Las contradictorias declaraciones de diferentes representantes de la dictadura, respecto de la salida política, que toda la ciudadanía espera y desea como medio de liberarse de la pesadilla que le impone un gobierno que nadie eligió (Lanuse y Guevara anunciando salidas políticas diferentes o Imaz negándolas a plazo más o menos prudente) no significan, de ninguna manera, confusiones dentro del elenco del gobierno, como muchos creen.
No es otra cosa que una política de confusión, coherentemente instrumentada, con la finalidad, sí, de llevar confusión a la ciudadanía y desbaratar los planes de oposición al gobierno que no presenta posibilidades de “adivinar” cuál será la situación que servirá de base para instrumentar planes políticos de enfrentamiento, desde el momento que todas las organizaciones y movimientos políticos nacionales, supeditan su acción, fundamentalmente, a lo que hace el gobierno, actuando a lo sumo de contragolpe, sin concebir una estrategia propia, dentro de una situación configurada por elementos muy variados, donde la dictadura juega sólo una parte, pero en la que los fundamentos son, el Pueblo, que nada tiene que ver con la dictadura y los grandes intereses monopolices, que se mueven dentro de una política imperialista que dicta normas a la dictadura.
Nosotros los peronistas revolucionarios no nos confundimos. Vivimos la situación real del país y del mundo, y dentro de ella configuramos nuestra estrategia, de acuerdo con nuestros objetivos, que son los objetivos del Pueblo de la patria. Por ello formulamos nuestra idea sobre la salida política, en este momento crucial, que nada tiene que ver con la salida que intentará la dictadura buscando prolongar la agonía del régimen.
Con la finalidad de alertar a la organización del Peronismo Revolucionario, y a fin de que disponga de elementos de trabajo para llegar al esclarecimiento de los activistas de base y a todos los compañeros que integran las distintas organizaciones, hacemos conocer nuestra opinión sobre el asunto, previa determinación de la situación objetiva, concreta y real y de la formulación de los objetivos que consideramos imprescindible alcanzar. Estas dos formulaciones previas (situación y determinación de objetivos) nos permitirán después de un análisis determinar los métodos para alcanzar tales objetivos, es decir, nos permitirá plantear la estrategia política del Peronismo Revolucionario.

  • La situación
  • La situación actual está caracterizada por:
    a) En el orden de la política internacional
    Argentina es, dentro del panorama internacional una semi-colonia del imperialismo yanqui, ubicada en un continente que vive un proceso permanente revolucionario, anti-imperialista y anti-capitalista.
    b) En el orden interno
    Está gobernada por una dictadura militar, representante del Imperialismo y de las fuerzas reaccionarias que les sirven y que comparten ganancias con él, en detrimento del pueblo trabajador que es explotado en su trabajo y del país en sus riquezas, con las consecuencias consiguientes. Esa constante política, influencia del imperialismo, capaz de desequilibrar cuando sea necesario para sus intereses la relación de fuerzas a favor de. la reacción, en la alternativa “revolución – contrarevolución”, hace suponer que la lucha revolucionaria tendrá carácter prolongado.
    De la ubicación de Argentina en un continente que vive un proceso revolucionario permanente anti-imperialista y anti-capitalista y que al mismo tiempo constituye la fuente de mayores reservas de alimentos y de materias primas necesarias para mantener la producción de la industria norteamericana, deviene el carácter continental de la revolución, la necesidad de coordinar con los movimientos revolucionarios continentales y otra característica insoslayable, el carácter violento o de lucha armada que imprimirá el imperialismo a la acción antes de perder tales reservas estratégicas (que explota a su antojo) y, por lo tanto, la necesidad de estar preparados para responder con la violencia popular a la violencia del sistema. La clase obrera, la pequeña burguesía, el campesinado, particularmente el del norte y aquellos sectores nacionales no comprometidos con el imperialismo, en suma los explotados, representan las fuerzas potencialmente revolucionarias. Particularmente, la clase obrera tiene una trayectoria de lucha objetivamente revolucionaria de carácter espontáneo, pero las tácticas limitativas en el orden operacional que derivan de las estructuras sindicales en que se inician, sin dirección política revolucionaria ni estrategia de poder, terminan por agotarse en su propio esfuerzo.
