como madre y guía espiritual.

    —¿Es cierto que antes del triunfo de la Revolución el clero cubano se solidarizaba públicamente con la dictadura de Batista?
    —Efectivamente, es cierto que muchos sacerdotes se habían olvidado de sus obligaciones para con el pueblo y carecían de espíritu de entrega y de sacrificio. Sin embargo, sería conveniente y necesario explicar que eso no quería decir que la Iglesia estuviera al lado del opresor. Los Mandamientos de Jesucristo son claros y precisos; pero unos los siguen y cumplen y otros no. Por eso no puede ni debe identificarse con la Iglesia a aquellos sacerdotes que se solidarizaban con la dictadura. Ellos obraron mal; pero también tenemos el caso del padre Sardinas, que desde el principio se incorporó a las guerrillas de Fidel Castro en la Sierra Maestra y obtuvo el grado de Comandante y fue también miembro del estado mayor al triunfo de la Revolución, al mismo tiempo que ejercía sus funciones de cura en una de nuestras parroquias de la capital. El padre Sardinas era un sacerdote ejemplar, convencido de su apostolado y de su deber de entrega incondicional al pueblo cubano. Su sotana, en lugar de ser negra, era ven le oliva; en vez del alzacuello tenía las solapas en las que lucía la estrella de comandante.

    —Algunas agencias noticiosas y los contrarrevolucionarios suelen recurrir a la figura del sacerdote católico para distorsionar la verdad sobre la situación en Cuba y difamar al gobierno. ¿Cuál es, monseñor, su actividad al respecto?
    —De Cuba se dicen cosas increíbles, pero la mentira a nada conduce y así es cuando se dice con pleno conocimiento de causa, un grave pecado. Por ejemplo, hace algunos días se publicó algo verdaderamente ignomioso: se afirmó que los presos políticos cubanos eran fusilados para enviar su sangre a Vietnam. La noticia pasó por los cables y el diario oficial del Vaticano la publicó como cosa cierta. Cuando la leí me produjo gran indignación e inmediatamente envié una carta al director del rotativo, desmintiendo tal información y suplicándole, al mismo tiempo que en adelante, cuando se tratase de asuntos de Cuba, no se publicase nada sin mi visto bueno. ¿A qué conduce todo eso? También se dan numerosos casos de mujeres que critican al régimen socialista y lo presentan como enemigo irreconciliable del catolicismo; pero estas mismas mujeres no se dan cuenta de la clase de vida que llevan en familia. Recuerdo el caso de una de estas “católicas” que realizaba una “cruzada” contra el gobierno de Cuba y que divorciada dos veces tuvo la desvergüenza de invitar a sus numerosos familiares y amigos a su tercer matrimonio. ¿Es esto ser católico?

    — ¿Considera usted que un católico puede ser revolucionario? ¿No existen para los católicos dificultades para obtener trabajo?
    —¿Y por qué no ha de ser revolucionario un católico? Si una muchacha —y esto ocurre a menudo— me pregunta si puede ingresar en las milicias, yo le aconsejaría que sí, porque un católico debe tratar de ser el ejemplo donde se encuentre, y debe también ser el primero en los llamados del gobierno que tiendan al bienestar del pueblo. Por otra parte, que yo sepa, un católico no tiene aquí problemas para obtener trabajo, puesto que se necesita precisamente de gente que trabaje.

    — ¿No cree usted que las nuevas generaciones cubanas se han desligado de la Iglesia Católica al adoptar la ideología marxista?
    —Sí, las nuevas generaciones son marxistas. Es innegable que aquí en Cuba se construye una sociedad comunista, y para eso el Gobierno tiene que contar con la juventud y ha puesto cuanto está a su alcance para lograrlo. Cualquier organismo o institución religiosa o laica haría lo mismo.

    — ¿Cuál es en su opinión, el mejor acierto del gobierno de Cuba?
    —Sin duda alguna el trabajo desarrollado en materia de educación. Realmente es un recreo para la vista el contemplar a tanto joven becario, y es motivo de elogio la casi eliminación del analfabetismo en Cuba en tan ñoco tiempo m

    —¿Existe problema religioso en Cuba? ¿Estima usted incompatible el ser católico, por ejemplo, con la fidelidad a la Revolución Cubana? ¿Cuáles son las experiencias a ese respecto?
    —No existe ningún problema religioso o ambiente de tensión entre el gobierno revolucionario y la Iglesia Católica; nuestras relaciones son normales. Es más, el Vaticano ha destinado a un hombre joven, inteligente, como lo es su delegado en Cuba, monseñor Zachi, quien ha comprendido perfectamente el cambio social que se desarrolla en este país. En Cuba, ¿mientras no lleven a cabo labor de contrarrevolución, no se procede contra nadie. La Iglesia Católica fue al principio utilizada por la oligarquía para combatir los cambios revolucionarios. Hay que tener en cuenta que en Cuba la religión católica estaba muy poco difundida entre los campesinos, y bastante poco entre los sectores humildes. En cambio la gran burguesía j los terratenientes se habían educado en escuelas católicas. Esto trajo al principio algunos inconvenientes, pues esta clase trató de involucrar a la Iglesia en la lucha social. Pero tales problemas fueron superados; actualmente la Iglesia Católica se limita esencialmente a sus funciones eclesiásticas, y mientras ¡sus representantes cumplan con eso no habrá ningún problema. Por otra parte, considero que no existe ninguna incompatibilidad entre ser católico y guardar fidelidad a la Revolución. Tenemos el caso del padre Sardinas, comandante del ejército rebelde, párroco en La Habana y miembro del Estado Mayor. Al morir de una afección cardíaca, el Gobierno lo enterró con los honores militares correspondientes a su alta investidura. El padre Sardinas fue combatiente del Movimiento 26 de Julio desde la Sierra Maestra; como el padre Camilo Torres, de Colombia, fue un sacerdote que escogió el camino de la revolución como única vía posible para la liberación del pueblo; optó por un camino diferente al de la oligarquía eclesiástica de Colombia. Y si esto lo hizo un sacerdote que dio su vida por la revolución, ¿por qué no habrían de hacerlo un católico o un protestante o un mahometano? Entre los patriotas que combatieron en Girón seguramente había hombres de distintas creencias religiosas. Eso no se le pregunta a nadie. En los recientes Juegos Centroamericanos hubo atletas nuestros que participaron y triunfaron en las competencias y que profesan la religión Católica. Cuba es una gran familia en cuyo seno todos sus hijos trabajan por un porvenir de felicidad. En esta casa únicamente tendrán dificultades los que pretendan destruirla. Por otra parte, las iglesias permanecen abiertas, los sacerdotes dicen misa todos los días; en fin, el Estado no entorpece ninguna de sus labores. Cualquier religioso o religiosa puede caminar por las calles de La Habana con su hábito, cosa que no se puede hacer en algunos países de América Latina. Hay hospitales baja cuidado de monjas… ¿Qué más puede pedírsenos?

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