    Las fuerzas reaccionarias son grandes y poderosas y están unidas alrededor de la dictadura, de un poderoso ejército, de los monopolios y del imperialismo. Sus contradicciones internas ? no son tan grandes como para poner en peligro al sistema 1 hasta tanto no se desarrolle un proceso revolucionario de importancia o una catástrofe económica —perspectivas que son posibles— pero que revisten carácter secundario en relación con la contradicción principal que es: el imperialismo y la oligarquía por un lado y la clase obrera y los sectores no comprometidos por el otro. Esta última conclusión delimita perfectamente bien los dos campos de acción y la conclusión final que para combatir al sistema no se podrá nunca hacerlo desde dentro del mismo o con su misma escala de valores. La política antinacional y antipopular de la dictadura militar ensancha y profundiza cada día más el clima de descontento nacional, el que tiende a expresarse en cada conflicto significativo, que sólo el Peronismo ha podido determinar hasta el presente. Sólo la falta de desarrollo de las organizaciones del Peronismo Revolucionario impide hasta el momento organizar, transformar y abrir perspectivas a este descontento, influyendo con su presencia y su acción el curso del proceso en forma sostenida, continuada y ascendente. Las fuerzas revolucionarias son débiles orgánicamente, aunque las masas tienen conciencia revolucionaria (cuya única falla es la falta de claridad) sobre los métodos a emplear. La presencia concreta e invisible, a veces, del imperialismo yanqui en todas las decisiones o realizaciones que hacen a nuestro desarrollo como nación integrada, determina la necesidad de fijar como objetivo fundamental, para esta etapa de la lucha, el siguiente: La toma revolucionaria del poder para su ejercicio pleno y sin limitaciones por parte de la clase trabajadora y aquellos sectores del pueblo no comprometidos con el imperialismo yanqui o cualquier otro, con el objeto de 9 crear el Estado Peronista Socialista que haga la grandeza de la Patria y la felicidad de su pueblo.
    A partir de este momento, recién se hace posible discernir acerca de los métodos o procedimientos adecuados para alcanzar tal objetivo, lo que permitirá sin duda, hallar la salida política que es objeto del presente trabajo o estudio. Podemos comenzar discurriendo que cuatro pueden ser los métodos posibles:
    1.— El electoral;
    2.— El golpe militar:
    3.— La salida revolucionaria;
    4.— Una combinación de todos o de algunos de los métodos precitados.

  • Salida electoral
  • Quizás fuere suficiente para sentar un juicio definitivo sobre este procedimiento recordar la experiencia nacional desde que el Peronismo surgió en el ámbito político como fuerza incuestionable.
    No es preciso alertar sobre este procedimiento fraudulento que desde 1955 nos viene aleccionando. El verdadero Peronismo de
    Perón y con Perón no conquistará jamás el poder por esta vía. Desde nuestra salida del poder se han sucedido no menos de cinco elecciones nacionales. Sólo en una fue permitida la concurrencia del Peronismo, la convocada para el 18 de Marzo de 1962. El triunfo de sus candidatos trajo la anulación del acto y el desconocimiento de la voluntad popular, llevó la intervención a las provincias y por último terminó con el gobierno de Frondizi que las había otorgado. La sustitución de Illia por la actual dictadura militar estuvo íntimamente ligada a la proximidad electoral prevista para el año siguiente bajo la amenaza de participación y triunfo Peronista. Es que la existencia del Peronismo, complica una salida de este tipo, para el régimen que es quien puede institucionalizarla a su antojo desde el poder que ejerce a través de cualquier representante civil o militar. Es un codiciado capital electoral que ningún partido está dispuesto a permitir que usufructúe el otro en las opciones que se le ofrecen, desde el gobierno hay que buscar cómo eliminarlo, porque de lo contrario lo hacen los militares a costa de los eventuales detentadores del poder civil. Y las F.F.A.A. están siempre atentas a cada circunstancia en que parece que el poder civil es impotente para contener al Peronismo, interviniendo directa o indirectamente.
    El Peronismo es la expresión de la crisis general del sistema burgués argentino, pues representa a las clases sociales cuyas reivindicaciones no pueden lograrse en el marco del institucionalismo actual. Si fuese como sus burócratas no crearía ningún problema, pero detrás de la mansedumbre de sus dirigentes, está ese peligro oscuro que por instinto las clases dominantes saben que desbordará a los calígrafos de la buena letra y que exhiben su dócil disposición desde los cargos pollinos o sindicales.
    El régimen, entonces, no puede institucionalizarse, porque el Peronismo tomaría el poder y aunque no formulara ningún programa antiburgués, la obtención de satisfacciones mínimamente compatible con las expectativas populares y las exigencias de autodeterminación que son consustanciales con su mata, llevaría a la alteración del orden social existente y por ende de las estructuras políticas y sociales vigentes. Por eso el régimen no puede institucionalizarse y se mantiene a costa de transgredir los principios democráticos que invoca como razón de su existencia.
    Buscando salvar el problema se intentó el procedimiento de los “frentes” invención “frondizista” (en los que se vuelve a insistir a través de fórmulas del tipo “Onganía-Matera”, conservando, por supuesto, para sí el control del equipo económico con su “élite” frigerista), buscando que el Peronismo acepte ser absorbido en una participación marginal del poder, Como parte de un frentismo en que nos resignáramos a posiciones secundarias en el aparato político del Estado. El sindicalismo de participación, las líneas blandas o pseudo-duras, de su actual conducción oficial, los del grupo de los “25” o los de las “62” son todas falsas figuras de auténticas representaciones populares que buscan engañar acerca del apoyo del Pueblo a ese tipo de trampas. Las direcciones burocráticas del Peronismo no han tenido otra política de poder que ese electoralismo o la de servir como fuerza de apoyo a los diversos intentos golpistas que a menudo se suceden. El golpismo y el electoralismo. con candidatos potables y visto bueno militar, no son vías antagónicas, sino dos hipótesis de un misino planteo, que implica la renuncia del Peronismo a su razón de ser como instrumento de las fuerzas trabajadoras para la toma del poder.
    Ambos términos de la alternativa, golpismo y electoralismo, no son admisibles. El Peronismo, incapaz de traducir su número en fuerza, pretende, de acuerdo con esa política miope, prestar el número a los que detentan la fuerza, subordinándose a sus designios. Con lo que se acepta, tácitamente, la proscripción del Peronismo, es decir, se pacta sacrificando las necesidades y anhelos de nuestro Pueblo que necesita tomar directamente el poder.
    Esto no sólo está inspirado por la traición, la venalidad o el oportunismo. Resulta de un déficit de conducción, de metodología, de comprensión de la realidad nacional. Repetimos, somos incompatibles con el régimen, de manera que cualquier táctica dentro de él, sólo la podríamos desarrollar declinando nuestro papel de expresión política de las masas.

  • El golpismo
  • Debemos considerar que “golpe militar” en el clásico sentido del concepto, es el que realizan militares, con participación de unidades armadas y sin participación popular, o con una participación popular, en el acto militar y posterior ejercicio del poder, minoritaria o secundaria.
    En tal caso, debemos suponer que los militares ejercerán el poder de acuerdo con la orientación que les dicte su “ideología”, sin consideración de las concebidas “proclamas”, “planes de gobierno”, etc. generalmente lo suficientemente generales y difusos como para aceptar dobles o variadas interpretaciones. Lo que vale es la interpretación final, es decir la que adoptarán los responsables de su ejecución, los militares golpistas.
    Importa pues referirse a esa “ideología” de las F.F.A.A. para llegar a conclusiones sobre si el ejercicio del poder responderá a las inquietudes populares y nacionales.
    En primer término podemos afirmar que las F.F.A.A. no constituyen una institución neutral, ni sus principios son Conceptos incontaminados de ideología, ni su actividad y pensamientos son extrapolíticos, ni podemos negar que constituyen una i asta y un cuerpo con sentido exclusivista, por el sólo hecho de considerar que sus integrantes son reclinados de las clases medias de la sociedad.
    Es que las F.F.A.A. no están determinadas por las clases sociales de origen de sus miembros, sino que son canales de ascenso social y económico. No constituyen una continuidad con el resto de la ciudadanía, sino que son corporaciones altamente especializadas y adseriptas a valores que son los de las clases altas. Son instituciones formativas que moldean el carácter de sus miembros desde corla edad, dentro del sistema de valores y concepciones filosóficas, que no sufren la erosión del contacto propio de la convivencia de un medio social abierto y se integran en las conciencias incuestionadas por la confrontación con otras teorías que surgen de la experiencia social. No son como muchos y ellos creen una representación del conjunto de sus componentes sociales, ni un grupo “neutral” frente a las contradicciones entre ellos. Son una “parcialidad”. Aún pasando por alto su actuación en política desde 1955, recordemos que ellas mismas se asignan esa parcialidad a través de las modernas y actuales doctrinas de la “guerra de las fronteras ideológicas” o de la “guerra contrarevolucionaria”, que configura toda su estrategia que las enrola en un orden, aliados a los intereses locales y foráneos privilegiados por ese orden, cuyos intereses confunden con los de la Patria y declaran la guerra por anticipado a cualquiera que trate de llevar a la práctica cualquier intento de reformarlo o que simplemente se alce porque la injusticia se hace insoportable.
    Y es así como las F.F.A.A. se mueven como una consecuencia o impulsadas por la visión adulterada que tienen de sí mismas, y de lo que hacen y representan dentro de la sociedad, asignándose una ubicación arbitraria por encima de las fuerzas que actúan, atribuyendo inspiración casi divina a su sistema normativo y considerando que sus ideas son las únicas patrióticas y cualitativamente superiores a las ideologías político-sociales.
    Y sobre la base de este esquema se configura toda una ideología de nuestras F.F.A.A. que no sólo es clasista sino que es la misma que la de las clases que explotan el trabajo de los argentinos y constituyen un bloque social que está integrado con la dominación económica, politica, cultural y estratégica del imperialismo yanqui.
    los economistas que pertenecen a las empresas del régimen, tales como las de “la libre empresa”, “los planes de desarrollo”, “el derecho de propiedad”. Es decir, están compenetrados de todo lo que causa los males.
    Por eso, cuando afirman que están para defender el orden, las jerarquías, confiesan que están para defender “esc orden”, esas “jerarquías”. Es que el concepto de “orden” y de las ”jerarquías” tienen sentido en la vida del cuartel, pero no es el mismo en la vida social, donde sólo tienen categoría instrumental para afianzar y lograr la justicia y la libertad, pero no para imponer el inmovilismo social, la indefensión nacional, la perpetuación de la ignominia.
    Nuestros militares así están conformados y es difícil sacar de entre ellos un revolucionario. De los “golpistas” a la vista no hay ninguno y ni siquiera los ha incentivado el ejemplo peruano, considerando, además, que muchos de ellos consideran a tal revolución como un paso demasiado avanzado, imposible de superar, no comprendiendo que esc ensayo ya fue realizado en Argentina hace ya 25 años con el Peronismo, que incluso ahora debemos los argentinos superar. Sólo una participación efectiva y masiva de las masas populares, en el acto militar y posterior ejercicio del poder puede asegurar las intenciones y objetivos revolucionarios. Si así no ocurriera, no sólo se corre el riesgo de los engaños y frustraciones acostumbrados, sino, además, del mantenimiento de la continuidad del gobierno revolucionario, generalmente siempre expuesto a las reacciones contrarrevolucionarias del imperialismo y de sus agentes nativos.
    Por eso debernos descartar al golpe militar como un procedimiento idóneo para el acceso al poder por parte del pueblo y para ejercitarlo sin limitaciones.

  • Salida revolucionaria
  • Hemos descartado los dos procedimientos anteriores para la toma del poder por el Pueblo y para su ejercicio pleno y sin limitaciones por parte del mismo.
    Son dos procedimientos que se dan dentro de los valores que configuran al régimen que pretendemos cambiar, lo que hace, ilusorio e imposible, por ese procedimiento alcanzar tales objetivos. ) Son dos procedimientos, en general, pacíficos, a los que nos sentimos inclinados por tal circunstancia. Pero es que la violencia no es que la elija el Pueblo, sino que se la ha impuesto el sistema.
    Ya antes de que el Pueblo optara por la violencia, existían planes, organizaciones y equipamiento de las F.F.A.A. y represivas, que configuran toda una estrategia contrarrevolucionaria, impuesta por necesidades del imperialismo, corno parte de toda una estrategia mundial y continental. Y conste que estamos hablando de la primera etapa a desarrollar, la toma del poder. Por cuanto si ahondamos el análisis y reparamos en el posterior ejercicio que permita la institucionalización de la revolución, caeremos en la cuenta de toda la fuerza y de toda la violencia que probablemente debamos ejercer para asegurar y defender la revolución. Pareciera que revolución es sinónimo de violencia, de lucha, en razón de la fuerza y de la violencia que desarrollarán en su defensa los intereses que pretendernos destruir y cambiar. Que la violencia es método eficaz, lo revelan los últimos acontecimientos en la Argentina, donde la dictadura recién escucha y atiende cuando se producen los acontecimientos de Córdoba y Rosario. Antes ni escuchaba ni atendía.
    El colaboracionismo fue así derrotado, en la opinión y voluntad de las masas, pese a los intentos oficiales de revivirlo en cuanta oportunidad se presenta. Toda la tesis del vandorismo, basad i en que no se puede enfrentar a un gobierno militar, que hay que ir a buscar la negociación como única manera de subsistir, ha sido enterrada por los hechos, pese a las periódicas traiciones de dirigentes flojos, especuladores y vendidos.
    En Córdoba, donde la lucha alcanzó su más alto nivel, el movimiento obrero es legal, el gobierno no se anima a intervenir los sindicatos, el derecho de huelga es reconocido, el gobernador de la provincia gestiona la libertad de los presos políticos y gremiales. La dictadura tiene miedo.
    la ecuación frigerista, “burguesía integracionista-sindicalismo conciliador”. Peligro al que estamos permanentemente expuestos especialmente desde el Movimiento Peronista, donde los Matera, Roques, Alonsos, Taccones, Gazeras, etc. de muy buenas ganas integrarían fórmulas con Onganía y los equipos técnicos del Frondizismo. El ensayo de San Juan con un gobernador (José A. López) que se dice ex peronista, lo mismo que un Ministro de Gobierno (Conté Grand, del staff peronista de Remorino) y un Ministro de Economía frondizista (Juan Victoria) es una fórmula piloto que puede repetirse en el ámbito nacional. Corrientes es también un ejemplo de frente (demoprogresistas, democristianos, midistas desarrollistas -que mantienen economía— y colorados).
    Hay indicios que la política del frente se estaría instrumentando nuevamente, con peronistas, onganistas y frondizistas, más algunos otros sectores que se prestarían a la farsa de la democracia representativa. A esta política miope y traidora hay que ponerle fin, incluso dentro del peronismo, pues significa la enajenación de las propias fuerzas a finalidades ajenas y contrarias a las populares. La alianza con grupos y sectores de las clases dominantes para aprovechar y profundizar las contradicciones internas del régimen, solamente pueden ser concebidas como un curso excepcional, de orden secundario, como una mera variante táctica subordinada a objetivos fundamentales de lucha por la liberación, pero de ninguna manera como si fuera clave de la solución del drama nacional. Por ello es que debemos actuar impidiendo ese tipo de salidas] no sólo denunciándolas, sino actuando de tal forma que el paso dado por las F.F.A.A. hacia la dictadura militar sea irreversible.
    Debemos impedir que el régimen retome su cadencia acostumbrada de ciclos alternativos de dictadura militar directa y gobiernos institucionalizados por el frente proscriptivo. Taponándole todas las salidas al sistema y obligándolos a acentual al máximo su política represiva y violenta conseguiremos desalentar a los especuladores, al mismo tiempo que ahondar las; contradicciones internas del régimen. Sólo así conseguiremos debilitarlos, mientras nos fortalecemos nosotros con una política acertada de masas y la preparación de vanguardias operativas, que vayan respondiendo a la violencia y preparándose a ser vanguardia del pueblo insurreccionado.
    Por ello es que consideramos que la única forma de acceda al poder y ejercitarlo plenamente y sin limitaciones para realizar la revolución peronista-socialista, con Perón en el país y al frente del Movimiento es creando la herramienta política y la fuerza armada popular que permita enfrentar con la violencia la violencia que desarrollará el sistema.

  • Combinación de métodos
  • Dos negaciones absolutas sumadas no pueden crear una afirmación positiva, ni en política. Por consiguiente, los dos primeros métodos son inconciliables con nuestra doctrina y política de poder, para obtenerlo y ejercerlo por parte del pueblo sin limitaciones.
    En cambio cualquiera de ellos combinado con el último es: posible, por el reaseguro que significa para el pueblo disponer de su propia fuerza armada, con la que poder respaldar sus decisiones, en contra de las reacciones naturales de las fuerzas afectadas al imperialismo y de los monopolios lesionados por cualquier política popular y nacional.
    De todo lo expuesto podemos concluir que la vía armada de la violencia es la principal para la toma del poder y su ejercicio, sin descartar que una combinación con otros métodos, también puede hacerlo posible. Peto de todos modos debemos partir de la base que, no existiendo posibilidad alguna que el imperialismo entregue sin combatir las posiciones conquistadas a través del neo-colonialismo, en última instancia se hará siempre insoslayable el procedimiento de la lucha armada, si no se renuncia a los objetivos que nos hemos trazado. Sólo una renuncia a tales objetivos, sólo una transación con el enemigo, que siempre significará una transación contra los intereses populares y nacionales puede imponernos a aceptar: la renuncia al procedimiento armado de toma del poder.

    Bernardo Alberte

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